Antequera 2013 (1)

Descubrimos Antequera tras nuestra primera visita a Mollina en 2012, con ocasión del XXV Congreso Nacional de Jóvenes Investigadores, y para una escapada de tres días recién comenzado el año 2013 se presentaba como ideal.

Tras la parada de rigor en las ventas situadas a medio camino entre Baza y Guadix llegamos a Antequera. Una vez realizado el ckeck in y la comida de rigor nos dispusimos a iniciar su visita por el conjunto que forman la Alcazaba y la Colegiata de Santa María.

A él accedimos por el Arco de los Gigantes, una construcción realizada por iniciativa municipal en 1585 dentro de los planteamientos del humanismo, al objeto de sustituir un acceso en recodo de la cerca musulmana queriendo evocar con su gran vano de medio punto los arcos de triunfo del mundo clásico.

Su traza se debió al arquitecto Francisco de Azurriola. Este edificio tiene un doble interés para la ciudad, en su aspecto monumental y de significación histórica. Es decir, a su valor como ejemplo de arquitectura tardo-renacentista, hay que añadir su importancia como muestra del interés de la ciudad por legitimar su renacentismo de entonces, a través de los vestigios romanos en su suelo. Por ello, una vez levantado el muro del Arco, el Cabildo Municipal decide colocar todas aquellas estatuas y lápidas latinas que habían aparecido en las ciudades romanas de alrededor. El Arco, que se abre con un muro de más de dos metros de grosor, presenta una altura de siete metros. Su coronamiento fue más aparatoso, ya que tenía una gran hornacina, flanqueada de dos aletones, en la que había una enorme estatua de Hércules. La jarra de azucenas de la clave, así como el castillo y el león de la cornisa, conforman el escudo de la ciudad.

La alcazaba de Antequera puede datar sus orígenes en la época romana. Fue declarada Bien de Interés Cultural en 1985 en la figura de Monumento. Dentro del conjunto amurallado de la medina islámica se distinguían dos recintos más o menos diferenciados: la Alcazaba, que ocupaba todo el coronamiento del cerro, y un segundo anillo que, bajando desde la Puerta de la Villa, continuaba hacia el Postigo del Agua y Puerta de Málaga, para volver a unir con la Torre Blanca. La torre más importante de todo el recinto es la del Homenaje.

Su planta es angular. Al interior se accede por una puerta jalonada de dos grandes fustes de columna lisos y un dintel. Entre las estancias del interior, hay varias de planta rectangular y cubiertas con bóvedas esquifadas. Sobre esta torre se construyó, en el año 1582, un templete campanario, para cobijar la campana mayor de la ciudad. Unida por un lienzo de muralla a esta torre, está la conocida como Torre Blanca, la cual sorprende por la perfección técnica demostrada en su fábrica de sillería.

Desde la alcazaba se divisa, impresionante, la Peña de los Enamorados, un peñón calizo con una morfología muy característica, ya que parece la cabeza de un indio tumbado, por lo que también es conocida como «El Indio de Antequera».

Elevado 878 sobre el nivel del mar, se sitúa próximo a la autovía y junto a la antigua N-342. Ha sido declarada como Patrimonio de la Humanidad junto con el Torcal y los Dólmenes de Antequera. El perfil de la Peña de los Enamorados es muy singular, pues se asemeja a los rasgos de un rostro humano que mira al cielo con la cabeza apoyada en la tierra, como si se tratara de un hombre yacente. La explicación a esta peculiar silueta, que recorta el horizonte de la ciudad, la encontramos en la leyenda homónima de la que toma su nombre que, inspirada en la Edad Media, se dio a conocer especialmente por las historias del Siglo de Oro. Cuenta la leyenda que un cristiano que estaba cautivo en Granada, Tello, se enamoró de una mora bellísima de Archidona, Tagzona, llegando a tal punto su amor que decidieron escapar hacia las tierras cristianas de Antequera. En su huida, fueron descubiertos por el padre de la joven quien mandó a sus saeteros para que los detuviesen. Treparon los amantes por la Peña que hay a medio camino entre Archidona y Antequera y, viendo que iban a ser atrapados, decidieron que preferían morir unidos a vivir separados, y abrazándose, se lanzaron al vacío desde lo alto de aquella peña, que, desde entonces recibió ese nombre. «De la tajada peña se arrojaron y en el aire las almas dejaron» (Carvajal y Robles).

La importancia de la Real Colegiata de Santa María la Mayor estriba en ser el primero que se concibió dentro del estilo renacimiento en Andalucía. Es realmente una obra excepcional por sus proporciones y calidad de su diseño. En ella coexisten dos diversos criterios de estilo; por una parte encontramos elementos que nos recuerdan al gótico tardío y por otra sus trazas y diversos elementos decorativos corresponden ya al nuevo estilo que surgía en Italia. Su construcción se puede fechar en los años 1514 – 1550. Se fundó por iniciativa del obispo de Málaga don Diego Ramírez de Villaescusa. En las obras del templo se emplearon numerosos sillares procedentes de la ciudad romana de Singilia. Las trazas en un principio se hicieron siguiendo modelos góticos, como podemos observar en la cabecera, para concluir las obras dentro del más puro estilo renacentista.

El exterior de Santa María destaca por su grandiosa fachada, sin duda la más monumental de Antequera. Realizada totalmente en piedra de sillería, el tracista de esta fachada la articuló en tres calles separadas por contrafuertes, en cada una de las cuales se abre una puerta, siendo la central mayor que las laterales. En el ático encontramos una balaustrada ciega, muy renacentista. Analizado en detalle cada uno de sus elementos, vemos como quieren responder a un estilo nuevo, desconectado de lo gótico. Quizás sean los pináculos cónicos estriados los elementos de mayor rareza. La ornamentación de la fachada, se localiza principalmente en los tres grandes nichos, respondiendo a un diseño decorativo muy geometrizante, con algunos elementos manieristas.

El interior actualmente se encuentra prácticamente vacío de elementos ornamentales y de retablos, ya que el templo no se dedica al culto, sino a acoger conciertos y exposiciones itinerantes. Se nos muestra como un bello salón columnario de planta basilical en la que las tres naves quedan separadas por imponentes columnas de orden jónico. Sobre estas se disponen cinco arcos de medio punto a cada lado, decorados con pomas o perlas. Para conseguir una mayor altura en la nave central, se dispuso un cuerpo de arcos de descarga, a manera de falso triforio ciego. En su cubrición es cuando se advierte un mayor alejamiento de las fórmulas renacentistas.

La Capilla Mayor, de planta rectangular, muy profunda, se cubre con bóvedas de estilo gótico-mudéjar, que dibujan dos grandes estrellas, de seis y ocho puntas. La claridad y luminosidad de la capilla se debe a las elegantes ventanas de tipo florentino, elemento que acentúa notablemente el italianismo de todo el interior. El resto de las capillas de esta Colegiata, abiertas a las naves laterales e independientes entre sí, responden a tipos y épocas diferentes. Especial atención tienen las tres armaduras mudéjares que cubren las naves, construidas antes de mediar el siglo XVI. La central es rectangular y muestra en sus faldones y almizate una compleja decoración de lazo a base de estrellas de distinto tamaño. Las armaduras de las naves laterales son ochavadas y siguen en sus programas de diseño esquemas similares a los empleados en la central.

Volvimos al centro de Antequera por la Plaza del Portichuelo, uno de los conjuntos más interesantes del urbanismo castizo andaluz, destacando como elemento de máxima singularidad la Capilla-Tribuna de la Virgen del Socorro, construida en 1715. Esta es una más de las que jalonaban el antiguo itinerario procesional de la conocida como Cofradía de «Arriba». Se ha especulado sobre su posible relación con las «capillas de indios» y con las «posas» americanas. Por tanto, estas capillas serían como una llamada constante a la religiosidad del viandante. Arquitectónicamente nos encontramos ante una construcción de maqueta originalísima, que, a pesar de su compleja estructura, resulta muy afín a lo popular. Presenta dos plantas de galerías abiertas y un ático cerrado, a manera de cubo compacto, rematado en tejadillo a cuatro aguas, con tres frentes o fachadas. Su frente principal se divide en tres calles y dos plantas, de las cuales, la inferior hace la función de pórtico o soportal, y la superior, de una especie de logia. Los arcos son todos de medio punto. En la calle central presenta rosca de ladrillo, y en las laterales, de estuco caleado de blanco. Interiormente, el espacio queda compartimentado en seis fragmentos.

En la plaza también se encuentra la Iglesia de Santa María de Jesús, cuyas obras comenzaron en 1527 y se prolongaron hasta 1615. Perteneció en su fundación a un convento de los Terceros Franciscanos y, desde entonces hasta la fecha presente, ha sido objeto de numerosas reformas.

De vuelta a la Plaza del Coso Viejo, en la que se encontraba el hotel. Esta plaza es, probablemente, la más bonita de Antequera. Con la estatua ecuestre de Fernando I, quien acuñó la famosa frase “Que nos salga el sol por Antequera y que sea lo que Dios quiera”, la plaza parece abrirse a la Alcazaba. A un lado está el Palacio de Nájera con el Museo de la Ciudad, y al otro el Convento de Santa Catalina de Siena.

Esta entrada fue publicada en 2013, Antequera, Viajes, Viajes por España. Guarda el enlace permanente.

Deja un comentario

Este sitio utiliza Akismet para reducir el spam. Conoce cómo se procesan los datos de tus comentarios.