Aýna 2023 (1). Amanece en La Suiza Manchega, que no es poco

Las sucesivas olas de calor que azotan el sureste español este verano hicieron que pareciera una buena idea pasar un par de días en la bonita localidad de Aýna, “La Suiza Manchega”, enclavada en plena sierra del Segura y en el estrecho cañón del río Mundo.

Aýna es un nombre de origen musulmán que tiene dos traducciones al árabe. Por un lado, significa “fuentes escondidas”. Se dice que este nombre proviene del arroyo o cascada de la Toba porque el agua de este manantial surgía de 15 fuentes que nacían a borbotones de la tierra.

Otra de sus acepciones es “ojos bellos o que te embellecen la mirada”. Esta última definición es por el precioso enclave en el que está situado el pueblo.

Se cree que los musulmanes se asentaron en esta zona por tener un terreno muy fértil para el cultivo y porque en la zona del casco antiguo hay un cortado en la roca que les servía de muralla natural. Sin embargo, los hallazgos de la Cueva del Niño ponen de manifiesto que el hombre primitivo ya danzaba por estas tierras en el Paleolítico.

En Aýna amanece del revés. ¿Por qué? Encontrarás la respuesta en una de las películas más surrealista del cine español, “Amanece que no es poco”, de José Luis Cuerda, rodada en 1988 en los municipios de Liétor, Molinicos y Aýna, aunque esta última es, posiblemente, la que más localizaciones concentró.

La creación, hace unos años, de la ruta amanecista, explica por qué es tan fácil toparte por el pueblo con carteles que señalizan localizaciones del film. Aunque la mayoría de ellas son privadas, abren al público una vez al año durante las Quedadas Amanecistas, que se celebran el primer fin de semana de junio. Estas reuniones se gestaron en las redes sociales en 2010, y con el paso del tiempo han pasado a formar parte, con mucho orgullo, del apretado calendario de festividades de Aýna. En estos encuentros se recorren todos los escenarios de la película, se recrean escenas e incluso se disfrazan de los personajes.

En 2018, coincidiendo con el 30 aniversario del rodaje, se quiso homenajear a los vecinos que habían participado como extras en la película con unas placas conmemorativa en recuerdo al personaje que interpretaron. Estas distinciones se pueden ver prácticamente en cada casa del pueblo, pues en torno a un 80% de Aýna se involucró en el rodaje.

En la antigua ermita de Nuestra Señora los Remedios se encuentra el centro de interpretación dedicado a la película. Es un laberinto de pasillos donde podrás ver desde paneles explicativos, hasta curiosidades del rodaje, apariciones en prensa, atrezzo y parte del documental que se rodó por su 20 aniversario. Y digo “podrás ver” porque solo abre viernes, sábado y domingo…

Ayna gira entorno a Los Picarzos, la montaña de ocho picos más representativa del pueblo, y uno de sus grandes atractivos son los miradores. Prueba de ello son los cinco que hay en la localidad.

Justo antes de llegar al pueblo se encuentra el mirador de La Rodea Grande, en el que se puede ver una réplica del sidecar en el que llegan al pueblo Antonio Resines y Luis Ciges en “Amanece que no es poco”.

En el pico más cercano a Aýna hay una bandera de España y una réplica de la patrona Santa María de lo Alto. Llegar hasta aquí arriba no es sencillo pero tampoco imposible. Tendremos que volver a comprobarlo, porque esta vez no lo intentamos.

La tradición de subir la bandera a lo alto del pico la comenzaron los quintos antes de entrar la mili. Ahora se encargan de hacerlo los grupos de amigos del pueblo. La explicación al hecho de que haya una réplica de la patrona de Aýna ahí arriba se encuentra en el himno del pueblo, que dice:

Y tan solo yo quisiera
que allí arriba en Los Picarzos
estuviera la patrona
que es María de lo Alto

El balcón de Las Mayas es, posiblemente, el mejor para contemplar el pueblo. Se encuentra en la parte alta y se llega hasta él atravesando una grieta en la roca (la Cueva de los Moros). Desde aquí vemos muy de cerca las casas con tejados naranjas apiladas unas sobre otras. Es, sin duda, una de las imágenes más bonitas de Aýna.

Tanto el balcón como la cueva se encuentran en los restos del castillo de la Yedra, una antigua fortaleza de origen islámico. Este mirador se llama así porque aquí se cantaban las mayas, es decir, los amoríos del pueblo.

A ellos se accede tras pasar por la Iglesia de Santa María de lo Alto. A principios del siglo XV, se construyó una ermita a esta virgen sobre la torre del homenaje de la fortaleza musulmana. A principios del siglo XVI, la ermita estaba en tan mal estado que decidieron derribarla excepto la torre. Su idea era construir una iglesia más grande para que cupiese todo el pueblo, pero las obras se pararon durante más de 400 años y no se retomaron hasta 1950.

Las pinturas del altar mayor de la iglesia se realizaron en 1963, 10 años más tarde de su inauguración. Son obra del pintor madrileño con raíces ayniegas Luis José Calderón y representa partes de la vida de Jesús: Anunciación, Nacimiento, Muerte y Coronación de la virgen.

Arriba hay una cruz que independientemente desde donde se la vea, que parece nos mira. Se conoce como perspectiva cónica.

Esta iglesia es en uno de los pocos lugares donde se puede ver representado a Dios (en la parte central). El autor utilizó a la gente del pueblo como modelos para pintar las caras de los personajes.

Estancia tranquila y relajada en el Hotel Rural Felipe II. Buena gastronomía y buen solarium con una buena piscina para refrescarse en los momentos de mayor temperatura del día y de la tarde.

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