Jordania 2023 (5)

En las paredes rocosas del Siq exterior se suceden las fachadas de monumentos sepulcrales. A la izquierda destacan las espléndidas tumbas asirias excavadas en la piedra de un rojo intenso.

Nos encontramos en la Avenida de las Fachadas, nombre que se le da a la hilera de tumbas monumentales nabateas talladas en la ladera sur del desfiladero, situado un poco más adelante del Tesoro y adyacente al desfiladero exterior.

Las fachadas están decoradas con escalones estilo paso de cuervo, pilastres y cavetos. Destaca la Tumba 67, por su cavidad superior, que probablemente se usaba para almacenar las herramientas de los trabajadores que la construyeron.

En esta zona se puede ver claramente cuánta arena y escombros fueron arrastrados y acumulados a lo largo de los siglos por repetidas inundaciones repentinas. De hecho, los sedimentos llegan hasta el borde superior del portal de la tumba.

Un rasgo inusual de esta tumba de tipo Hegra es la abertura de la cámara funeraria en lo alto, enmarcada por pequeñas pilastras con capiteles nabateos y un frontón triangular en la parte superior. A ambos lados de ella se pueden ver los medios-merlones, típicos de las tumbas escalondas, así como de las Proto-Hegra y Hegra. Entre los beduinos locales cuenta la leyenda que un ladrón se refugió en la cámara alta durante un tiempo, motivo por el cual la llaman “la tumba del ladrón”.

Las Tumbas BD 69 y BD 70 son, básicamente, del tipo Hegra.

La segunda está tallada en la roca en tres lados (este, oeste y norte) y se alza unos 15 metros. Se encuentra en un lugar especialmente expuesto y debe haber sido una tumba importante. Al haber sido modificada varias veces, falta el friso habitual de grandes medios merlones enfrentados, y tiene una corona almenada construida sobre la cornisa.

La fachada de la Tumba BD 825, tallada en la roca, está decorada con cinco escalones enfrentados y una cornisa de caveto, seguida de un ático liso y un entablamento principal, que se apoya en dos pilastras. Este sencillo ático, además de los elementos mencionados, la caracteriza como de tipo Hegra.

De pronto, la avenida se abre a un gran espacio natural. A la derecha, en lo alto, se ve la tumba de Unayshu, un ministro de la reina Shaquilat (70-76 d.C.), adornada por un frontón griego.

Al otro lado de la avenida, un sendero a la derecha sube al Lugar Alto del Sacrificio y conduce a la tumba de los ángeles, que quedaba fuera de nuestro itinerario (habrá que volver…).

Se trata, sin duda, de un lugar de insospechadas tonalidades.

Se acercaba el mediodía. Había que tomar decisiones y ejecutarlas. Una parte del gran grupo pretendía ascender al Monasterio. La mitad del pequeño grupo, también. Si pretendíamos cumplir con el horario y estar a las dos de la tarde de vuelta en el Centro de Visitantes había que ponerse en camino. Y así lo hicimos May, Antonio y yo, junto a otros compañeros de aventura.

Inmediatamente pasamos junto al teatro, edificado en época de Aretas IV, sobre un antiguo cementerio (de hecho, el teatro se encuentra en las inmediaciones de una necrópolis), aunque fue restaurado más tarde, en la época de Maikos II. Está íntegramente excavado en la roca y tenía capacidad para 3.000 espectadores.

Renunciamos a visitar el conjunto monumental de la colina de al-Khubtah, uno de los más conocidos de Petra. Las Tumbas Reales se construyeron para acoger a una familia real nabatea. Las excavaciones han sacado a la luz en la zona una necrópolis de fosas sepulcrales (siglo I a.C.), algunas de las cuales sirvieron de vivienda en época posterior.

Vistas desde abajo (como nosotros las vimos) desde la avenida de las columnas también resultan espectaculares. La escalinata en la parte baja lleva a la tumba de la Urna; las otras (de la Seda, Corintia y del Palacio) se encuentran a la izquierda.

Atravesamos la Avenida de las Columnas a buen paso y con un ojo en el resbaladizo pavimento. Edificada en la época de Aretas IV y remodelada en tiempos de Trajano, es una larga vía pavimentada y flanqueada de pórticos de los que apenas quedan restos. Solo se conservan algunas columnas, aunque la pavimentación todavía se encuentra en buen estado.

Dejamos a nuestra izquierda el Gran Templo, un complejo monumental que representa uno de los mejores conjuntos arqueológicos y arquitectónicos de la parte central de Petra, que ocupa un área estimada de siete mil metros cuadrados.

Pasamos junto a Qsar-al-Bint, el “palacio de la hija del faraón”. Se trata de un imponente templo, muy bien conservado, del siglo I a.C. Edificado con grandes bloques de arenisca rosada trabajados con esmero, es uno de los pocos edificios nabateos no excavados en la roca, dedicado a Dusharah.

A partir de este momento, “comienza puerto”…

Ad Deir (el Monasterio) es uno de los monumentos emblemáticos más fascinantes de Petra. Sin duda, es un lugar que no hay que perderse, a pesar de la dificultad del camino. Su monumental fachada de roca tallada domina una altiplanicie a la que se puede acceder desde el centro de la ciudad (restaurante Basin) por un antiguo camino procesional.

El ascenso, de mil seiscientos metros de largo con una diferencia de altitud positiva de doscientos metros, “requiere de buena condición”, “pero no es peligroso”. Sin lluvia, añadiría yo, a las indicaciones de las guías. Hay varios tramos planos entre los ochocientos escalones de subida, y los visitantes suelen detenerse con frecuencia para disfrutar de las magníficas vistas (sin niebla), o tal vez para tomar aire y bajar pulsaciones.

A lo largo del camino y en gargantas laterales hay numerosas tumbas, lugares de culto, nichos de betilos y otros vestigios de la época nabatea y bizantina.

Después del ascenso, realizado a buen paso en unos cuarenta minutos, se llega a una vasta meseta dominada por la monumental fachada de Ad Deir, que vimos sin niebla apenas unos instantes.

El nombre árabe “Ad Deir” fue dado al lugar por los beduinos por las cruces que hay inscritas en la pared interior, que datan de la época bizantina. El monumento, con su imponente fachada de cuarenta y siete metros de ancho y cuarenta y ocho de alto, y la sala que hay detrás, fueron tallados directamente en la montaña a mediados del siglo I d.C.

El orden superior con el frontón partido, que enmarca una estructura circular de tholos con techo cónico coronado por una urna, sigue el modelo del Tesoro. Pero se trata de un mausoleo, al no haber tumbas en su interior, que consta de una sala de doce metros de lado y diez metros de alto, al fondo de la cual hay un nicho.

En el nicho elevado de la pared trasera se encontraron rastros de un betilo removido posteriormente, y a ambos lados de la cámara hay bancos planos y anchos, lo que indica que fue un lugar de culto. Es posible que una rica hermandad celebrara aquí sus simposios (banquetes rituales) en homenaje al rey nabateo Obodas II, deificado después de su muerte.

Descendimos cuidadosamente hasta el Restaurante Basin, donde había que tomar una importante decisión. Si queríamos cumplir con el horario debíamos ascender a la planicie donde las lanzaderas puestas en funcionamiento un día antes nos conducirían al autobús. Eso sí, no sabíamos muy bien donde se encontraba el punto de salida del autobús, y los regueros de personas por las colinas a nuestra izquierda tampoco ayudaban mucho.

La decisión de buena parte de nuestros compañeros de viaje y el oscuro deseo de ver el Tesoro por una última vez nos animó a desandar el camino hasta el Centro de Visitantes. Abandonar Petra por el Siq era la mejor opción posible, sin duda alguna.

Cuando llegamos al autobús, algo más tarde de las dos y media, nuestra sorpresa fue mayúscula al comprobar que eran muy pocos los que se encontraban en él (Toñi, Lola y Dona entre ellos, que habían vuelto por el mismo camino). El grueso del grupo, que había decidido volver en autobús, se encontró, sin comerlo ni beberlo, en medio de un conflicto laboral (los autobuses terminaban con el negocio de los lugareños) que les obligó, tras una prolongada espera, a volver, también, por el mismo camino que, finalmente, todos.

Después de las cuatro, comimos en Alqantarah Restaurant (8FHC+565, Wadi Musa, Jordania) y, al finalizar la comida, abandonamos Petra en dirección a Wadi Rum, un recorrido de algo más de cien kilómetros, en la niebla, que mejor olvidar, pues nos convertimos en los protagonistas de la nueva entrega de la saga Fast & Furious, “The Fast and the Furious 10: Wade Rum Drift”.

Llegamos ya de noche cerrada a nuestro campamento, Mazayen Wadi Rum. Tras tomar posesión de nuestra burbuja, una ducha y a cenar y (los más animados) a rematar el día con unos bailes regionales.

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