Junto a la corniche de la Luxor moderna, el paseo junto al río donde atracan los cruceros que recorren el Nilo hasta Asuán, se encuentra el templo de Luxor, una vez conocido como Ipet Resyt (santuario del sur), donde se desarrollaban cada año las celebraciones más importantes de la hermosa fiesta de Opet. Durante el transcurso de la misma el dios Amón, acompañado por su esposa Mut y su hijo Jonsu, visitaban el santuario de Luxor para reafirmar los lazos existentes entre Amón y el faraón, encarnación viviente del dios en la tierra.
Los restos más antiguos encontrados en el templo de Luxor datan de la Dinastía XIII, y es posible que hubiera un santuario en este sitio durante el Imperio Medio. El templo empezó a adquirir importancia durante la Dinastía XVIII, cuando Hatshepsut comienza a construir la vía procesional terrestre entre los templos de Luxor y Karnak, con santuarios para las barcas a lo largo de todo el recorrido. Tutmosis III y Amenofis II ampliarán estas construcciones, que serán después desmontadas para reutilizar sus bloques en construcciones posteriores. Amenofis III construye el patio central del templo y la gran columnata de acceso; y una primera avenida de esfinges, completada después por otros faraones. Finalmente, el primer patio y el pilono del templo, frente al que desemboca la avenida de esfinges, se deben a Ramsés II, que decoró estas estructuras con estatuas colosales de sí mismo.
El acceso al recinto arqueológico se encuentra en el lado este del templo, en la avenida Maabad el-Oksor. Una vez pasado el control de seguridad, nos enfrentamos al primer pilono, de veintiún metros de altura, que cerró la construcción del templo en tiempos de Ramsés II.
Dos gigantescas estatuas de Ramsés, sentado en su trono, junto a otros seis colosos de pie, se hallan delante del primer pilono. Las estatuas sedentes, esculpidas en bloques monolíticos de granito, permanecen en su sitio desde hace siglos, pero el resto de las estatuas fueron derribadas, y algunas han sido reconstruidas y vueltas a erigir en los últimos años. Solo queda un obelisco de los dos que también decoraban la fachada, esculpido en un solo bloque de granito rojo de Asuán.
El obelisco oeste se encuentra ahora en la Plaza de la Concordia en París, regalado por el rey Mohamed Ali al gobierno francés en 1830. El pilono está decorado en su cara exterior con escenas de las batallas de Ramsés II y los textos del famoso “poema de batalla”. La cara interna tiene decoraciones y textos alusivos a su victoria contra los hititas en la batalla de Qadesh, así como escenas de festivales.
Cruzando este primer pilono por su puerta de acceso, llegamos al patio de Ramsés II. En el lado noroeste encontramos un santuario para las tres barcas de Amón, Mut y Jonsu, construido en piedra arenisca, con características pertenecientes a la estructura original de Hatshepsut, conservadas en la reconstrucción. El patio presenta una columnata que lo rodea por cada uno de sus lados, intercalada con estatuas de gran tamaño del propio Ramsés, muchas de las cuales eran originalmente de Amenofis III. Sobre las columnas del lado noreste podemos ver la mezquita de Abu el Haggag, construida sobre nuestras cabezas al nivel de los capiteles, invadiendo desde el siglo XI el espacio original del patio, que en ese momento estaba enterrado bajo la arena hasta esa altura.

Frente a la que fuera la fachada original del templo en tiempos de Amenofis III, destacan otras dos estatuas colosales de Ramsés II sentado en su trono, con representaciones dobles de Hapi, el dios de la crecida, en sus laterales, celebrando la ceremonia del sema-tawy, la unificación de las Dos Tierras. Junto al coloso de la derecha, sobre el muro oeste, hay un relieve que muestra el exterior del templo cuando se construyó, con representaciones de las estatuas que decoraban su fachada y banderas ondeando en los mástiles. Junto a él, una larga fila de animales que son conducidos al templo para ser ofrendados en sacrificio.
Al ingresar a la columnata de Amenofis III se aprecia un ligero cambio en el eje del templo. Parece ser que Ramsés II desvió hacia el este la orientación original al construir su patio, para no tener que destruir las capillas para las tres barcas, construidas por Hatshepsut. Esta columnata está formada por catorces pilares de impresionantes dimensiones, con capiteles de papiros abiertos, y estaba inacabada a la muerte de Amenofis III. Su decoración se continuó durante el reinado de Tutankamón y finalmente fue completada por Seti I. Es muy probable que esta estructura fuera concebida como pasillo central de una gran sala hipóstila, a la manera de la de Karnak, que nunca llegó a ser construida. En los muros este y oeste pueden verse relieves, magníficamente ejecutados, que representan la procesión hacia y desde Karnak durante la fiesta Opet, aunque el nombre de Tutankamón ha sido alterado en los textos y reemplazado por el de Horemheb.
La columnata conduce al patio de columnas de Amenofis III, rodeado por dos filas de columnas con forma de papiros cerrados. En 1989, durante los trabajos de restauración, se encontró un espectacular escondite de estatuas bajo el suelo del lado oriental del patio, que ahora pueden verse en el Museo de Luxor en perfecto estado de conservación. Cruzando el patio hacia el sur se llega a una sala de columnas, más allá de la cual se encuentran dos salas laterales para las barcas de Mut y Jonsu, y una sala central que fue transformada en capilla de culto para la legión romana con sede en Luxor durante el siglo III d. C. Esta sala fue enlucida con un estuco de yeso, sobre el que pueden verse restos de las pinturas romanas que la decoraron, y bajo el cual se preservan todavía los relieves de Amenofis III. En el santuario, en forma de nicho, se abrió modernamente una entrada a la sala de ofrendas del templo, con escenas de sacrificios y ofrendas a los dioses, que aún conservan restos de sus colores originales tras su restauración.

Las paredes de la siguiente sala, que sirvió de santuario de la barca de Amón, también conservan intensas policromías, recientemente extraídas del polvo y el hollín que las cubrió durante siglos. En el centro de esta sala, Alejandro Magno mandó construir un santuario independiente, en el que el rey griego aparece ataviado con los atributos de un faraón, realizando ofrendas a los dioses Amón y Amón Min. En los cartuchos que acompañan las representaciones del rey, pueden reconocerse con facilidad los jeroglíficos con las letras de su nombre: Alexander.
Detrás del santuario se encuentra una antecámara privada conocida como la sala de Opet, una amplia sala con doce columnas papiriformes, que se abre detrás a tres cámaras más pequeñas. Estas cámaras tienen un significado especial en relación con la creación y con los mitos solares de Amón y Ra en Luxor, donde tenían lugar los verdaderos misterios del templo. La cámara central era el sancta sanctórum de Amón, y al fondo aún pueden verse los restos del pedestal sobre el que descansaba la imagen del dios. Las dos salas laterales lo eran de los dioses Mut, la de la izquierda, y Jonsu, la de la derecha, cullas estatuas miraban respectivamente al este y al oeste.
Si regresamos sobre nuestros pasos hasta la sala del santuario de la barca, veremos una entrada al este que conduce a la sala del nacimiento, decorada con escenas que ilustran la concepción y nacimiento divino de Amenofis III en la pared oeste. Después de la unión del dios Amón con Mutemuia, la madre del rey, se puede ver al dios creador Jnum formando al rey bebé Amenofis III sobre su mesa de alfarero, con su ka detrás de él. En escenas posteriores se ve a Mutemuia dando a luz, y al rey recién nacido siendo presentado a los dioses. Estas escenas reclamaban la legitimidad del rey y su derecho divino a gobernar.
Durante la ocupación romana de Egipto, el templo de Luxor estuvo rodeado por un vasto campamento militar que pudo albergar hasta mil quinientos hombres. En este momento el templo habría dejado de tener una función religiosa y es probable que muchas estructuras exteriores del templo se utilizaran para complementar los cuarteles romanos, construidos con ladrillos de adobe. Aún se pueden ver restos de pilares de piedra y pasadizos de esta época alrededor del recinto del templo.
De vuelta al autobús contemplamos un santuario romano, con una estatua sin cabeza de Isis, en la esquina noroeste de la explanada que hay frente al primer pilono, junto al arranque de la avenida de esfinges que llega desde el templo de Karnak hasta aquí.
Ahora sí, era hora de regresar a la motonave. Había sido una intensísima jornada en Luxor y la comida esperaba. La sobremesa, ya prácticamente anocheciendo, la hicimos en cubierta, tomando un reconfortante café con algunos dulces típicos. Contemplábamos nuestro primer atardecer en el Nilo.
Es difícil compartir itinerario con todos los integrantes de un grupo de 43 personas que viajábamos desde Murcia. Sin embargo, día a día, iríamos construyendo un buen grupo de amigos durante nuestra estancia en Egipto. Isabel y Pedro, serían los primeros integrantes de ese grupo. Iremos presentando, poco a poco, a los demás.
Un coctel de bienvenida antes de la cena, y a descansar, algo más que la primera noche, sin duda alguna.














































