El pasado 16 de octubre de 2025, Zamora acogió la inauguración de la XXVIII edición de Las Edades del Hombre, “EsperanZa”, una exposición que reúne 85 obras maestras del arte sacro procedentes de diversas diócesis españolas y portuguesas, entre ellas piezas de El Greco, Velázquez, Goya, Zurbarán, Picasso o Baltasar Lobo. Veinte de las obras pertenecen al patrimonio de la Diócesis de Zamora, entre ellas el emblemático Cristo de las Injurias.
La exposición se desarrolla en tres sedes: la Catedral del Salvador, la iglesia de San Cipriano y el Carmen de San Isidoro, este último espacio dedicado a actividades didácticas y educativas. Por primera vez en su historia, Las Edades del Hombre se celebra de otoño a primavera, permaneciendo abiertas las puertas de la muestra hasta el 5 de abril de 2026.
El lema elegido, “EsperanZa”, con la “Z” mayúscula destacada en alusión a la ciudad anfitriona, quiere ser “una llamada a reconocer en Zamora una tierra que no se resigna, sino que mira al futuro con esperanza y fe”.
Hay conceptos que solo pueden evocarse sin palabras. El arte ha demostrado que la belleza completa eficazmente el hueco de la escritura. El pincel y la gubia, el genio y la inspiración muestran su fecundidad para descubrir nuevos sentidos a partir de una historia, la de la fe expresada en imágenes, construida y tallada por artistas que contribuyen a dar razón de las convicciones cristianas.
En consonancia al Año Jubilar convocado por el papa Francisco, la XXVIII edición de Las Edades del Hombre tamiza la esperanza a través del patrimonio, haciendo que el visitante lleve consigo una experiencia sempiterna de luz eterna.
No es azaroso que la esperanza y Zamora se den la mano. No es accidental que esta exposición se desarrolle en esta tierra hoy de nuevo quemada, despoblada y herida. Una tierra que experimenta un horizonte de incertidumbre. Es aquí, asumiendo la debilidad y la fragilidad, la vulnerabilidad y el sufrimiento, donde tiene sentido hablar de esperanza.
Los tres Momentos de la exposición (Momento Pasión, Momento Resurrección y Momento Misión) y los tres Movimientos de cada uno de ellos, junto con el Preludio de la Iglesia de San Cipriano, predisponen al visitante en una dinámica que supera todo miedo y alienta al ser humano ante las dificultades con la certeza de que Dios está y estará siempre con nosotros.
En el templo románico de San Cipriano, la exposición pone en el centro de este Preludio la cruz. La cruz está vacía porque lo es todo. La cruz vacía expresa la esperanza en que la carne herida, la llaga abierta y el mal infligido no tienen la última palabra. Por eso, en la cruz no hay nadie, para que pueda verse clavado a cualquiera. La cruz sin crucificado justo aquí, en el comienzo de la exposición, simboliza que el crucificado ha resucitado. Este es el centro de la fe y la fuente de la esperanza
Aquí se concentran ocho piezas procedentes de seis diócesis de la región que tienen como hilo conductor «los sentimientos y sensaciones» asociadas a la temática de la muestra.
La bienvenida la dan dos impresionantes alegorías, la Fe y la Esperanza, de Gregorio Fernández (Madera pintada y policromada. Iglesia parroquial de los Santos Juanes, Navas del Rey, Valladolid) que miran hacia el pasado, hacia una singular cruz patriarcal de entorno a los siglos XI y XII de San Miguel, San Esteban de Gormaz en Soria, y también hacia el futuro. Un devenir que preside la gran cruz de luz suspendida que invita a la reflexión.
Tras el madero se encuentran un óleo sobre lienzo de El Greco, Salvador, procedente del Monasterio de la Asunción de la Madre de Dios (Descalzas Reales) de Valladolid; una pieza de alabastro, Esperanza, de Gil de Siloé, procedente de la Real Cartuja de Miraflores de Burgos y una obra de Vasco de la Zarza, Santa Faz (Ecce homo), expuesto en la Catedral de Ávila.
Destaca el conjunto pétreo de la Anunciación, de principios del siglo XIV, atribuido al Maestro de la Virgen de la Calva (escultor) y Domingo Pérez (pintor), en piedra arenisca policromadada, procedente de la Colegiata de Toro que por primera vez se exhibe en público, en palabras del comisario científico de «EsperanZa», Sergio Pérez Martín.




En la segunda sede de «EsperanZa», en la seo, el recorrido de «Pasión» comienza con arte contemporáneo.
Una mirada a nuestro mundo parecería ser el mejor argumento para desistir de la esperanza. Guerras, crímenes, injusticias, enfermedades, catástrofes… ¿Por qué deberíamos seguir esperando? El sintentido se ha apoderado de nuestras gentes. Es como si lo humano hubiera dado ya todo de sí. ¿Cabe, entonces, alguna esperanza?
Un tríptico de Antonio Pedrero que refleja la vida en el campo contrasta con tres obras de Satur Vizán, unidas en una, que aluden al individualismo de la ciudad y una sociedad azotada por, entre otros problemas, la baja natalidad con alusiones a la maternidad, ejemplificada, entre otras obras, en un bronce de Baltasar Lobo.
La esperanza de la nueva vida frente al desconsuelo que transmite un impresionante tondo de Ele Pozas, efectuado este año. Ese cuadro enlaza con un lienzo de grandes dimensiones de Ángel Luis Iglesias. El primer movimiento concluye en una sala bautizada como «vacío» en alusión al sinsentido más profundo del que surgen las preguntas más existenciales a las que el discurso cristiano da respuestas.
El siguiente ámbito recorre la historia del sufrimiento por la entrega a la causa de Cristo. Pero no una historia cronológica, sino cualitativa, que culmina en el sacrificio de los sacrificios: el del propio Hijo. Santas mujeres, apóstoles, discípulos, Juan Bautista, Abraham y María conforman este trayecto de las experiencias reales de quienes esperan a pesar de que ello conlleve la entrega real y cruenta de la vida
Lo hace a través de piezas de martirios, como el de San Sebastián pintado por Zurbarán, procedente de la sacristía del convento de Nuestra Señora de Gracia de Lisboa; una cabeza de San Juan Bautista de Juan de Juni, procedente de la Iglesia de San Martín de Tours de Aldeamayor de San Martín (Valladolid) o un grupo de santas mártires (Bárbara, Lucía, Apolonia, Margarita, Catalina, Cecilia, Águeda e Inés) en madera policromada, obra de Gregorio Fernández y su taller, que se encuentra en la Real Iglesia parroquial de San Miguel y San Julián de Valladolid.
Destaca la Dolorosa de Francisco Salzillo, una pieza venida de la Iglesia Parroquial de Santiago Apóstol de Lorquí.
A continuación encontramos un interesante encuentro entre esculturas de Diego de Siloé. Dos de este autor y una tercera de Felipe Bigarny, cedidas por la Catedral de Burgos, dialogan con el Cristo de las Injurias, casi a oscuras y situado muy cerca del visitante.
Francisco Rincón (presuntamente con la colaboración de Gregorio Fernández), junto a Tomás de Prado (policromía) son los autores de la Piedad que se venera en la Iglesia penitencial de Nuestra Señora de las Angustias de Valladolid.
La pasión de Cristo está materializada en un conjunto de relieves del taller de Nottingham del siglo XV de alabastro policromado, venidos de Lugo. El calvario de bronce de Tomás Crespo Rivera precede a un yacente de Gregorio Fernández «tallado completamente», en palabras del comisario científico de la exposición, Sergio Pérez Martín.
La resurrección abre la vida a una nueva vida. Y esa patria celestial que esperamos proyecta sobre el mundo la necesidad de iluminar las sombras y ofrecer un nuevo sentido a la realidad. Lo incompleto y fragmentario de nuestro ahora apunta a un mañana en el que todo será eterno y perfecto
Bajo la denominación de «Resurrección» figura un impresionante óleo sobre tabla de Diego de la Cruz, Cristo entre dos ángeles, perteneciente al Museo-Colegiata de San Cosme y San Damián de Covarrubias (Burgos) rodeado, entre otras obras, por un óleo sobre madera de tilo de Juan de Flandes, Resurrección, que ha viajado desde la catedral de Palencia.
En este punto del discurso, Las Edades del Hombre ha integrado el coro del primer templo diocesano, que está abierto, donde se ha colocado un Resucitado que habitualmente se encuentra en una capilla de la seo, así como obras alusivas a los sacramentos, como un impresionante tríptico del bautismo de Cristo venido de la diócesis lusa de Santarém.
El tercer movimiento, «Bienaventurados seréis», reúne cuatro capiteles románicos de las diócesis de Soria y Burgos que condensan la iconografía de «cómo se entendió el paraíso en la Edad Media». Tras ellos una instalación del sepulcro vacío que invita a mantener la esperanza.
El amor es el único camino. El único antídoto contra el miedo. Porque el que ama no agota su amor en el ahora amante, sino que lo proyecta para siempre. La experiencia de los buscadores de Dios está constituida por una llamada a la confianza. No tengas miedo, resuena una y otra vez en el camino de la fe. No tengas miedo porque el Señor está contigo
El último capítulo de la exposición, «Misión», presenta tres anunciaciones: un altorrelieve de Juan de Badajoz el Viejo de la Catedral, otra de El Greco y una tercera pintada por un joven Pablo Picasso.
Estas tres creaciones ocupan la capilla de San Bernardo, mientras que en la capilla de San Ildefonso o del cardenal, donde puede contemplarse las tablas de Fernando Gallego y en las hornacinas los grupos escultóricos tallados por Juan de Montejo, se exhiben un extraordinario bronce titulado «Gran profeta» de Pablo Gargallo o un báculo de Pedro II de hacia 1300 que apareció, años atrás, al destaparse uno de los lucillos sepulcrales de la seo.
La difusión de la palabra tiene espacio en la muestra mediante esculturas de los padres de la Iglesia Latina, representados en cuatro obras de Francisco de Goya (Los cuatro Padres de la Iglesia Latina: San Agustín, San Gregorio Magno, San Ambrosio y San Jerónimo. Iglesia parroquial de San Juan Bautista. Remolinos -Zaragoza-), pintadas en plena madurez del autor, que dialogan con los doctores de la Iglesia occidental de Esteban de Rueda (Doctores de la Iglesia Occidental: San Gregorio Magno, San Ambrosio, San Jerónimo y San Agustín. Iglesia parroquial de la Asunción de Nuestra Señora. Morales del Vino -Zamora-).
«Amén» representa la recta final de la exposición y bajo este nombre figuran una pintura de Berruguete de la capilla real de Granada o una Inmaculada pintada por un joven Diego de Velázquez.
Amén es nuestra palabra para su Palabra. Amén es la verdad que habla de confianza, de abandono, de entrega. Y por eso la esperanza sólo lo es en quien, al final y cada día, nos repite venid a mí los cansados y agobiados. Nuestra esperanza está en su regazo, en su mesa. La espera culmina en la esperanza cumplida
A su vuelta, descubrimos al Cristo de la paciencia de Nicolás Salzillo o bien un gigante cuadro de Teresa Peña que culmina en el Cristo en majestad rodeado de santos del primer templo diocesano.



























































