Egipto 2022 (10)

Aunque el vuelo fue muy corto comparado con el que nos trajo a Egipto, la recogida del equipaje, la espera en el autobús para salir del aeropuerto y la casi una hora que tardamos en recorrer los poco más de 25 kilómetros que separan este del centro hicieron que, más que comer, merendáramos en un hotel flotante junto al Nilo antes de instalarnos en nuestra habitación.

Teníamos el tiempo justo para instalarnos, ducharnos y cambiarnos de ropa… y encontrar la puerta en la que nos recogería el autobús para realizar un tour nocturno por El Cairo. La última, sobre todo, fue casi una “misión imposible”, continuando con los símiles cinematográficos del día.

Recorríamos las principales arterias de la ciudad en dirección a nuestra primera parada, algo alejada del centro, el Monumento al soldado desconocido, una pirámide inaugurada en 1975 por el presidente Anwar Sadat, en honor de los egipcios que dieron su vida en la guerra de octubre del 1973. También, está la tumba del propio presidente asesinado, en 1981, en las cercanías del lugar.

Sin bajarnos del autobús recorrimos la Ciudad de los Muertos (Al-Arafa), que consta de dos cementerios de seis kilómetros de largo que datan de la época mameluca (1200 a 1500). La Ciudad de los Muertos de El Cairo todavía está en uso en la actualidad. Tradicionalmente, todas las familias mantuvieron un mausoleo. En estos días, algunas familias los usan tanto para vivir como para entierros. También hay tiendas, cafés e incluso una oficina de correos dentro de los cementerios.

Nos bajamos del autobús junto a la Puerta Bab al-Futuh, conocida como la “Puerta de las Conquistas”, una de las entradas de la muralla de la vieja ciudad que aún sobreviven. Su construcción acabó en el año 1087, y se encuentra en el extremo de la calle Al-Muizz. Las otras dos puertas son Bab al-Nasr (“Puerta de la Victoria”) al este, y Bab Zuwayla (“Puerta de Zuwayla”) en el sur. Todas fueron construidas por el visir-comandante Badr al-Jamali del fatimí imán-califa Al-Mustansir. Posee torres redondeadas con aspilleras y ranuras para la mejor defensa de la ciudad para lanzar agua o aceite hirviendo contra sus atacantes.

Nuestro paseo discurría por calles “casi peatonales” abarrotadas de pequeños comercios de toda clase, en las que la mayoría de la gente era local. Prácticamente éramos los únicos extraños en la zona.

A medio camino subimos a la terraza de una cafetería, كافيه ابو العربي, en la que degustamos algunos batidos y mojitos egipcios. Y en la que alguno aprovechó para “descubrir” la “aplicación del pin”, causante de más de una carcajada en los días siguientes.

Seguimos caminando por las concurridas calles, contemplando numerosos monumentos históricos, sobre todo mezquitas, dirección a la gran zona comercial, y muy turística, del Khan al-Khalili y El Mosky.

El autobús nos esperaba junto a la Mezquita de Hussein. Más de uno se tomó a broma las palabras de Ramses cuando afirmó que nuestro transporte atravesaría las calles del mercado de regreso al hotel. Si hubiéramos apostado habríamos perdido la apuesta…

Al llegar al hotel nos dirigimos al restaurante para cenar, empezándonos a hacer adictos a la pasta que el cocinero nos preparaba en riguroso directo.

Tras la cena, un pequeño paseo de regreso a la habitación, ahora por un atajo que José Luis había descubierto. Al día siguiente nos esperaban las majestuosas pirámides, la única de las siete maravillas antiguas del mundo que aún siguen en pie.

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