Cádiz 2024 (y 6)

Volvimos al coche para visitar nuestro siguiente destino: Medina Sidonia. Coronando el Cerro del Castillo (a 300 metros de altitud, al que alguien se negó a subir), Medina conserva intacto todo el sabor medieval. Fundada por los fenicios, fue una importante colonia romana y capital de la cora musulmana de Sidonia. A mediados del s. XV entró a formar parte del Señorío de los Duques de Medina Sidonia.

Declarada Conjunto Histórico y Premio al Embellecimiento de los Pueblos Andaluces, tan rico pasado ha dejado en la localidad numerosos testimonios artísticos. La ermita de los Santos Mártires es el ejemplo de arte visigodo más antiguo de Andalucía. De la época medieval son las ruinas del castillo, edificado sobre el antiguo alcázar musulmán y el castillo de Torrestrella, (ambos de los siglos XII-XIV). De los numerosos arcos medievales, algunos musulmanes y anteriores a la conquista, destacan el Arco de la Pastora (siglo X), del Sol (siglos X-XIII) y el Arco de Belén (siglos XII-XV).

Las muestras de su arquitectura religiosa son innumerables, destacando la iglesia parroquial de Santa María la Mayor Coronada, un magnífico ejemplo de los estilos gótico y plateresco. Otros templos que no pueden dejarse de visitar son los de la Victoria, San Juan de Dios y Santiago.

Sin duda, lo que más nos impactó fue su conjunto arqueológico romano. Las construcciones hidráulicas del siglo I d.C., con un total de 20 metros de galerías subterráneas cuya función como sistema de alcantarillado en la época romana, nos indica el grado de urbanización de la ciudad Assido-Caesarina. Presenta tres estructuras diferentes: cloacas, habitaciones romanas y criptopórticos.

Las cloacas máximas se encuentran en la periferia de la ciudad, donde desemboca todo el entramado de cloacas más pequeñas que se extendían por la cuidad. Los muros están hechos de sillares de piedra arenisca y las bóvedas son de medio cañón corrido.

El suelo es el original y está impermeabilizado por una capa formada por una mezcla de cerámica triturada de cal. Se aprecia a ambos lados unos acordonamientos que impedirían la filtración de las aguas sucias a través de los muros. En las bóvedas encontramos unos registros circulares que conectaban directamente con las casas.

La verdadera dimensión del urbanismo asidonense en la antigüedad está presente en las obras públicas hasta ahora localizadas, de las que es ejemplo singular un tramo de vía romana descubierta en 1997 y que discurre en parte a cuatro metros por debajo de la calle Álamo. Construida con grandes losas de piedra, se compone de dos aceras, y una calzada que tiene cinco metros de ancho, capaz de permitir el paso de dos vehículos a la vez.

A lo largo de la línea central de la calle, por debajo del enlosado, se halla una cloaca de casi un metro de altura, que canalizaba las aguas de lluvias y las residuales de edificios y fuentes de la ciudad.

Con la puesta en valor de este lugar, no sólo se ha dado un importante paso en el conocimiento histórico y urbanístico de la Medina Sidonia antigua, sino que también se ha acondicionado un espacio cultural que puede ser disfrutado por el público.

Posee la villa una delicia repostera con denominación de origen propia, el alfajor de Medina. Este producto es un dulce de origen árabe elaborado a partir de técnicas tradicionales y utilizando ingredientes de primera calidad: miel pura de abeja, almendras, avellanas, harina, pan rallado y especias (cilantro, clavo, matalahúva, ajonjolí y canela). Con forma de canutillo, posee un color tostado al corte y un aroma ligeramente especiado mientras su sabor, recuerda a una mezcla de frutos secos y miel.

Durante la ya habitual “pausa para la hidratación” en la Plaza Mayor aprovechamos para reservar mesa en la Terraza el Juncal, en el Paseo Marítimo de la playa de El Palmar, y junto al parking donde pensábamos dejar el coche para disfrutar

Tras la comida nos dispusimos a disfrutar de esta extensa playa extensa de ocho kilómetros de longitud, ideal para andar y dar largos paseos por las mañanas en cualquier época del año gracias a su arena cuidada y limpia.

El acceso a la playa de El Palmar es a través de pasarelas de madera con el objetivo de ayudar a preservar y conservar el sistema de dunas que circunvala todo su litoral siendo de vital importancia al actuar como reserva de arena y dique natural.

Destaca por ser un lugar en el que no encontrarás ni urbanizaciones ni hoteles, una playa muy tranquila para pasar una maravillosa tarde con tu pareja disfrutando de un espacio único y acogedor.

Todo tiene su fin. Desayunamos, por última vez, en el hotel (nuestro ya habitual revuelto de ibérico, sin salmorejo) y ultimamos el equipaje para emprender el camino de regreso a casa. La idea era no repetir itinerario sino volver por el interior, pasando por Antequera, para poder visitar dos últimos lugares: Setenil de las Bodegas y Olvera.

Setenil de las Bodegas es ese pueblo gaditano que te persigue por todas las redes sociales hasta la saciedad y que, últimamente, se ha puesto muy de moda en Instagram. Tras dejar el coche en un parking cubierto a las afueras del pueblo (muy recomendable, a ver quién es el valiente que atraviesa las calles del pueblo) comenzamos a ascender por la Calle Calcetas en dirección a la Plaza de Andalucía.

Localizamos la Oficina de Turismo, donde además de orientarnos sobre la visita a Setenil adquirimos las entradas para su conjunto monumental, en el que hay un lugar que destaca por encima de todo el pueblo. Se trata del Torreón.

La historia de esta villa se remonta a la época de los Reyes Católicos en la que la conquista de la ciudad fue fundamental para recuperar Granada. Aunque la conquista no fue fácil. Les costó siete asedios lograr el objetivo. Por eso el nombre de Setenil viene de «Septem nihil», que significa siete veces nada.

Esta antigua fortaleza nazarí es de las pocas de España que conservan todo su entramado urbano medieval. En el subsuelo de esta alcazaba se encuentra el aljibe árabe, encargado de suministrar el agua a la fortaleza.

La historia de Setenil no se remonta sólo al medievo. Las cuevas donde hoy en día se encuentran las casas, antiguamente fueron habitadas por hombres paleolíticos. Prueba de ello es la Damita de Setenil, una venus paleolítica de 5.000 años que tiene su propia casa.

De vuelta a la Plaza de Andalucía nos dirigimos hacia las dos calles en Setenil de las Bodegas que son el símbolo del pueblo. Se trata de la Calle Cuevas de Sol y la Calle Cuevas de Sombra.

Ambas calles representan la fotografía típica del pueblo, con sus casas construidas aprovechando los recovecos de las rocas.

No son las únicas calles que han convertido este pueblo en uno de los más llamativos y pintorescos de España. Hay varias calles alrededor del pueblo en las que las rocas forman parte natural del techo, como, en la parte baja, la Calle San Román.

Posiblemente Olvera sea uno de los más bonitos pueblos blancos de Cádiz. Tras aparcar el coche nos dirigimos, en primer lugar, al Restaurante Casa Juanito para comer, que ya era hora. Una sorpresa fue encontrarnos, de nuevo, tortitas de camarones. Y no dejamos pasar la oportunidad de probar el lagarto ibérico, como nos habían recomendado.

La verdad es que hay que tener valor para comenzar a visitar Olvera a las tres de la tarde en pleno mes de julio. Pero no había otra. Creo que cogimos más moreno en Olvera que los cuatro días anteriores en las playas de Cádiz…

Nos dirigimos hacia el barrio de la Villa, el barrio más antiguo de la localidad y en él se encuentra gran parte de todo el atractivo que hay que ver en Olvera. Su origen es musulmán, cuando se denominaba Wubira, y data de más de 700 años de antigüedad. Las 13 calles de la Villa se ajustan a la orografía tan peculiar de Olvera: calles estrechas, continuas subidas y bajadas,… Muy apropiado para bajar la comida…

En la Oficina de Turismo adquirimos las entradas para subir al castillo, algo que previamente había dicho que no haría. El Castillo de Olvera está declarado Bien de Interés Cultural desde 1985 en la categoría de arquitectura defensiva. Fue construido en el siglo XII y formó parte del sistema defensivo del reino nazarí de Granada. El paso del tiempo y las sucesivas remodelaciones por parte de las tropas castellanas han dejado evidentes rasgos cristianos en esta torre nazarí.

Se adapta a la forma de la peña en la que se encuentra, de manera irregular y de forma de triángulo, hasta los 620 metros de altura, convirtiéndose en uno de los mejores miradores de Olvera.

Hasta hace no muchos años, el acceso al castillo se realizaba atravesando las habitaciones de una casa adosada a la muralla. Actualmente, la única puerta de acceso al Castillo de Olvera se encuentra protegida por una barbacana y el Castillo consta, además de una torre del homenaje, de una muralla con paso de ronda, un recinto subterráneo y dos aljibes.

La torre del homenaje se alza en la parte superior del recinto, dispone de dos plantas cubiertas y se accede a ellas a través de escaleras de caracol. Aunque las escaleras son estrechas y peligrosas, desde lo alto se obtienen unas vistas espectaculares de toda la zona.

En la explanada de la Oficina de Turismo se encuentra también la Iglesia arciprestal y parroquial Nuestra Señora de la Encarnación, cerrada a estas horas de la tarde. Tras el derribo de la antigua iglesia Mayor en 1822, la iglesia de Nuestra Señora de la Encarnación se construyó en 1843.

Su fachada de la es de estilo neoclásico, de líneas recortadas y volúmenes, formada por tres cuerpos en altura, cuatro para torres y campanarios. En 1902 colocaron en la fachada el reloj, propio de las casas consistoriales y muy poco habitual en iglesias.

El Museo de la Cilla y Museo de la Frontera y los Castillos se encuentra ubicado en el edificio “La Cilla”, con entrada por la Oficina de Turismo, y se llama así porque servía de cilla (granero) a sus antiguos dueños los Duques de Osuna. A pesar de que su cometido primitivo era el de recoger granos y frutos, el edificio sufrió reformas y, a mediados del siglo pasado, se destinó como cárcel de mujeres.

Tras la última restauración, en 1999, el edificio pasa a ser Centro Cultural “La Cilla”, albergando el Centro Cultural La Cilla “Olvera, La Frontera y Los Castillos”, la Oficina Municipal de Turismo, Exposición Arqueológica, Centro de Interpretación de la Vía Verde de la Sierra y una sala de exposiciones itinerantes.

Última visita de este viaje. Quedaban 430 kilómetros de vuelta a casa. Autovía desde Antequera, esperando no volver a tropezar con las obras en la A-92, pero carretera autonómica, de las de toda la vida, hasta Antequera, entretenida, no cabe duda. Con todo, llegábamos a casa algo después de las ocho de la tarde sin mayor novedad.

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