Antequera 2013 (2)

Habíamos decidido pasar el 3 de enero de 2013 en Málaga capital. Una visita relámpago que se repetiría, de forma más pausada, diez años después.

Tras dejar el coche en un parking situado en la falda de la alcazaba nos dirigimos al entorno del Teatro Romano.

Más tarde visitamos la Catedral. Dedicada a la Encarnación, es una de las principales joyas del Renacimiento Español. Su historia está íntimamente relacionada con la Mezquita Mayor sobre la cual fue construida, emplazada en el interior del recinto amurallado árabe. Su origen se sitúa en 1487, año en el que la ciudad de Málaga fue conquistada por las tropas castellanas. Fue entonces cuando la Mezquita Aljama se convirtió en Catedral, vistiéndose de cristiana con elementos decorativos del gótico tardío y consagrándose bajo la advocación de Santa María de la Encarnación. Dicho misterio teológico nos habla de Dios hecho hombre y de la Encarnación en su Madre como paso esencial para la redención de nuestros pecados. Este mensaje definía de modo claro las intenciones religiosas del nuevo régimen establecido bajo el poder de los Reyes Católicos, muy devotos y seguidores de María en el momento del anuncio del Arcángel San Gabriel.

El proyecto original y las primeras trazas, hoy inexistentes, fueron obra del burgalés Diego de Siloé, autor de reconocido prestigio que proyectó su arquitectura en un gran número de monumentos de la época como el monasterio de San Jerónimo de Granada, La Sacra Capilla del Salvador de Úbeda o las catedrales de Granada y Guadix, entre otras. En una primera fase se construyó sólo la cabecera mediante pilares con semicolumnas de capiteles corintios. Durante el siglo XVII las obras apenas avanzan, tan sólo se construiría el coro. El siglo XVIII sería definitivo para abordar el proceso final de la Catedral. Las obras se reanudan para terminar el cuerpo de la iglesia a base de grandes pilares con columnas de los que emergen nuevos pilares con pilastras adosadas, que soportan a su vez un entramado de cúpulas semiesféricas.

En 1768 el templo catedralicio se abriría al culto tal y como lo conocemos hoy. Tan sólo faltaría por terminar las torres y el entorno de las capillas de la zona nueva. La invasión napoleónica y las sucesivas desamortizaciones después, impiden que las obras continúen a lo largo del siglo XIX. En 1862 la reina Isabel II visita Málaga e impulsa de nuevo la idea de concluir el templo, propósito que finalmente no se materializó. La gran portada principal es una excelente composición barroca ricamente decorada. Aparece retranqueada con respecto al plano marcado por las dos torres, produciendo una amplia línea quebrada. Su cuerpo central presenta dos pisos y tres calles divididas por altas columnas corintias pareadas y elevadas sobre unas largas basas. En el piso superior la disposición de cada calle es parecida: tres ventanas alargadas y sobre ella otra flanqueada por dos óculos. Una gran cornisa con una balconada remata la fachada y abraza a sus dos características torres.

La torre Norte se eleva hasta los 87 metros de altura, siendo la catedral más alta de Andalucía. Por el contrario, la torre sur está sin terminar, rematada por los fustes de sus columnas al aire. La torre norte consta de cuatro cuerpos. Los dos primeros guardan unidad con la fachada y con la torre sur, el tercero repite la misma estructura y abre en cada uno de sus lados una triple arquería idéntica a la establecida en el segundo cuerpo de la parte central. Aquí es donde se sitúan las catorce campanas. El cuarto y último cuerpo es de forma octogonal, en él se encuentra el reloj. Se corona con una cúpula rematada por un cupulino.

La Capilla Mayor es el corazón del templo, el principal espacio sacro de la Catedral. En lo que se refiere a su estructura, se aprecia una planta semi-decagonal delimitada por seis pilares unidos por trozos de entablamento corridos que se sostienen por arcos de medio punto. El espacio se abre en dos niveles ricamente dorados que rodean al tabernáculo, situado en la parte central. El encargado de desarrollar el programa decorativo de este espacio y dotarlo de simbolismo fue el pintor italiano Césare Arbassia.

En el nivel bajo, en torno al tabernáculo, se observan las pinturas de Arbassia que recogen escenas de la Pasión de Cristo: Jesús en casa de Anás, Oración en el Huerto, Última Cena, Jesús ante Pilatos y la Flagelación. Sobre el friso, los bustos de los Padres de la Iglesia y de los profetas y antecedentes familiares de Jesucristo. Los primeros (San Agustín, San Jerónimo, San Gregorio y San Ambrosio) interpretan y transmiten el mensaje doctrinal que Jesús trajo al mundo y, los segundos (San Juan Bautista, Abraham, Moisés y David) anuncian la llegada del Mesías.

En el nivel superior, se sitúan las figuras de cuerpo completo de una serie de mártires que derramaron su sangre por Cristo y que representan a la iglesia triunfante: San Ciriaco, San Lorenzo, San Sebastián, San Esteban, Santa Catalina, Santa Inés, Santa Eufemia y Santa Paula. Esta catequesis visual se completa con las representaciones existentes en las bóvedas del Presbiterio y el crucero. Una serie de figuras alegóricas simbolizan a las virtudes teologales, las virtudes morales y la escena de la Anunciación. Cierran el espacio destinado a la Eucaristía dos sobrios púlpitos de mármol rojo diseñados por Fray Juan Bautista y realizados por Melchor Aguirre entre 1674 y 1677.

Transitamos por la celebérrima Calle Larios antes de visitar el Museo Carmen Thyssen Málaga, que alberga en las salas de su colección permanente un extraordinario recorrido por la pintura española del siglo XIX y comienzos del siglo XX, en el que tiene especial protagonismo la pintura andaluza de paisaje y escenas costumbristas. Estas obras forman parte de la colección más personal de la baronesa Carmen Thyssen y conforman un conjunto de más de 200 piezas que incluye también una cuidada selección de maestros antiguos, de entre los siglos XIII y XVIII.

Inaugurado el 24 de marzo de 2011, el Museo Carmen Thyssen Málaga cuenta con un itinerario expositivo distribuido en tres plantas dedicadas, respectivamente, a la pintura romántica de paisaje y costumbrista, al preciosismo y la pintura naturalista, y al arte del fin de siglo. En este discurso se puede seguir la transformación de la pintura española a lo largo del XIX, desde la interpretación romántica del paisaje y las costumbres tradicionales, hasta una interpretación de la pintura al aire libre, cada vez más colorista, libre y espontánea de la técnica pictórica, que anunciará, a finales de la centuria, los movimientos de renovación y vanguardia del XX.

Comida en un restaurante de la Calle San Agustín, por su cercanía al Museo Picasso Málaga, ubicado en el Palacio de Buenavista. Ciertamente, muy cerca de El Pimpi, de cuya existencia no sabíamos por aquel entonces…

Respondiendo al deseo de Pablo Ruiz Picasso de contar en su ciudad natal con un lugar en el que su obra se ofrezca a la sociedad, el Museo Picasso Málaga se inauguró en el año 2003. Desde entonces se ha convertido en una institución fundamental para entender la fructífera evolución cultural local. El museo actúa como una magnética seña de identidad y es una notable referencia simbólica para quienes residen en la capital de la Costa del Sol. Invita, a su vez, a conocer de cerca la vida y obra del artista malagueño a aquellos que desde cualquier punto del mundo acuden a Málaga atraídos por el talento y la fama del pintor más importante del siglo XX.

La colección dedicada en su totalidad a la obra de Picasso, comprende más de 230 obras de arte entre pinturas, esculturas, dibujos, obra gráfica y cerámicas que muestran las innovaciones revolucionarias de su trayectoria, así como la amplia variedad de estilos, materiales y técnicas que el artista renovó. El acierto arquitectónico que hace tan atractiva la visita a la sede, el Palacio de Buenavista, radica en haber sabido combinar con respeto la rehabilitación del patrimonio con la arquitectura contemporánea.

Anochecía cuando regresamos a Antequera. Cena con productos típicos de la zona en las cercanías del hotel y a descansar.

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