Andorra, Ordesa, Monasterio de Piedra 1990 (1)

Hay viajes que se recuerdan por los lugares. Y hay otros que se recuerdan por lo que uno empezó a entender en ellos. Julio de 1990 fue de los segundos.

En 1989 nos quedamos a medio camino de Andorra. No fue un fracaso, pero sí una historia incompleta. Y las historias incompletas, cuando se comparten, se convierten en promesas.

El 12 de julio de 1990 salimos de Alcantarilla decididos a cerrar aquel paréntesis. El viaje fue largo, pero llevaba esa energía limpia de las cuentas pendientes.

Al llegar a Andorra la Vella sentimos algo muy sencillo: satisfacción. La encantadora capital del Principado de Andorra, es mucho más que un paraíso para las compras. Ubicada en el corazón de los majestuosos Pirineos, esta ciudad ofrece una combinación perfecta de historia, cultura, bienestar y aventura.

Andorra la Vella es conocida por ser un paraíso de las compras, y el Shopping Mile es el lugar perfecto para los amantes de las compras que buscan gangas y productos exclusivos. Esta extensa zona comercial ofrece una gran variedad de tiendas, desde boutiques de lujo hasta tiendas libres de impuestos de marcas internacionales, donde puedes aprovechar al máximo el ahorro. Entre los productos más populares que puedes encontrar en las tiendas de Andorra se encuentran la moda de diseñador, los productos electrónicos, los productos locales y las joyas. Las tiendas libres de impuestos hacen que estos artículos sean especialmente atractivos para los visitantes debido al bajo IVA.

Al día siguiente paseamos por sus calles comerciales con la serenidad de quien no tiene prisa. En alguna del sinfín de tiendas boutique que encontramos a lo largo de la Avenida Meritxell compramos nuestra primera cámara fotográfica, como si intuyéramos que aquel viaje merecía ser conservado, unas gafas de sol Police para May por su cercana onomástica, una tienda de campaña que sería nuestro hogar provisional y un par de muñecos de Garfield que acompañarían al que ya viajaba con nosotros en el Volkswagen Polo.

No eran simples compras. Eran símbolos. Estábamos construyendo recuerdos incluso antes de vivirlos.

Los 256 kilómetros hasta Torla atravesando Sort, La Pobla de Segur, El Pont de Suert, Aínsa y Boltaña nos prepararon sin saberlo para el cambio de paisaje y de escala.

Varias paradas en el camino para disfrutar de nuestra recién adquirida cámara hicieron que llegáramos de noche al Camping Ordesa.

Montamos la tienda con entusiasmo y cierta torpeza. Era nueva. Nosotros también lo éramos en aquello.

Y entonces llegó la tormenta. El viento tensaba la lona como si quisiera arrancarla. Los relámpagos iluminaban por segundos la silueta del valle. El sonido de la lluvia golpeando el tejido era continuo, casi rítmico.

Pero dentro había calma. Aprendimos algo esa noche: no importa tanto que la tormenta exista, sino cómo se tensan las cuerdas. Aquella tienda resistió. Y nosotros también.

Esta entrada fue publicada en 1990, Andorra, Ordesa, Monasterio de Piedra, Viajes, Viajes por España y etiquetada , , , . Guarda el enlace permanente.

Deja un comentario

Este sitio utiliza Akismet para reducir el spam. Conoce cómo se procesan los datos de tus comentarios.