Había dejado de llover, casualmente, el día anterior cuando regresábamos a Jordania después de nuestro efímero paso por Israel. Posiblemente, por vez primera veíamos el Mar Muerto a la luz del sol esa mañana.
Era el día señalado para disfrutar de sus aguas, y de las instalaciones del resort en el que nos alojábamos. Pero en la mañana visitaríamos el Sitio del Bautismo de Jesús, “Betania más allá del Jordán” (al-Maghtas). La expresión al-Maghtas significa “inmersión” y, por extensión, “bautismo” en árabe. El bautismo por inmersión es un método de bautismo que se distingue del bautismo por afusión (vertido) y por aspersión (rociado), y los eruditos bíblicos generalmente están de acuerdo en que la iglesia primitiva prefería los bautismos por inmersión, seguramente inspirados por los propios de Jesús. Aunque está documentado que la iglesia primitiva también usaba otras formas de bautismo, la inmersión era probablemente la más usada. Desde los tiempos bizantinos, este lugar ha sido considerado no solo como la ubicación original del sitio donde se bautizó a Jesús, sino también como el área donde vivió y ejerció su ministerio Juan el Bautista, y como el sitio de la Ascensión del Profeta Elías al Cielo.
Por ello, el conjunto arqueológico situado en la orilla oriental del río Jordán, a unos diez kilómetros de nuestra posición al norte del Mar Muerto, es de inmensa importancia para el Cristianismo. Durante mucho tiempo se ha discutido si este acontecimiento clave pudo tener lugar en el lado occidental u oriental del río Jordán, pero los análisis de las fuentes bíblicas e históricas, así como las investigaciones arqueológicas, sustentan la ubicación del lugar en lo que hoy es Jordania.
El Sitio del Bautismo consta de dos zonas conectadas por el Wadi al-Kharrar, de densa vegetación. Tell al-Kharrar, también conocido como Jabal Mar-Elías (Colina de Elías), y la zona situada a dos kilómetros de él, directamente sobre el río, con iglesias, fuentes bautismales y restos de antiguos edificios religiosos.
Las extensas excavaciones arqueológicas realizadas por el Departamento de Antigüedades de Jordania desde 1996 han descubierto e investigado muchas evidencias de la época romana y bizantina, así como de la Edad Media. Entre ellos se encuentran un monasterio, iglesias, capillas, instalaciones de agua, varios estanques, cuevas y otras viviendas de ermitaños y monjes, manantiales aún activos, alojamientos para peregrinos y visitantes.
El lugar de peregrinación era una escala en la antigua ruta de peregrinación cristiana desde Jerusalén, pasando por Jericó, a través de un vado en el río Jordán, hasta los lugares bíblicos de la Transjordania, que incluyen al-Maghtas, el Monte Nebo y Madaba. Con la visita de esta mañana cerrábamos el círculo.
A medida que nos íbamos acercando podíamos distinguir varias iglesias que se han ido construyendo estos años (anglicana, copta, armenia y católica) con la ciudad de Jericó al fondo.
Ya a pie nos dirigimos a la zona en la se encuentra la iglesia de San Juan Bautista, cerca del río, cuyos primeros ramales evidenciaban las lluvias torrenciales de los días anteriores.
El río Jordán, hace veinte siglos, era mucho más grande que en la actualidad. En un punto concreto el ramal principal se bifurcaba en dos. Es allí donde se piensa que vivía Juan el Bautista y realizaba los bautismos.
Estábamos en el lugar donde los arqueólogos descubrieron las ruinas y los cimientos de una importante iglesia y monasterio bizantinos construidos durante el reinado del emperador Anastasio (491-518 d.C.).
Según diferentes fuentes históricas, esta iglesia fue considerada la iglesia conmemorativa más notable de San Juan Bautista en este lado del río, incluido el testimonio de Teodosio, quien escribió:
“A 5 millas al norte del mar Muerto, en el lugar donde el Señor fue bautizado, hay un solo pilar y en el pilar se ha sujetado una cruz de hierro, ahí también está la iglesia de San Juan Bautista, que el emperador Anastasio construyó”.
El lugar más significativo es una gran piscina en forma de cruz en la que se supone que se sumergió Jesús. En el siglo VI aquí se construyó una escalinata de mármol para llegar al río, con veintidós peldaños realizados en mármol negro.
Llegamos al cauce actual del río, junto a una iglesia ortodoxa griega construida en 2005.
En este punto, unos metros separan Jordania de Israel.
En la parte jordana, una estructura austera de madera simple y efectiva, con un pequeño techo que cobija una pila bautismal, que se mantenía fuera del agua a duras penas por el elevado nivel alcanzado por el agua en el río. De hecho, no veíamos los escalones que dan al río con una pequeña zona acotada para quien se quiera bautizar.
En la parte israelí, una gran construcción y bastante más afluencia de creyentes, la mayoría ataviados con unas largas camisas blancas que en fila van entrando en el agua.
May decidió bautizarse allí y coger algo de agua para traer a España.
El pórtico de la Iglesia de San Juan Bautista era, sin duda, un marco excepcional para la única foto del grupo durante el viaje.
Estaba previsto realizar algunas compras de productos del Mar Muerto de vuelta al hotel. No obstante, se nos dio la posibilidad de regresar directamente al hotel y dejar en el establecimiento a los interesados en comprar. May, Toñi, Lola y Antonio quedaban en la tienda mientras Dona y yo nos disponíamos a tomar el primer contacto con el Mar Muerto.
Era el momento de despedir a Mohamed, que nos había acompañado, y guiado, por tierras jordanas.















































