Egipto 2022 (16)

Hacía ya una semana que habíamos partido de Murcia y, prácticamente, estábamos ya de vuelta. Por mor de las combinaciones aéreas disponíamos de una última mañana en El Cairo. Y no era cuestión de desaprovecharla…

Tras dejar el equipaje preparado en la habitación y desayunar, nos despedíamos de nuestro hotel, una “pequeña ciudad” dentro de otra gigantesca.

Nuestro primer destino está considerado como una de las mayores mezquitas del mundo, la Mezquita-Madrasa (escuela dedicada a la enseñanza del islam) del Sultán Hasán, en árabe مسجد ومدرسة السلطان حسن. Data de la época del sultanato mameluco de Egipto divido en dos periodos, el “baharita” y el “buryí”, debido a la dominación política de los regímenes conocidos por estos nombres durante las respectivas épocas.

Se ubica en el centro histórico, muy cerca de la ciudadela. Su construcción corrió a cargo del sultán Hassan y fue un proceso tedioso y trágico producto de un accidente que causó la muerte de un gran número de personas, circunstancia esta que fue considerada como un mal presagio. A causa de esto último y de una serie de circunstancias desafortunadas, el sultán fue asesinado poco tiempo antes de que la mezquita se terminara de construir, a mediados del siglo XIV.

Con una longitud de 150 metros y una superficie de casi 8.000 metros cuadrados, su monumental entrada posee una semicúpula decorada con filas de magníficos mocárabes con muros compuestos por enormes bloques de piedra de aspecto sombrío y fortificado, que se elevan hasta los 36 metros, y su minarete más alto hasta los 68 metros.

En el centro hay un enorme patio que alberga la fuente de las abluciones con una cúpula originalmente de madera con forma de huevo, que fue un agregado otomano.

En los cuatro laterales del patio se elevan cuatro iwanes abovedados (salas para sentarse), con lámparas colgando de cadenas y bordes rojos y negros, dedicados a cada una de las cuatro escuelas o pensamientos de jurisprudencia sunita: Shafi’i, Maliki, Hanafi y Hanbali. Las salas laterales están decoradas con lámparas que cuelgan de largas cadenas con diferentes celdas para los estudiantes y profesores.

La más grande se utiliza como santuario, y tras una puerta de bronce decorada con estrellas ofrece acceso al mausoleo del sultán Hasán.

Es de planta cuadrada, y mientras va ganando altura pasa a ser un tambor octogonal que sirve de soporte para la cúpula. En el centro de la estancia está el sarcófago rodeado de una celosía, ambos en piedra.

Justo al lado se encuentra la Mezquita de Al-Rifa’i, resultando una ocasión ideal para conocer dos de las construcciones religiosas más importantes de El Cairo. Conocida también como la “Mezquita Real”, data de principios del siglo XX y fue un lugar de peregrinación para los lugareños que creían que la tumba tenía propiedades curativas místicas.

El edificio es el lugar de descanso de varios miembros de la familia real egipcia, incluido el rey Faruq, el último rey de Egipto, que murió en Roma en 1965. Su diseño delimita una enorme planta rectangular de más de 1.700 metros cuadrados y en su interior está dividido en tres naves alrededor de una cúpula. El recinto en sí es una mezcla de estilos tomados principalmente del período mameluco de la historia egipcia, incluyendo su cúpula y minarete.

La parte principal, es una gran sala de oración cubierta de alfombras, dedicada al rezo y que presenta una peculiar mezcla de estilos, especialmente del período mameluco, mientras que la zona de la izquierda alberga los sepulcros de los reyes Fuad I y Faruq, la de la princesa Fadia, o la de Abu Shebak, hijo de Al-Rifai. Las paredes, cubiertas con estuco y mármol están talladas con bellos ornamentos de arabesco.

Nos dirigimos después al barrio Qasr al-Shamm más conocido como el barrio copto de el Cairo para reconocer que es el lugar en el que viven los egipcios cristianos de El Cairo. Aunque “copto” hacía referencia originalmente a todos los habitantes de Egipto, cuando fueron conquistados por los árabes, el término se empezó a utilizar para denominar a los egipcios cristianos que pasaron a vivir, mayoritariamente, en el barrio Qasr al-Sham.

Esta zona de El Cairo tiene carácter histórico, ya que según el Nuevo Testamento, en ella vivió la familia de Jesús en su exilio huyendo de la persecución de Herodes.

El barrio copto se encuentra en la llamada Fortaleza de Babilonia, creada unos cien siglos antes del nacimiento de Cristo. Las murallas tienen tres metros de espesor y sus torres, diez metros de alto y treinta y un metros de diámetro, y fue reforzada en la época del Imperio Romano.

Comenzamos con la Iglesia Colgante o Iglesia de Santa María, aunque se la llama originalmente como Al-Muallaqa. Es la iglesia cristiana más importante de El Cairo y la más visitada. Data del siglo IV, aunque hay escritos que la podrían situar en el siglo III.

Su nombre, iglesia colgante, se lo debe a que su nave principal fue construida sobre la entrada sur de la fortaleza romana de Babilonia, de la que pudimos ver parte de sus torres antes de acceder a ella.

La fachada principal de la Iglesia, y la que la hace reconocible, fue adosada a la iglesia durante el Siglo XIX. Tras ella, un pasillo largo nos lleva a la Iglesia de Santa María, construida de forma similar a la Iglesia de Santa Bárbara.

Posee tres santuarios: el central dedicado a la Virgen María, otro a San Jorge y el tercero a San Juan Bautista.

A la salida, comenzamos a callejear por las callejuelas del barrio en dirección a la iglesia de San Sergio y San Baco.

La iglesia de San Sergio en El Cairo, también llamada Abu Serga, está emplazada en el centro de lo que era en su momento la fortaleza romana de Babilonia, y fue uno de los sitios a los que la Sagrada Familia acudió cuando huía del Rey Herodes hacia Egipto.

El momento de la construcción de este monumento sigue en la actualidad en disputa, pues unos historiadores consideran que data del siglo V, mientras que otros lo ubican en el siglo VIII. De igual modo que la Iglesia Copta, en la historia de la iglesia de San Sergio hay dos santos que llevan el mismo nombre.

Uno de estos fue un egipcio que murió, junto a su padre y su hermana, durante la época de la persecución cristiana, y su conmemoración se celebra el 7 de febrero. El otro santo fue un esclavo del emperador romano Maximiliano, al que torturaron en Siria a principios del siglo IV.

La iglesia tiene forma de basílica, con capiteles corintios de mármol, granito y roseta. Posee tres santuarios con altares y cúpulas de madera y columnas de piedra caliza. La decoración consta de escenas en las que figura Cristo, ángeles y apóstoles, por otra parte contiene un púlpito que en un principio fue de madera, y actualmente es de mármol con incrustaciones de ébano y marfil.

El santuario principal de la iglesia tiene un panel de madera que posee incrustaciones de ébano y marfil. El friso y los iconos de la iglesia datan de los siglos XV y XVI, algunos de ellos en estado original y otros restaurados hace mucho tiempo.

La parte más importante de la iglesia de San Sergio es la caverna en la que, según se ha corroborado, la Sagrada Familia encontró refugio durante su viaje a Egipto. Este habitáculo posee dos habitaciones y un techo en forma de bóveda, mientras que al pasillo sur se encuentra una capilla.

Tras la salida de la iglesia nos sorprendió un canal de televisión egipcio, que entrevistó a Pedro y terminó su grabación con un simpático mensaje navideño.

Comimos en un restaurante a las orillas del Nilo, con unas vistas impresionantes al río, del que, con tristeza, nos despedíamos…

También nos despedimos de Ramses, en el autobús, de camino al hotel para recoger el equipaje. Una emotiva despedida, sin duda.

Nos quedaba tan solo el regreso. Con el equipaje en el autobús nos dirigimos al aeropuerto de El Cairo. Nos esperaban varios controles de seguridad, el control de pasaportes y la espera antes de que el vuelo directo QS4323 de la compañía Smartwings despegara, minutos después de las 20.00 horas de suelo egipcio con destino Madrid.

Aterrizamos, sin novedad, en el aeropuerto pasada la medianoche. Recogida de equipaje, segundo control de pasaportes del día y al autobús. Tras la habitual parada, esta vez en La Roda, llegamos a Murcia a las siete menos cuarto de la mañana. Las despedidas de rigor, de los amigos con los que habíamos compartido esta maravillosa experiencia y de la persona que nos había acompañado en todo momento. Y, poco después, llegábamos a casa.

Tiempo para deshacer el equipaje, desayunar unos merecidos churros con chocolate y recoger, felizmente, a la princesa. Todo volvía a la normalidad…

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