No hacía más de cuatro meses que habíamos cumplido un viejo anhelo: viajar a Egipto. Como decía entonces, el viaje soñado, anulado de golpe, sin previo aviso, bruscamente. Y, finalmente, realizado. Viajar a Jordania no lo era menos. De hecho, la decisión de viajar a Egipto la tomamos tras no poder viajar a Jordania el año pasado. Llegó el momento. La mejor señal de que lo realmente importante sigue en vías de normalidad, aunque deje tiritas en el alma, y en el corazón.
Quedaba la princesa en buenas manos, como siempre. La salida de Murcia estaba prevista a las 7.00 horas en el lugar de costumbre para desplazarnos, tras la parada de rigor en Honrubia, al aeropuerto de Madrid. El vuelo Nº. RJ-110 de la compañía Royal Jordania tenía prevista su salida a las 15.15 horas, con llegada a Amman a las 21.15 horas.
Tenía prevista… Tras facturar el equipaje y pasar los pertinentes controles de seguridad nos quedaba una liviana espera en la zona de embarque, pues el avión partía, finalmente, a las 16.30 horas.
A la llegada al aeropuerto de Amman quedaba la recogida del equipaje, un tedioso control de pasaportes, y el traslado al hotel Lamdmark 5* en el que nos alojaríamos dos noches en la capital jordana.
Cerca de las dos de la mañana, hora local, nos acostábamos. La buena noticia era que la salida para las excursiones de nuestro primer día en Jordania estaba prevista a las ocho de la mañana. Y antes había que vestirse y desayunar…
Pero habíamos venido a visitar este maravilloso país, no a dormir. Nuestro primer destino era Jerash, la antigua “Gerasa”, una ciudad de historia milenaria donde se han sucedido las diferentes civilizaciones, desde la Edad del Bronce hasta la época abasí, circunstancia esta favorecida, sin duda, por su magnífica situación geográfica al abrigo de las colinas de Gilead, en una zona rica en agua.

Fundada entre los siglos IV y III a.C., sobre un asentamiento ya existente en el Neolítico y en la Edad del Bronce, ya en tiempos de la llegada de Alejandro Magno en el 332 a.C. se había convertido en la mayor población de la zona. En el año 84 a.C. es conquistada por Alejandro Janneo. Más tarde, con la llegada de Pompeyo en el 63 a.C. alcanza estatus de independencia y se integra en la Liga de la Decápolis.

En el año 106 d.C. Trajano conquista el reino para el Imperio Romano, constituyendo la provincia de Arabia y construyendo una calzada entre Damasco y Philadelphia, la actual Amman.
La visita de Adriano en el año 130 supuso una nueva expansión y un nuevo periodo de prosperidad que se prolongó hasta el siglo III, cuando se convierte en colonia romana. El alejamiento de las rutas comerciales hacia el mar y el declinar de Palmira, ciudad en la ruta de las caravanas en el desierto sirio, trae consigo su decadencia.
Bizantinos, persas sasánidas y árabes musulmanes ocuparían estas tierras más tarde. Los terremotos sucedidos a mediados del siglo VIII propiciaron el lento declive de Gerasa, que revivió tras un periodo de abandono con la llegada de los circasianos.
Las excavaciones arqueológicas con las que nos deleitábamos comenzaron en 1925, comenzando por el Arco de Adriano, donde comienza la visita.
Conocido también como “arco del triunfo”, se edificó en el año 129 d.C. para conmemorar la visita del emperador Adriano. Es un espectacular monumento de color ocre, con una exquisita decoración de hojas de acanto en la base de las semicolumnas apoyadas sobre pedestales, edificado como entrada monumental a la ciudad.
Como la muralla que se había proyectado construir nunca llegó a levantarse, el arco se alza aislado a unos 450 metros de la muralla, inmediatamente antes del hipódromo, el edificio más grande de Jerash atendiendo a sus dimensiones (245 x 51 metros), con capacidad para 15.000 espectadores.
En la zona norte se han descubierto las ruinas de la iglesia del obispo Mariano, un edificio de pequeñas dimensiones del año 570.
Continuamos paseando hacia la plaza oval, de forma elíptica y en perfecto estado de conservación. Sin duda, una de las edificaciones más extraordinarias de Jerash.

Tiene 90 metros de largo y 80 de alto, y estaba rodeada por un ancho zócalo que sustentaba una columnata jónica del siglo I d.C., rematada en toda su longitud por un arquitrabe decorado.
El pavimento tiene la particularidad de estar realizado con grandes losas de caliza en el exterior y de menor tamaño hacia el centro, para dar mayor relieve a la forma elíptica.
Ascendimos al Templo de Zeus, uno de los monumentos más importantes de la ciudad, que se alza sobre un alto que anteriormente acogió un santuario de la Edad del Hierro.
La edificación actual se remonta a los años 162-163 d.C. y se añadió a un templo romano del siglo anterior. Se accede a través de una escalera monumental que conduce a la terrada del témenos, rodeada por un pórtico abovedado, del que solo se conservan restos de arcadas subterráneas de sustentación.
Las vistas de la plaza oval desde el espacio que precede al templo son, sencillamente, espectaculares…
El Teatro (sur) era el mayor de Gerasa y fue edificado entre el 90 y el 91 d.C. Su cávea podía albergar 3.500 espectadores, distribuidos en los dos sectores en que se dividían las 32 filas de gradas, cuyos asientos, en ocasiones, llevan grabada en la piedra una letra del alfabeto griego para facilitar las reservas. A los pies de la primera fila de gras se puede ver en el podio una inscripción en griego.

El espléndido proscenio muestra una laboriosa ornamentación cuidadosamente restaurada.
La acústica del teatro es magnífica, amplificada por los nichos de la base del podio, que hacían las veces de pequeñas cajas de resonancia.
Seguimos la visita por la calle paralela al cardo, en dirección a las iglesias bizantinas y al templo de Artemisa. A la derecha pudimos disfrutar de unas espléndidas vistas del conjunto de la plaza oval, el cardo y su intersección con el decumano sur.
Un poco más adelante, se dejan a la derecha la iglesia de San Teodoro y la Catedral.
El monumento más famoso de Jerash es, sin duda, el Templo de Artemisa, caracterizado por las estilizadas columnas corintias de su peristilo.
Debido al particular engarce de los bloques, algunas de ellas parecen oscilar imperceptiblemente, fenómeno que se acentúe en los días de viento.
Todo el conjunto ha sufrido numerosas alteraciones y modificaciones en el curso de los siglos, aunque la magnificencia que debió tener en época romana es fácilmente perceptible.
Dos escalones suben desde los propileos hasta un pórtico exterior, desde el que cinco puertas daban paso a un amplio patio rectangular, rodeado de pórticos corintios.

El templo propiamente dicho, precedido de altar, se alzaba en el interior del témenos. El santuario, antaño revestido de mármol, estaba cubierto por un techo de madera.
Bajamos por un camino que conduce a los propileos del Templo de Artemisa, una monumental escalinata, cerrada por altos muros y con una fachada imponente. Constaba de siete tramos de escalones cada uno, dispuestos de modo que crearan un particular efecto óptico.
Estábamos en el cardo máximo. Quedaba a nuestra izquierda el tetrapilo norte, dedicado a Julia Domma, esposa del emperador Septimio Severo. Más allá, las ruinas de la puerta norte, desde la que se accede a la calzada romana que comunicaba Gerasa con Pella y las ciudades de Palestina y la costa mediterránea.
El cardo máximo era una ancha vía porticada que partía de la plaza oval y seguía hasta la puerta norte. Edificado en la segunda mitad del siglo I d.C., fue ampliado a lo largo del siglo siguiente.
Las columnas jónicas se sustituyeron por corintias, la mayoría todavía en pie. En el pavimento se puede ver el surco dejado por las ruedas de los carros, en particular en las inmediaciones del tetrapilo sur.
En el camino de vuelta a través del cardo máximo, nada más pasar los propilesos, siguiendo hacia la plaza oval, se alza el Ninfeo, una monumental fuente que en su día fue consagrada a las divinidades de las fuentes. Está formada por una gran pileta de granito rosa de la época romano bizantina.
En las ciudades grecorromanas, el ninfeo constituía un lugar de encuentro para sus habitantes y, generalmente, se alzaba en el centro de la ciudad.
Próxima al cardo se halla también la catedral, edificada en torno al año 365 sobre un antiguo templo dedicado a Dionisio.
Antes de comer estaba previsto visitar Ajlun, una pequeña ciudad famosa por su castillo. Abandonábamos la antigua Gerasa de la Decápolis, un yacimiento arqueológico de gran interés histórico y enorme impacto emocional, salvada de la destrucción del tiempo por siglos de enterramiento bajo tierra y arena.























































