Hay que ver qué pronto amanece en estas latitudes… Tras el completo desayuno en el Kolping Wien Zentral tomamos la línea U4 del metro, en la cercana parada de Kettenbrückengasse, hasta la de Schönbrunn, junto al palacio del mismo nombre.
Y dirigiéndonos hacia la entrada nos cayó una copiosa lluvia que nos acompañaría buena parte de esa mañana.
Este palacio, conocido como el Versalles vienés, es, quizá el más famoso de todos los palacios imperiales austriacos. Situado en las afueras de la ciudad y rodeado de una zona de bosque, el Palacio Schönbrunn debe su nombre a una “bella fuente” (Schönen Brunnen) descubierta en los alrededores por Matías de Habsburgo, hijo de Maximiliano II. Fue la residencia de verano de los Habsburgo y, desde 1996, está declarado Patrimonio de la Humanidad por la UNESCO.
La historia de Schönbrunn se remonta a la Edad Media cuando, a principios del siglo XIV, existía aquí ya un terreno (con una casa, un molino de agua, un establo, un jardín y una huerta) conocido como Katterburg y perteneciente al monasterio de Klosterneuburg.
En 1569, Katterburg pasó a pertenecer a la dinastía de los Habsburgo, al ser adquirido por el emperador Maximiliano II, quien se interesaría principalmente en la ampliación del parque con vegetación autóctona y aves locales.
Después de la muerte de Maximiliano II, Katterburg pasó a Rodolfo II y, posteriormente, al emperador Matías, quien lo convirtió en pabellón de caza. Fue el propio Matías quien, según cuenta la leyenda, descubrió en 1612 la bella fuente, la cual daría el nuevo nombre al lugar.
A lo largo del siglo XVII el pabellón de caza fue transformado en Palacio, recibiendo el nombre de Schönbrunn, por primera vez documentado como tal en 1642.
En 1683, el Palacio de Schönbrunn fue víctima de los turcos durante el asedio de Viena. Leopoldo I decide reconstruir el Palacio y, en 1688, J. B. Fischer von Erlach el Viejo presenta al emperador un grandioso primer proyecto de reconstrucción que competía en lujo con el Palacio de Versalles. Las obras fueron iniciadas por Fischer von Erlach en 1696 en la orilla derecha del río Wien, siguiendo el primer proyecto simplificado por el propio arquitecto, y se terminaron a principios del siglo XVIII, obteniendo como resultado una impresionante construcción palaciega barroca.
Pero sería María Teresa quien marcaría el inicio de la época dorada para Schönbrunn, ya que ella lo convirtió en el centro de la vida política y cortesana, además de realizar importantes reformas y ampliaciones y convertirlo en residencia veraniega de los Habsburgo.
A principios del siglo XIX, Schönbrunn fue ocupado en dos ocasiones por Napoleón, en 1805 y en 1809, quien instaló aquí su cuartel general. Más tarde, entre 1814 y 1815, fue en el Palacio de Schönbrunn donde tuvieron lugar las sesiones del Congreso de Viena. Fue entonces cuando se vio necesaria la realización de algunas obras de restauración, las cuales se llevaron a cabo entre 1817 y 1819; parece que fue entonces cuando se dio a las fachadas del palacio su característico color “amarillo Schönbrunn”.
Fue también en el Palacio de Schönbrunn donde, en 1830, nació Francisco José y donde pasó los veranos de su infancia y juventud. Cuando subió al trono, en 1848, llegó la segunda época dorada para este palacio, ya que Francisco José I lo eligió como su residencia preferida pasando la mayor parte de su vida en él. Francisco José I también realizó algunas obras en el palacio como, por ejemplo, el invierno anterior a su matrimonio, cuando preparó las dependencias de su futura esposa.
De nuestra visita por los “State Apartments” destacamos la Gran Galería y la Pequeña Galería. La gran galería, situada en el centro del palacio, fue utilizada por la familia imperial para bailes, recepciones y banquetes de gala. Con una longitud de más de 40 metros y un ancho de casi 10 metros, la gran galería brindaba el marco ideal para las celebraciones de la corte.
Decorado con espejos, adornos dorados y frescos de techo, constituye una obra de arte total del periodo rococó. Los frescos son obra del pintor italiano Gregorio Guglielmi y glorifican el reinado de María Teresa.
En el fresco central puede ver a Francisco Esteban y María Teresa en el trono, franqueados por las personificaciones de las virtudes monárquicas, así como por alegorías de los dominios de la monarquía.
Las dos grandes arañas doradas en talla de madera eran armadas con 70 velas cada una, antes de ser electrificado el palacio en 1901.
Desde el final de la monarquía, la Gran galería se utiliza para celebrar conciertos. En el año 1961 tuvo aquí lugar el legendario encuentro entre el presidente Kennedy y Chruschtschow.
La Pequeña galería, vecina de la grande, está situada en la parte del palacio que da al jardín. Se utilizó para la celebración de santos y cumpleaños, y ofrece una maravillosa vista al parque de palacio y a la Glorieta, erigida en la colina opuesta ya en tiempos de María Teresa. En su última restauración, la pequeña galería recuperó el revestimiento blanco brillante original del siglo XIX.
A ambos lados de la Pequeña galería se encuentran los gabinetes Chinos: a la izquierda el oval, a la derecha el redondo. María Teresa tenía predilección por la cultura china y japonesa, muy de moda en la época. En ambos gabinetes destacan valiosos paneles Chinos lacados e insertados en revestimiento blanco de madera. De sus marcos dorados surgen pequeñas consolas, sobre las que descansan porcelanas azules y blancas. Dignos de atención son también los suelos de parquet con sus incrustaciones artísticas. Ambos gabinetes servían de sala de juegos y de conferencias. En el gabinete Chino redondo celebraba María Teresa con su canciller, el príncipe Kaunitz, las conferencias secretas de estado y las reuniones.
La Sala del Carrusel debe su nombre a las dos grandes pinturas de la izquierda. Se muestra el carrusel de mujeres que María Teresa organizó en 1743 en la Escuela de Equitación del Hofburg, para celebrar la reconquista de Praga en la Guerra de Sucesión austriaca. En esta Escuela de Equitación (hoy denominada Escuela Española de Equitación) se realizan todavía exhibiciones de lipizanos.
También María Teresa cabalga en el centro del cuadro delante de sus damas de honor sobre un lipizano. A la izquierda puede observar el retrato de Carlos VI, padre de la emperatriz, en ostentoso gabán español.
En la Sala de Ceremonias se celebraban en tiempos de María Teresa fiestas familiares, como los bautizos y las bodas. La serie de pinturas que adornan esta sala muestran los actos referentes al casamiento del hijo mayor y sucesor de María Teresa, José, con la princesa Isabel de Parma, de la dinastía borbónica. Este ciclo de pinturas incluye el famoso retrato de la emperatriz, que se presenta como “la primera dama de Europa” en un vestido de puntas de Bruselas. La mayor de estas pinturas muestra la marcha nupcial de Isabel con un cortejo de noventa y ocho carrozas, en las que todos los invitados asistentes (la alta aristocracia europea al completo) muestran en sus carruajes sus escudos familiares.
El parque del Palacio de Schönbrunn (Schönbrunner Schlosspark), con alrededor de 120 hectáreas, fue abierto al público hacia 1779 y desde entonces se ha convertido en un área recreativa para los vieneses y visitantes.
Con sus jardines, fuentes, estatuas, estanques, terrazas, cafés, la Glorieta, el Jardín Botánico, el Zoológico más antiguo del mundo (creado en 1752 por Francisco I de Lorena, esposo de María Teresa), el invernadero con plantas exóticas y el Teatro de Marionetas entre otras distracciones, este parque pertenece, junto al propio palacio, al Patrimonio de la Humanidad de la UNESCO desde 1996.

















































