Girona 2025 (4)

Al salir tomamos el coche para dirigirnos a Cadaqués, pues también habíamos reservado las entradas para visitar la casa museo de Dalí en Portlligat, imprescindible en una ruta que siga los pasos de Dalí por Girona.

Aunque no son muchos kilómetros los que separan Cadaqués de Figueres, la carretera es de montaña y no permite adelantamientos, por lo que llegamos con el tiempo justo de patear su casco antiguo y comer, pues debíamos presentarnos para recoger las entradas a las tres de la tarde en la casa museo.

La iglesia de Santa María está situada en su punto más alto del casco antiguo. Construido en el lugar del antiguo templo, que había sido quemado en las incursiones de piratas en 1444 y 1548, es un edificio del gótico tardío iniciado a mediados del s. XVI y terminado en el s. XVIII, construido con “las penas de pescado” y pescando las noches y festivos.

En el interior encontramos un prodigioso retablo barroco de madera hecho en 1725 y dorado en 1788, diseñado por Jacint Morató y Pau Costa. También destacan siete pequeños retablos barrocos de las otras capillas, la trona de piedra, el órgano, los dos bancos de madera de los cónsules de la villa y una pica bendita pequeña con la fecha inscrita de 1705. La fachada está coronada por un campanario de base cuadrada con un cuerpo superior octogonal, y encalada como la mayoría de las casas de la localidad.

Después de barajar varias opciones, en el Restaurante Sa Roca d’es Tamariu nos garantizaron que comeríamos en menos de una hora que quedaba para tener que presentarnos en la casa museo. Las excelentes vistas, en primera fila frente al mar, invitaban también a ello.

Una ensalada vitello tonnato y carpaccio de atún y una paella marinera con marisco y sepia nos sentaron de maravilla después del temprano desayuno que habíamos tomado en el hotel antes de nuestra salida hacia Figueres.

Portlligat está asomado a su propia bahía, al otro lado de la punta que cierra la bahía de Cadaqués. Llegamos andando desde Cadaqués sorteando los algo más de kilómetro y medio que los separa, salvando una pronunciada cuesta que sirvió para bajar rápidamente la comida.

En pleno Cap de Creus, Dalí situó su única casa estable: el lugar en el que vivía y al que siempre volvía. “No se puede entender mi pintura sin conocer Portlligat”, decía Salvador Dalí.

Corría el año 1930 cuando Dalí y Gala compraron una barraca de pescadores en Portlligat, la cabaña de Lidia Noguer, un año después de que le desheredara y prohibiera volver a Cadaqués. A pesar de Portligat está considerado como pueblo, se encuentra dentro del término municipal de Cadaqués, por lo que Dalí no quería perder las vistas del Cap de Creus ni estaba dispuesto a cumplir a rajatabla el destierro paterno.

Ese cambio de localización le gustó tanto a la pareja que acabaron por “ampliar” la barraca. Durante los siguientes años, no dejaron de comprar otras adyacentes hasta convertir aquella primera barraca de Lidia en el “palacio” que llegó a ser y visitábamos en el día de hoy. Gracias a ello se situaron en el pueblo más al este de la Península ibérica, incluso un poco más al este que el núcleo urbano de Cadaqués.

Esa forma de construir la casa a base de incorporar las barracas de pescadores vecinas es muy patente desde el interior: pasillos estrechos, escaleras irregulares, cambios de nivel del suelo… En palabras de Dalí: “como una verdadera estructura biológica”, una “criatura” tan viva como sus habitantes…

Desde ese 1930 hasta 1982, Portlligat fue el lugar de residencia de Dalí, excepto la época que pasó en Estados Unidos desde el estallido de la Guerra Civil hasta 1948. En 1982, a la muerte de Gala, Dalí se trasladó al castillo de Púbol y la casa fue cerrada de un día para otro. Solo el personal de servicio accedía para limpiar. El tiempo se paró y por ello podemos entrar en la casa de Dalí en Cadaqués y verla tal y como estaba cuando el genio surrealista vivía en ella.

Decir que todo es sorprendente en la casa museo de Dalí de Portlligat es quedarse corto. Nada más entrar te saluda un oso polar disecado, para irse haciendo una idea. Ése es el vestíbulo del Oso. A partir de ahí, el surrealismo se hizo con nuestras mentes y, antes de salir, ya nada nos parecía demasiado extraño como para estar en esa casa. Según nos contó nuestra guía en la visita guiada, todos los objetos que hay en la casa son originales, excepto los libros y los cuadros.

Del vestíbulo del Oso se llega al comedor y, desde él, a la biblioteca que da paso a la primera terraza de la casa. De vuelta al vestíbulo por una sinuosa escalera se accede a la segunda planta, donde se encuentran el resto de salas “privadas”, su habitación entre ellas, y el estudio.

Dos cuadros quedan en el estudio de Dalí en Portlligat sin acabar. El estudio era, y es, la sala más luminosa de la casa. En una sala adyacente todavía se conservan sus tubos de pintura, blocs de dibujo, barnices, cuencos de mezclas…

Dalí pintaba siempre sentado y por este motivo el caballete es un poco especial, pues es mecánico para poner el cuadro a la altura adecuada en cada momento.

Dalí se jactaba de ser el primero en ver los rayos del sol en España. Tanto que, en la llamada sala amarilla, colocó un espejo apuntando a la cama para “capturar” esos primeros rayos.

Antes de llegar a la sala de los pájaros se pasa por el salón amarillo, el taller original hasta la ampliación de 1949. Gala decoraba con flores amarillas, siempre vivas, esta sala cada día. La organización de la casa une el salón amarillo, la sala de los pájaros y el dormitorio bajo un único techo, casi sin paredes de separación, pero a tres niveles distintos.

Junto al dormitorio se encuentra el tocador de Gala, la primera de las estancias en las que ella era la reina. Aunque, según Dalí: “Todo celebra el culto de Gala”, de hecho, consideraba la casa como una “catedral Galáctica”.

La “cúpula” de esa catedral sería la habitación ovalada: la sala oval. Un cuarto de eco perfecto.

Entre el tocador y la sala oval se encuentra el vestidor de Gala, la habitación de los armarios. Armarios que Gala decoró con fotografías en las que Dalí está acompañado de personajes famosos (Harpo Marx, Picasso, Gregory Peck e Ingrid Bergman, Coco Chanel, Walt Disney, Maria Callas), portadas de revistas y fotos personales, incluso una de Dalí con su padre tras la reconciliación.

La casa creció a base de comprar las barracas de pescadores contiguas, pero también en espacio exterior. Una vez terminadas las visitas a las habitaciones accedimos al olivar con unas vistas privilegiadas de la Costa Brava.

Allí nos encontramos con los “clásicos” huevos (en uno incluso es posible entrar) y con otros espacios que Dalí utilizó también como talleres en algún momento.

Mención aparte merece el Cristo de las Basuras, una gigantesca figura creada a partir de tejas, tuberías, barcas de pescadores… Hasta que no subes al mirador que está al lado no te das cuenta de su tamaño y de su significado.

No podía faltar un patio blanco ni una piscina. Pero la piscina de Dalí no podía ser una piscina normal. Ésta está inspirada en las fuentes de la Alhambra, e incluso tiene una especie de jaima en uno de sus extremos.

Esta entrada fue publicada en 2025, Arte, Girona, Viajes, Viajes por España. Guarda el enlace permanente.

Deja un comentario

Este sitio utiliza Akismet para reducir el spam. Conoce cómo se procesan los datos de tus comentarios.