Priego de Córdoba 2021 (4)

Tras la visita a la Fortaleza de la Mota había tiempo para recorrer las calles de Alcalá la Real y visitar su centro histórico.

De camino al Palacio Abacial, sede del Museo Arqueológico, visitamos la Domus Herculana, una villa romana datada del siglo I al siglo V dc. Este enclave de época alto imperial sufriría, al menos, dos importantes momentos de destrucción.

El primero, a finales de la segunda mitad del siglo III dc (260-269), causado por un importante incendio. El otro, en el siglo IV, después de la época del emperador Constantito I. Tras esta segunda destrucción no hay indicios de nuevos poblamientos.

El actual Palacio Abacial es una reedificación llevada a cabo en 1791 por el abad Don Esteban Lorenzo de Mendoza y Tatica. Desde el punto de vista arquitectónico, este palacio se adscribe más a la tendencia barroca que a las normativas arquitectónicas neoclásicas.

En el interior destaca el patio, con un claustro de tres cuerpos, dos de los cuales forman unas galerías abiertas por unas arcadas que apoyan en doce columnas toscanas superpuestas.

Actualmente es la sede del Museo Arqueológico, y permite conocer de forma innovadora el patrimonio y los vestigios de Alcalá la Real, ofreciéndonos una visión global para conocer las singularidades y atractivos de la ciudad y su entorno.

En la Calle Utrilla contemplamos la Casa Solariega Fernández de Moya, del siglo XVIII. De estilo neoclásico, en la fachada se puede encontrar grabada la fecha de su terminación (1752). Es sobria y moldurada, con almohadillado en sus vanos laterales. Presenta un balcón central con un frontón partido.

Antes de volver al coche subimos una cuesta para llegar hasta una pequeña ermita, realizada en el siglo XVI, que alberga en su interior la imagen de un Ecce-Homo.

Este enclave se configura como uno de los mejores ejemplos de religiosidad popular, raigambre y tradiciones, tan presentes en el día a día de los pueblos y ciudades de Andalucía.

De vuelta a Priego de Córdoba visitamos la villa romana «El Ruedo», en Almedinilla, que se situó dentro de la provincia ulterior, y después de la reforma administrativa del emperador Augusto (63 a.C.- 14 d.C.) en la provincia Bética, con capital en Corduba. Su función principal fue la actividad económica de explotación agropecuaria, en relación posiblemente con un latifundio (latifundia), propiedad de un dominus o señor, trabajado por siervos y esclavos.

El emplazamiento de la Villa sigue las indicaciones de los agrónomos romanos, como Barron o Columela, que aconsejan la ubicación de las explotaciones agrarias en lugares soleados, aireados, cerca de ríos, con abundante agua y próximos a vías de comunicación.

En la Villa se cultivaba la triada mediterránea: vid, olivo y cereales y prueba de ello es el campo de silos, para almacenar el grano, las alberquillas para decantar aceite, y los lagares para el vino, encontrados durante las excavaciones arqueológicas.

El cultivo de los huertos, a partir del regadío de acequias y albercas también fue una actividad importante de El Ruedo, conjuntamente con la ganadería, los alfares para la elaboración de cerámicas y materiales de construcción (ladrillos y tejas), y el trabajo del metal.El bosque mediterráneo, con un carácter sagrado, debió ser muy abundante y utilizado para obtener madera, recursos cinegéticos, frutos silvestres y plantas medicinales. Algunos historiadores especulan con la posibilidad de que El Ruedo hubiese sido un santuario del sueño.

Como resultado de las excavaciones arqueológicas realizadas, se han documentado cuatro fases constructivas que evidencian la larga ocupación del lugar. La I fase, datada en la primera mitad del siglo I, representa un establecimiento de marcado carácter agrícola. Se estructura ya en torno a un patio y los muros son de escasa calidad, compuestos de piedras irregulares trabadas con argamasa de barro.

La Fase II abarca el siglo II. De este momento son el peristilo, con su galería apoyada sobre columnas, gran parte de los espacios delimitados, y las construcciones de carácter industrial o agrícolas situadas al este.

A la Fase III, datada a finales del siglo III o comienzos del siglo IV que alcanza el V, corresponden una serie de transformaciones de la planta anterior que darán a la Villa su momento de mayor esplendor. A esta etapa corresponden la reestructuración del peristilo y la construcción del ninfeo y del stibadium, el hipocaustum y el posible praefurnium, las modificaciones de la cisterna y la decoración musivaria y pictórica de todas las habitaciones que abren al patio, en los sectores central y occidental de la Villa.

La Fase IV, datada a mediados del siglo V, corresponde a un grupo de piletas y canalizaciones realizadas en el sector oriental de la Villa, el horno de pan, el hogar y el posible horno metalúrgico.

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