Sendero de las Trincheras del Valle Perdido (SL-MU 29)

Los restos de construcciones antiguas forman parte de un amplio y cada vez más reconocido patrimonio etnográfico. En el caso de las trincheras de El Valle, se trata de uno de los menos conocidos de nuestra historia reciente, aunque como se puede comprobar a través de este sendero, es de los más abundantes.

En los seis kilómetros de este sendero podemos encontrar varias trincheras y refugios subterráneos construidos entre 1937 y 1939, parte del sistema defensivo terrestre de la base naval de Cartagena. Todas ellas unidas a las cuencas de las diferentes ramblas constituían todo un entramado de comunicación y defensa durante la Guerra Civil española.

Una vez dejado el coche en el paraje de El Valle Perdido avanzamos por un camino de tierra muy bien marcado y delimitado que nos lleva hasta la entrada que da acceso a la rambla del Valle. Una vez en la rambla, seguimos una cómoda pista forestal que discurre inicialmente en dirección norte hasta llegar a la trinchera número 1, cuyo interior recorremos.

Al final de la misma, veremos una pequeña senda que con cierta pendiente ascendente, nos llevará a la trinchera número 2, nido de dos ametralladoras ligeras. La subida y bajada se realiza por la misma senda, ya que es una derivación del sendero SL-MU29. Tiene una forma de triángulo truncado e invertido.

Siguiendo las marcas de sendero local llegamos a una nueva rambla.

En sus cercanías encontramos un conjunto de tres yeseras

Continuamos el recorrido con un suave ascenso hasta la parta alta de una pequeña loma para continuar siguiendo una estrecha senda que discurre en dirección casi sur. Un recorrido de 130 m. con una suave pendiente ascendente nos lleva a la trinchera número 3, en perfecto estado de conservación.

El camino nos lleva ahora al primer refugio subterráneo o abrigo. Servía como lugar de protección ante un hipotético ataque aéreo.

Tras ascender nuevamente hasta la parte alta de la loma, continuamos por una senda en dirección sur hasta llegar a la trinchera número 4 y, poco más tarde, a la 5.

Un corto pero intenso ascenso nos permite alcanzar la senda de las Columnas. El sendero nos lleva ahora al aparcamiento del Centro de Interpretación Ecuestre del Valle, Cntinuamos el descenso hacia los viveros municipales para girar más tarde a la izquierda y continuar por una pista forestal de fuerte pendiente que nos lleva a lo más alto de un cerro.

Un breve pero delicado descenso nos conduce a un mirador con unas espectaculares vistas de todo el entorno del Valle Perdido, así como de La Alberca, El Palmar, Murcia y su huerta, las sierras de Carrascoy, la Muela, Espuña, Ricote, La Pila, de Orihuela, de Redován y el Miravete.

A partir de ahora el recorrido continua descendiendo hacia al área recreativa del Valle Perdido en dirección prácticamente norte, para pasar por la parte trasera del frontón y seguir una corta y casi llana senda que discurre a media ladera de un pequeño cerro.

Más tarde, seguimos bajando por el camino hacia la Cañada Real de Torreagüera para ver la entrada a una pequeña cavidad excavada en la roca con dos espacios habitacionales.

La trinchera número 9 es una de las más largas (tiene una longitud aproximada de 70 m) y está compuesta por tramos en forma de “Z” y de “L”. Además, dispone de dos grecas y dos desagües, uno de ellos en su centro y otro en el extremo de la trinchera.

A lo largo de ella podemos observar algunos tramos del escalón del tirador y se intuye la pendiente descendente hacía una rambla contigua, para desaguar de la trinchera en caso de lluvia.

Finalmente, nos introducimos en una nueva trinchera que nos lleva, finalmente, al campo de futbol del área recreativa del Valle Perdido.

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Priego de Córdoba 2021 (y 5)

Volvimos a comer en el restaurante del hotel, tan bien como el día anterior. Tras la comida, tocaba realizar algunas compras y pasear por las muy concurridas calles de Priego de Córdoba en busca de nuevos lugares y de otros visitados la tarde anterior ya sin luz.

Anocheció pronto, lo que nos permitió contemplar la Plaza del Ayuntamiento en todo su esplendor navideño. Tampoco faltó la visita a la Feria de Artesanía allí ubicada, que nos permitió comprar ese aceite sin filtrar que no adquirimos en Moclín un día antes.

La fría temperatura invitaba a tomar algo y refugiarse en el hotel. Además, las previsiones meteorológicas daban lluvia a partir de las primeras horas de la noche.

Y llovió. Dado que habíamos adelantado la visita a Alcalá la Real, tan solo nos quedaba el viaje de vuelta, esperando poder pasar el Puerto de la Mora sin mayor incidencia, como así hicimos. Al llegar a la altura de Guadix, y viendo que el tiempo se aguantaba, decidimos realizar una breve visita a esta localidad granadina.

De camino a la catedral pasamos por el teatro romano, descubierto en 2008 de forma fortuita. Construido en el año 25, bajo el mandato de Tiberio, este espectacular teatro, centro de esparcimiento y ocio, se utilizó hasta el año 300. Tiene 6.000 metros cuadrados y dos partes (terrazas), la scaneae y orchestra en la parte superior y los jardines o porticus en la inferior. El teatro fue expoliado en la época andalusí, aunque, al quedar cubierto de lodo por una inundación, se salvó gran parte del mismo.

El monumento y la «foto» más reconocible de la ciudad de Guadix es una de las catedrales más originales de Andalucía.

Su construcción se llevó a cabo entre los S. XVI y XVIII, lo que hace que podamos observar diferentes estilos arquitectónicos: Gótico, Renacentista, Manierismo, Barroco y Neoclásico.

La Catedral, cuyas obras comenzaron en 1492, está construida sobre y entre una antigua Mezquita Mayor (pues aprovechó gran parte de ésta) que, a su vez estaba construida sobre una todavía más antigua Iglesia hispano-visigoda que está considerada como la primera diócesis fundada en la Península Ibérica.

Su planta consta de 3 naves separadas por pilares con preciosas bóvedas de crucería y una capilla mayor con cúpula.

Construida entre los S. XVI y XVII, la Plaza de las Palomas o de la Constitución, es uno de esos puntos de encuentro de siempre de los accitanos. Tiene un diseño de plaza castellana, rodeada de arcos porticados. En la zona norte de la Plaza, la más antigua, se han encontrado restos de una muralla medieval, de viviendas romanas, y hornos alfareros de época íbera.

Antes de retomar el camino de regreso localizamos la alcabaza. Cconstruida en el S. XI, era un edificio defensivo. Fue parcialmente destruida tras la Reconquista, pero se restauró más tarde.

Nos tuvimos que conformar con dar un paseo por los exteriores y dejanros llevar por los barrios de estrechas calles cercanos, todos con buenos ejemplos de casas moriscas.

Llegamos a Alcantarilla a buena hora para comer. Finalizaba así un «viaje relámpago» diseñado y compartido con la «chica del coro» más maravillosa.

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Priego de Córdoba 2021 (4)

Tras la visita a la Fortaleza de la Mota había tiempo para recorrer las calles de Alcalá la Real y visitar su centro histórico.

De camino al Palacio Abacial, sede del Museo Arqueológico, visitamos la Domus Herculana, una villa romana datada del siglo I al siglo V dc. Este enclave de época alto imperial sufriría, al menos, dos importantes momentos de destrucción.

El primero, a finales de la segunda mitad del siglo III dc (260-269), causado por un importante incendio. El otro, en el siglo IV, después de la época del emperador Constantito I. Tras esta segunda destrucción no hay indicios de nuevos poblamientos.

El actual Palacio Abacial es una reedificación llevada a cabo en 1791 por el abad Don Esteban Lorenzo de Mendoza y Tatica. Desde el punto de vista arquitectónico, este palacio se adscribe más a la tendencia barroca que a las normativas arquitectónicas neoclásicas.

En el interior destaca el patio, con un claustro de tres cuerpos, dos de los cuales forman unas galerías abiertas por unas arcadas que apoyan en doce columnas toscanas superpuestas.

Actualmente es la sede del Museo Arqueológico, y permite conocer de forma innovadora el patrimonio y los vestigios de Alcalá la Real, ofreciéndonos una visión global para conocer las singularidades y atractivos de la ciudad y su entorno.

En la Calle Utrilla contemplamos la Casa Solariega Fernández de Moya, del siglo XVIII. De estilo neoclásico, en la fachada se puede encontrar grabada la fecha de su terminación (1752). Es sobria y moldurada, con almohadillado en sus vanos laterales. Presenta un balcón central con un frontón partido.

Antes de volver al coche subimos una cuesta para llegar hasta una pequeña ermita, realizada en el siglo XVI, que alberga en su interior la imagen de un Ecce-Homo.

Este enclave se configura como uno de los mejores ejemplos de religiosidad popular, raigambre y tradiciones, tan presentes en el día a día de los pueblos y ciudades de Andalucía.

De vuelta a Priego de Córdoba visitamos la villa romana «El Ruedo», en Almedinilla, que se situó dentro de la provincia ulterior, y después de la reforma administrativa del emperador Augusto (63 a.C.- 14 d.C.) en la provincia Bética, con capital en Corduba. Su función principal fue la actividad económica de explotación agropecuaria, en relación posiblemente con un latifundio (latifundia), propiedad de un dominus o señor, trabajado por siervos y esclavos.

El emplazamiento de la Villa sigue las indicaciones de los agrónomos romanos, como Barron o Columela, que aconsejan la ubicación de las explotaciones agrarias en lugares soleados, aireados, cerca de ríos, con abundante agua y próximos a vías de comunicación.

En la Villa se cultivaba la triada mediterránea: vid, olivo y cereales y prueba de ello es el campo de silos, para almacenar el grano, las alberquillas para decantar aceite, y los lagares para el vino, encontrados durante las excavaciones arqueológicas.

El cultivo de los huertos, a partir del regadío de acequias y albercas también fue una actividad importante de El Ruedo, conjuntamente con la ganadería, los alfares para la elaboración de cerámicas y materiales de construcción (ladrillos y tejas), y el trabajo del metal.El bosque mediterráneo, con un carácter sagrado, debió ser muy abundante y utilizado para obtener madera, recursos cinegéticos, frutos silvestres y plantas medicinales. Algunos historiadores especulan con la posibilidad de que El Ruedo hubiese sido un santuario del sueño.

Como resultado de las excavaciones arqueológicas realizadas, se han documentado cuatro fases constructivas que evidencian la larga ocupación del lugar. La I fase, datada en la primera mitad del siglo I, representa un establecimiento de marcado carácter agrícola. Se estructura ya en torno a un patio y los muros son de escasa calidad, compuestos de piedras irregulares trabadas con argamasa de barro.

La Fase II abarca el siglo II. De este momento son el peristilo, con su galería apoyada sobre columnas, gran parte de los espacios delimitados, y las construcciones de carácter industrial o agrícolas situadas al este.

A la Fase III, datada a finales del siglo III o comienzos del siglo IV que alcanza el V, corresponden una serie de transformaciones de la planta anterior que darán a la Villa su momento de mayor esplendor. A esta etapa corresponden la reestructuración del peristilo y la construcción del ninfeo y del stibadium, el hipocaustum y el posible praefurnium, las modificaciones de la cisterna y la decoración musivaria y pictórica de todas las habitaciones que abren al patio, en los sectores central y occidental de la Villa.

La Fase IV, datada a mediados del siglo V, corresponde a un grupo de piletas y canalizaciones realizadas en el sector oriental de la Villa, el horno de pan, el hogar y el posible horno metalúrgico.

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Priego de Córdoba 2021 (3)

La tarde anterior había sido tan productiva que poco nos quedaba de ver de Priego de Córdoba. Y dado que las previsiones meteorológicas no eran muy halagüeñas para el miércoles, decidimos adelantar la vista a Alcalá la Real.

Así que, tras el desayuno, pusimos rumbo a esta preciosa localidad situada en el extremo suroccidental de la provincia de Jaén y enclavada en las Sierras Subbéticas Orientales, con una posición privilegiada de transición entre las provincias de Jaén, Córdoba y Granada.

Nuestro primer y principal objetivo era la Fortaleza de la Mota. Desde el cerro que le da nombre, la «montaña de Andalucía» (como se la llamó en tiempos de los Reyes Católicos), hay una amplia perspectiva sobre territorio granadino y no es de extrañar el esfuerzo tanto del reino nazarí para mantener esta avanzada posición estratégica como el intento permanente de su conquista por parte de los reyes castellanos para debilitar el poder árabe de Granada.

En esta magnífica fortaleza, apoyada por un cinturón de atalayas distribuidas por el territorio, se ubicó no sólo uno de los más complejos sistemas defensivos de Al-Andalus, sino también una modélica ciudad musulmana con alcazaba, zona residencial y área comercial, completada con un recinto exterior.

El complejo militar fue tempranamente levantado por los clanes árabes de los Banu Yahsub y los Banu Sa’id que, desde el siglo VIII, se instalaron en esta ciudad manteniendo tensas relaciones con Castillo de Locubín que estaba bajo influencia del reyezuelo árabe de Baeza. En la alta Edad Media fue nombrada como Qal’at Astalir y Qal’at Yahsub, sin embargo al alterarse la hegemonía del clan dominante, cambió su nombre por el de Qal’at Banu Sa’id, recogido en las crónicas cristianas como Alcalá Benzayde.

El dominio de los Said, protectores de poetas, literatos, geógrafos e historiadores, fue particularmente brillante en la historia de Alcalá. Así, el poeta Hiyari fue el iniciador de una de las obras cumbres de la historia, la geografía y la literatura de al-Andalus, “el Magrib”, que formaba parte de una obra más amplia, el Libros de la Esfera de la Literatura.

La Mota era el último gran baluarte defensivo antes de acceder a Granada, desde Jaén y Córdoba, por lo que su conquista no fue fácil para Castilla. En 1213, por primera vez, Alfonso VIII la tomó a los almohades. Tras la conquista cristiana de principios del siglo XIII, la preciada fortaleza de la Mota, volvió a caer en poder árabe hasta que, en 1341 definitivamente la hizo capitular Alfonso XI.

Alfonso XI mandó arrasar la mezquita mayor y levantar en su solar la primera iglesia Abacial, de estilo gótico-mudéjar, con territorio independiente y patronato regio, aconsejado por el arzobispo de Toledo, don Gil de Albornoz. Juan II la ascendió de villa al rango de ciudad y Enrique IV, agradeciéndole los servicios prestados cuando se rebeló la nobleza, le concedió el título de «muy noble y leal ciudad». En vísperas de la conquista de Granada, los Reyes Católicos declararon a Alcalá la Real «ciudad muy noble y muy leal, llave, guardia y defendimiento de los Reyes de Castilla».

Si bien desde el punto de vista cultural, la alcazaba alcanzó su mayor esplendor en el siglo XIII, coincidiendo con el período nazarí, su importancia política y militar se incrementó en la época final de la reconquista, en la segunda mitad del siglo XV, especialmente en los doce años que duró la guerra de los Reyes Católicos para tomar Granada en la que, en numerosas ocasiones, don Fernando y doña Isabel pernoctaron en Alcalá la Real e incluso nombraron alcaide de la ciudad a su capitán general, el conde de Tendilla. En el siglo XVI, se construiría parte de la nueva y emblemática iglesia Mayor y frente a la portada principal de la iglesia el primer palacio abacial.

El declive del complejo urbano de la Mota se inició en el siglo XVIII, con la puesta en marcha de un programa de urbanización y repoblación de los llanos de Alcalá la Real, acompañado de la construcción de conventos, iglesias, servicios y centros comerciales que precipitaron el despoblamiento del viejo recinto medieval. La ruina se precipitó en 1812 cuando las tropas de ocupación napoleónicas incendiaron el conjunto en su retirada. En 1931 la Mota, con su fortaleza y la iglesia abacial, fue declarada Monumento Nacional y, en 1967, Alcalá la Real fue declarada Conjunto Histórico Artístico.

El conjunto data de la segunda mitad del siglo XIII y es obra nazarí, aunque aprovechó fortificaciones anteriores. Alcalá la Real, en la Edad Media, se vertebraba en tres recintos fortificados típicos de la ciudad musulmana, la alcazaba que corona el cerro donde se ubicaba la ciudad, el alcázar y un recinto exterior que abraza el resto del caserío.

En el lugar más elevado de la Mota se encuentra la alcazaba donde se concentraban los elementos más significativos de la estructura defensiva dando lugar a una zona estrictamente militar. La torre del Homenaje, el auténtico bastión del recinto militar, tiene forma prismática con una altura de veinte metros y un solo piso rematado por almenas, mientras en su parte baja acogió un aljibe. Su origen es árabe y se remonta a las épocas califal y almohade. Su entrada se realiza a través de un pasadizo abovedado en acodo, en el que el ladrillo alterna con la mampostería y la sillería, por un majestuoso acceso formado con arcos de herradura dobles, con forma apuntada los superiores.

El recinto triangular del alcázar está integrado por un patio de armas conformado en cada uno de sus ángulos por la torre Mocha, la torre de la Vela y la torre del Homenaje, y también disponía de un aljibe. En el lado noroeste, junto a la torre Mocha, aunque en un lugar más bajo, se encuentra la torre del Pozo que garantizaba el agua por una mina subterránea.

La torre de la Vela, situada en la cota más elevada de la fortaleza aunque de dimensiones más reducidas que las de la torre del Homenaje, a la que le une un corredor con parapeto que discurre por el lienzo de murallas, debe su nombre a que en ella, una vez conquistada por los cristianos, se instaló una campana para avisar del peligro de incursiones enemigas. Actualmente su interior se ha habilitado como museo arqueológico y dispone de una colección numismática.

La fortaleza de la Mota se reforzó a intervalos por torreones de mampostería circulares y cuadrados y conserva en algunos tramos el camino de ronda. Torres como las del Homenaje, de la Cárcel y de la Vela, cuentan con estancias rectangulares, cubiertas por magníficas bóvedas esquifadas y de paños sobre trompas.

A la alcazaba se accedía por la torre-puerta de la Imagen, que debe su nombre a que presenta una hornacina donde estuvo la imagen de Santa María. Dispone de entrada en acodo y un arco ojival, impresionante por sus proporciones. La puerta del Peso de la Harina, situada bajo la torre del Gabán, con arco de herradura apuntado, garantizaba el acceso al recinto militar en su parte más elevada.

La fortaleza militar acoge, en el lado sudeste, un bello edificio, la iglesia Mayor Abacial, construida entre la primera mitad del siglo XVI y el primer tercio del siglo XVII, en la que se dan cita cánones estilísticos que van desde el plateresco de los pies del templo, hasta el manierismo del cuerpo de la iglesia y de la portada, pasando por el clasicismo renacentista de la cabecera.

En una de las zonas más elevadas, en el extremo norte, se encuentran cuevas naturales que fueron utilizadas como almacenes, bodegas y lagares, no sólo por los árabes y cristianos, sino también en épocas anteriores ibéricas y romanas, e incluso, a través de una de estas cuevas, se abre un pasadizo que comunica con la torre del Homenaje.

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Priego de Córdoba 2021 (2)

Continuamos este relato diciendo que este viaje lo ha diseñado mi compañera inseparable de vida y aventuras que, como en otras ocasiones, me ha sorprendido buscando un poco conocido lugar de belleza sin par.

También a ella debemos la elección del Hotel-Museo Patria Chica, donde nos hemos trasladado al pasado, descubriendo un momento cultural irrepetible de la localidad de Priego de Córdoba, a través de un bello edificio de la época, que respeta y recupera los elementos arquitectónicos y decorativos originales del inmueble. Sin duda, un viaje por la historia, la cultura y las costumbres de la España rural de principios del Siglo XX.

Tras la ruta del Gollizno, llegamos a Priego de Córdoba a la hora de comer, y qué mejor elección que hacerlo en el restaurante del hotel.

Junto al fuego, un surtido de croquetas caseras, unas alcachofas al horno con jamón y una presa ibérica consiguieron que repusiéramos todas las fuerzas perdidas en la caminata de Moclín. Todas y algunas más, con el punto final de una croquetas de Ferrero de postre acompañando a los cafés.

Ya instalados comenzamos nuestra visita a la localidad. La plaza del Ayuntamiento, centro neurálgico de la ciudad, es el inicio de la ruta por el conjunto histórico-monumental.

A pocos pasos, en la Plaza del Abad Palomino, se encuentra el Castillo de Priego de Córdoba, una antigua fortaleza islámica remodelada en los siglos XII y XIV.

De carácter esencialmente militar, es austero, se encuentra acordonado por un perímetro amurallado, está flanqueado por torreones cuadrangulares y una torre cilíndrica. Esta fortificación ha sido declarada Monumento Nacional. Fue donado a la ciudad, en su mayor parte, por los descendientes de Víctor Rubio Chávarri, en 1996.

La Torre del Homenaje, también llamada Torre Gorda, está datada en la segunda mitad del siglo XIII y se declaró Monumento Histórico Artístico Nacional en 1943. Tiene una altura de 30 metros, de planta cuadrada, consta de tres plantas, cubiertas con bóvedas de cañón, la inferior al principio se usó como aljibe, la de en medio, como almacén y la planta superior de residencia. Desde su terraza se pueden obtener vistas panorámicas del pueblo.

Al salir nos dirigimos a las Carnicerías Reales, edificadas por el concejo de la villa de Priego entre 1576 y 1579. En el pasado fue un matadero y mercado de carne. Su portada, de estilo manierista, fue trazada por Francisco del Castillo. El inmueble es de planta cuadrada y cuenta con un patio central con galerías de arcos de medio punto sobre columnas de piedra y torres en sus ángulos.

Posee una escalera de piedra, en espiral, que comunica con el nivel inferior, abovedado, donde estuvo el matadero y el lugar de despiece del ganado sacrificado.

Retrocedimos sobre nuestros pasos para visitar la Iglesia de Nuestra Señora de la Asunción, comenzada a edificar en el siglo XVI, en el año 1525 a instancias de la marquesa de Priego. Es un templo de estilo gótico mudéjar, de tres naves con arcos apuntalados sobre pilares octagonales, acabado por una cubierta mudéjar. La puerta de Santa Ana, es de estilo plateresco, se le atribuye a Martín de Bolívar.

En el siglo XVII se le construyen al templo numerosas capillas laterales. Además de la sacristía, destaca el sagrario, de planta rectangular. Es de estilo barroco español, realizado por Francisco Javier Pedrajas entre 1772 y 1784. Desde el año 1932 está catalogado como Monumento Nacional.

El Barrio de la Villa y el Balcón del Adarve constituyen el núcleo de población originario de Priego de Córdoba. Este antiguo núcleo urbano de origen musulmán muestra su etapa medieval y musulmana.

Cuenta con calles estrechas, y sinuosas, empinadas, como sí de un laberinto se tratase, que ascienden hasta el Paseo del Adarve.

Caía la noche, pero la agradable tarde, no muy fría, incitaba a continuar paseando por las calles de Priego. Tras contemplar el pórtico de la Iglesia de Nuestra Señora de la Aurora llegamos a la Iglesia de San Francisco, edificada en el siglo XVI.

Comenzada a construir en 1510-1512 por merced de Pedro Fernández de Córdoba (primer marqués de Priego) bajo la advocación de San Esteban, el templo no quedó finalizado hasta el año 1548, de estilo gótico tardío o mudéjar.

Más tarde fue remodelado en el siglo XVIII, en estilo barroco, bajo la dirección primero de Jerónimo Sánchez de Rueda y después de Juan de Dios Santaella. Actualmente solo queda la plantas del salón de la iglesia original, El retablo mayor fue terminado en 1781, obra de Juan de Dios Santaella.

La Iglesia del Carmen estuvo dedicada en un principio a San José. Representa una obra de transición del barroco al neoclásico, aunque en el siglo XVIII se reedifica en estilo barroco, trazado por Remigio del Mármol. Edificada en una sola nave con crucero insinuado, la cubierta presenta tres tramos de bóvedas de cañón y sobre el crucero una cúpula sobre pechinas sobre las que se despliegan cuatro ventanas.

El retablo mayor es obra de Juan de Dios Santaella. La portada es plenamente neoclásica, tiene dos cuerpos, el primero contiene columnas dóricas y el segundo con corintias enmarcando un relieve de la Virgen del Carmen.

Todavía teníamos tiempo (y ganas) de contemplar la Fuente del Rey. Esta singular fuente ha sufrido diferentes transformaciones desde el siglo XVI hasta su finalización en 1803, diseñada en estilo barroco por Remigio del Mármol.

Tiene ciento treinta y nueve surtidores, muchos de estos con macarrones de piedra, mostrando rostros fantasmagóricos. La estructura está dividida en tres gradas de diferente nivel, mostrando una simbiosis de agua y mitología.

Junto a ella se encuentra la Fuente de la Salud, levantada en el siglo XVI por Francisco del Castillo el Mozo. En su construcción también intervino el cantero local González Bailén. De estilo manierista, en su centro hay una hornacina con la imagen de la Virgen de la Cabeza. Según cuenta la leyenda, fue en este lugar donde Alfonso XI plantó su campamento.

Seguimos paseando por las calles de Priego hasta bien avanzada la tarde, tomando algo para cenar antes de volver al hotel después de un intenso día.




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Priego de Córdoba 2021 (1). Ruta del Gollizno

No ha sido fácil salir un par de días coincidiendo con el puente de diciembre. A las circunstancias habituales, ya de por sí dignas de ser tenidas en cuenta, se han unido otras en forma de vehículo y demás. Puestos en ruta hacia la localidad cordobesa de Priego de Córdoba, Moclín era el primer destino para disfrutar ya de la habitual ruta senderista.

La ruta del Gollizno es un paseo circular por la historia de la población de Moclín, desde sus cuevas con pinturas rupestres hasta su castillo y murallas.

Tras dejar el coche y tomar un café partimos desde la calle Real, descendiendo por la calle Esperanza hasta el final del pueblo. Una empinada vereda, a través de la sierra y pinares, nos llevaría hasta la localidad de Olivares. 

A lo largo de unos tres kilómetros nos encontraremos, para empezar, unas maravilosas vistas de Sierra Nevada, que en esta época del año hace honor a su nombre.

También la ermita de las Angustias, junto a varias y amplias zonas recreativas donde descansar.

Tras este primer tramo de continua bajada, y tras pasar por debajo de una casa con una construcción muy particular, comenzamos el sendero del Gollizno que nos va a llevar hasta el cauce del río Velillos.

Nos encontramos varios paneles informativos que nos cuentan las particularidades de la flora y fauna de este singular paraje. En cuanto a la flora, debido a la climatología de la zona, nos vamos a encontrar una gran variedad de ecosistemas, entre los que destaca el Bosque Mediterráneo. Abundan los olivos, almendros y encinas. En lo márgenes del río podemos ver álamos, chopos sauces, fresnos, y en las zonas más escarpadas abundan los dientes de gato, hiedras y culantrillo de pozo.

Pronto llegamos hasta un puente que tendremos que cruzar para seguir nuestro camino por el cauce contrario del río Velillos.

Comienza la ascensión. En un momento dado nos encontramos con una bifurcación en la que tomamos el sendero de la izquierda, dejando a nuestra derecha una curiosa formación calcárea.

El camino se estrecha y a nuestra izquierda, en lo alto, aparece el castillo de Moclín, junto al y las vistas van mejorando por momentos.

Los Tajos de la Hoz, esta garganta natural excavada por el constante fluir de las aguas, y la exuberante vegetación ribereña crean una agradable sensación, mientras proseguimos nuestra ruta, aguas arriba, bajo la atenta vigilancia de los torreones de la fortaleza nazarí.

Llegamos hasta la Fuente de la Buena Ventura, que recibe su nombre por la historia que escribió Pedro Antonio de Alarcón sobre el malhechor bandolero Parrón, al que un gitano le leyó la buenaventura en este lugar.

Tras unos minutos llegamos a la antigua presa de la Luz (1930). Aquí se encuentra el puente colgante que nos permitirá cruzar el río y continuar nuestro camino por las zigzagueantes pasarelas de madera. No es el Caminito del Rey, pero el tramo de pasarelas bien merece la pena lo andado hasta el momento.

Tras el tramo de pasarelas llegamos a una espectacular alameda, sombría en esta época del año, pero de una extraordinaria belleza.

De pronto, el sendero se hace más duro, y comienza una empinada subida a lo largo de la cual merece la pena detenerse de vez en cuando para disfrutar del paisaje desde las alturas.

El camino es cada vez más salvaje y la pendiente se suaviza un poco hasta llegar a la Fuente Corcuela. Esta fuente es de lo más original y se encuentra en una zona de descanso donde hay mesas de madera y alguna que otra de piedra, donde podemos descansar y retomar fuerzas. Aquí aprovechamos para hacer el almuerzo en un entorno con mucho encanto.

Tras dejar a la derecha un cruce que conduce a la Fuente de Malalmuerzo comenzamos una subida de 1,2 kilómetros de aupa. Para senderistas en buena forma física. Si no, prepárate a hacer unas cuantas paradas mientras atraviesas un enorme pinar, te adentras en el tajo de las Palomas, con unas vistas impresionantes divisando de nuevo los picos nevados de Sierra Nevada; para llegar finalmente hasta el castillo de Moclín.

Moclín acoge la Iglesia de Nuestra Señora de la Encarnación, santuario del venerado lienzo del Cristo del Paño.

Un agradable paseo, un espectacular tramo de pasarelas y una bella localidad con un increíble legado histórico, en el que destaca la herencia hispanomusulmana, donde el papel del sistema de atalayas, murallas y fortalezas fue fundamental en la defensa del Reino de Granada.

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La Cabaña Buenavista ⭐⭐

¿Cómo es eso de comer en un restaurante con estrella Michelin? Es obvio que no podemos ir todos los días. Posiblemente, tampoco sería divertido hacerlo a diario, o sí. Sin embargo, no es algo que sea imposible. 

Una vez oí decir a Juan Mari Arzak que a su casa en Donosti van familias y obreros que ahorran durante todo el año para ir a probar sus platos. Lo cierto es que hay muchos restaurantes distinguidos con al menos una estrella por la guía francesa en los que probar la alta cocina no es mucho más caro que otras opciones de ocio.

Y no es menos cierto que a nadie le amarga un dulce. Por este motivo, cuando se ha presentado la oportunidad no lo hemos dudado.

Y así hemos degustado los manjares de La Finca de Susi Díaz en Elche.

El Restaurante El Doncel, de Enrique Pérez, en Siguenza.

El Restaurante Magoga, de María Gómez, en Cartagena.

Y, recientemente, Casa Gerardo, de Pedro y Marcos Morán, en Prendes.

Varias eran las ocasiones que habíamos planeado la visita al Restaurante La Cabaña Buenavista, de Pablo González, que no cristalizaron por diversos motivos.

Hasta el pasado 20 de octubre…

Llegamos con algo de antelación a la hora reservada pero no fue ningún problema para que nos recibieran con una copa de cava y una cerveza.

La experiencia sigue un recorrido prefijado: jardín, huerto, terraza y cabaña. En el jardín tomamos los primeros cuatro aperitivos en sendas estaciones temáticas a las que nos vamos desplazando paseando tranquilamente.

La temática del recorrido por el Jardín, primera parte del menú, es la poesía española.

En versos de Federico García Lorca, «poesía es la unión de dos palabras que uno nunca supuso que pudieran juntarse, y que forman algo como un misterio«.

Comenzamos con la estación dedicada a Gustavo Adolfo Bécquer, en la que degustamos una ventresca de bonito curada en naranja con escabeche de zanahoria emulsionada y brotes de hinojo marino y zanahoria.

Antonio Machado fue nuestro siguiente poeta. En esta estación la canana era la protagonista, en varias presentaciones: tartar, salteada con ajo, jugo de suquet, aire. Acompañado de un picado de piñones, ajo asado, perejil y pan frito.

Seguimos caminando por el jardín hasta llegar a la estación dedicada a Juan Gil de Biedma. Allí probamos un aperitivo en el que, ahora, el foie era la estrella. Foie a la planta, espuma de foie, royal de foie, polvo de foie y un demiglas de pollo y coñac.

Finalizamos nuestro paseo por el jardín con Vicente Aleixandre. Crema de trompeta de la muerte y queso azul, junto al queso azul y la trompeta de la muerte confitada. Cacahuete frito y crema de cacahuete.

Del jardín pasamos al huerto. En él se elabora en el huerto un plato denominado se llama verduras en modo ancestral. Se comienza sacando del barro una calabaza que se ha asado cubierta de él. Una oreja de cerdo glaseada, verduras que salen de debajo de la tierra, nitrógeno líquido… Una preparación para ser admirada y para disfrutar finalmente del sabor de ese plato.

Del huerto pasamos a la terraza del restaurante.

En ella se brinda un homenaje a las más importantes civilizaciones a lo largo de la historia: Egipto, China, Roma, Grecia y Maya.

Una espectacular presentación de cinco snacks llenos de sabor. Y fenomenalmente acompañados por un vino blanco del Rhin.

Tras la terraza pasamos a la cabaña para disfrutar, ya sentados en nuestra mesa, del resto del menú degustación Experience.

Comenzamos con una serie de snacks en sala, con los que degustar nuestra Región.

Sierra Espuña.

Mar Menor.

Noroeste.

Y Altiplano.

Aunque ya llevábamos cerca de dos horas en el restaurante, es en este momento cuando comienza el menú. Mantequilla AOC Charentais-Poitou, con pan de semillas. AOVE Ecológico Cabaña, elaborado a partir de los propios olivos de la Finca Buenavista, con pan de aceitunas. Y para completar un paté de hueva de mújol, con baja curación, acompañado de pan de almendras.

Con la llegada de los platos principales era el momento oportuno para pedir una botellla de vino tinto, a elección del sumiller, que nos acompañara hasta el final de la comida. Un Ribera del Duero (Matanegra), fue el elegido.

Ribera del Duero (8,18€ la copa)

El primer principal consistió en espardeñas rustidas, judías verdes a la brasa y licuado de sus semillas, acompañado de blini con emulsión de michirones y menta.

El siguiente plato principal fue un taco de merluza negra, patatas ahumadas y emulsiones cítrico-herbáceas. Las salsas se presentan en sendas caracolas, con la indicación de verterlas juntas sobre la merluza, y una focaccia de calamar y manzanilla.

El último de los platos principales es el lomo de corzo, mini calabacín al enebro y queso al momento, acompañado de un pan de masa croissant calentito para rebañar y crujiente de zanahoria. El queso había sido elaborado ante nosotros mientras degustábamos algunos de los platos del menú, siguiendo todos los pasos necesarios para hacerlo.

Con el recuerdo en la mente del espectacular carro de quesos de Magoga llegó el turno de la degustación de quesos. Otra irresistible tentación para unos amantes del queso como nosotros.

Y, por fin, los dulces, el «mundo dulce». Para ello, seguimos al personal de sala a un cuarto oscuro donde una voz en off nos introducía en Matrix. Finalmente, aparecieron ante nosotros cuatro cápsulas de colores verde, rojo, naranja y marrón. Cogimos una de ellas y la introducimos en el pastillero que previamente nos habían entregado. May optó por el rojo. Yo, por el marrón.

Ya en la mesa nos sirvieron un cocktail Ginger Gin, caliente y frío. El toque final era la cápsula que habíamos elegido previamente, que espolvoreamos sobre la copa a modo de toque final.

Si la poesía había sido la temática de los aperitivos del jardín, otro arte escénico, el cine, era el hilo conductor del postre. Cuatro posibilidades se presentaban ante nosotros. El silencio de los corderos. El cartero siempre llama dos veces. La naranja mecánica. Y, finalmente, Charlie y la fábrica de chocolate.

La cápsula que elegimos en la sala oscura había decidido por nosotros. Los frutos rojos para May y el chocolate para mí.

Finalizamos la experiencia con una degustación de chocolates. Chocolates de Venezuela, Papúa, Madagascar y Nueva Guinea, de diferentes intensidades y matices interesantes. 

El café ponía punto y final a una experiencia gastronómica de más de tres horas y media.

…aunque todavía al salir del restaurante nos esperaba el último detalle, la despedida árabe, un cucurucho de helado al más estilo moruno.

Posiblemente, la experiencia vivida en el Restaurante Cabaña Buenavista trasciende lo meramente gastronómico. La puesta en escena, la capacidad de sorprender y, lo más importante, el sabor, hacen un conjunto de difícil comparación.

Ojalá no falten buenos motivos y buenas razones para volver una y otra vez a este paraíso para los sentidos de Pablo González.

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León, Asturias, Salamanca 2021 (y 14)

La Rúa Mayor, una de las calles más concurridas de Salamanca, nos condujo a la Plaza Mayor. Fue construida entre 1729 y 1755 con un proyecto de Alberto de Churriguera, excepto el Ayuntamiento que es de Andrés García de Quiñones.

La Plaza tiene tres pisos de altura y la baja es porticada con arcos de medio punto entre los que hay medallones de personajes históricos. Está formada por Pabellones: el Pabellón de Petrineros, el Pabellón Consistorial y el Pabellón Real.

Ha sido desde su construcción el centro neurálgico de Salamanca y está siempre muy animada, en 1935 fue declarada Monumento Nacional y en 1973 Monumento Histórico-Artístico.

El Convento de San Esteban se construyó entre 1524 y 1610, y tiene una de las fachadas más bonitas que ver en Salamanca. Es uno de los más bellos ejemplos del plateresco en España y en ella se representa el Martirio de San Esteban y un Calvario.

En el interior se aprecia una mezcla de estilos que van desde el gótico tardío a los pies hasta el renacentista del cimborrio y el presbiterio. Destaca el retablo mayor, obra de José de Churriguera, en el que el Sacramento se encuentra rodeado por columnas salomónicas y las figuras de santo Domingo de Guzmán y san Francisco de Asís y un cuadro del Martirio de san Esteban. A los lados sendos retablos de discípulos de Churriguera.

Merece la pena pararse a contemplar la Capilla del Rosario de Churriguera, la Sacristía del siglo XVII, la novedosa Escalera de Soto del siglo XVI, el Claustro de Procesiones, dos Salas capitulares, el Coro y el Museo San Esteban, ubicado en el interior de la biblioteca del convento.

Hora de comer. Gracias a la recomendación de unos amigos habíamos reservado en Bambú. De no hacerlo, tendríamos que haber buscado otro sitio. Buena elección, sin duda.

Al término de la comida nos dirigimos al hotel paseando por el casco urbano y encontrando curiosos parajes que visitar. Entre ellos, la Cueva de Salamanca.

Aquí se encontraba la iglesia de San Cebrián, derribada en el siglo XVI y de la que solo queda su cripta. Una leyenda, muy utilizada en literatura, nos cuenta que en este lugar el diablo daba clases de magia negra durante siete años a un grupo de estudiantes, quedándose uno al acabar como pago. El Marqués de Villena fue “el pago de uno de estos cursos” y al intentar huir perdió su sombra.

Caminando por la zona vimos partes de la muralla que todavía quedan en pie y que rodeaban la ciudad y llegamos al Huerto Calixto y Melibea, un pequeño jardín con bonitas vistas de las dos Catedrales y al Tormes. En este lugar Fernando de Rojas ubicó el lugar de encuentro de La Celestina.

Comenzamos la tarde contemplando Salamanca desde el río Tormes, atravesando el Puente Mayor, más conocido como Puente Romano, y que ha sido fruto de numerosas reparaciones a lo largo de los siglos. Fue declarado Monumento Histórico Artístico el 3 de junio de 1931, y Bien de Interés Cultural en 1998. En él hay un verraco de la edad de hierro que representa probablemente a un cerdo o un toro.

La Casa Lis refleja hacia el río sus bellas cristaleras. En él se encuentra un precioso museo de Art Nouveau y Art Decó, que aprovechamos para visitar.

A la salida nos dirigimos al Palacio de Monterrey, construido por orden de Alonso de Acevedo y Zúñiga, el III conde de Monterrey en 1539, con un proyecto de Rodrigo Gil de Hontañón y fray Martín de Santiago.

Es uno de los máximos exponentes del plateresco español, y fue declarado Monumento Nacional en 1929.

Frente al Palacio de Monterrey se encuentra la iglesia de la Purísima, parte del convento de clausura de las Agustinas, fundado en 1636 por Manuel de Zúñiga y Fonseca, Conde de Monterrey, para albergar a su hija, Inés Francisca de la Visitación y como capilla funeraria para la familia.

La Iglesia de la Vera Cruz es un edificio único en Salamanca, completamente decorado en estilo churrigueresco. El humilladero que se alza junto a la portada marca el lugar donde desde 1615 la Vera Cruz realiza el Acto del Descendimiento, acto señero de la Semana Santa salmantina. La iglesia alberga un valioso patrimonio artístico.

Junto al Convento de la Anunciación se halla la Casa de las Muertes, una de las más brillantes manifestaciones del arte plateresco en Salamanca. Las cuatro calaveras que decoran discretamente la rica fachada, junto a varias leyendas de tinte sangriento y un solo crimen confirmado dibujan su singular personalidad.

Y junto a ella, la vivienda en la que Miguel de Unamuno falleció, la Casa del Regidor Ovalle Prieto, en la calle Bordadores.

La cercanía de la Plaza Mayor invitaba a sentarse en uno de sus cafés y pasar un buen rato disfrutando de la tarde salmantina. Poco quedaba por ver de lo que habíamos planeado visitar en aquel día. Tan solo nos quedaba esperar a la caída de la noche y contemplar los mismos bellos edificios iluminados.

Ya en el hotel tocaba preparar el equipaje para la vuelta. Tras el desayuno, a la mañana siguiente, rumbo a Alcantarilla, con la habitual parada en La Roda para aprovisionarnos de productos manchegos.

Finalizaba otro viaje realizado en compañía, en una maravillosa compañía. Encontrar el compañero de viaje ideal no es asunto fácil, y es que nadie quiere acabar discutiendo mientras viaja. May es, sin lugar a dudas, esa compañera especial.

Es una persona curiosa. Llevamos el mismo ritmo, y si hay que salir al alba para no dejar nada sin ver, se madruga. Su mejor traje es una sonrisa. Tenemos en mente el mismo viaje. Compartimos aficiones. Es una excelente conversadora, y compensa algunos silencios. Y, realmente, es una persona maravillosa.

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León, Asturias, Salamanca 2021 (13)

Tal vez el diluvio de la tarde pasada, o el hecho de no haber podido ver nada de Salamanca a nuestra llegada a la ciudad, o los muchos kilómetros que llevábamos ya encima, o la suma de todo ello, nos hizo desistir de acercarnos al Pozo de los Humos, una bellísima cascada situada en el Parque Natural de las Arribes del Duero, haciendo frontera entre España y Portugal. Es de esos lugares que quedan pendientes para una próxima visita a tierras castellano-leonesas.

Amaneció un día radiante, perfecto para disfrutar de una de las ciudades más bellas de España para perderse por un casco histórico declarado Patrimonio de la Humanidad por la UNESCO, en el que se encuentra la Universidad más antigua del país, sus dos Catedrales, o su bella Plaza Mayor.

La excelente ubicación del hotel propició que en un par de minutos nos encontráramos frente a la Casa de las Conchas, un palacio de estilo gótico tardío con elementos platerescos y mudéjares que se empezó a construir en 1493 finalizándose en 1517.

Está decorada con más de 300 conchas que siguen la tradición mudéjar de decoración en rombo, aunque también hay muchos escudos y blasones. Sobre la puerta dintelada destaca el de los Maldonado, cuatro grandes ventanas góticas diferentes y la torre que también fue desmochada.

Accedimos al patio interior, una fusión de estilos góticos, mudéjares y renacentistas. Declarada Monumento Nacional en 1929, desde 1993 alberga una Biblioteca Pública.

Justo enfrente se halla La Clerecía, nombre que recibe el Real Colegio del Espíritu Santo, construido entre 1617 y 1779 en estilo barroco. Tiene tres cuerpos formados por el colegio, la residencia y la iglesia, dividida a su vez en tres cuerpos y tres puertas. Y su gran cúpula, de 50 metros de alto.

La Universidad Pontificia de Salamanca, ocupa el antiguo colegio desde 1940, aunque desde el año 2012 está abierto al turismo.

De camino a la catedral pasamos por el edificio histórico principal de la Universidad de Salamanca, la más antigua de España, fundada por Alfonso IX en 1218.

Se empezó a construir en 1415 y su fachada plateresca, es una de las más admiradas de la ciudad, ya que entre su abundante y preciosa decoración muchos se entretienen en buscar la famosa rana ya que, según la leyenda, el estudiante que estudie en Salamanca y encuentre la rana en la fachada de la Universidad, aprobará los exámenes. No sabemos cuál será el premio para los turistas y estudiantes de otras latitudes.

La fachada cuenta con tres cuerpos. En el primero destaca la imagen de los Reyes Católicos. En el segundo, el águila bicéfala del emperador Carlos V, la representación de todos los reinos que existían en la España de la época y el águila de San Juan. En el tercero está el papa, con los dioses Venus y Hércules.

En el patio de las escuelas podemos ver la estatua de Fray Luis de León, profesor de la Universidad. Y el edificio del Rectorado, antiguo Hospital del Estudio, cuya fachada está adornada por una bella crestería renacentista.

Llegamos a la catedral algo pronto, lo que nos permitió contemplar algunos edificios antes de su visita. El primero, el Palacio de Anaya, junto al jardín delantero de la fachada de la catedral, de estilo neoclásico y sede de la Facultad de Filología de la Universidad de Salamanca. Fue el primero de todos los colegios mayores españoles, fue fundado en 1401 por Diego de Anaya y Maldonado. El edificio actual se comenzó a edificar en 1760, tras los daños del terremoto de Lisboa, en cuya fachada principal podemos ver una gran escalinata entre columnas jónicas, y un frontón triangular en lo alto coronado por el escudo de los Anaya.

El Palacio de la Salina fue reconstruido en 1549 por Don Rodrigo de Mesía y doña Mayor de Fonseca. Llama la atención de este edificio gótico su fachada, de inspiración italiana, y su patio interior. Se llama así porque fue depósito de la sal, y en la actualidad es sede de la Diputación Provincial.

Nos dirigíamos ahora a visitar las dos catedrales. La primera se construyó allá por el siglo XII. En el siglo XVI se comenzó a construir una más grande a su lado, y aunque la intención inicial era la de derribar la primera al finalizar esta, no lo hicieron.

Comienza la visita por la Catedral Nueva, advocada a la Asunción de la Virgen, y que se comenzó a construir en 1513 aunque las obras se alargaron hasta 1733. Por ella pasaron grandes arquitectos como Juan y Rodrigo Gil de Hontañón, Juan de Álava, Juan Setién Güemes, Pantaleón Pontón o los hermanos Churriguera, entre otros.

El estilo inicial fue el tardogótico, y a pesar de la extensión de las obras, se guarda esta unidad estilística asignada por el Cabildo.

Por la parte exterior podemos ver impresionantes fachadas con detalles decorativos muy trabajados y únicos, como por ejemplo los de las tres puertas de la fachada principal, un interesante conjunto iconográfico con los relieves de las escenas del Nacimiento, la Epifanía y, sobre el gran arco conopial central, un Calvario.

Bordeando por la Plaza de Anaya, veremos la impresionante fachada lateral en la que destaca la Portada de Ramos, en el que se representa el grupo escultórico de la Entrada de Jesús en Jerusalén.

En esta fachada hay figuras esculpidas que no corresponden con la época ya que podemos ver, un mono comiendo helado o el famoso astronauta (licencias del autor en una restauración de 1992 para justificar el momento histórico de su incorporación).

El interior es de planta rectangular y está compuesto de tres naves y capillas entre los contrafuertes. Un maravilloso cimborrio de cuerpo ochavado sobre pechinas con relieves de los misterios marianos se encuentra en el crucero. Y el resto se encuentra cubierto por bóvedas de crucería con terceletes formando bellas estrellas con claves.

La capilla mayor no tiene retablo. Cuenta con un baldaquino arquitectónico de los hermanos Churriguera y bajo él, un gran manto de terciopelo, la imagen de la Asunción de 1624, con un bello sagrario, y las urnas de plata donde se conservan restos de San Juan de Sahagún, patrono de Salamanca y Santo Tomás de Villanueva.

El coro de los canónigos, situado en el medio de la nave principal, es un conjunto barroco de los hermanos Churriguera, finalizad en 1733. En el trascoro se encuentra la imagen de Santa María de los Perdones de mediados del XVI, y a sus lados Santa Ana y San Juan Bautista, ambas de Juan de Juni.

El templo cuenta con las sacristías en las que se guarda el Museo Catedralicio, 18 capillas y dos altares.

La Catedral Vieja de Salamanca está dedicada a Santa María de la Sede, y se comenzó a construir en el año 1140. Su estilo predominante es el románico con transición al gótico. En sus orígenes era más bien una fortaleza almenada con torres que cumplían la función de vigilancia.

En el brazo norte del crucero se encontraba la entrada primitiva, que se cegó en 1957. En la actualidad se entra por la última capilla de la Epístola de la Catedral Nueva. Unos pocos escalones salvan la diferencia de terreno y nos conducen a los pies de la nave del Evangelio.

La estructura de la Catedral Vieja de Salamanca está dividida en tres naves con crucero por una cúpula semiesférica de influencia oriental, llamada Torre del Gallo, y tres ábsides semicirculares cubiertos con bóvedas nervadas sencillas.

En la Capilla Mayor hay un retablo con algunos episodios de la Historia de la Salvación con el Juicio Final en lo alto, es de los hermanos Delli y está formado por un total de cincuenta y tres tablas, que se leen de abajo a arriba y de izquierda a derecha.

En el centro, una imagen de la Patrona de Salamanca: la Virgen de la Vega. Es del siglo XII y está cubierta con bronce sobredorado con incrustaciones de esmaltes y piedras preciosas, tiene influencia de la Escuela de Limoges.

El crucero de la Epístola, iluminado con un rosetón en el que se encuentra la puerta que nos conduce al claustro, nervios en zigzag enmarcan un conjunto en el que podemos ver sepulcros del siglo XIII, como el del obispo de Salamanca don Pedro Dominicano, el del arcediano de Ledesma don Diego García López, (este es del siglo XIV), doña Elena de Castro, don Aparicio Guillén y el del deán de Ávila don Alonso Vidal.

Hay que destacar los frescos con iconografía progótica sobre la Resurrección y del Juicio Final, o la que vemos sobre el sepulcro de doña Elena de Castro con el Cristo rodeado del Tetramorfos, datada a finales del siglo XIII.

El claustro, rodeado de capillas y dos salas capitulares, fue construido a finales del siglo XII, pero por desgracia el terremoto de Lisboa de 1755, hizo que tuviese que ser reconstruido, aprovecharon para aumentar una planta en 1785.

Un total de siete capillas rodean el claustro. En la de Santa Bárbara hay un retablo del siglo XVI dedicado a la vida y martirio de la santa. Los estudiantes pasaban la noche en esta capilla preparando los exámenes de grado o de doctorado de la Universidad y los profesores les evaluaban allí mismo a la mañana siguiente. De ahí nació la frase “estar en capilla». Los que aprobaban salían por la puerta principal de la Catedral, si suspendían, salían por la puerta de los carros.

Y para terminar nos dirigimos a la Capilla de San Bartolomé o de Anaya, en la que se encuentra el sepulcro del Arzobispo Anaya. Podemos ver tallado en alabastro, su cuerpo yacente sobre una cama elevada por leones y rodeado por una bella reja del XVI.

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León, Asturias, Salamanca 2021 (12). Las Médulas

Dejábamos Asturias y nos dirigíamos a Salamanca pasando, otra vez, por León. Las Médulas y Astorga eran nuestras paradas antes de llegar a la ciudad salmantina, que esperábamos poder empezar a visitar esa misma tarde, aunque la meteorología lo impidió.

Tocaba madrugar y desayunar pronto, pues eran muchos los kilómetros a recorrer ese día.

Nuestro primer objetivo se encontraba en la provincia de León, concretamente en la comarca del Bierzo. Las Médulas, la mayor explotación de oro a cielo abierto de la época romana, con su impactante paraje rojizo con barrancos cuevas y picos escarpados y que ha sido declarado en 1997 Patrimonio de la Humanidad por la UNESCO.

Tras coger la autopista A-6 que une Madrid con La Coruña llegamos a Ponferrada y, desde allí, tomamos la N-536 hasta Carucedo y luego la CV-191-2 hasta el pueblo de Las Médulas donde se encuentra el Centro de Recepción de visitantes.

Tras aparcar, y dada la hora, pasamos de visitar el Aula Arqueológica, más bien de hacer la cola para visitarla.

La idea era no hacer ninguna de las rutas marcadas y dirigirnos al Mirador de Orellán. Pero a pesar de encontrar varias señalizaciones, terminamos recorriendo la llamada Senda de las Valiñas, con una subida final de 900 metros hasta el mirador para recordar.

Pasamos junto a La Cuevona, bocamina que impresiona por ser la galería de mayor altura del recorrido. La multitud de grupos guiados hizo que desistiéramos de visitarla. También junto a La Encantada, en la que cuentan que vive una bruja que guarda los tesoros.

Es difícil entender cuando se contempla este paisaje que no es natural, sino el resultado de la explotación que los romanos hicieron en estas tierras.

La técnica que utilizaban se la conoce como Ruina Montium. Mediante ésta, el agua que se traía a través de canales, era introducida a presión en galerías ciegas (naturales o excavadas) y al empujar el aire interno, producía una explosión que derrumbaba la montaña y el material era arrastrado al fondo del barranco donde era lavado y filtrado en busca del preciado oro.

El mirador de Orellán se encuentra a unos 100 metros de altura sobre el barranco. El paisaje se encuentra salpicado de picos de color rojo y valles en los que en su día hubo montañas que desaparecieron después de ser arrastrada por el agua en la búsqueda del oro.

Una buena caminata, sin buscarla, y una interesante visita a un peculiar paraje. De vuelta al coche pusimos rumbo a Astorga, capital de la Maragatería. Una villa que a pesar de su pequeño tamaño posee un patrimonio inigualable que la convierte en uno de los lugares más visitados de la provincia de León.

Pero antes había que comer. Finalizada la comida, comenzamos la visita por la Catedral de Santa María de Astorga, que se comenzó a construir en 1471 para ampliar la primitiva iglesia románica de entre los siglos XI y XIII.

Su estilo principal es el gótico y tras reformas y ampliaciones a través de los siglos, la del Maestro Rodrigo Gil de Hontañón fue una de las más importantes, durante la que se construyó la portada renacentista y las dos capillas laterales.

La mezcla de estilos gótico florido, renacentista, barroco y neoclásico hacen de ella una obra única. La fachada principal de estilo barroco tiene forma de retablo y se hizo entre finales del siglo XVII y principios del XVIII, contiene escenas del nuevo testamento. En el centro destaca una hornacina con la imagen de la Asunción de la Virgen, Santiago en el frontón, un gran rosetón y el escudo de los Reyes.

En el interior de la catedral destaca el retablo Mayor de Gaspar Becerra, de 1560, de estilo renacentista; la bella sillería renacentista del coro realizada en madera de nogal sin policromar, el órgano barroco y el claustro.

Pasamos a continuación al Museo Catedralicio de Astorga. Sus 533 obras se encuentran repartidas en dos plantas y el claustro, ocupando unos 1.400 metros cuadrados.

Continuamos la visita por el Palacio Episcopal de Antoni Gaudí, cuya construcción se inició en 1887.

Está hecho de mármol blanco y recuerda a un castillo, ya que tiene un foso alrededor y torres con almenas. Gaudí se inspiró en el estilo gótico para su diseño, mejorando las estructuras de este estilo, haciéndolas funcionales y rematando su excelente trabajo con una decoración artesanal en la que utilizó forja, vidrio y cerámica de manera magistral.

La Plaza Mayor está construida en el lugar del foro romano, del que se pueden ver restos en su subsuelo. Aquí se encuentra el Ayuntamiento de Astorga, edificio barroco inaugurado en 1703 con fachada herreriana inspirada en la catedral y con dos torres gemelas, un bonito balcón de forja y coronándolo el Reloj de los Maragatos Juan Zancuda y Colasa, de 1748. Dos autómatas con el traje típico maragato que golpean la campana a las horas en punto.

A un lado de la Plaza mayor se encuentra la Ergástula, edificio del foro del que se cree se usaba como cárcel para los esclavos de las minas de oro de las Médulas y del Teleno y en el que hoy en día se encuentra el Museo Romano.

Al salir del museo nos acercamos a la Casa Romana. Los restos de esta casa de entre los siglos I y IV conservan los diferentes patios y estancias bien delimitadas y permiten ver un pavimento hecho con un gran mosaico que representa dos escenas: «la alegoría del otoño» compuesta por vides y racimos de uvas picados por los pájaros, y «el mito de Orfeo» en el que se ve al personaje mitológico tocando la lira rodeado por animales salvajes.

De vuelta al coche aprovechamos para hacer alguna que otra compra. Avanzaba la tarde y había que llegar a Salamanca, hacer el check-in y darse una vuelta nocturna por Salamanca. El tiempo era estupendo, aunque conforme nos acercábamos a nuestro destino se nublaba por momentos.

A unos quince kilómetros de Salamanca comenzó a diluviar. Un reventón térmico de esos que, desgraciadamente, cada vez frecuentan más que no hizo que tuviéramos que pararnos en medio de la autovía de puro milagro. Conseguimos llegar al hotel pero la visita era imposible.

Una vez acomodados en el hotel aprovechamos para cenar en sus dependencias y descansar, esperando que a la mañana siguiente nos acompañara el tiempo para disfrutar de la ciudad helmántica.

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