El Celler de Can Roca ⭐⭐⭐

En más de una ocasión comenté que no había otro lugar más idóneo para celebrar mi jubilación que El Celler de Can Roca. La empresa no era fácil, pero el primer día de inicio de mes sobrepasado el 11 de octubre de 2024 me puse manos a la obra. Eso sí, no a las 00:00 horas, que no soy de trasnochar, sino nada más levantarme al alba. Tarde, todo el mes de octubre de 2025 ya estaba ocupado. Por suerte, se me ocurrió optar por unirme a la lista de espera. La agradable sorpresa se produjo el día 4 de noviembre, en el que recibí un correo en el que el Restaurante me comunicaba la noticia de que nos podía ofrecer una opción de reserva para el 16 de octubre de 2025 a las 12:30 horas.

Tardamos muchísimo menos de setenta y dos horas en aceptarla y, poco después, recibimos el correo de confirmación. Tan solo faltaban once meses y medio y algún que otro percance familiar la ha tenido en el aire hasta el último momento, unido a la borrasca Alice, que tampoco puso fácil el desplazamiento desde Murcia a Girona.

Pero al final, poco después del mediodía, estábamos a las puertas de El Celler de Can Roca que, desde 2009, cuenta con tres estrellas Michelin y, desde 2021, con una Estrella Verde Michelin por su enfoque sostenible. Fue Mejor Restaurante del Mundo en 2013 y 2015 y alcanzó el segundo puesto en 2014, 2016 y 2018, y el tercero en 2017. En la categoría “Best of the Best”, sigue consolidándose como un referente mundial. Diversas iniciativas reflejan el compromiso continuo de los hermanos Roca con la innovación, la formación y la difusión de la cultura gastronómica, consolidando su legado y adaptándose a los nuevos desafíos del sector.

La comida comienza incluso antes de sentarte: el Restaurante, elegantemente sobrio pero con detalles que revelan cultura (texturas, iluminación matizada, atmósfera relajada), ya habla de que aquí todo está cuidadosamente pensado. El servicio, presidido por el pulso de Josep Roca como sumiller y guía de sala, acompaña sin imponerse: una presencia acompañante, atenta a cada detalle.

Tras la recepción a las puertas del restaurante nos sentamos a la mesa y se nos presentó el menú que degustaríamos, el Menú Festival de El Celler de Can Roca 2025 que representa su evolución y propuesta actualizada de menú degustación compuesto de distintos aperitivos de bienvenida, entrantes, platos y postres.

Sentados ya a la mesa y mientras observábamos la sala principal del restaurante, fuimos obsequiados con una copa de cava de bienvenida de Albet i Noya “Clàssic” El Celler de Can Roca D.O. Penedès. Una edición especial elaborada en exclusiva para el restaurante por la bodega Albet i Noya. Teníamos claro que no podíamos escoger el maridaje propuesto por Josep Roca, dos veces mejor sumiller del mundo, para acompañar los platos acorde al menú escogido, pero era una tentación ojear esa inmensa carta de vinos en la que hay más de cinco mil referencias de vinos blancos, tintos, rosados, espumosos, etc. Eso sí, una botella del mismo cava de bienvenida nos acompañaría durante el resto de la comida.

La apertura es festiva y nostálgica: una serie de snacks o bocados simbólicos que representan etapas de la historia del Restaurante, evocaciones, hitos personales o pasajes emocionales. Estos bocados funcionan como prólogo emocional: despiertan expectación, ofrecen matices sutiles, sorprenden por contraste de temperaturas, texturas delicadas, motivos cromáticos. Uno observa cómo el Restaurante oscila entre lo íntimo y lo espectacular. Estos aperitivos, aunque mínimos en escala, ya dan pistas del discurso creativo: evolución, memoria, reinterpretación. Para degustar los aperitivos contábamos con una pieza circular de alabastro con quince conceptos relacionados con la evolución del Restaurante grabados: Magia y Transversalidad, Memoria, Tradición, Academicismo, Producto, Paisaje, Vino, Poesía, Innovación, Libertad, Atrevimiento, Perfume, Sentido de humor, Cromatismo y Dulce. Estos quince conceptos representan los quince aperitivos del menú, presentados en seis pases, dos de ellos individuales y los cuatro restantes compartidos.

El primero de ellos (Magia y Transversalidad) es el Consomé de tres caras. Caldo esencial de ternera a la brasa, Joan. Caldo de setas con Amontillado, Josep. Infusión de grué de cacao, Jordi. En un cuenco nacido de las manos de un hábil artesano cada uno de los tres caldos que componen el consomé va formando las caras de los tres hermanos Roca.

Le siguen el Canelón de Montse (Memoria) -la receta más famosa de la madre de los tres hermanos Roca, todo un homenaje a sus orígenes y al canelón clásico de Navidad-, Manitas de cerdo con espardeñas y crujiente de oreja (Tradición) -una novedad reinterpretada este año. un mar y montaña con una base de guiso de pies de cerdo, mousse de hierbas silvestres, alcaparras y espardeñas. Contrastes, profundidad y elegancia-, Velouté de crustáceos con caviar (Academicismo) y Lorito en doble tempura y emulsión de bergamota (Producto).

Otro grupo de tres aperitivos les siguen. Bonsai de olivera con olivas heladas (Paisaje) -un clásico del restaurante, recolectar la oliva helada directamente del árbol bonsái es el inicio perfecto del viaje sensorial-, Ostra al Cava Agustí Torelló, compota de manzana, jengibre, piña, limón confitado y especias (Vino) y Brioche de boletus al vapor (Poesía).

A continuación degustamos un exquisito Langostino al vapor de Manzanilla, jugo de su cabeza al aroma de Manzanilla y gota de Manzanilla, que representa la Innovación presente en la cocina de los hermanos Roca. Se presenta el langostino cocido al vapor con vino de Jerez. El jugo de la cabeza se reduce y se sirve como salsa intensa. Una gota final de Manzanilla potencia el conjunto. Es, sin duda, un plato elegante, con sabor marino y notas sutiles del vino.

Niguiri de calamar con colinabo y caldo de calamar (Libertad), Hoja de ostra con destilado de tierra (Atrevimiento) y Eau de Toilette «Le Sel«. Mousse de plancton, algas, manzana con gel de jengibre, infusión de jengibre y aguar de mar (Perfume) componen la siguiente secuencia de aperitivos.

Todavía en los aperitivos ya habíamos observado la amabilidad, discreción y precisión del equipo de sala, la coordinación casi sin fisuras y ese equilibrio entre la excelencia y la cercanía.

Los últimos cuatro aperitivos finalizaban este primer componente del menú. Gazpacho de granada (Sentido de humor), Ensalada roja. Sandia, piquillo confitado, remolacha, hibisco, gel de vino y reducción de Campari (Cromatismo) y el colofón (Dulce) del Turrón de foie con cacao, brotes de soja, Pedro Ximénez y pimpinela –foie micuit recubierto de una capa de cacao amargo. El vino Pedro Ximénez equilibra con dulzor. Los brotes de soja aportan frescura vegetal. La pimpinela, hierba aromática poco común, añade un toque anisado y crujiente. Textura untuosa con contraste dulce y salado-.

Antes de comenzar con los platos principales nos sirvieron el pan. Pan de payés, Pan de vino tinto, y Pan hojaldrado relleno de tomate (brioche). Tras haber degustado ya algunos platos nos ofrecieron también un Pan hojaldrado de aceituna.

Comenzábamos, ahora sí, los platos principales del Menú Festival de El Celler de Can Roca 2025. La verdadera evolución del restaurante y su cocina año tras año, que presenta varias novedades y alguna renovación, junto a clásicos de siempre. El menú se articula en grandes secciones: verduras/vegetales, mariscos y pescados, carnes y postres. La sección de verduras y vegetales suele ser la más abundante en número de platos, y es donde el restaurante despliega su creatividad vegetal: múltiples técnicas (fermentados, encurtidos, geles, texturas crujientes, purés, caldos), diversidad cromática, juego de contrastes. Se percibe la madurez del discurso vegetal: no como un interludio, sino como un eje principal; no como acompañante, sino protagonista. La sección de mariscos alterna delicadeza con potencia gustativa, con distintos momentos álgidos del menú. En la parte final del menú, las carnes, se denota densidad, sabor profundo y momentos de orquesta. Diversas carnes en elaboraciones con hierbas, frutas, fermentos, elementos vegetales como contrapunto. Los postres culminan el menú con sorpresa, emoción visual y gustativa.

Fresco y maduro. Sorbete de remolacha y manzana, espuma de pomelo, calabacín a la sal y colinabo impregnado. Puré de chirivía y champiñones, reducción de pomelo, encurtido de coliflor y chalota.

El colinabo impregnado aporta jugosidad. Plato vegetal, limpio y refrescante.

Ensalada de tomates de Mas Marroch. Tomate Cherry pera amarillo encurtido, shots de tomate kumato, tomate corazón de buey lacado en su jugo, tomate zebra, tomate nippo, tomate Sweet Solano, tomate Summer of Love. Puré de anchoa y nuez, cherry semi seco, gel de vinagre de Jerez, gelée de agua de tomate y aceite de hoja de tomatera.

A medio degustar los platos principales, Josep Roca departió con nosotros unos instantes, sin prisa, manteniendo una conversación fluida y felicitándonos con efusividad por los motivos que nos habían llevado hasta su casa. Todo un detalle por parte del jefe de sala y muy de agradecer su cercanía y humanidad.

Ensalada de lechuga de Mas Marroch, a la brasa, encurtida, aliñada, ajo negro y hierbas anisadas.

Calabacín cocido al barro, demiglace especiada de calabacín, higos, queso de higuera, flor de calabacín a la sal, cremoso de pistacho y aceite de hoja de higuera.

Sardina curada y marinada. Velouté de las espinas a la brasa con ajo y perejil. Flores y frutas encurtidas. Garum de anchoa. Manzana con Amontillado, hinojo y lima, y praliné de avellana tostada.

Katsuobushi de berenjena lacada, berenjena asada a la llama, berenjena encurtida, cremoso de berenjena, salsa de cacahuete y tamarindo, miso de hinojo, gel de cítricos y sarraceno.

Se presenta la berenjena en varias texturas: asada, encurtida y cremosa. Se acompaña de una salsa de cacahuete y tamarindo con miso de hinojo. El katsuobushi, copos de bonito seco japoneses, aporta umami. El gel de cítricos y sarraceno tostado cierran con frescura y crujiente.

Cococha de merluza con puerro, crujiente de puerro, pil pil de cabeza de merluza, pil pil de puerro, romesco y aceite de la hoja de puerro.

Gamba de Palamós marinada con velouté de almendras, vinagre de arroz, almendra tierna y jugo de la cabeza de gamba.

Todo un clásico imprescindible desde 1998. Se presenta la gamba roja semicruda, marinada quinceminutos con vinagre de arroz y mirin. El katsuobushi da un toque ahumado y dulce. Jugo concentrado de las cabezas y crujiente de patas y bigotes. Se sirve sobre velouté de plancton. La gamba entera, en su máxima expresión.

Suquet de pescado del día a la brasa con el jugo de sus espinas, naranja, alcaparras, tomate confitado y piñón.

Presentan un pescado de lonja cocinado al carbón, cabracho en esta ocasión. Se acompaña con suquet, guiso catalán tradicional hecho con sus espinas. Naranja, alcaparras, tomate confitado y piñones completan el plato. Fuego, tradición y equilibrio.

Cigala con parfait de pularda. Mar y montaña. Jugo de rustido de pularda, crujiente de su piel, bisquet de cigala, parfait de hígado de pularda, algas encurtidas, hinojo de mar encurtido.

Parfait de hígado de pularda, suave y untuoso. Se acompaña de jugo de rustido, bisqué de cigala y crujiente de piel de ave. Algas e hinojo de mar encurtidos aportan frescura salina. Un mar y montaña elegante y complejo.

Pintada con chucrut de col lombarda a la brasa, remolacha ahumada, endivias al café, uvas frescas, uvas salteadas con mantequilla y salsa de pintada con mole.

«Xuixo» de estofado de pato. Pato curado y ahumado, salsa de pato, pato marinado, consomé de pato, salsa de escabeche de pato, guisado de pato, naranja sanguina.

Versión salada del pastel típico catalán. Relleno con pato en múltiples preparaciones: curado, ahumado, marinado y guisado. Salsa de escabeche y naranja sanguina. Crujiente por fuera, jugoso y profundo por dentro.

Coco rallado. Crema de flor de naranjo, crujiente de coco, sorbete higos, espuma de coco, lima y coco rallado.

A modo de prepostre. El plato se culmina rayando el coco del mismísimo Jordi Roca.

Otoño. Puré de boniato braseado, bearnesa de miel y mantequilla noisette, naranja, bizcocho de zanahoria, granizado de mandarina, helado de yema de huevo con licor de mandarina, níscalos y espécias.

Manzana de feria. Texturizado de manzana verde, sablé de mantequilla, manzana caramelizada con Calvados y vainilla, esfera de caramelo soplado, espuma de manzana al horno y helado de crema catalana.

Castaña, jarabe de arce y limón. Crema de marrón glacé, mousse de haba tonka, crema de castañas, piel de limón confitado, helado de castaña quemada, gel y crujiente de jarabe de arce.

Terminamos los postres con una reciente novedad, típica de la estación otoñal en la que nos encontramos.

Festival del cacao.

La celebración final del producto estrella: el cacao ecuatoriano. Una experiencia de realidad virtual sorprendente y mágica.

Todavía tuvimos la oportunidad de degustar un postre más, pues tuvieron el grandísimo detalle de obsequiarnos con uno extra con motivo de nuestra celebración, acompañado de su velita y todo.

Fue en ese momento cuando Jordi Roca apareció en la sala, teniendo la oportunidad de conversar largo y tendido con él y mostrándonos toda su genialidad en estado puro. Considerado como uno de los mejores reposteros del mundo, es conocido por dirigir el universo Rocambolesc.

Emocionados por sus palabras, alabamos muy sinceramente su creatividad y autenticidad. Un magnífico colofón para una experiencia gastronómica que parecía que tocaba a su fin, aunque aún había más.

Con el café nos presentaron una auténtica Noria de Petit Fours, una sorprendente manera de presentar el punto y final con Bámbolas de plátano, chocolate, nueces; y menta y eucaliptus con base de chocolate blanco. Cookies y mini oreo. Fruta confitada, cuadradito de piña con coco; cilindro de manzana con lima; y los clásicos Ferrero con Peta Zetas y avellanas.

Es de destacar la atención máxima al comensal: correcciones del punto, explicaciones, ajustes en el servicio. Aunque atendidos por varios profesionales durante el transcurso de la comida, Paula había sido nuestra principal compañera de viaje. Fue ella la encargada de acompañarnos en nuestra visita a la cocina, donde tuvimos la oportunidad de saludar a todo el equipo del Restaurante, y a la espectacular bodega con la que cuenta El Celler.

Habíamos llegamos a las 12:20 horas y nos despedíamos en la puerta de Josep Roca a las 17:00 horas. Una experiencia inolvidable, sin duda.

El Menú Degustación Festival 2025 en El Celler de Can Roca ha sido una experiencia sensorial que trasciende lo meramente gastronómico. Más que una comida, fue un recorrido emocional por la excelencia, la creatividad y la identidad culinaria de un equipo que lleva décadas marcando el rumbo de la alta cocina internacional. De principio a fin es un paseo sensorial por la memoria, la técnica y la emoción, un espectáculo gastronómico donde cada bocado parece contar una historia íntima.

Bajo la dirección de los hermanos Roca, el Restaurante ha sabido mantenerse en la vanguardia sin perder de vista sus raíces. Cada propuesta que llega a la mesa es el resultado de un trabajo minucioso, de una investigación constante y de un profundo respeto por el producto y la cultura gastronómica catalana.

La cocina de El Celler de Can Roca, inspirada por Joan Roca, no solo destaca por la técnica y la innovación, sino también por la emoción que transmite. Cada creación está pensada para contar una historia, despertar recuerdos y conectar con el comensal de una manera íntima y profunda. Se nota la complicidad entre los tres hermanos, que han logrado crear un lenguaje propio donde se funden arte, ciencia y sensibilidad.

El servicio en sala, dirigido con maestría por Josep Roca, es un ejemplo de elegancia y cercanía. La atención es precisa, sin artificios, y acompaña al cliente a lo largo de toda la experiencia con naturalidad y calidez.

La parte dulce, a cargo de Jordi Roca, mantiene el nivel de asombro hasta el último momento. Su capacidad para transformar los postres en pequeñas obras de arte multisensoriales confirma por qué es considerado uno de los grandes referentes mundiales en su disciplina.

En conjunto, la experiencia del Menú Degustación Festival 2025 es un homenaje al talento, al esfuerzo colectivo y a la pasión por emocionar a través de la gastronomía. El Celler de Can Roca continúa siendo un faro de innovación y excelencia, y una visita a su casa sigue siendo, hoy por hoy, uno de los mayores privilegios para cualquier amante de la buena mesa.

Una de las grandes virtudes del menú no son necesariamente ciertos platos aislados, aunque muchos destacan por sí solos, sino el ritmo general, los contrastes y el relato emocional que recorres como comensal: momentos de pausa y contemplación (entre secciones) que permiten digerir y anticipar; alternancia entre platos ligeros y densos, fríos y cálidos, ácidos y dulces; uso de contexto simbólico: muchos platos contienen referencias a la historia del restaurante, a la historia personal de los hermanos, a ingredientes de su entorno o evocaciones sensoriales; y presentaciones cuidadas al extremo: cada emplatado parece casi escultura comestible.

En definitiva, una experiencia para dejarse llevar, para sorprenderse, para recordar sabores y momentos, para conversar entre plato y plato, y para entender por qué El Celler de Can Roca sigue siendo una referencia universal. Y para disfrutar de la compañía de la persona sin la que este momento no hubiera sido posible. Porque no lo imagino sin ella. Aunque al final parece haberse convertido en mi homenaje, la que se merece el homenaje es ella. Porque tiene mucho más mérito que jubilarse enfrentarse a todos los avatares de la vida diaria, que son muchos y muy complicados, personales y familiares, y hacerlo con entereza y determinación, siendo la luz y el timón de la vida de los que la comparten con ella. Gracias infinitas, May.

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