Belmonte 2020 (y 4). Senda del Zarzalar

Aunque la previsión inicial era finalizar esta escapada visitando Alcarcón y realizando una ruta por sus alrededores, los sobresaltos de los días anteriores nos hicieron partir hacia casa nada más desayunar y realizar el ckeck out en el hotel.

No obstante, a medio camino decidimos realizar una ruta, sí, pero en el Nerpio. Cierto es que tuvimos que realizar un largo recorrido para llegar al destino, que el navegador adornó con un espectacular cruce de la sierra de Moratalla que podríamos haber evitado perfectamente.

Antes de llegar a la localidad de Nerpio, en una zona junto a la carretera, en el Cortijo del Tovarico, dejamos el coche para iniciar nuestra caminata. Salimos desde el Restaurante El Molino, cruzando por la pasarela al lado del puente sobre el encauzado Río Acedas.

Continuamos por una pista que discurre entre nogales (Juglans regia), por la frondosa ribera del río Taibilla, paramos a tomar los bocatas en el sombreado margen opuesto junto a varios pinsapos.

El río Taibilla forma parte de la cuenca alta del río Segura. Nace a partir de las aportaciones de varios arroyos y barrancos de la vertiente septentrional de la sierra de las Cabras: arroyo Molino, arroyo Bogarra, arroyo Huebras y barranco Blanco. Discurre por el municipio albaceteño de Nerpio y entre los límites de Yeste y Letur, antes de desembocar en el río Segura aguas abajo del Embalse de la Fuensanta. Tiene una longitud total de unos 57 km y una pendiente media del 1,3%.

La pista se acaba en un campo de labor con sembrados de alfalfa (mielga), que cruzamos para enlazar con un sendero acondicionado, desprovisto parcialmente de maleza. Pasamos junto a una canalización de regadío en una zona boscosa, que provoca algún comentario nostálgico sobre la casi desaparecida huerta murciana, también incita a pasar por las angostas paredes, en la curvatura reducida de su breve encajonamiento. En este tramo fluvial, la vegetación de ribera que se observa en los taludes es densa y diversa.

El río encajonado entre laderas casi verticales, de las vertientes noroeste del cerro Cuesta Colorada y Cerro de Macalón, provoca que la vegetación de ribera, sea la que está en el cauce no existiendo llanuras de inundación; sus especies más abundantes son el sauce y el chopo lombardo.

El corredor fluvial, o «Cañón del Taibilla» nos depara más de una sorpresa, un fuerte sonido precede a una cascada.

Proseguimos con un sol de justicia, remontando la presa por sendero rocoso y empinado, hasta estabilizarnos a la altura de un aprisco, para vadear el río y pasar casi a través de una cueva.

Continuamos cruzando a uno y otro lado a través de los diferentes “puentes”, llegamos a las espectaculares pasarelas con cuerdas, donde la mochila supone un estorbo ante la inclinación por la pared de paso.

Como colofón final, aún queda subir por una escalera de troncos al puente colgante, donde retomamos el camino de vuelta.

Nos habíamos ganado unas merecidas cervezas en un barecito de El Sabinar de vuelta a casa.

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