A la vuelta volvimos a parar en el mismo chiringuito que a la ida. No pudimos resistirnos a bajar del autobús e intentar captar con la óptica de nuestros móviles el espectáculo, en forma de maravilloso espejismo, que se mostraba ante nuestros asombrados ojos.
Y, ya puestos, a disfrutar de la arena del desierto…
De vuelta a la motonave realizamos la visita a la Alta Presa de Aswan, una mega construcción diseñada con el fin de terminar con las inundaciones que ocurrían en el bajo Nilo como consecuencia del aumento de su caudal. Fue construída por los Gobiernos egipcio y soviético entre los años 1959 y 1970, y con sus 3.600 metros de longitud y 980 metros de anchura se convierte en una de las más grandes del mundo. Su construcción supuso el nacimiento del Lago Nasser que, con un total de 6.000 kilómetros cuadrados de superficie líquida, es el mayor lago construido por el hombre.
Pocas presas han tenido la repercusión mundial de la presa de esta, por razones políticas, técnicas y culturales. La faraónica labor que se llevó a cabo, con la ayuda muchos países, para salvar los maravillosos templos egipcios que se encontraban a las orillas del Nilo, y que quedarían sumergidos bajos las aguas, asombró al mundo. Hasta 52 países colaboraron en las labores y donaron dinero.
En 1954, Gamal Abdel Nasser subió al poder tras el golpe militar que derrocó al Rey Faruk en 1952, convirtiéndose en el primer egipcio en gobernar Egipto desde el siglo VI a.C.
Egipto es un 98% desierto, y sólo las márgenes del Nilo están habitadas y son fértiles. Por lo que una presa que asegurara el suministro de agua todo el año, todos los años, y que evitara los estragos de las crecidas del río, era una obra que podría cambiar Egipto. Además del agua, permitiría que llegará electricidad a más de 20.000 localidades que no la tenían, la mayor parte del país. En Aswan ya existía una presa británica, pero con sólo 30 metros de altura, sólo podía almacenar agua para un año y se veía desbordada habitualmente por las crecidas del Nilo.
El nuevo gobierno, con Nasser a la cabeza, hizo de este su proyecto estrella y comenzaron los intentos de conseguir financiación y ayuda. Alemania mandó ingenieros y asesoramiento para el proyecto y la construcción de la presa. La fase de diseño tardó dos años (1952-1954), y con el proyecto completado, acudieron al Banco Mundial en busca de la financiación necesaria. Este tardó dos años en estudiar el caso (1954-1956), pero finalmente, con bastantes condiciones, aceptó el proyecto. Egipto no estaba demasiado contento, pero finalmente, decidió aceptar el acuerdo. No obstante, entre que el Banco Mundial aceptó, y que Egipto también estuvo de acuerdo, pasaron algunas cosas.
La tensión entre Egipto e Israel por la península del Sinaí era máxima. Egipto decidió declarar la guerra y pidió a occidente que le vendiera armas. Estos se negaron, recurriendo entonces a la URSS, que sí les prestó ayuda. Esto, sumado a que Egipto había reconocido a la China comunista, enfadó mucho a occidente, lo que provocó que, cuando finalmente Egipto aceptó la oferta del Banco Mundial, ésta ya no seguía en pie. La URSS entretanto había ofrecido un préstamo de 1.120 millones de dólares al 2% de interés, y finalmente fue esta la opción por la que se decantaron.
Aunque era sólo un préstamo. Para financiarla, Nasser decidió nacionalizar el Canal de Suez, en manos francesas e inglesas, el 26 de julio de 1956. Esto provocó una invasión por parte de Francia, Reino Unido e Israel. Pero intervino la ONU, y a principios de 1957, las tropas ya se habían retirado. Egipto ya tenía como financiar tan colosal obra.
La presa tardó en construirse 10 años, costó 1.000 millones de dólares de la época, trabajaron 25.000 operarios egipcios y se estima que murieron alrededor de 1.000 durante su construcción. Tiene múltiples funciones: para proteger a la población de las históricas crecidas del Nilo, para almacenar agua para riego y consumo, y para producir energía hidroeléctrica.
Se trata de una presa de materiales sueltos con un núcleo de arcilla (que evita que el agua se filtre) y recubierta por escollera de granito (que mantiene a la presa en su sitio simplemente por su propio peso). Su altura, de 110 metros, no es especialmente destacada. Si lo es su anchura, que en su base es de 980 m y en su coronación de sólo 40. Dicha coronación tiene una longitud de 3.830 metros de largo. El volumen total de la presa es el equivalente a 17 veces la Gran Pirámide de Guiza.
Pero si los números del cuerpo de la presa impresionan, los caudales, la producción hidroeléctrica y el embalse generado, son colosales. La central hidroeléctrica tiene 12 turbinas de 175 MW, lo que suma una potencia total de 2.100 MW, muy similar a la presa Hoover en Estados Unidos.
Los desagües de fondo son capaces de evacuar 11.000 metros cúbicos por segundo, más otros 5.000 del aliviadero de emergencia. En total es capaz de desaguar 16.000, cuatro veces la mayor crecida registrada por el río Ebro en Zaragoza en su historia (1941).
El lago generado por la presa se le dio el nombre de Lago Nasser. En su máximo recorrido se adentra hacia el sur 550 km, llegando hasta Sudán. Inunda una superficie de 5.248 kilómetros cuadrados, similar a la extensión de la comunidad autónoma de Cantabria. La capacidad de embalse es de 162.000 hectómetros cúbicos, casi el triple de la capacidad total de embalsamiento de toda España.

La presa de Asuán es esencial en el funcionamiento del país, lo que le convierte en un objetivo militar estratégico. En Europa, estas amenazas, aunque reales, parecen lejanas. Pero en una de las zonas más convulsas del planeta, son para tomarlas muy en serio y tomar medidas drásticas de protección. Es por eso que la infraestructura está permanentemente custodiada por el ejército; por tierra y por aire. Y aunque la presa es de tal envergadura que para destruirla haría falta una bomba nuclear, cualquier ataque que la inutilice, podría suponer un desastre para el país.
Regresamos a nuestro barco para comer y tomar el sol, más tarde, en cubierta. Con esa costumbre tan egipcia de «aparcar» las motonaves una a eslora de la otra, era la primera vez que teníamos la posibilidad de inmortalizarla…
El partido de octavos de final de la Copa Mundial de la FIFA Catar 2022 que disputaban esa tarde España y Marruecos cambió la programación del viaje, retrasando la excursión al poblado nubio a la mañana siguiente.
Ante la posibilidad de realizar una visita nocturna a Aswan decidimos quedarnos en la motonave para recuperarnos del madrugón y preparar, tranquilamente, el equipaje, pues a la mañana siguiente abandonábamos el barco.
Tras la cena, en la que se felicitó como se merece a nuestro “capitán” Antonio de la Torre, pasamos unos instantes por la fiesta Nubia que se estaba celebrando, bastante más ruidosa que la de la noche anterior, y nos retiramos a descansar.

































