Terminamos nuestra reseña del concierto de Coldplay en Barcelona (28 de mayo de 2023) con estas palabras: “Volveremos, Coldplay”.
Y es que, aunque Viena era un destino deseado para una de nuestras escapadas, fue la confirmación, en julio de 2023, de que su Music of the Spheres World Tour se prolongaría durante 2024, celebrando conciertos en Grecia, Rumanía, Hungría, Francia, Italia, Alemania, Finlandia, Austria e Irlanda, el detonante para la preparación de nuestro viaje a Viena. Pero antes había que conseguir las entradas…
Conocidas las fechas (21 y 22 de agosto de 2024) y conseguido el código exclusivo de preventa, el 25 de julio de 2023 nos pusimos delante del ordenador, al igual que cientos de miles de personas, para conseguir la deseada entrada, cosa que conseguimos, no fácilmente, para el jueves 22, pero esta vez para vivir la “experiencia pista”.
Y en nuestra tercera jornada en Viena había llegado el día. No sin sustos por las recientes cancelaciones de los tres conciertos de Taylor Swift unos días antes por motivos que nunca deberían suceder. Y con extremas medidas de seguridad.


Salimos con mucho tiempo para el Ernst-Happel Stadion, alejado unos cincos kilómetros del centro de Viena. Nuestra primera intención era acceder al estadio sobre las siete de la tarde, pero los avisos de los organizadores y del propio grupo de llegar con suficiente tiempo de antelación hicieron que llegáramos sobre las seis de la tarde, prácticamente tres horas antes del inicio del plato fuerte. Los controles, más exhaustivos que de costumbre, nuestras chapitas y nuestras pulseras de luces xyloband, y a prepararse para el espectáculo.
La espera la amenizaron Oska y Maggie Rogers. Dos estilos diferentes. La primera, cantante y compositora austriana de indie pop, ganadora del codiciado XA Music Export Award en el Festival Waves de Viena 2020.
La segunda, cantautora y productora estadounidense, tras haber buscado la fama pop y encontrarla gracias a cierto video viral en compañía de Pharrell, decidió que igual el estrellato masivo no era para ella. En su último disco, “Don’t forget me”, suena más despreocupada y natural que nunca, ajena a las expectativas y decidida a ser feliz.
Pero el plato fuerte estaba por llegar. El graderío se entretenía “haciendo la ola”, como si de una final de un Mundial de fútbol se tratara. No era para menos. Minutos después de la hora fijada para el inicio, el archiconocido «Flying Theme» que John Powell compuso para la banda sonora de E.T. sonaba mientras ellos avanzaban hacia el escenario. Comenzaba el viaje sideral de “Music for the spheres”.
El concierto, el número 158 de la gira, se divide, como siempre, en cuatro secciones espaciales –Planets, Moons, Stars y Home– en las que los visuales y los efectos especiales tienen mucha importancia a la hora de reflejar la temática galáctica y alienígena de su noveno álbum. Esta fue nuestra particular “playlist”…
El inicio fue de órdago. Tras el subidón de verlos sobre el escenario y de que se iluminara por vez primera nuestra pulserita, la actuación comenzó con “Higher Power”.
No habían pasado ni cinco minutos y un estadio entregado coreaba el archiconocido “You’ve got, yeah, you’ve got a higher/ You’ve got» Oh-oh-oh-oh-oh-oh-oh”, acompañadas de las primeras explosiones de confetti (reciclable).
La primera parte concierto supone todo un subidón en el que se encadenan algunos de sus hits más coreables. “Adventure of a Lifetime” y “Paradise”, entre otros.
Chris Martin nos invitaba a cantar muy bajito junto a él el estribillo de esta última como si formásemos una pequeña familia. Su carisma es innegable. La épica de los estadios llenos es poderosa y él es un showman experto, que dirige las emociones como quiere. Por si fuera poco, se metió al público en el bolsillo (si era necesario) hablando en su peculiar alemán, que pone de manifiesto la humildad de alguien al que cada mes escuchan millones de personas.
Así llegó “The Scientist”, para poner un poco de calma al final de este primer bloque con su homenaje a los “swifties” con unas estrofas de “Shake It Off”.
El desplazamiento al satélite central dio paso a “Viva la vida”, que coreamos al unísono como si no hubiera mañana. Y, a continuación, “Hymn for the Weekend”, que subió las pulsaciones…
…para más tarde bajarlas con “Don’t Panic”, en compañía de una fan, y “God Put a Smile Upon Your Face”, hasta llegar a la mítica “Yellow”. No se puede negar que siempre es uno de los momentos más especiales de la noche, con todo el estadio iluminado por los millares de pulseras en amarillo antes siquiera de que sonara el primer acorde de la canción.
Notas, sientes, que estás a punto de vivir un momento único. Sin duda, se genera una energía distinta, una conexión cósmica que explicar por qué Coldplay son capaces de agotar cuatro estadios olímpicos, y los que les echen, porque, en el fondo y aunque cambien las formas, puede que nunca hayan dejado de ser la banda que nos conquistaron con sus primeros discos.
En el tercer bloque se sumergen en su último trabajo. Comienza con “Human Heart” y “People of the Pride” para rememorar éxitos como “Clocks” y “Something Just Like This”, que finaliza con un remix de Martin Garrix.
Su “My universe”, cantando al unísono con los coreanos BTS desde las pantallas, dio paso a otro de los momentazos de la noche, “A sky full of stars”. Nos quedamos con la miel en los labios, dispuestos a cantar el primer estribillo, cuando paraban, de golpe, para que Chris, después de una improvisada reunión de toda la banda, como si de un “tiempo muerto” se tratara, nos animara a dejar los móviles y disfrutar del momento. ¡¡Carpe Diem!!
El traslado al pequeño escenario del fondo se acompaña de “Sunrise”, con la alocución de Louis Armstrong de su “What a Wonderful World”, para tocar “Sparks” y “The Jumbotton Song”, aprovechando el momento para presentar a la banda.
Un espectacular “Fix you” iniciaba el final del concierto que es imposible que defraude a alguien. Nos faltaba un regalito, el adelanto de su nuevo trabajo, “Moon Music”, anunciado para primeros de octubre. “Good Feelings” y ya la archiconocida “feelslikeimfallinginlove” fueron las elegidas. Si “todo el mundo es un extraterrestre en alguna parte”, qué mejor lugar y qué mejor momento que el 22 de agosto de 2024 en el Estadio Ernst Happel de Viena.
Son, en definitiva, dos horas de concierto que, además de incluir muchos de sus mejores temas, auténticos himnos, repasan de forma bastante completa (qué pena que no sonase “Let somebody go”) y le dan protagonismo a esa “Music Of The Spheres” que hace de hilo conductor del espectáculo, acompañada en esta ocasión del adelanto de “Moon Music”.
Sin duda, la calidad del directo y lo medido que está el show justifican el éxito de la gira y, sobre todo, generan una experiencia que hay que vivir al menos una vez en la vida. Al menos, una. Si son dos, mejor. Pero, en todo caso, todas las que puedas.
La vuelta del estadio Ernst Happel se produjo sin muchas novedades para el gentío que lo abandonaba y se dirigía al centro de la ciudad que, en nuestro caso, implicaba la utilización de tres líneas de metro con sus correspondientes transbordos. El visionado de fotos y videos tomados durante el concierto ponía fin a un trepidante tercer día de viaje.












































