Alan Parsons Live Project Tour 2025

De mi viaje a Madrid en el verano de 1982, recién acabado el instituto, para realizar las pruebas de selección a la Academia General del Aire volví con varios recuerdos. Uno, pasear por las inmediaciones del Santiago Bernabeu la final del Mundial de fútbol que ese año se disputó en España entre Italia y Alemania. La llegada de los equipos, incluso el ofrecimiento de entradas, a precios desorbitados, en la reventa, para asistir al encuentro. Otro, el visionado en un cine de la capital de «Carros de fuego«, película mítica por su temática y su genial banda sonora. Y el último, la compra del álbum «Eye in the sky«, lanzado ese mismo año. No el vinilo, la «cinta cassette», que todavía conservo, como pieza de museo, cuarenta y tres años después…

Para nuestra sorpresa, se anunció el paso de su Alan Parsons Live Project Tour 2025 por Murcia, tras tener que suspender sus conciertos en 2022, en una gira con cuatro paradas: Bilbao, Murcia, Madrid y Barcelona. Sin duda, íbamos a ser unos auténticos privilegiados de disfrutar de la elegancia y el buen sonido del rock progresivo de los 70, aliñado con ciertas dosis de AOR y baladas melifluas, del legendario Alan Parsons y su grupo, celebrando el cuarenta aniversario (que se hubiera tenido que celebrar en 2022) del ya mítico «Eye in the Sky«.

Tras sacar las entradas en febrero, nada más tener conocimiento del concierto, tuvimos una pequeña tregua en nuestro avatar diario y nos dispusimos a recrear durante un par de horas nuestros años de juventud con la música del londinense Alan Parsons, una leyenda de 76 años residente en California (Santa Bárbara).

Parsons se situó en el centro del escenario, al fondo y elevado sobre su Live Project, marcando rango, sobre una tarima y siempre sentado tras las tres operaciones de espalda que ha sufrido en los últimos años, alternando su repertorio entre la guitarra y el teclado.

Animando al público con gesto hierático, con otro teclista y el batería en sus flancos, la banda se guarda pocos de los éxitos –lejanos ya, logrados en los 80– en el cajón, empezando con «Standing on Higher Ground» con una base marcada y sintetizadores muy años 80, con un dinámico P.J. Ollsson a la voz principal de su Live Project.

Desde entonces, Parsons evidenció su papel como director de orquesta y cantante (muy) ocasional en la siguiente y conocida balada, «Don’t Answer Me«, con sus ecos de los 60 y el pop de la Motown, y con añadido de un solo de saxofón. Alternando la guitarra acústica y los teclados aunque sin gran protagonismo instrumental, cedió gustoso el brillo a su grupo y al magnífico sonido marca de la casa, inmaculado, elegante y con pegada, en concordancia con haces de luces nada complejos pero muy efectivos.

Parsons se vio apoyado por su Live Project, un septeto sin rutilantes estrellas y más efectivo que efectista, siempre presto a socorrer al líder, especialmente en el apoyo coral en grandes armonías a varias voces, ya que todos y cada uno de sus miembros se acercaron al micrófono en algún momento del concierto.

Con una sonoridad más física, orgánica y expansiva que en los discos, prosiguieron con el riff de teclado y el bajo marcado y en progresión de «Psychobabble«, en un terreno cercano al rock que el rubio guitarrista solista Jeff Kollman –el otro era Dan Tracey, guitarra rítmica– condujo hacia pasajes psicodélicos. La primera vez que todo el público se puso en pie.

Y la psicodelia heredada de sus años compartidos con los Floyd siguió impregnando la plaza de toros de Murcia en la balada «Time» mientras Olsson, sobresaliente, cantó eso de que el tiempo es como “un río que se dirige hacia el mar”, e hizo que no se echara en falta a Eric Woolfson, el co–líder y vocalista del Alan Parsons Project original, al llegar sin problema alguno a las notas más altas.

Casi fundidas, con el público ya caliente, sonaron la rockista «Breakdown» y «The Raven«, basada en el poema homónimo de Poe y sin la voz filtrada con vocoder del original, que precedieron al sinfónico «Old and Wise» y a otro de sus clásicos, «I Wouldn´t Be Like You«, concierto aire a The Doobie Brothers y la suma de sendos solos de bajo y guitarra. Sonó exótico «La Sagrada Familia«, extraído de su disco dedicado a Gaudí, y «Let’s Talk About Me» antes de la emotiva, aunque convencional, «Don’t Let it Show«, con su teclado litúrgico.

Tras el tramo central del concierto, se sucedieron un puñado de temas, de «Damned If I do» a «Day After Day» y su mensaje de que “el show debe continuar”, el soft rock de «Can’t Take it With You» o «Prime Time«, antes de que la banda desembocara en lo que muchos los asistentes habían ido a escuchar, la unión del instrumental «Sirius» -la banda sonora con la que salía al parqué Michael Jordan al frente de Chicago Bulls- con su mayor éxito comercial, «Eye in the Sky«, con su riff clarividente, el jefe nuevamente a la voz y con todo el grupo compartiendo micrófono, con los fans, ya desatados y participativos, coreando el estribillo. Y más después de un guiño al piano al Mediterráneo de Joan Manuel Serrat. El éxtasis.

En los bises sonaron, sin que la banda se moviera del escenario debido a los problemas de movilidad del líder, «(The Systems of) Doctor Tarr«, eléctrico, funk y mainstream, y «Games People Play«, ya entre palmas arriba y debajo del escenario aunque el punto culmen se viviera casi quince minutos atrás. El fin de fiesta. Aunque nos quedamos con ganas de continuarla con los muchos buenos temas que quedaron en el tintero. Una experiencia disfrutar de este maravilloso concierto. Quién nos iba a decir a principios de este funesto 2025 que, por unas horas, nos trasladaríamos cuarenta años atrás y rememoraríamos en directo la música de nuestra juventud. Eterno Alan Parsons.

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