Cádiz 2024 (1)

Los turnos vacaciones estivales daban la oportunidad de pasar unos días fuera de casa en esta primera quincena de julio. Tras valorar varias posibilidades, Cádiz y (algunas de) sus playas fue el destino elegido.

En esta ocasión la salida no se produjo al alba. El objetivo era llegar a Zahora, perteneciente al término municipal de Barbate y situada entre Los Caños de Meca y El Palmar, a la hora de comer. Pero las obras en la A-92 lo impidieron, así como alguna pequeña retención en las inmediaciones de los concurridos destinos de la Costa del Sol de nuestro itinerario.

Cuando llegamos al hotel, tras recorrer todo el núcleo de población (cosas del navegador) y tras hacer el correspondiente ckeck in, la cocina del restaurante ya estaba cerrada. No en vano eran más de las cuatro de la tarde. Eso sí, en estas fechas y en estos lugares es imposible no encontrar dónde comer incluso a estas horas. Siguiendo las indicaciones del personal del hotel tomamos dirección a la playa de Zahora y enseguida encontramos Venta Curro, donde conseguimos mesa casi sin pestañear.

A esas horas todo parecía un manjar, que lo era. Nuestro primer contacto con las tortitas de camarones típicas del lugar, chocos, mas unas estupendas albóndigas de gamba y sepia y un fino pescado rebozado similar a la merluza de cuyo nombre no es que no me quiera recordar, es que no lo recuerdo…

Tras la comida volvimos al hotel y nos preparamos para disfrutar de la playa de Zahora, de arena gruesa y dorada, y “fría” (¡no quema los pies!). La playa tiene una extensión de unos tres kilómetros y suele dividirse en zonas. La primera, que va desde el faro de Trafalgar hasta la zona del Sajorami, se conoce como La Aceitera o La Cala Isabel.

La segunda es la playa del Sajorami, que toma su nombre del cocurrido local; y la tercera zona es la de la Playa de Mangueta, que llega hasta el límite con el contiguo municipio de Vejer. Su extremo sur está prácticamente en solitario incluso en verano, siendo un atractivo lugar para pasear.

Mención aparte merece la temperatura del agua en estas latitudes. Si estás acostumbrado a la de las playas del Mediterráneo, más en estos últimos años, ármate de valor para que el agua te pase de la altura de las rodillas. Eso sí, una vez superado esta auténtico trauma el baño es espectacular.

Avanzada la tarde, que no anocheciendo, regresamos al hotel y nos preparamos para tomar algo (la comida había sido copiosa y tardía) y disfrutar de una curiosa actuación musical con una cerveza en la mano en Zahora Beach room para finalizar este siempre ajetreado primer día de viaje.

A la mañana siguiente tuvimos que esperar hasta las nueve para desayunar. Es algo a lo que no estamos acostumbrados, pero aquí el personal lleva el horario de los veraneantes, no de los visitantes de nuestro estilo (aprovechar el día desde el alba). El desayuno del hotel nos fue convenciendo cada vez más conforme pasaban los días. Además del café y del zumo de naranja, un exquisito revuelto de jamón ibérico (sin salmorejo) sobre una rica tosta regada con un espectacular aceite de oliva de la zona nos daba la energía necesaria para afrontar el día.

En esta ocasión, el primer destino era la playa de Bolonia, no por la playa en sí, sencillamente espectacular, sino por el conjunto arqueológico de Baelo Claudia que se extiende hasta su arena.

La ciudad de Baelo Claudia, situada en la orilla norte del estrecho de Gibraltar, se halla emplazada en la parte oeste de la ensenada de Bolonia. Las sierras de la Plata y San Bartolomé forman un arco que la dejan enmarcada entre montañas, de forma que el mar fue su mejor medio de comunicación y a él le debió su riqueza y reputación. La industria pesquera, fundamentalmente del atún, constituyó su principal fuente económica.

Las excavaciones han sacado a la luz el conjunto urbano romano más completo de toda la península Ibérica, con monumentos de extraordinario interés como la basílica, el teatro, el mercado y el templo de Isis. En ninguna otra parte de la Península es posible tener una visión tan completa del urbanismo romano como en Baelo Claudia. En esto radica su principal interés, además de estar enmarcada en un espectacular paisaje, integrado en el Parque Natural del Estrecho.

La ciudad nace en el siglo II a.C. en una zona altamente estratégica como el estrecho de Gibraltar. Su origen y posterior evolución están muy ligados al desarrollo de las industrias salazoneras y al comercio con el norte de África, siendo puerto de unión con la actual Tánger.

Sobre el cambio de era se inicia un proceso de desarrollo urbanístico que culminará en la primera mitad del siglo II d.C. A lo largo de este proceso se lleva a cabo la construcción de un amplio foro monumental, edificios lúdicos y un destacado complejo salazonero, verdadero motor económico de la ciudad. Es en este período cuando Baelo recibe el apelativo de Claudia, promocionando a municipio romano y disfrutando así la ciudad del período de prosperidad más importante de su historia.

Baelo Claudia entra en un proceso de decadencia que se inicia a mediados del siglo II d.C., seguramente potenciado por el terremoto que asoló la ciudad en el siglo III d.C., y que tras una paulatina regresión culminará con el abandono poblacional de la ciudad hacia el siglo VII d.C.

Comenzamos la visita a la ciudad romana inicia el recorrido en un paseo extramuros donde tuvimos la oportunidad de apreciar el acueducto oriental que contribuía al abastecimiento de agua potable de la ciudad.

Continuando en paralelo a la muralla, observamos su configuración arquitectónica flanqueada por numerosas torres. Siguiendo este eje murario, antes de adentrarnos en la ciudad, tenemos ocasión de ver el área de la necrópolis tardía, excavada parcialmente en los últimos años.

Entramos en la ciudad junto a una de sus puertas principales, la puerta de Carteia, que marca el eje del decumanus maximus. Siguiendo su trazado nos dirigimos hacia la intersección con el cardus maximus, que tomamos hacia el sur para ir a las factorías de salazón, un gran complejo industrial que es uno de los mayores excavados en la península Ibérica.

Continuando nuestro recorrido retornamos al decumanus maximus, por su enlosado original, donde nos encontramos con el macellum o mercado, que se construyó para desplazar las actividades comerciales del foro en el Alto Imperio. A continuación accedemos a la plaza meridional, donde realizamos una primera aproximación al centro monumental y cívico de la ciudad.

El centro monumental, donde se desenvolvían las actividades administrativas, culturales y religiosas, se sitúa en el cruce del decumano y el cardo máximos, organizados en torno a la plaza porticada del foro. Este es un foro típico de finales de la República y principios del siglo I d.C. Alrededor de él se ubican los distintos edificios públicos, destacando en primer plano y en el lado sur la basílica, edificio de dos plantas destinado a la administración de justicia.

En el lado norte se construyó una tribuna para las arengas y, detrás de ella, la fuente monumental que preside esta plaza. En el pórtico del lado oeste se sitúan, de sur a norte, los siguientes edificios: archivo municipal o tabularium, sala de votaciones, la curia o sede del gobierno local, una calle y un edificio que podría ser una schola. En el pórtico oriental se observan las tiendas o tabernae. Antes de abandonar la plaza meridional, podemos observar al oeste un pequeño edifico público adosado a la basílica, con escaleras laterales, que algunos investigadores identifican con la curia.

Continuando por el decumanus maximus llegamos hasta otra de las puertas principales de acceso a la ciudad, la puerta de Gades.

Desde este punto accedemos al edificio termal para dirigirnos hacia el teatro, que aprovecha la media pendiente de la ladera para asentar sus gradas.

Por último visitamos el área religiosa, que domina claramente el centro monumental y cívico de la ciudad sobre una terraza más elevada. Está compuesta por tres templos simétricos dedicados a la triada capitolina, los dioses Juno, Júpiter y Minerva. Además, como consecuencia del auge de los cultos orientales, se añadió otro templo dedicado a la diosa egipcia Isis. Desde este lugar bajamos al mirador, donde se divisa en conjunto el área del foro con la totalidad de los edificios administrativos.

Volvimos al museo, compuesto por dos salas de exposición permanente y una destinada a muestras temporales. La planta superior está dedicada a ofrecer un marco general de la ciudad. Una maqueta de Baelo Claudia sitúa la ciudad en su contexto geográfico. La acompaña un expositor donde se explica la organización jurídico-administrativa, las principales ciudades y vías de comunicación de Hispania, así como la evolución de la ciudad de Baelo Claudia.

La planta inferior es un gran espacio dedicado a Baelo Claudia como ciudad hispanorromana. Este ámbito permite la interrelación de los bloques temáticos que nos informan de los distintos prismas desde los que se puede observar la ciudad romana. La primera sala engloba el sector de la exposición dedicado a la religión, el urbanismo y la economía.

La religión y el mundo funerario están representados en el extremo final de la sala, con una surtida muestra de ajuares y elementos funerarios, destacando varias placas votivas dedicadas a Isis.

La parte central de esta sala recoge elementos relacionados con las artes decorativas; las artes, la escultura y la arquitectura son protagonistas de este eje expositivo dedicado al urbanismo, en el que destaca una columna de la basílica de la ciudad.

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