Lucena, Cabra, Montilla 2024 (2)

Tras la comida aprovechamos para pasear por las calles de la ciudad. Tras el café nos dirigimos a la Iglesia de San Pedro Mártir de Verona, que formaba parte de un antiguo convento dominico fundado en 1575. El templo sólo conservó los muros exteriores, la espadaña y dos portadas: la de San Pedro y la de Nuestra Señora del Rosario, ambas manieristas, datables en torno a 1630, si bien la primera ostenta elementos barrocos añadidos en 1721 bajo la dirección de Leonardo Antonio de Castro.

El edificio recientemente restaurado tiene planta de cruz latina, donde destacan elementos como la nave central, con bóvedas realizadas en madera, y el crucero. Igualmente la obra ha permitido la recuperación de la fachada principal, el adecentamiento de los triforios ciegos sobre las naves laterales y la zona de columbarios, presidida por la talla de Juan Pablo II realizada por el artista local Francisco Javier López del Espino.

La capilla de Nuestro Padre Jesús Nazareno forma parte del templo anejo de San Pedro Mártir. El espacio principal, y más antiguo, cumple la función de camarín de la imagen titular y fue realizado por Vicente del Castillo y el cantero Andrés Cordón en 1758, formando un espacio circular de estilo neoclásico. En su interior contiene un baldaquino, que cobija la imagen de Nuestro Padre Jesús Nazareno.

El segundo espacio se realizó hacia 1838 coincidiendo con el cierre del templo de San Pedro Mártir y presenta semejante disposición arquitectónica que el camarín, salvo en la cúpula, rebajada con  bandas radiales muy planas. En el aspecto escultórico destacan la imagen de Nuestro Padre Jesús de Nazareno, realizada en el siglo XVI, de rasgos góticos y la urna del Santo Entierro realizada por Pedro de Mena y Gutiérrez en 1769, que contiene un Cristo yacente, obra de  Miguel de Verdiguier del año 1774.

De camino al Barrio de Santiago pasamos junto a la Iglesia de San Juan Bautista y el antiguo hospital de San Juan de Dios. En 1565, la Orden Hospitalaria llegó a Lucena para fundar un convento-hospital pero en la primera mitad del siglo XVIII el deterioro y ruina del conjunto era notable. Así en 1747 se proyectó un nuevo hospital e iglesia, cuando el general de Orden, el lucentino fray Alonso de Jesús Ortega, pidió su ejecución a los artistas que habían realizado la basílica y el hospital de San Juan de Dios de Granada.

Las trazas del hospital y de la iglesia fueron realizadas por José de Bada y Navajas, natural de Lucena, y las obras fueron dirigidas por fray Francisco Álvarez. El acceso queda enmarcado por una soberbia portada de mármoles polícromos de la comarca, elaborada por los hermanos Pino Ascanio, prestigiosos canteros locales de mediados del siglo XVIII.

A través de la calle Flores de Negrón se accede a uno de los barrios más antiguos de la ciudad “el barrio de Santiago”, posible arrabal de la época del esplendor de la Lucena judía.

Aquí se encuentra el Palacio de los Condes de Hust que data del siglo XVII y actualmente es sede de la Biblioteca Municipal de la localidad. El palacio es una antigua casa solariega que perteneció a la familia Soto Flores desde mediados del siglo XVII.

La iglesia parroquial de Santiago de estilo gótico-renacentista se inició en 1503 y tradicionalmente fue considerada como la antigua sinagoga judía, pero posiblemente en su construcción  se reutilizaron los materiales del entonces recién demolido viejo templo de San Mateo, antigua sinagoga y mezquita. Hoy, decorada en armonía con el estilo mudéjar del resto del templo, se venera en ella el Cristo de la Columna, obra del insigne escultor sevillano Pedro Roldán, realizada en el siglo XVII.

Ya de noche cerrada retomamos el camino de vuelta al hotel aprovechando para cenar y hacer algunas compras en los alrededores de la Plaza Nueva.

A la mañana siguiente desayunamos en el Café El Taranto, en la Plaza de España. Su elección se había producido la tarde anterior al ver el buen chocolate y las espectaculares “sopaipas” que se servían en el local. No nos defraudó.

Tras coger el coche recorrimos seis kilómetros hasta llegar, en la cima de la Sierra de Aras, al Santuario de María Santísima de Araceli. Tierras de cinco provincias y más de treinta pueblos se brindan a los ojos del visitante desde este balcón privilegiado de la naturaleza en el centro geográfico de Andalucía.

La ermita fue realizada a principios del siglo XVII y en su interior destacan una vistosa cúpula semiesférica de yeserías y el retablo mayor, realizado en 1699, que enmarca la boca de uno de los más fastuosos camarines de la provincia, cuyo primer tramo, bajo cúpula elíptica, fue realizado a  finales del siglo XVII, según diseño de Leonardo Antonio de Castro.

Alberga en su interior la imagen de María Santísima de Araceli, alzada sobre un trono de talla dorada y jaspe, obra del escultor y retablista Pedro de Mena Gutiérrez.

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