Volver a los Pirineos en el verano de 1991 fue como abrir un libro que ya habíamos empezado a leer un año antes. May y yo emprendimos el camino desde Alcantarilla con la ilusión intacta y con un aliado que, aunque no lo sabíamos entonces, iba a darnos más de un quebradero de cabeza: nuestro Ford Escort.
La ruta hacia el norte fue larga pero animada. El paisaje iba cambiando con nosotros: de las llanuras cálidas del sur a los verdes intensos que anuncian la proximidad de las montañas. Sin embargo, ya en carretera sentimos que el coche no iba fino. Nada grave, pensamos. Un ruido extraño por aquí, un tirón por allá… cosas que cualquiera atribuye a “ya se le pasará”. Pero no se le pasaría.
Aun así, llegar a las inmediaciones del Valle de Ordesa fue reconfortante. Aquellas paredes gigantescas, los bosques húmedos y el aire frío de la montaña nos devolvieron las ganas de caminata. Habíamos vuelto a las montañas que nos habían cautivado en 1990, y eso era todo lo que importaba en ese momento.
El segundo día nos regaló una de esas jornadas que quedan grabadas para siempre. La Ruta de la Cola de Caballo, en el Parque Nacional de Ordesa y Monte Perdido, es un clásico para cualquier amante del Pirineo: larga, exigente, pero tremendamente hermosa.
Una vez aparcado el coche, comenzamos a caminar desde la pradera de Ordesa hacia la Cola de Caballo. La ruta está muy bien señalizada en todo momento.
A medida que vamos ganando altura y el bosque va ganando protagonismo. El primer punto destacado de la ruta es el mirador de la Cascada de Arripas, el primero de los saltos de agua de las conocidas como cascadas de Ordesa.
Seguimos hasta encontrarnos con el siguiente desvío. Nos desviamos a la derecha hacia las dos cascadas que se indican. Ambas son espectaculares y por este camino podremos llegar a los mejores miradores para observarlas de cerca. La primera de ellas es la cascada de la Cueva. La segunda y más espectacular, la cascada del Estrecho.
Retrocedimos para tomar el camino hacia las gradas de Soaso y la Cola de Caballo. Continuamos subiendo de manera progresiva, poco a poco iremos dejando el bosque atrás hasta llegar a cielo abierto y caminar en paralelo al cauce del río Arazas.
Tras subir una especie de escaleras, llegamos a las Gradas de Soaso, otro de los puntos más bonitos de esta excursión. El cauce del río Arazas presenta varios saltos de agua.
Estamos ya llegando al Circo de Soaso, lugar en el que se encuentra la Cola de Caballo de Ordesa.
El camino en esta parte del valle todavía no estaba arreglado y avanzábamos intentando evitar, en la medida de lo posible, la erosión del suelo.
Disfrutamos caminando hasta el fondo del valle deleitándonos con las vistas a Monte Perdido, una cima mítica del Pirineo.
Llegamos a la Cola de Caballo de Ordesa, uno de los saltos de agua, de cincuenta y cuatro metros, más impresionantes en los que hemos estado, sobre todo durante la época del deshielo.







































