Ahora sí, era el momento de regresar al hotel para cambiarse de ropa y desplazarnos al Restaurante donde habíamos reservado para el lunes, anulado y reservado para el martes. Ni más ni menos que el Restaurante Can Roca, el “Can Roca De Toda la Vida”. Ya puestos, habíamos decidido disfrutar del universo Roca al completo.
Me permito la licencia de utilizar la presentación que de él hacen Joan, Josep y Jordi Roca. “Es el restaurante de nuestros padres, Montserrat Fontané y Josep Roca, que abrieron en 1967. El hogar. El lugar donde crecimos, entre el bullicio del bar de barrio y los aromas de la cocina generosa de nuestra madre. Nuestra casa primigenia, el origen de todo. Autenticidad, generosidad, hospitalidad, y esfuerzo. Valores aprendidos entre juegos, de un oficio y una manera de vivir que busca ser feliz haciendo felices a las personas”.
En Can Roca ofrecen un Menú del Día por tan solo 17 euros con comida casera de todo tipo, incluyendo platos catalanes. Empezamos por una riquísima ración de calamares a la romana (fuera de menú).
De primero probamos unas exquisitas lentejas y una verdura del día que encandiló a May.
De segundo, una típica butifarra catalana con su guarnición y un potente guiso de sepia y albóndigas.
A los postres no podía faltar una excelente crema catalana.
Además del impecable servicio, destaca la calidad y la preparación de los alimentos.
Volvimos al hotel para dejar aparcado el coche y continuar con la visita a la ciudad.
En esta ocasión descendimos hacia la plaza del Vi, un concurrido espacio delimitado por soportales, por el denominado Palacio del General, edificio gótico-renacentista que fue la sede de la administración de la Generalitat en las tierras de Girona durante los siglos XVI y XVII, y por el Ayuntamiento y el Teatro Municipal, destacado coliseo ochocentista.
Atravesamos la rambla de la Libertad, el espacio más concurrido de Girona, creada en 1885. En esta zona también destacan grandes palacios como el palacio de Caramany, de los siglos XVI y XVIII, la Fontana d’Or (Fuente de Oro); sede del CaixaForum-Girona, y la Casa-Palacio Agullana; en la conocida como subida de San Domènec, atravesada por un arco monumental, al lado de la iglesia de San Martín.
Buscábamos una de las imágenes más conocidas de la ciudad: las casas del río Onyar. Al borde de este río se ubican diferentes edificios de colores, que crean una combinación pintoresca, reflejada en sus aguas.
Hay varios puentes que unen las dos orillas del río y que añaden más interés y belleza al paisaje de la ciudad de Girona. Uno de los más conocidos es el Pont de les Peixateries Velles (Puente de las Pescaderías Viejas), también conocido como Pont d’Eiffel (Puente de Eiffel), en honor al arquitecto de la Torre Eiffel, o el Pont de Pedra (Puente de Piedra), construido durante el reinado de Isabel II.
Nos dirigíamos ahora a la basílica más antigua de la localidad; la iglesia de San Félix de Girona, del siglo XI, la primera en ejercer funciones catedralicias. Constituyó un importante centro de peregrinación en la península y fue el principal templo de Girona antes de la construcción de la Catedral de Santa María. Está situada sobre los restos de una iglesia paleocristiana en honor a San Félix y fue declarada bien cultural de interés nacional en 1931. Asimismo, recibió el título de basílica menor en 2011.
El templo presenta diversos estilos, debido a las múltiples reformas que ha recibido a lo largo de los siglos, aunque predomina el estilo gótico. Fue construida fuera de la muralla, por lo que sufrió las consecuencias de varios ataques a lo largo de la historia, tanto por parte de tropas musulmanas como francesas.
La silueta de la torre, junto con la de la catedral de Girona, constituye una de las imágenes más conocidas del casco antiguo gerundense.
A la salida decidimos visitar los jardines de la Francesa, un lugar histórico con mucho encanto. Su nombre hace alusión a la nacionalidad de la última propietaria, la escritora Madame Mathieu.
También aprovechamos para recorrer parte del paseo Arqueológico y los jardines de los Alemanes, que rodean la Catedral.
Muy cerca se encuentra el monasterio de San Pedro de Galligants, uno de los vestigios arquitectónicos más relevantes del románico catalán. Actualmente, solo se conservan la iglesia y el claustro. Se desconoce la fecha de su construcción, pero hay constancia de él desde el siglo X. El edificio actual data de la primera mitad del siglo XII, cuando Ramón Berenguer el Grande donó parte de su legado para contribuir al costo de las obras. Se cree que a finales de ese siglo se terminó de construir el claustro.
Desde el año 1857, San Pedro de Galligants alberga un museo de arqueología y bellas artes, y, de hecho, es uno de los más antiguos de Cataluña. El Museo de Arqueología de Cataluña en Girona, aloja las restos prehistóricos y de la edad media, encontrados en las diferentes excavaciones por las comarcas de Girona.
De vuelta al call pasamos por el carrer de Sant Llorenç, una calle escalonada con una fuerte pendiente que une el carrer de la Força con la parte superior del barrio judío. Algunos autores han encontrado muchas semejanzas entre este callejón y las calles del casco antiguo de Jerusalén.
Anochecía. Era el momento de visitar un proyecto mimado y capitaneado con mucho amor por Jordi Roca y Alejandra Rivas: Rocambolesc gelateria. Para ellos los helados son felicidad. Por eso crearon hace siete años este espacio, un mundo de fantasía helada donde puedes darle un lametazo a la mano de Jamie Lanister, morder la cabeza de Darth Vader o darle un bocado a la nariz del propio Jordi. En este caso, comerse un delicioso helado de vainilla bañado en chocolate.
Al lado, la confitería de este peculiar universo. El mejor lugar para adquirir unos espectaculares bombones y unas deliciosas gominolas.
Y muy cerca, la plaza de la Independencia, donde se respira un aire decimonónico, rodeada por unas arcadas que acogen diversos bares y restaurantes para sentarse mientras se contempla el movimiento de la bella Girona. El mejor escenario para tomarse un merecido descanso tomando una copa de cava.
Sin prisa tomamos el camino de regreso al hotel. El día, viaje incluido, había sido intenso y era el momento de reponer fuerzas para la jornada siguiente.

















































