Pensábamos ver a un clásico como Víctor Manuel en Los Alcázares cuando tuvimos conocimiento del paso del Rock & Ríos por Murcia en los albares de Septiembre. Si nos perdimos su estreno en 2010, su 40 Aniversario era algo que no nos podíamos perder, porque nadie como Miguel Ríos ha alcanzado la condición de indiscutible en la historia de la música popular en España, posiblemente con las únicas y probables excepciones de sus más estrechos y distinguidos coetáneos: el mencionado Víctor Manuel, Serrat y Sabina.
No nos importó que faltase hace unos años a su palabra de retirarse de los escenarios con aquella gira de despedida que nos retrotrae hasta ¡2010! y cuyo recuerdo hoy suscita sonrisas cómplices: no tenía edad el granadino de colgar las botas, y no hay mejor demostración de su longevidad artística que esta magistral exhibición de músculo, perseverancia y resistencia que vivimos anoche en la Plaza de toros de Murcia.


El concierto no solo servía para celebrar el 40 aniversario de la grabación del Rock & Ríos primigenio, probablemente el doble álbum en directo más relevante y difundido en la historia del rock español, sino que también invitaba a celebrar el sexagésimo cumpleaños discográfico de aquel chavalín tímido e inquieto de Granada que se afincó en un Madrid anodino, gris y hostil y consiguió sacar adelante su sueño a fuerza solo de talento, tesón y suerte, sin padrinazgos ni favores de ningún tipo.
La biografía de Miguel Ríos tiene mucho de épica y de resiliencia, pero este 40 años después no es, para nada, un episodio menor, ni de interés solo testimonial ni nostálgico. Al contrario, supone un ejemplo admirable de pundonor y longevidad artística por parte de un hombre que, a sus 77 años en el momento de la grabación, conserva buena parte de su poderío vocal y, desde luego, todo el magnetismo escénico y la capacidad de convocatoria.

Este festín de dos horas largas sobre el escenario se convierte así en una celebración de la carrera y de la vida con mucho menos componente de nostalgia del que cupiera sospechar en un evento conmemorativo de esta naturaleza. Porque Miguel Ríos, en el día de su onomástica, recuperó, capítulo a capítulo, la playlist de 1982, pero lo reformuló en compañía de varios artistas de la región que en muchos casos podrían ser sus hijos y en alguno, encajaría en la condición de nieto. Santiago Campillo y Ruth Lorenzo fueron los auténticos vencedores de la noche en este aspecto.

Hit a hit fue metiéndose al público en el bolsillo, entregado desde el primer momento al granadino que, tras algún problema vocal inicial, fue ganando muchos enteros con el devenir del concierto hasta llegar a uno de los puntos álgidos en los bises, interpretando el éxito de la banda Topo «Mis Amigos Dónde Estarán«, con una sucesión de grandes de la música española tristemente desaparecidos entre los que recordamos a los grandes Antonio Vega, Enrique Urquijo, Pau Donés o Antonio Flores, entre otros. Emocionante.
«Bienvenidos», «El blues del autobús», «Santa Lucía», «Generación límite», «Nueva ola»,… los éxitos de nuestra adolescencia resultan sencillamente rejuvenecidos cuarenta años después.
Decían cuatro décadas atrás que el Rock & Ríos se hizo realidad porque sus artífices no sabían que aquello era imposible. Todos los factores técnicos y logísticos estaban mucho más bajo control hace un año y medio en la capital española, pero este reencuentro con la historia se antoja desde ya mismo un documento para la eternidad. Y nosotros estuvimos allí.
Por cierto, sería una auténtica injusticia no mencionar a la ENORME banda que acompaña a Miguel Ríos en esta gira. Simplemente ESPECTACULAR.































