Marruecos 1990 (4)

Utilizando el argot del Rally Dakar, el día siguiente era una auténtica Etapa Maratón con origen en Marrakech y final en Ouzarzate visitando el valle de un río y ascendiendo a una estación de esquí a más de tres mil metros de altitud, cruzando la cordillera del Atlas. Resumiendo: unos 350 kilómetros que Google Maps indica que se recorren en algo más de ¡¡siete horas!!

Tras abandonar Marrakech por una carretera sinuosa y empinada llegamos al Valle de Ourika, famoso por su azafrán “medicinal, colorante y culinario” entre cerezos, almendros y plantas aromáticas, a las faldas del Alto Atlas. Éste valle es uno de los más verdes, bonitos y fértiles de la zona, con grandes terrazas de cultivo entre las que destacan árboles frutales, huertos y olivos. La panorámica es una increíble sucesión de los elementos de la naturaleza que fluyen en éste valle, bajo la gran montaña como observadora de excepción.

El verde en todas las tonalidades tapizando las laderas de tierra rojiza, salpicado por colores de los frutos de los cultivos con un fondo gris perla de la montaña del Atlas con sus picos blanquecinos rozando el cielo azul impoluto que consigue llenar de luminosidad y bañar con su halo todo el valle. El sonido del caer de las aguas en su transcurso por el río, completan una experiencia de paz y relax que está esperando que la descubras.

A lo largo del camino que el rio ha ido formando a su paso, se suceden diferentes restaurantes y cafés para poder refrescarse y degustar algún plato típico bereber. También te sorprenderá como las familias marroquíes encuentran en éste valle la zona ideal donde disfrutar de las jornadas más calurosas acondicionando improvisadas islas de roca en medio del cauce, donde juntarse y conversar con sus pies en contacto continuo con las aguas provenientes de las cumbres.

Setti-Fatma, es el pequeño pueblo de la zona y lugar de partida para descubrir las cascadas del río. Cuenta con siete. La primera de ellas es fácilmente accesible y consigue que descubras lo que ésta ubicación puede ofrecer. Por ello, no continuamos el camino hasta ver las seis restantes, lo que implicaba adentrarse más a fondo en la montaña.

El Valle de Ourika es considerado la puerta de entrada a Oukaïmeden, la estación de esquí más importante de todo el Norte de África, a una altitud de unos 3.200 metros. País de contrastes donde los haya, habíamos pasado del valle a la alta montaña en un abrir y cerrar de ojos.

Pocas opciones de comer aquí en lo alto. Tan pocas que tuvimos que negociar con un lugareño la suya…

Se hacía tarde y quedaba una larga travesía hasta Ouzarzate por carreteras difíciles de transitar, tan solo acompañados por una enorme y preciosa luna que era la única iluminación de todos aquellos poblados que cruzábamos con personas y animales por doquier.

Noche cerrada cuando llegamos a nuestro destino. Intentamos encontrar alojamiento en algún hotel de superior categoría a los habituales pero resultó imposible a esas horas de la noche. Incluso uno de los conductores (no diremos su nombre) estuvo a punto de cometer una infracción de tráfico y solo la pericia del otro conductor (el que hablaba francés, tampoco diremos el suyo) le salvó de un buen entuerto con el agente de la autoridad. Al final conseguimos habitaciones en un peculiar hotel, con unas lamparitas de color rojo muy cuquis. Peculiares eso sí.

Todo se olvidó cuando nos pusimos a cenar. La cena más espectacular de todo el viaje, sin duda alguna. Unas increíbles fuentes de ensalada con unos sabrosos tomates seguidas de otras de una carne exquisita. Eso sí, la primera impresión era que íbamos a pasar hambre. Pero pronto comprobamos que después de una bandeja venía otra y otra. Exquisito también el postre. Un buen final para una maratoniana jornada.

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