Zamora, Valladolid 2025 (2)

Nuestros pasos nos llevaron hasta la catedral, no visitable por la mencionada exposición. De estilo románico, severa y armónica, es uno de los edificios más bellos construidos en el siglo XII. Su construcción comenzó en el año 1151 y veintitrés años después fue consagrada.

La planta es de cruz latina con tres naves, las laterales de bóveda de arista y los brazos del crucero de cañón apuntado, la central de crucera simple. En el crucero se alza un hermoso cimborrio, de clara influencia bizantina, decorado con una cúpula gallonada, adornada con escamas de piedra. Este es el elemento más llamativo, bello y original del templo, que presenta un juego de contrastes arquitectónicos verdaderamente interesantes.

La Catedral conserva una de las tres puertas románicas originales, la del Obispo, situada en la fachada Sur y que contiene una de las muestras de mayor calidad de la escultura románica. En el siglo XIII se añadió al conjunto una torre maciza de cinco cuerpos de gran altura y sobriedad y ya en el siglo XVII se reconstruyó el claustro del edificio.

Fue declarada Monumento Nacional por Real Orden el 5 de septiembre de 1889.

Junto a la catedral se encuentra el Castillo de Zamora. De forma romboidal, está formado por una serie de estructuras concéntricas, foso, contrafoso, liza, cuerpo residencial y patio interior. Destacaba la torre del homenaje, la más alta, donde vivía el señor del castillo y último reducto defensivo de la fortaleza. En las fases de recuperación se han encontrado cinco torres más.

El Castillo de la ciudad de Zamora se encuentra situado sobre una gran roca, bajo la cual confluían los ríos Duero y Valderaduey, creando éstos una vega agrícola magnífica que abastecía a este entorno con una gran variedad de productos. Esta roca natural de piedra arenisca se convertiría en la cantera que iba a proporcionar la piedra necesaria para la construcción de la fortaleza y además, las labores de extracción de la piedra, originaron el primer elemento defensivo, el foso.

El Castillo vivió una época de gran esplendor en la Edad Media, sufriendo una importante transformación en el siglo XVIII para convertirlo en un fortín artillero y adaptarlo así, a los nuevos métodos de ataque y defensa de las ciudades, la artillería.

Es en el siglo XVIII cuando la liza interna de la fortaleza se rellena de tierra para proteger los gruesos muros, que en la Edad Media habían protegido a sus ocupantes de piedras y saetas pero vulnerables ahora ante los nuevos cañones.

Este relleno en la liza va a generar una plataforma por la que subir la artillería al nuevo cuerpo de fusileras, pero también deja oculto el adarve o paseo de ronda primitivo y las escaleras que conducían a él, todo ello recuperado tras las obras llevadas a cabo. Desde los años 30, la fortaleza había sido invadida por los jardines que la rodeaban, originando éstos una serie de empujes sobre la barbacana, además de importantes derrumbamientos en la pared del contrafoso.

Con las obras de recuperación realizadas en los últimos años y dirigidas por el arquitecto zamorano Francisco Somoza, el Castillo ha recuperado parte de su esplendor pasado creando una atmósfera única que evoca tiempos lejanos. A través de las pasarelas de granito se accede a toda la fortaleza y desde la Torre del Homenaje se disfruta de una de las mejores vistas de la Catedral y de la ciudad de Zamora.

Finalizada la visita al castillo nos dirigimos a la Oficina de Turismo para informarnos sobre la exposición “Las edades del hombre”. En ella supimos de la oportunidad de realizar una visita guiada a la zona más monumental de la ciudad al día siguiente por el hecho de adquirir la entrada, que no dudamos en realizar.

Junto a la oficina se encuentra el Mirador del Troncoso, situado encima de las peñas de Santa Marta, desde el que se contemplan unas vistas excepcionales del río Duero y el Puente de Piedra, los barrios de la margen izquierda y diversos pueblos cercanos.

Pasear por la Rúa de los Francos y adentrarse en la plaza de San Ildefonso del casco antiguo de Zamora no sería lo mismo sin Herminio Ramos. El de la escultura es uno de los más fotografiados por los turistas, casi sin saber bien la historia que hay detrás del cronista oficial de Zamora, historiador, profesor, estudioso, investigador, autor de numerosas publicaciones, artífice de la Feria de la Cerámica y, por encima de todo, zamorano.

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