Antes de nuestra partida habíamos contratado un tour guiado en castellano en la Ópera del Estado de Viena (Wiener Staatsoper), y hacia este emblemático edificio nos dirigimos raudos y veloces tras el desayuno. Este tour guiado recorre desde el vestíbulo a través de la escalera festiva y las salas de estado (Salón de té, Sala de mármol, Vestíbulo Schwind, Sala Gustav Mahler) hasta el auditorio (con vista al escenario).

La Ópera de Viena (Opernring 2, 1010 Wien), una de las más famosas del mundo, fue construida entre 1861 y 1869 por E. van der Nüll y A. van Siccardsburg, siendo el primer edificio construido en la Ringstraβe. Al principio el edificio fue muy criticado, incluso por el propio emperador Francisco José I, lo que hizo que E. van der Nüll se suicidase a principios de 1868 y que A. van Siccardsburg falleciese dos meses más tarde, tras haber sufrido una apoplejía.

Los vieneses encontraban el edificio de poco gusto e incluso lo denominaban la «caja sumergida» debido a que no estaba elevada ni tenía una escalinata de acceso, sino que se encontraba construida a nivel del suelo. De estilo neorrenacentista, la Ópera del Estado fue finalmente inaugurada, y con gran éxito, el 15 de mayo de 1869, con la ópera Don Giovanni de W. A. Mozart. En 1945 fue gravemente dañada por los bombardeos, fue reconstruida y reinaugurada en 1955 con la ópera Fidelio de Beethoven.
La programación de la Ópera del Estado de Viena tiene lugar entre septiembre y junio. Durante esos meses, cada día se cambia el escenario, debido a que diariamente hay representaciones diferentes, tales como óperas, operetas, ballets, conciertos,…
En febrero se celebra además el tradicional “Baile de la Ópera” (Wienner Opernball), que tiene lugar desde 1935 y al que asisten, para ser presentados, los jóvenes de la alta sociedad. Además, durante los meses de julio y agosto, la Orquesta Mozart de Viena ofrece algunos días conciertos del compositor de Salzburgo, W. A. Mozart.
Entre los directores de la Ópera del Estado de Viena se encuentran personajes históricos del mundo de la música tan conocidos como Gustav Mahler, Richard Strauss, Herbert von Karajan o Lorin Maazel.
Una pena que nuestra visita a Viena no coincida con el periodo de representaciones… aunque pudimos vivir la historia de la Ópera Estatal en una visita guiada, echando un vistazo entre bastidores a la compañía de repertorio más grande del mundo y aprendiendo muchos datos interesantes sobre la historia de la casa, su arquitectura y su funcionamiento.
Nuestro objetivo tras la visita a la Ópera era el palacio que hoy en día ocupa el Museo Albertina, situado justo detrás. Construido en 1776, hoy en día alberga importantes colecciones y es uno de los museos más visitados de Austria.
En 1760, el duque Alberto de Sajonia (1734-1822), hijo del Federico Augusto de Sajonia, contrajo matrimonio con su prima segunda, María Cristina de Habsburgo-Lorena (1742-1798), hija predilecta de María Teresa y Francisco I, recibiendo el ducado de Teschen y pasando a denominarse Alberto de Sajonia-Teschen. Además, el duque, gracias a la gran aportación de su esposa, inició la colección de arte que iría ampliando a lo largo de los años. En 1780 el duque Alberto es nombrado gobernador general de los Países Bajos Austriacos, y la pareja se traslada a Bruselas. Esto le abriría las puertas hacia el comercio artístico con Holanda, Francia, Alemania e Inglaterra.
Después de que Austria perdiese los Países Bajos en 1793, los duques regresan a Viena, llevando el exquisito mobiliario estilo Luis XVI (procedente de los talleres franceses de París y Versalles) a un palacio situado en un bastión de las murallas de Viena, el antiguo palacio del conde Silva-Tarouca. Los duques se instalan en dicho palacio, el cual pasa a denominarse “Albertina”, nombre que proviene de la unión del nombre de los duques: Alberto y Cristina. Entre 1802 y 1804 el duque Alberto hizo ampliar este palacio urbano barroco añadiéndole una imponente ala de lujosos salones, obras que fueron llevadas a cabo por el arquitecto belga Louis de Montoyer.
Hasta su fallecimiento en 1822, el duque Alberto fue ampliando y organizando su colección. Sus adquisiciones más importantes incluyen obras de Leonardo, Miguel Ángel y Rafael, así como gráficos y dibujos de la Biblioteca Imperial. De este modo, junto a importantes obras de Rubens, Rembrandt y Van Dyck, la famosa colección de Durero, antigua propiedad del emperador Rodolfo II, pasó a formar parte también de la colección de Albertina. En 1816 el duque Alberto declaró la colección por fideicomiso como patrimonio inajenable e indivisible. La colección conserva hasta hoy el recuerdo de su fundador en su nombre.
En 1822 el archiduque Carlos (1771-1847), hijo de Leopoldo II –hermano de María Cristina- y de María Luisa de Borbón, e hijo adoptivo y heredero del duque Alberto y María Cristina, heredó el palacio Albertina y la colección de arte. Carlos, quien derrotó a Napoleón en la batalla de Aspern (1809), junto con su esposa, Enriqueta von Nassau-Weilburg, continuó ampliando la colección de arte. También encargó una remodelación completa del Palacio, renovando los ahora Salones Reales de los Habsburgo en estilo imperial francés y equipando al palacio de elegantes muebles y artísticos suelos de parquet, remodelación que fue llevada a cabo por Joseph Danhauser entre 1822 y 1825. En 1823 la princesa Enriqueta hizo poner en el Palacio para sus hijos el árbol de Navidad decorado que inició esa tradición en toda Austria.
En 1847 el archiduque Alberto (1817-1895), primogénito de Carlos, heredó el patrimonio y las posesiones de su padre, generando enormes riquezas mediante la aplicación de modernas tecnologías como la máquina a vapor en tractores, y convirtiéndose en el administrador y dueño de la gran colección. Su estatua ecuestre ante el palacio le honra como vencedor de la batalla de Custozza (1866). A él se debe el aristocrático e histórico aspecto de la fachada del palacio, que data de 1867. La denominación de “colección Albertina” fue utilizada por primera vez en 1870.
El último ocupante de Albertina fue el archiduque Federico (1856-1936), quien fue adoptado por su tío, el archiduque Alberto, tras la muerte de su padre, en 1874. Él fue quien, en 1895-1897 llevó a cabo la última fase de remodelación del palacio, los llamados “Aposentos Españoles”, única residencia permanente de la familia real española fuera de su país. Pero cuando se declaró la República de Austria en 1918, el archiduque Federico, Comandante en jefe de la Armada Real e Imperial durante la I Guerra Mundial, fue expropiado perdiendo el palacio así como la colección de grabados en él conservada. Su familia se exilió en Hungría, aunque se le permitió llevarse todos los bienes móviles, tales como candelabros de cristal, tapices y tresillos. El Palacio pasó a manos de la República de Austria en 1919 y los 21 Salones Reales de los Habsburgo (repartidos en dos plantas) sirvieron como lujosas salas de representación, como depósito, biblioteca y oficinas.
Después de la I Guerra Mundial hubo varios intentos de vender la colección para, por ejemplo, pagar las deudas que exigían los nuevos países que se habían formado después de la caída de la monarquía. Tras varios decenios de decadencia, sobre todo después de la II Guerra Mundial, se emprendió la restauración de los Salones (en estilo clásico) y la renovación de la histórica fachada bajo la dirección de Klaus Albrecht Schröder.
Desde su reapertura, en el año 2003, el Museo Albertina alberga una de las más amplias colecciones del mundo de arte gráfico, una colección de fotografías y una colección de arquitectura. Del gótico al arte contemporáneo, las colecciones de Albertina cuentan con obras de los más importantes personajes de la historia del arte, tales como Alberto Durero, Pierre-Paul Rubens, Miguel Ángel, Rembrandt, Egon Schiele, Andy Warhol o Georg Baselitz, siendo la pintura más famosa, sin duda alguna, La Liebre, de Alberto Durero.

En mayo de 2007 las colecciones de Albertina se vieron ampliadas gracias al préstamo permanente de la colección de Rita y Herbert Batliner de Liechtenstein, una de las colecciones privadas más importantes de Europa: más de 500 obras que incluyen obras maestras de Monet, Renoir, Cézanne, Chagall, Picasso (gracias a la colección Batliner el Museo Albertina cuenta con una de las muestras más amplias de obras de Picasso), Modigliani, Matisse, Kandinsky, Roy Lichtenstein y Francis Bacon.
Y mientras visitamos el Museo Albertina, el mobiliario de la época y las 21 salas (los Salones Reales de los Habsburgo) de este antiguo palacio de la dinastía Habsburgo nos permitieron realizar un viaje en el tiempo dentro de una atmósfera imperial.














































