El patrón de Segovia, conocido como San Frutos Pajarero, es el patrón de los ecologistas. Seguramente su amor por los animales y la naturaleza acredita este título.
El Camino de San Frutos comprende 80 kilómetros que transcurren desde la catedral de Segovia, donde descansan sus reliquias, y finaliza en la localidad de Villaseca, desde la que se accede a la ermita del priorato de San Frutos, un paraje único por su belleza en plenas hoces del río Duratón, al que el santo eremita se retiró con sus hermanos Santa Engracia y San Valentín.
No íbamos a recorrer a pie esos ochenta kilómetros pero sí que íbamos a visitar Sepúlveda, a realizar la Senda de los dos ríos y a visitar el incomparable paraje de la Ermita de San Frutos.
Por ello, tras el desayuno recorrimos los 55 kilómetros que separan Sepúlveda de Segovia capital. Sepúlveda pertenece a la comarca de la Villa y Tierra de Sepúlveda, de la que es villa cabecera y al partido judicial del mismo nombre del que es cabeza, ubicado en el nordeste de la provincia.
Puesto que nuestro objetivo era realizar la Senda de los dos ríos, nos limitamos a visitar la Iglesia de El Salvador y la Iglesia de Nuestra Señora de la Peña.
La primera es una iglesia románica del siglo XI (año 1093), con una sola nave de ábside semicircular. La torre se encuentra separada de la nave y se comunica con ella a través de un estrecho pasadizo abovedado. La nave, cubierta con bóveda de cañón, está dividida en tres tramos por arcos fajones apeados en pilastras. Adosadas a los muros tiene arcadas ciegas sobre columnas y un hermoso pórtico, con arcos agrupados por parejas, apoyándose cada uno separadamente en anchas pilastras y, al juntarse, en columnas comunes.

La segunda, románica también, del s. XII, tiene una planta idéntica a la de la iglesia de El Salvador, aunque el pórtico actual es casi todo del siglo XVI. Tiene nave alta, ábside al saliente y torre adosada. La característica más significativa del templo es el tímpano situado en la puerta de entrada, único en Segovia y en el románico segoviano. El ábside es casi idéntico al de El Salvador, con columnas adosadas, arcos abocelados en sus vanos y una moldura ajedrezada que recorre todo el hemiciclo. La bóveda es de sillar de medio cañón, con arcos ciegos a uno y otro lado, sobre los que corre la cornisa que sirve de apoyo a la bóveda, sustentada por impostas columnares de triple fuste.
En esta iglesia se encuentra la imagen de la patrona de la villa y su tierra, Nuestra Señora de la Peña, talla en madera policromada del siglo XII, que representa a la Virgen sentada con el Niño en brazos. Una artística verja de hierro separa el altar mayor de la nave.
El Parque Natural de las Hoces del Duratón, constituido por el curso medio del Duratón, fue declarado Parque Natural el 27 de junio de 1989 por las Cortes de Castilla y León, integrándose con los espacios protegidos de esa comunidad, declaración hecha en atención a la importancia de sus ecosistemas naturales y valores paisajísticos. La colonia de buitres leonados establecida en el área protegida está considerada como la mayor de Europa, tanto por su número, 710 parejas censadas en el año 2015, como por su nivel reproductivo. Esta colonia se ha convertido en uno de los principales atractivos del parque.
Las Hoces del río Duratón fueron clasificadas como Zona de Especial Protección para las Aves (ZEPA) quedando integradas en la Red Natura 2000 en abril de 1991 y se declararon como Lugar de Importancia Comunitaria (LIC) en enero de 1998. Desde el año 2004 la gestión del Parque se realiza mediante el Proyecto LIFE, un programa de actuación específico de la Unión Europea, en cuyo marco se llevan a cabo diferentes actuaciones de mantenimiento y recuperación, así como la búsqueda de un desarrollo sostenible de los recursos del mismo.
El parque ocupa una superficie de 5.037 hectáreas que se extiende en terrenos de los municipios de Sepúlveda, Sebúlcor y Carrascal del Río, todos de la provincia de Segovia. Junto a la riqueza natural que guarda hay un importante patrimonio cultural que hacen del mismo un destino turístico y de ocio importante. Destacan la ermita de San Frutos y el monasterio de Nuestra Señora de la Hoz.
El Parque Natural de las Hoces del río Duratón está situado en el noreste de Segovia, aguas abajo de la villa de Sepúlveda. En esta zona el río se ha encajado en un profundo cañón, que en algunos lugares alcanza más de 100 metros de desnivel. Al interés y belleza del paisaje hay que añadir la gran riqueza arqueológica e histórica que encierra en su interior esta garganta. El río Duratón discurre durante 27 kilómetros encajonado en el cañón que ha excavado en el sustrato calizo. En el último tercio de este recorrido traza cerrados meandros que reafirman la excavación propiamente dicha. Las paredes, que alcanzan los 100 metros de altura en algunos puntos, sirven de lugar de nidificación a muchas especies de aves, pero la relevancia fundamental se la llevan los buitres leonados que se han convertido en uno de los principales atractivos del parque.
Las características orográficas que se dan en este espacio protegido hacen que se distingan tres ambientes o biotopos diferentes. La parte alta está ocupada por el páramo, en donde abundan los bosques de sabinas y enebros que han sido muy afectados por la intervención del hombre. Existen también poblaciones de pinos resineros asentadas sobre sustrato arenoso. El fondo del cañón, a excepción de la zona inundada por el embalse, está ocupado por un bosque de ribera compuesto por sauces, chopos y alisos entre otras especies. Las paredes de los cortados rocosos dan sustento a una vegetación rupícola, propia de la roca, adaptada a la escasez de suelo y agua. Estos tres ambientes diferentes dan cobijo a una rica fauna en la que tienen especial relevancia las aves.
En los altos farallones rocosos que culminan las hoces anidan casi 700 parejas de buitres leonados, acompañados de un buen número de alimoches, águilas reales y halcones peregrinos.
Un paseo por el Parque Natural muy agradable de realizar es seguir la llamada Senda de los Dos Ríos, que parte junto al santuario de la Virgen de la Peña hasta llegar a la Puerta de la Fuerza y a través de la calzada romana atraviesa el río Duratón por el puente de Picazos, llegando posteriormente al puente romano de Talcano, para después subir de nuevo al municipio.
De vuelta en Sepúlveda nos dirigimos a la ermita de San Frutos, que sazona mediante el valor añadido, tanto en el plano histórico como artístico, los valores naturales de la zona.
El más sencillo recorrido a pie por las Hoces del Duratón se inicia en la explanada de tierra en la que termina el camino de Villaseca. Desde allí hay que encaminarse en dirección al espolón rocoso, rodeado de precipicios, sobre el que se alza la ermita de San Frutos.
Tras cruzar por un puente de piedra una profunda grieta, llamada “La Cuchillada”, se asciende al antiguo cenobio benedictino. Según la tradición, “La Cuchillada” fue abierta por San Frutos con su bastón para detener a los sarracenos y proteger a los vecinos de Sepúlveda que pedían ayuda, siendo así que la grieta define el terreno «sagrado» que los infieles no debían pisar.
En un balcón sobre el acantilado se ubica la ermita de San Frutos, en realidad, Priorato de San Frutos, una construcción románica del s. XII que se realizó sobre otra visigótica del s. VII. La fundación se atribuye a San Frutos y sus dos hermanos, San Valentín y Santa Engracia, que eligieron el lugar para dedicarse a la vida contemplativa.
Tan conocido como el milagro de «La Cuchillada» es el de «la mujer despeñada». La leyenda cuenta que, en 1225, un marido celoso empujó a su mujer, creyendo que esta le engañaba, al precipicio. La mujer fue salvada de la muerte por San Frutos, ya que era inocente, y en agradecimiento donó todos sus bienes al priorato. En uno de los muros del templo se puede leer la siguiente inscripción: Aquí yace sepultada una muger de su marido despeñada y no morió i hizo a esta casa lymosna de sus bienes.
Posteriormente se completó el complejo con un monasterio y un cementerio, en el que se conservan varias tumbas antropomórficas altomedievales. A la izquierda del mismo nace una rústica escalera tallada en la roca que seguramente serviría a los primitivos ermitaños para bajar hasta un río que, en la actualidad, está regulado por el pequeño embalse de Burgomillodo.
Un verdadero acierto que debemos, en gran parte, al buen ojo de May, que descubrió unos parajes que luego fueron utilizados en varias ocasiones por los alumnos de Investigación del IES “Alcántara” en sus itinerarios didácticos por Atapuerca y Altamira.
















































