Precisamente, la “tacita de plata» era nuestro objetivo para el miércoles. La ciudad más antigua de Europa, con más de 3.000 años de historia, conocida antaño como Gadir por los fenicios y como Gades para los romanos. Una ciudad que respira mar por todos sus costados y que ha vivido momentos tan importantes como la firma de la primera Constitución Española, en 1812. Una ciudad que vive en continuo carnaval, riéndose de sí misma y acogiendo al visitante con su ironía y buen humor.
Por suerte, teníamos bien localizado un parking cerca del centro y de fácil acceso desde el que iniciar nuestra visita a la ciudad. En unos pasos llegamos a la Plaza del Ayuntamiento de Cádiz, donde se sitúan emblemáticos edificios como el propio Ayuntamiento, mezcla de período neoclásico e isabelino, la iglesia de San Juan de Dios o la Casa de los Pazos.
Paseando por angostas callejuelas llegamos a la Catedral, en el corazón del casco histórico. Con nombre y apellidos es la Santa y Apostólica Iglesia-Catedral de Cádiz, una de las paradas más emblemáticas y famosas de la ciudad. También conocida como «Santa Cruz sobre el mar» o «Santa Cruz sobre las Aguas», no es la primera catedral que existió en este lugar, ya que anteriormente hubo una Catedral Gótica cuya construcción estuvo bajo el mandato de Alfonso X.
Comenzamos la visita por la Torre Poniente, también conocida como la Torre del Reloj, que forma parte de la propia catedral. Se trata, sin duda, de un estupendo mirador de toda Cádiz. Con 74 metros de altura es el punto más alto de la ciudad, y las vistas merecen, y mucho, la pena.
La catedral, de estilo barroco y neoclásico fue levantada durante la época dorada de la ciudad, en el siglo XVIII, cuando Cádiz era el epicentro del comercio entre América y Europa, tardó casi 100 años en finalizar la construcción. El objetivo era que fuese más alta que la Giralda de Sevilla, y para lograrlo llegaron incluso a destruir casas, pero la época dorada dejó de brillar, y se transformó en un simple anhelo…
En su interior se abren un total de 16 capillas, entre las que destacan la de San Sebastián, que conserva un lienzo que representa a su titular, fechado en 1621 y obra del genovés Andrea Ansaldi; la de San Servando y San Germán, que cuenta con tallas barrocas de los titulares obra de Luisa Roldán, la Roldana, fechadas en 1687; la capilla de Santa Teresa que expone la custodia procesional del Corpus Christi, realizada en plata entre 1649 y 1664 sobre diseño de Alejandro Saavedra y la Capilla Mayor, que presenta un templete neoclásico de planta circular realizado en mármoles de colores y bronce dorado, siguiendo el diseño de 1790 de Manuel Machuca.
La cripta de la Catedral es todo un espectáculo (además, está bajo el agua) de piedra ostionera, de forma circular y con grandes celebridades sepultadas en el lugar, como Manuel de Falla, uno de los músicos más influyentes del país, y José María Pemán, un importante intelectual de la ciudad.
Al salir nos dirigimos a la Casa de la Contaduría, incluida en la visita, asentada sobre la cávea del Teatro Romano, en el lado que da al poniente, que construyó para sus conciudadanos Cornelio Balbo el Menor en el siglo I a. C. Es un conjunto compuesto de varios elementos aglutinados en torno a la torre de la Catedral Vieja de Santa Cruz: La Casa de la Contaduría y la Casa del canónigo Termineli, que datan documentalmente del siglo XVI, y el Patio Mudéjar o Casa del deán Rajón, levantado por éste en 1500.
El Museo ocupa planta baja y primer piso, con acceso desde la Plaza Fray Félix a través de un frontispicio manierista, adornado con puntas de diamantes, que sostiene el balcón de hierro forjado de la fragua con el escudo de la catedral. Un gran salón permite la contemplación de diversas obras pictóricas entre las que destaca La Inmaculada Grande, un cuadro de la escuela madrileña, de particular belleza.



Cruzando el patio de la Casa di Termineli se llega al Patio Mudéjar, en el que se distinguen restos romanos y medievales. A través de este patio se accede a una serie de salas que albergan mesas, cuadros, marfiles y esculturas de gran valor, así como tabernáculos, cálices y otras importantes obras de orfebrería y platería, en su mayoría pertenecientes a los siglos XVII y XVIII.
Recientemente se ha preparado una sala dedicada a las Cortes (asamblea nacional) de Cádiz de 1812 y su relación con la Iglesia. En esta sala se encuentran documentos y objetos que se refieren a estos hechos, entre los que destacan el decreto de abolición de la Inquisición, los pentagramas del Te Deum compuestos para esa ocasión o la mesa en la que la tradición de la iglesia afirma que se firmó el texto constitucional, entre otros.
La Iglesia de Santa Cruz o Catedral Vieja es el templo con más historia de la ciudad y la tradición cuenta que fue construida en el sitio de una antigua mezquita musulmana. Fue construida a instancias de Alfonso X el Sabio y fue erigida como catedral en 1263, ya que el Rey Sabio había manifestado su deseo de ser enterrado en ella, aunque esto no sucedió.
En el interior destaca el retablo mayor, una de las joyas de la escultura barroca de Gaditana. Realizado en madera dorada, fue diseñado y ejecutado en 1640 por Alejando de Saavedra, mientras que la decoración escultórica es de Alonso Martínez y se realizó en 1658. Tiene un solo cuerpo dividido en 5 bandas de pilares estriados y columnas. La banda central destaca gracias a las columnas retorcidas y tiene forma de hemiciclo con doce hornacinas que albergan el apostolado.
El Barrio del Pópulo, el más antiguo de la ciudad, se considera el núcleo medieval y una referencia de la ciudad a todos los niveles. Se caracteriza por tener tres arcos de entrada: el Arco del Pópulo, el Arco de la Rosa y el Arco de los Blancos, todos del siglo XIII, aquí se situaba también en tiempos pasados la villa medieval, con sus murallas y el castillo.
Tras pasar por la Plaza San Martín, considerada el corazón del barrio; nos dirigimos al Teatro Romano, que es uno de los más grandes del mundo.
Mandado edificar por Lucio Cornelio Balbo el Menor, fue construido en el siglo I a.C. Desde su descubrimiento en 1980 las excavaciones han permitido recuperar parte importante del graderío (proedria, ima cavea y media cavea), así como de la orchestra y una galería anular de distribución. A estos restos se añaden partes del edificio escénico que pueden observarse a través de pozos-sondeos realizados en el Centro de Interpretación.
Su fecha de construcción y sus casi 120 metros de diámetro lo convierten en el más antiguo y en el segundo en tamaño de la Península Ibérica. Se le calcula una capacidad de más de 10.000 espectadores.
El Centro de Interpretación del Theatrum Balbi (Teatro de Balbo) permite contextualizar mediante paneles explicativos, imágenes, maquetas y recursos audiovisuales los restos arqueológicos del edifico romano dentro del urbanismo de la ciudad de Gades, su trascendencia en la formación de la ciudad medieval y el actual Barrio del Pópulo.
Al salir del teatro nos llamó la atención un curioso rincón, anunciado como “el Callejón de El Duende”. Está junto a la Posada del Mesón y no es más que un estrecho callejón, cerrado con una verja, que era muy usado por estraperlistas y piratas para hacer sus trapicheos, entre ellos un famoso bandolero llamado «El Duende».
Pero, según cuentan, lo realmente curioso de este callejón es la historia del capitán francés que durante la invasión napoleónica se enamoró de una gaditana. Estos se veían de forma clandestina en el callejón hasta que fueron descubiertos, siendo asesinado el capitán y poco después, ella muriendo de pena.
Seguimos paseando por la ciudad, bulliciosa a esas horas del día, en dirección a la Torre Tavira. Con 45 metros, es el mejor mirador de la ciudad. No es la única torre en el centro de Cádiz, pues hay más de 100 repartidas por toda la ciudad (llegaron a ser 160) y que tienen su origen en el antiguo pasado comercial con las Indias, cuando Cádiz era puerto estratégico y los comerciantes querían vigilar desde sus propias casas la entrada de los barcos llenos de mercancías.
En la Torre Tavira, además del mirador, al que decidimos no subir, puedes visitar la Cámara Oscura, una habitación en el interior de la torre en el que se puede observar el exterior a tiempo real gracias a un juego de lentes ópticas que reflejan la imagen.
La torre está ubicada muy cerca del Mercado Central, y a él nos dirigimos. Se encuentra en un edificio neoclásico inaugurado en 1838. En su interior, cada mañana de nueve de la mañana a tres de la tarde (excepto domingos), se pueden adquirir productos frescos como pescados, mariscos, quesos, frutas o verduras. Todo un lujo pasear por sus puestos…
Además, encontramos en su interior el Rincón Gastronómico, en la esquina sureste. En esta zona hay muchos puestos y mesas altas donde comer y donde, sin dudarlo, procedimos al momento de hidratación de rigor, que falta hacía.
Era hora de comer, pero antes había que pasar por la puerta del Gran Teatro Falla. Y es que es imposible no pensar en Cádiz sin asociarlo rápidamente a sus carnavales. El Carnaval de Cádiz es una de las fiestas grandes de la ciudad, que además de vivir diez días repletos de alegría en la calle, cuenta durante el mes previo con el Concurso Oficial de Agrupaciones Carnavalescas. La final de este concurso, donde encontramos chirigotas, coros, cuartetos y comparsas, es el comienzo de la semana grande.
Este certamen se celebra íntegramente en el Gran Teatro Falla, un teatro de estilo neoclásico terminado en 1910 que es otro lugar esencial que ver en Cádiz capital. Su nombre se lo debe desde 1926 al músico Manuel de Falla, hijo predilecto de Cádiz.














































