Comenzamos nuestro tercer día en Viena visitando la iglesia de San Carlos Borromeo (Karlskirche), situada en la Plaza de Carlos (Karlsplatz), en el distrito cuatro aunque muy cerca del primer distrito. Es, sin duda, una de las más bellas obras del barroco en Austria, si bien combina varios estilos arquitectónicos: fachada central de estilo griego, columnas exteriores de inspiración romana y decoración interior barroca.
Fue mandada erigir por el emperador Carlos VI, padre de María Teresa, como agradecimiento a San Carlos Borromeo por la extinción de una peste en 1713. Fue iniciada en 1716 por J.B. Fischer von Erlach el Viejo (probablemente su obra maestra), y fue terminada en 1737 por J.E. Fischer von Erlach el Joven. Para su construcción se tomó como modelo la iglesia de San Pedro del Vaticano.
Exteriormente podemos apreciar un monumental cuerpo central cubierto por una cúpula de 72 metros de altura y flanqueado por dos torres. En la fachada principal (estilo griego) hay seis columnas que sujetan un frontón, en el cual se representan los desastres de la peste; todo ello está precedido de una escalinata flanqueada por dos columnas (estilo romano), de 33 metros de altura, inspiradas en la columna trajana de Roma, y cuyos bajorrelieves en espiral, realizados entre 1724 y 1730, narran la vida de San Carlos Borromeo.
El interior de la iglesia, de planta oval, se presenta amplio y luminoso gracias a su enorme cúpula oval y a los grandes ventanales. En la cúpula se puede contemplar el fresco La Gloria de San Carlos Borromeo, de J.M. Rottmayr. Muy destacable también es la rica decoración barroca del interior.
A la salida teníamos el tiempo justo para desplazarnos al Belvedere, amplio conjunto palaciego formado por un palacio barroco, compuesto a su vez por los edificios del Alto Belvedere o Belvedere Superior, Bajo Belvedere o Belvedere Inferior, el invernadero (Orangerie) y el Prunkstall (antiguos establos), así como por unos maravillosos jardines barrocos que separan el Belvedere Superior del resto.
El área se extiende a lo largo de un terreno en ligera pendiente, decorado con una fuente formada por escaleras a modo de cascada, esculturas barrocas y unas impresionantes puertas de hierro forjado.
Desde 1903, el Palacio Belvedere alberga uno de los mayores museos de arte de Austria, con obras principalmente nacionales que abarcan desde la Edad Media hasta la Edad Contemporánea; pero el Museo Belvedere también cuenta con importantes obras del Modernismo Clásico.
Sin embargo, este museo debe si fama mundial principalmente al hecho de poseer la mayor colección de obras del pintor Gustav Klimt así como las mayores colecciones de obras de artistas como Egon Schiele y Oskar Kokoschka, entre otros.
Actualmente, desde la reforma de 2007-2008, el Belvedere Superior alberga las colecciones permanentes del arte desde la Edad Media hasta la actualidad. Destacan las colecciones de pintura y escultura de los siglos XIX y XX, entre las cuales la más importante es la colección más grande del mundo de Gustav Klimt, con obras tan famosas como El beso y Judit; las mejores obras de Egon Schiele y Oskar Kokoschka; destacadas obras de los impresionistas franceses (como Monet y Renoir); y la colección más importante del arte Biedermeier vienés, además de una imponente colección escultórica, entre otras obras maestras.
El Belvedere Inferior y la Orangerie, que antes albergaban las colecciones del arte barroco y de la Edad Media respectivamente (las cuales ahora se encuentran en el Belvedere Superior) están dedicados en la actualidad a acoger exposiciones temporales.
En los Prunkstall, los antiguos establos del Príncipe Eugenio (quien ordenó la construcción del Palacio Belvedere), se construyó la “Cámara del tesoro de la Edad Media”, un depósito expuesto al público en el que exponen las existencias restantes del arte medieval que hasta ahora habían permanecido almacenadas en el depósito.
Gustav Klimt goza de fama mundial. Fue el principal pintor del Fin de Siècle vienés y la figura central de la Secesión de Viena. Su obra representó el punto culminante de la pintura del Art Noveau den Europa. Aún hoy, más de cien años después de su muerte, se destaca como ningún otro artista en el arte austriaco, especialmente en el Arte Vienés del año 1900. Además de su cuadro más famoso, El beso, el Belvedere posee obras maestras de todas las fases de su labor, y expone la colección de Klimt más prestigiosa del mundo.
En El beso, acabado en 1909, encontramos una pareja de amantes en una pradera llena de flores en ese momento tan prometedor antes del beso. El hombre está de pie. En su cabeza lleva una corona de hiedra. Se acerca a los labios de la mujer que sin fuerzas ha caído de rodillas ante él. Ella le ofrece su boca y su mejilla para el beso. Llena de devoción ha cerrado los ojos y envuelve con el brazo el cuello del hombre, rozando suavemente su mano. Los rasgos del hombre son angulosos y el ornamento de su túnica es de forma rectangular. Suaves y blandos son, en cambio, los rasgos de la mujer y su vestido muestra un estampado floral como la pradera de flores.
Klimt envuelve al hombre y a la mujer en una aureola dorada apartando así a la pareja de amantes de la realidad. Eleva al beso a un símbolo intemporal y universal del amor. El fondo parece ser un cielo estrellado. Tan solo el prado de flores constituye una referencia terrenal en el infinito del cosmos.
La mirada de Judith (1901) es lasciva. Sus ojos entreabiertos, la boca ligeramente abierta. La bíblica Judith, seductora, es la figura principal y domina la escena de la obra. Su torso está al descubierto, sólo un delicado velo de un color violeta azulado cubre su pecho derecho. Las joyas lujosas decoradas con piedras preciosas y el paisaje como el fondo dorado de un retablo medieval acentúan su sensualidad. Con cierta ternura apoya su mano sobre la cabeza degollada de Holofenes, como queriendo empujarla fuera del cuadro.
Entre el Museo de Historia del Arte (KHM) y el Museo de Historia Natural (NHM) elegimos este último, tal vez atraídos por la monumentalidad del edificio que lo alberga.
Sobre la Ringstraβe, en un hermoso palacio del siglo XIX, se encuentra el Museo de Historia Natural de Viena (Naturhistorisches Museum Wien), aunando ciencia y arte, el cual, en sus más de 8.000 m² de superficie de exposición, presenta una colección recopilada durante más de 250 años que cuenta con más de 25 millones de objetos.
Dicha colección fue fundada por el emperador Francisco Esteban de Lorena, el esposo de María Teresa, en 1750, y es, hoy en día, una de las colecciones más antiguas del mundo.
El Museo de Historia Natural te invita a descubrir gran parte de la historia natural y cultural de nuestro planeta, en el lujoso ambiente del palacio, el cual constituye un marco incomparable para una de las colecciones de minerales más antiguas y extensas del mundo.
Un paseo a través del histórico edificio nos condujo desde los primeros signos de vida hasta la inmensa diversidad del mundo animal de la actualidad.
Minerales únicos, valiosas piedras preciosas, animales extraordinarios, los terrarios y acuarios más modernos, enormes esqueletos de dinosaurios, el exclusivo ramo de piedras preciosas de la emperatriz María Teresa, y la famosa Venus de Willendorf (de más de 25.000 años de antigüedad).






























































