Lucena, Cabra, Montilla 2024 (1)

Al igual que Albarracín, Lucena había quedado en el tintero en los primeros días de 2023. Y era el momento de visitarla en este noviembre de 2024. Lucena es considerada como la Perla de Sefarad. Su entorno fue morada de pre-neandertales hace 450.000 años y posteriormente constituyó la única ciudad habitada exclusivamente por judíos entre los siglos VIII y XII.

A primera hora de la mañana partimos hacia nuestro destino por un itinerario bien conocido (Málaga, Antequera, Cádiz…). A media mañana, ya instalados en el Hotel Santo Domingo y dejado el coche bajo la Plaza Nueva, centro neurálgico de la ciudad, comenzamos nuestra visita por Palacio de los Condes de Santa Ana aprovechando que en su interior alberga el Centro de Interpretación de la Ciudad de Lucena y la Oficina Municipal de Información Turística.

Considerado como uno de los mejores ejemplos de la arquitectura civil del siglo XVIII en Lucena, su construcción fue promovida por la familia Mora-Saavedra, entre los años 1730 y 1750. Esta familia de posibles orígenes judeoconversos, formaría parte de las familias que aquí se establecieron atraídas por la fama que  tuvo la ciudad en tiempos pretéritos y la añoranza de morar en la tierra de sus antepasados.

En su arquitectura destacan, además de su magnífica fachada, sus dos patios, el segundo de ellos porticado, y su bella escalera, coronada con una bóveda, atribuida por su estilo a dos de los últimos maestros lucentinos, Francisco José Guerrero y Pedro de Mena Gutiérrez.

El palacio cuenta con una serie de salas temáticas y expositivas. Una de las más interesantes es la Sala “Así se hizo”, un espacio dedicado a la historia del edificio en el que destaca el Eros Dormido, escultura en mármol romano de Carrera perteneciente al gabinete de antigüedades de la Familia Mora encontrada durante las obras ejecutadas para la rehabilitación del edificio. 

Teníamos el tiempo justo para visitar la considerada como la catedral de la Subbética. La Iglesia de San Mateo responde a los cánones artísticos gótico-mudéjares y renacentistas. En este lugar fue donde se encontraba la antigua sinagoga y luego mezquita de la ciudad, hasta que en 1240 se adaptó al culto cristiano.

La actual iglesia fue iniciada en 1498, en la cabecera, junto con las portadas de la sacristía y la exterior de Ntra. Sra. de la Umbría. El resto del edificio es renacentista, presenta tres naves con grandes pilares donde se apoyan arcos apuntados de inspiración mudéjar, así como una portada principal de claras influencias clásicas.

En su interior destaca el retablo mayor manierista, está elaborado en su parte arquitectónica por Jerónimo Hernández y en su imaginería por Juan Bautista Vázquez el Viejo.

También sobresale la magnífica capilla del Sagrario, realizada entre 1740 y 1772 sobre trazas del arquitecto local Leonardo Antonio de Castro y considerada como una de las joyas del barroco cordobés, y una de las obras escultóricas más importantes del barroco andaluz. 

Presenta una magistral portada de jaspe negro, rojo y blanco, realizada por el célebre maestro Juan del Pino Ascanio, natural de esta ciudad. La Capilla tiene planta octogonal y en su alzado se levantan cuatro robustos machones, que a modo de pilastras  sustentan cuatro pechinas.

Los maestros Jerónimo  y Acisclo Ramírez de Quero dirigieron las obras, mientras que el recargado plan decorativo del conjunto, repleto de símbolos eucarísticos, doctores de la Iglesia, santos relacionados con la devoción al Santísimo Sacramento, elementos ornamentales de carácter vegetal o geométrico, espejos, fue encomendado al escultor local Pedro de Mena y Gutiérrez, que también realizó la talla del grandioso tabernáculo que se alza en el centro de la capilla.

Habíamos decidido comer en el Restaurante del hotel, pero quedaba tiempo para visitar el Mercado Municipal de Abastos y, más tarde, el Castillo del Moral, una fortaleza medieval declarada bien de interés cultural.

Su parte central, la más antigua, fue probablemente realizada entre los siglos XI y XII, en la época de esplendor de la Lucena judía. Su estructura inicial de planta cuadrada tiene torres en los ángulos, destacando la Torre del Moral, de planta octogonal y cubierta barroca, muestra al exterior un escudo que le da nombre a la fortaleza.

A la luz del resultado de las excavaciones realizadas en 1987, su fisonomía actual se reparte en patio de armas central, foso, paso de ronda y cuatro torres en cada esquina (del Moral, del Homenaje, de las Damas y del Mediodía). De ellas destaca la Torre del Homenaje, posible celda del último rey granadino Boabdil “El Chico”, capturado en la batalla del Martín González, en 1483.

Desde el siglo XVI el castillo es trasformado en palacio residencial  de los señores de Lucena, los Marqueses de Comares para posteriormente pasar a ser Palacio y Castillo de los Medinaceli.

Actualmente alberga el Museo Arqueológico y Etnológico de la ciudad, con una serie de salas expositivas que tratan de la evolución de la vida en la tierra, la evolución cultural y física del ser humano, y la evolución hacia la modernidad de la ciudad de Lucena.

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