Rough and Rowdy Ways

Leí en algún lugar al comentar el concierto con el que Bob Dylan abría su gira española de doce conciertos en Madrid que destilaba “mucha nostalgia, bastantes graznidos y ninguna canción conocida”.

Empezando por el final, estaba en todo lo cierto. Conocidas, lo que se dice conocidas, esas canciones que se recopilan en los “grandes éxitos”, no ha sonado ni una. Ojo, que no es que sea un experto en Bob Dylan, pero ninguna canción suya que me viniera a la cabeza la tocó en Alicante.

Con todo, la ocasión lo merecía. Bob Dylan es un mito, “una leyenda”. Más allá de su Premio Nobel, y que para muchos no haya sido el mejor concierto de su vida ni, tal vez, el mejor que puede ofrecer a los 82 años, ha estado, por momentos, bien. Cosas de la nostalgia…

Creo que todos los que nos juntamos en el coso alicantino sabíamos a lo que íbamos. Y si no todos, la inmensa mayoría. Todavía muchos rezagados buscaban su asiento cuando, con las últimas luces del atardecer, un minuto antes de lo previsto según mi reloj, ocupaba su sitio ante el piano y se rodeaba, en un pequeño círculo iniciativo, de su banda, cinco músicos que tienen gran parte del éxito de que el show no decaiga por momentos.

Ni un “buenas noches”. Ni un “cómo están ustedes”. Ni un “Alicante”. Dos “Thank you”, y para de contar. Una a una fue presentando las canciones de “Rough and Rowdy Ways”, que para eso pone nombre al tour, que había escuchado unas cuantas veces, pero que necesita bastantes más para memorizar, y tararear, alguna melodía.

Eso sí, ha sonado al Bob Dylan de siempre, al que tenemos en mente desde nuestra más tierna infancia. Y a eso habíamos ido, por lo menos yo.

«Ya no soy el que era, las cosas no son lo que eran», susurra en “I‘ve Made Up My Mind to Give Myself to You”, una de las canciones de ese ¡¡trigésimo noveno álbum!! que vio la luz en 2020 y que se ha transformado en una gira que comenzó en 2021 y acabará en 2024.

La otra mitad del repertorio la completa su otro nuevo disco, “Shadow Kingdom”, que salió a la venta hace unos días, y que constituye la banda sonora de una película documental de hace dos años que capturó al Nobel de Literatura tocando viejas canciones en la intimidad.

La nostalgia por la música estadounidense de los años 40 y 50 ha sido la atmósfera del concierto. Tampoco acompañaba la austera escenografía. Una iluminación rojiza “perenne” que solo cambiaba al negro entre canción y canción. Blues eléctrico, rock and roll primitivo, rockabilly y country-folk. En la banda destacan las guitarras, sobre todo de del bajista Tony Garnier y la de Donnie Herron.

Tras presentar a la banda, y alguna que otra canción, fin del espectáculo. Fue el único momento en el que avanzó unos pasos y lo pudimos contemplar, de pie, en toda su extensión. Pero esa imagen no la podrán ver los que no estuvieron allí. En esta gira “free pone” está prohibida la entrada con teléfonos móviles. Ni siquiera pueden entrar fotógrafos profesionales. Siempre hay quien lo intenta, pero para eso está el servicio de seguridad.

Bob Dylan actúa por el puro placer de hacerlo. Lo hizo en Alicante. Y nosotros estuvimos allí.

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