Más tarde, recorrimos la Plaza del Ayuntamiento para llegar hasta la Plaza de Toros y la Estación del Norte.
Antes de comer nos dio tiempo a visitar la Lonja de la Seda, uno de los edificios característicos de la ciudad, además de ser uno de los más famosos monumentos del gótico civil que puede ofrecer Europa. Goza de la alta distinción de Monumento Histórico Artístico de carácter nacional desde el 4 de junio de 1931 y fue declarada por la UNESCO como Patrimonio de la Humanidad el 5 de diciembre de 1996.
Situada frente al Mercado Central y el Templo de los Santos Juanes, ocupa una superficie rectangular cuya área es de unos 1.990 metros cuadrados. A finales del siglo XIII, la antigua Lonja se presenta insuficiente ante la prosperidad de la ciudad, por lo que en 1469 se decide iniciar la construcción de una nueva Lonja. La primera piedra se coloca en 1492, aunque el comienzo de las obras tiene lugar un año más tarde. La principal figura que intervino en la construcción fue Pere Compte, ciudadano de Valencia, ingeniero y arquitecto al mismo tiempo.
La Lonja consta de tres cuerpos claramente diferenciados y un jardín o «patio de naranjos». El Salón Columnario o Sala de Contratación está dividido en tres naves longitudinales y cinco transversales, en función de las ocho columnas exentas que soportan las bóvedas. Su altura de 17,40 m transmite una singularidad monumentalidad a las columnas. En esta Sala se instaló la Taula de Canvis, instituida en 1407 por el Consejo Municipal de la Ciudad que obtuvo gran prestigio por su solvencia y volumen de operaciones bancarias.
Ya con David nos dispusimos a degustar unos riquísimos arroces antes de la sobremesa, donde nos despedimos de nuestros anfitriones para prepararnos para la representación de “Romeo y Julieta” compuesto por Héctor Berlioz.
En ella, Valeri Gergiev llevó a cabo un trabajo de dirección impecable, equilibrado, de ritmo ágil, lleno de matices, con una fuerza lírica apabullante, extremadamente romántica pero sin empalago, y logrando que la riqueza orquestal de la partitura de Berlioz se desplegara en plenitud, gracias también a una ejecución soberbia de todos y cada uno de los atriles de la Orquestra de la Comunitat Valenciana, que cuando están bajo las órdenes de directores de auténtica primera fila mejoran clarísimamente sus prestaciones.
El Coro de la Generalitat nos hizo disfrutar de su excelencia. Hubo algunos instantes sublimes, pero el Coro Fúnebre de Julieta fue uno de esos momentos que tardarán mucho tiempo en olvidarse. El mérito del Coro esta vez ha debido ser mucho mayor, además, al tener que descifrar sin diccionario el incomprensible lenguaje dígito-gestual de Gergiev cuando les marcaba las entradas.
Los solistas vocales elegidos para la ocasión tuvieron muy poca oportunidad de lucimiento. Pero Kenneth Tarver mostró frescura y agilidad con un bonito timbre lírico lígero; Mijail Petrenko, pese a carecer del peso y consistencia de un auténtico bajo, exhibió un fraseo intencionado y de gran musicalidad; y la mezzosoprano rusa Ekaterina Gubanova fue todo un lujo para los apenas cinco minutos en que pudimos extasiarnos con una voz privilegiada, bellísima, que rezuma calidez y potencia y que manejó con un gusto exquisito, aportando mil y un matices.
Terminamos la velada, a cubierto y protegidos de la fría tarde, en el Mercado de Colón, antiguo y emblemático mercado de 1916 situado en un edificio modernista reconvertido en centro comercial.
A la mañana siguiente volvíamos a casa. Tras hacer el ckeck out en el hotel y sacar el coche del parking donde había permanecido durante toda nuestra estancia nos dirigimos al Oceanogràfic de Valencia, ubicado en el complejo de la Ciutat de les Arts i de les Ciències.
Se trata, sin duda, del mayor acuario de Europa, con capacidad para albergar a 45.000 seres vivos de 500 especies diferentes. En él, se representan los principales ecosistemas marinos del planeta.
Su arquitectura vanguardista, la distribución de los diferentes acuarios y su vocación científica, lúdica y educativa consiguen acercar el mundo marino a toda la población y sensibilizarla sobre la protección de su fauna y flora, sirviendo, además, como plataforma para la investigación científica.
El Oceanogràfic se compone de diferentes edificios, que albergan representaciones de los ecosistemas más importantes de cada uno de los mares y océanos del planeta: Mediterráneo, Humedales, Templados y Tropicales, Océanos, Antártico, Ártico, Islas, Mar Rojo-Auditorio Submarino y su Delfinario, uno de los delfinarios más grandes del mundo, con 26 millones de metros cúbicos de agua y una profundidad de 10,5 metros.
Al finalizar la visita, rápida vuelta a casa para proseguir con nuestras obligaciones familiares.












































