Marruecos 1990 (1)

Un trimestre en Vera fue suficiente para que, junto a dos compañeros de instituto más, Quiño y Juan Ángel, planeáramos la realización de un viaje a Marruecos coincidiendo con las vacaciones de Semana Santa del curso 1989-1990. El hecho de que la familia de Quiño estuviera instalada en Tetuán ayudó, no cabe duda.

Aun así, la planificación de los viajes ha cambiado mucho desde entonces. Posiblemente, la única reserva que realizamos fue la del barco que nos llevaría de Algeciras a Ceuta y que, unos días más tarde, nos devolvería a la península.

El sábado 7 de abril de 1990 comenzó la aventura con el desplazamiento desde Vera hasta Algeciras, punto de encuentro de los seis intrépidos viajeros: May, Mamen, Toñi, Juan Ángel, Quiño y José María. Después de embarcar el coche nos dispusimos en cubierta a despedirnos del continente europeo.

La angostura del Estrecho permite otear en un día claro como este el antiguo Monte Calpe (Gibraltar) en la orilla peninsular y el Monte Hacho (Ceuta) junto con el Monte Musa -el guardián de África- en territorio de Marruecos, de los cuales nos recuerda la leyenda que los griegos llegaron a llamarla “Estelas de Heracles” en honor al mítico Hércules y los romanos “Columnas de Hércules”.

Una vez en tierra recorrimos los cinco kilómetros que separan el puerto de la frontera para proceder “algunos” por primera vez a la cumplimentación de la documentación necesaria para ingresar en Marruecos.

Y de ahí, otros cuarenta kilómetros hasta Tetuán, donde conocimos a la familia de Quiño y dimos una vuelta por su medina y posteriormente nos dirigimos a la antigua Plaza de España donde se encuentra el Palacio Real de Tetuán, antes de pasar nuestra primera noche en África. Tetuán es conocida como «La paloma blanca», a orillas del Mar Mediterráneo, tal vez la blancura que desprenden sus casas encaladas al sol. Es la medina con más rasgos andalusíes de Marruecos.

Aunque no está documentado que don Miguel de Cervantes, autor de la novela «El ingenioso hidalgo Don Quijote de la Mancha» -novela publicada en 1605- nunca estuviera en Tetuán, aparece mencionada en doce ocasiones, donde se alude a sus lóbregas mazmorras, su mercado de esclavos y su puerto donde atracaban los barcos del Turco.

Entre 1913 y 1956, Tetuán fue la capital del «Protectorado español de Marruecos» hasta la firma del acuerdo de independencia de Marruecos ese año.

A la mañana siguiente, tras las despedidas, pasábamos de los blancos de Tetuán a los azules de Chauen, una vez que Quiño cogió el vehículo familiar y ya nos desplazábamos en dos coches. Una piedra en el camino quiso interferir en el transcurrir del viaje, afectando al cambio de nuestro Volkswagen Polo. Llegamos de este modo a Chauen, donde encontramos un mecánico que intentó solucionar el problema, sin conseguirlo plenamente.

Quedaban muchos días, y muchos kilómetros, como para internarse en el país en esas condiciones, por lo que decidimos regresar a Ceuta para que el servicio técnico oficial dejara el coche en condiciones de continuar. De este modo, el grupo se partía en dos. Cuatro componentes del mismo proseguían ruta hacia Marrakech pasando por Fez y Meknès y otro regresaba a Ceuta, “con la promesa de coincidir en la Plaza de Jamaa el Fna dos días más tarde, a las doce horas”. No parecía fácil el desafío, pero así lo hicimos.

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