Al día siguiente volvimos a alquilar un coche. Aquello ya era casi un ritual: mapa, indicaciones, gasolina suficiente y ganas de explorar.
Icod de los Vinos nos recibió con su Drago Milenario, símbolo de resistencia y permanencia. Contemplar aquel árbol antiguo fue como mirar hacia el futuro y preguntarnos, sin decirlo: ¿seremos capaces de crecer así, juntos, año tras año?
Divisamos Garachico desde la distancia. ubicado en el noroeste de la isla, dentro de la comarca de Icod-Daute-Isla Baja. Más de la mitad de su territorio está cubierto por pino canario, paisaje volcánico y un antiguo acantilado que separa el casco histórico de las medianías. Cuenta con un puerto deportivo junto al casco histórico, que convive con playas de callaos y arena negra y pequeños acantilados. Tras la conquista de Tenerife, Garachico se convirtió en el principal puerto pesquero y comercial de la isla hasta que una erupción volcánica lo destruyó. Esta época dorada atrajo a numerosas familias de gran influencia, lo que se vio reflejado en el trazado de sus calles y en la arquitectura de sus edificios.
Después ascendimos hacia el Parque Nacional del Teide. Es, sin duda, el lugar que más identifica a Tenerife. Fue declarado Patrimonio Mundial de la Humanidad por la Unesco en 2007 con la categoría de Bien Natural. Es también Diploma Europeo por el Consejo de Europa y forma parte de los Lugares Red Natura 2000. Y razones para recibir tales reconocimientos no le faltan. Por un lado, es la más completa muestra de vegetación de piso supramediterráneo que existe. Por otro, constituye una de las manifestaciones más espectaculares de vulcanismo en todo el mundo, y por supuesto, la más destacada de Canarias.
El Parque Nacional del Teide está situado en el centro de la isla, a una altitud media de dos mil metros, y su cima representa el pico más alto de España, con tres mil setecientos dieciocho metros. Sus cifras de récord también incluyen que es el parque nacional más visitado de España y Europa, al recibir unos tres millones de turistas al año.
Desde el punto de vista geomorfológico estamos ante una maravilla de la naturaleza. La estructura de la caldera y el estratovolcán Teide-Pico-Viejo son únicos en el planeta. Aunque no queda ahí su valor. Los cientos de conos, coladas o cuevas con las que cuenta enriquecen su interés científico y paisajístico. A ello se añaden su riqueza de fauna y flora, con una gran cantidad de endemismos canarios y especies exclusivas del parque.
El parque se creó en 1954 en reconocimiento a su singularidad volcánica y biológica. Su extensión es de casi diecinueve mil hectáreas, lo que lo convierte en el mayor y más antiguo de entre todos los parques nacionales de las Islas Canarias. Cuenta con una Zona Periférica de Protección, y está rodeado del Parque Natural de la Corona Forestal, que con cerca de cuarenta y siete mil hectáreas de extensión, es el espacio natural protegido de mayor extensión de toda la Comunidad Autónoma de Canarias.
La subida era un viaje hacia otro planeta. La vegetación cambiaba, el aire se volvía más fino, el paisaje más desnudo. El Teide no se impone con estridencia; se impone con presencia. Allí arriba, el mundo parecía pequeño. Las preocupaciones, mínimas. Desde aquella altura comprendimos que la perspectiva lo cambia todo. Quizá el matrimonio necesite eso: saber elevarse para relativizar los conflictos pequeños. Nos hicimos fotografías que, con los años, se convertirían en cápsulas de tiempo. Dos jóvenes con más ilusión que certezas, abrazados frente a una montaña volcánica que parecía eterna.
El Roque Cinchado es una de las formaciones rocosas más emblemáticas del Parque Nacional. Elevándose en un paisaje volcánico dominado por colores terrosos y cielos despejados en la zona del Roque, esta estructura natural destaca por su silueta vertical y su estrechamiento central, que parece desafiar toda lógica física. Su forma única, esculpida por siglos de erosión y actividad volcánica, lo ha convertido en un símbolo visual de la isla y en una parada imprescindible para quienes exploran la caldera de Las Cañadas.
Está situado a unos dos mil cien metros de altitud, en la zona conocida como los Roques de García, un conjunto de formaciones rocosas que bordean la caldera de Las Cañadas. Más allá de su valor geológico, el Roque Cinchado ha adquirido un significado especial dentro del imaginario turístico de Canarias. Su imagen se ha convertido en un icono natural de Tenerife, siendo protagonista en infinidad de postales, folletos y publicaciones, e incluso la presencia de su imagen en los antiguos billetes de mil pesetas. Su presencia aporta carácter y personalidad al ya imponente paisaje volcánico del Teide.
Una de la experiencias más excitantes que te aguardan en el Parque Nacional es la de subirte al teleférico. La estación base está a dos mil trescientos cincuenta y seis metros de altitud y la estación superior a tres mil quinientos cincuenta y cinco metros. El tránsito entre estaciones dura unos ocho minutos y la sensación es electrizante. Habrá que volver para subir, pues las condiciones meteorológicas de aquel día lo impidieron por la elevada velocidad del viento en la cima.
Bajamos a comer a Arona, a la conocida playa de Los Cristianos. Esta playa ya acogía en los años 60 a los primeros turistas llegados al sur de Tenerife en busca de sol y descanso. Con 400 metros de longitud y arena rubia, es de aguas muy tranquilas, ya que está protegida por el Puerto de Los Cristianos. En este puerto operan las navieras Fred Olsen y Armas, que hacen conexiones con la isla de La Palma, La Gomera y El Hierro.
El pueblo de Los Cristianos es de tradición pesquera y gente sencilla, mucha de la cual está relacionada con el mundo de la pesca, es muy habitual ver desde la playa la llegada de barcos de pesca con sus capturas, así mismo también es muy normal ver a la escuela de vela o los centros de buceo practicando sendos deportes acuáticos.
Los Cristianos nos mostró la cara más turística del sur. Más sol, más bullicio, más actividad. Más dulce también. Fue un contraste interesante. Aprendimos que una isla, como una relación, tiene múltiples rostros.
El Jardín de Aclimatación de La Orotava cerró el día con serenidad botánica. Se creó por Real Orden del Rey Carlos III de 17 de Agosto de 1788, como consecuencia de la necesidad de cultivar especies procedentes de los trópicos en un lugar del territorio español.
Las gestiones realizadas por D. Alonso de Nava y Grimón, tuvieron importancia tanto para las decisiones relativas a su creación como para la consolidación y desarrollo del Jardín en su primera etapa.
En el año 1790 se redactó el proyecto y memoria justificativa, se inician las obras siguiendo los planos del arquitecto lagunero Nicolás Eduardo, y es en 1792 cuando comienzan las nuevas plantaciones. Plantas exóticas, sombras frescas, caminos tranquilos.
Pasear allí fue casi un descanso emocional. Un respiro antes de regresar al hotel.









































