Tras el café nos dirigimos a Valderrobres, realizando en primer lugar la visita conjunta a su iglesia y castillo, edificios ambos que forman un conjunto indisoluble que preside la zona más alta del casco antiguo y domina todo el valle en que se asienta el municipio.
La Iglesia Santa María La Mayor sigue el modelo peculiar del gótico de la Corona de Aragón, basado en la planta de salón, con ábside de igual anchura que la nave y capillas laterales entre los contrafuertes.
La portada tiene un tratamiento individualizado y ofrece una visión esplendorosa, magnificada por la superposición del rosetón que la corona.
La historia que documenta el Castillo de Valderrobres tiene sus inicios a finales del siglo XII y es una de las principales fortalezas de época gótica que existen en Aragón. Su fachada es majestuosa. La obra presenta una serie de elementos que son propios de los edificios góticos civiles o militares que se extienden por toda la Corona de Aragón.
Entre sus dependencias destacan la sala de las Caballerizas, la sala Capitular, el salón de las Chimeneas, una gran cocina, la sala de los Leones y la Cámara Dorada.
La planta del recinto es de forma hexagonal irregular, adaptándose al terreno donde se asienta, con todos sus lados rectos, pero desiguales. En sus vértices hay cubos de mayor altura que el muro, rematándolo todo con almenas defensivas comunicadas por un camino de ronda.
Su ordenación interior es la acostumbrada, con salas alrededor de un patio descubierto rodeado por una barrera de gran altura. La mitad septentrional del castillo es de carácter más militarista.
El recinto se compone de tres niveles intermedios más uno superior o terraza. Tienen ventanas y vanos de formas diferentes según los pisos. En el primer piso se abren una serie de ventanas de medio punto. En el segundo piso las ventanas van decoradas con tracería gótica. En el tercer nivel había una bóveda gótica y unos amplios ventanales con arcos de medio punto.
En el interior, destaca el salón de las Chimeneas, con tres arcos apuntados con tracerías en los ventanales. Aquí se celebraron las comidas de los asistentes a las Cortes de Aragón, que fueron convocadas por el rey Alfonso V en el año 1429. Las reuniones tuvieron lugar en la iglesia parroquial que había sido concluida recientemente.
Arriba hay una espectacular galería con once arcos de medio punto.
El material utilizado para construir esta impresionante mole defensiva es la piedra, totalmente trabajada en sillares bien realizados y ordenados en hileras horizontales. Se hace extensivo este sistema tanto para los muros como para las torres que componen la estructura del edificio. El material se extraía de la propia montaña a la que está adosado el edificio.

El castillo fue restaurado en los años ochenta. Originalmente fue construido por orden de los obispos zaragozanos que habitaron en él durante un largo periodo de tiempo hasta la segunda mitad del siglo XVII en el que se abandonó, comenzando a partir de entonces su deterioro y su ruina. En 1931 fue declarado Monumento Nacional.
Más tarde bajamos al casco urbano. Las calles de Valderrobres componen un conjunto arquitectónico en el que se extiende un núcleo urbano desde la Iglesia Santa María La Mayor y el Castillo hasta la vertiente del río.

Entre piedras, paredes, suelos, caminos y esquinas, se crea Valderrobres sobre sí mismo. A partir del año 1390 comenzó el proceso de amurallamiento y fortificación del casco, construyéndose también el Puente de piedra que da la bienvenida al lugar, atravesando el río. Es una sólida construcción preparada para aguantar los avatares de los troncos y caudales del río.
El Portal de San Roque era el que cerraba el acceso principal a través de este puente, bajo medio punto y hornacina con la imagen del patrón de la localidad.
Tras el agradable paseo por Valderrobres era hora de realizar algunas compras de productos típicos y preparar la ruta del día siguiente, uno de los alicientes de esta escapada por tierras turolenses.





































