Praga, Budapest 2015 (7)

Hora de comer. Había localizado una pizzería cerca del Parlamento, Da Mario Budapest (Vécsey u. 3) en previsión de saturación de salsas y especias varias. Y hacia allí nos dirigimos. Realmente nos sentó bien la comida y repusimos fuerzas para la tarde que nos esperaba.

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Nos dirigíamos a la Basílica de San Esteban. De camino atravesamos la Plaza de la Libertad (Szabadság tér), una de las plazas más vistosas de Budapest. En el lugar de sus elegantes palacios, en el pasado hubo un cuartel militar y una cárcel. Después, a finales del siglo XIX, se formó aquí el centro financiero de Budapest.

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Las nubes habían dejado paso a un soleado día y a más de uno (y una) le apetecía un remojón en una fuente cercana.

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Un breve paseo nos condujo a la iglesia más grande de Budapest, a la Basílica, llamada Iglesia de San Esteban, fundador del país. San Estaban fue el promotor del asentamiento de las tribus paganas nómadas llegadas de Asia. Él mismo se convirtió en cristiano y convirtió a su pueblo también.

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Esteban murió en 1038 y fue santificado el 20 de agosto de 1083. Su brazo derecho momificado es desde entonces la reliquia nacional más importante, guardada en una capilla de la Basílica.

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La construcción de la Basílica duró más de cincuenta años y en su decoración podemos reconocer las ideas neoclásicas del maestro que la inició en 1851, y el concepto neorenacentista del sucesor que continuó las obras. Su interior, sus estatuas y frescos, te fascinan, y el altar mayor, con la estatua de San Esteban, es una verdadera curiosidad entre las iglesias católicas.

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A la salida nos dirigimos al inicio de la Avenida Andrássy. La Plaza de los Héroes se veía bastante lejana, y cogimos la línea 1 del metro en la estación de Bajcsy-Zsilinszky út. Justo en el momento que terminamos de pagar los billetes pasaba un tren, y en él que nos montamos. En Bajza utca el revisor nos hizo ver que no habíamos validado los billetes. Tras solventar el incidente, bajamos en Hősök tere y salimos a la plaza.

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La Plaza de los Héroes (Hősök tere), construida en 1896, es un libro de historia esculpida en piedra, un homenaje al milésimo aniversario de la conquista de la patria nueva. Ahora es parte del Patrimonio Cultural de la Humanidad junto a la Avenida Andrássy.

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En el centro se ven las figuras ecuestres de los siete jefes que condujeron las siete tribus húngaras en el año 896 a.c. desde la antigua patria asiática hasta la cuenca de los Cárpatos. Los dos arcos constituidos por columnas abrazan un espacio de 85 metros de largo y entre las columnas vimos esculturas de reyes, príncipes de Transilvania y gobernadores húngaros.

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Los cuatro pilastros están decorados con figuras alegóricas: de izquierda a derecha, están el Trabajo y el Bienestar, la Guerra, la Paz y, al final, el Saber y la Gloria. En el centro de la plaza, la lápida memorial es el Monumento de los Héroes de la Nación.

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Dos edificios limitan los laterales de la plaza. A la derecha está el Palacio de las Exposiciones, con un estilo entre el griego y el neoclásico, donde se organizan exposiciones de arte contemporáneo. En el edificio ecléctico, a la izquierda, admiramos el Museo de Bellas Artes.

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El Bosque Municipal (Városliget) se extiende detrás de la Plaza de los Héroes. Fue el primer parte público del mundo y desde hace más de 250 años acoge a todos aquellos que deseen descansar. En su interior, junto a varias atracciones, se encuentra el Balneario Széchenyi, que visitamos por su carácter monumental (habíamos declinado la oportunidad de darnos un baño en alguna de las distintas fuentes termales de la ciudad).

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También se encuentra aquí el Castillo de Vajdahunyad (Vajdahunyadvár), un extraordinario complejo construido para las fiestas milenarias de 1896, con el objetivo de demostrar el desarrollo de la arquitectura húngara. Las diferentes partes, en estilo románico, gótico renacentista y barroco, todas, son copias de castillos, iglesias y monasterios reales.

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Su nombre viene de su parte más característica, de la fachada principal, que es copia del Castillo de Vajdahunyad.

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En los jardines de dicho emplazamiento, se encuentra la estatua del escritor del Gesta Hungarorum, crónica sobre la historia de Hungría. Dicho autor al que se suele denominar Magister P o, simplemente, Anonymous (“anónimo”) se describe a sí mismo en el texto como un “fiel sirviente del rey Bela”, sin que sea posible establecer claramente a qué rey Bela se refiere (hay más de un rey con ese nombre al que podría estar refiriéndose). La Gesta Hungarorum se conserva en un manuscrito de alrededor de 1200, y es una mezcla de tradiciones orales, fuentes más antiguas e invenciones del autor.

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Volvimos, de nuevo en metro, al centro, y de ahí al hotel. Tocaba descansar un poco antes de pasear por la calle de las compras, Váci utca. Pocos años atrás, las pequeñas tiendas de esta calle dictaban la moda de toda Pest. Pero más que las ofertas de los escaparates, no dejamos pasar por alto las fachadas, en las que podíamos descubrir los elementos de todos los estilos que aparecieron hasta la mitad del siglo XX, desde el neoclásico hasta el Bauhaus.

Llegamos al final de la calle Váci, en las inmediaciones del mercado Municipal y el Puente de la Libertad, que contemplaríamos (a plena luz del día) a la mañana siguiente. Retrocedimos hasta la plaza Vörösmarty y en la Casa Gerbeaud terminamos la jornada con un espectacular helado y una refrescante Gerbeaud Lemonade.

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Praga, Budapest 2015 (6)

31 de julio. En estas latitudes todavía amanecía antes que en Praga, pero nos íbamos acostumbrando. Había que descansar. Nos esperaba un completo día pateando Budapest. El buffet del Marriot no tenía mucho que envidiar al del Hilton. Eso sí, desayunar a orillas del Danubio era un plus añadido.

Teníamos que estar en el Centro de visitantes del Parlamento a la una menos cuarto. Tiempo suficiente para visitar Buda y su castillo. Aunque la idea inicial era subir en el funicular, una pareja gallega con la que compartimos mesa en el crucero/cena nos indicó un modo alternativo de subir (escaleras mecánicas y ascensor). Y así lo hicimos.

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De esta manera accedimos al Palacio real, ubicado en el mismo punto donde ya desde la Edad media se encontrada el hogar de los reyes. Las vistas eran impresionantes…

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El edificio más importante aquí es el palacio neoclásico de Sándor (Sándor palota), la residencia actual del presidente de la república.

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La esplendorosa fachada del Palacio Real (Királyi Palota), desde las destrucciones de la segunda guerra mundial, ya no oculta aposentos lujosos. En esta colina, en el siglo XIII, fue construida la primera fortificación inmediatamente después de la invasión de los mongoles. Luego, en el siglo XIV, se inició su ampliación como sede real.

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En el periodo del rey Matías, en el siglo XV, ya se encontraba aquí un suntuoso palacio de estilo renacentista, con encantadores jardines colgantes y una biblioteca que contaba con 2.500 volúmenes. El florecimiento fue seguido por la declinación cuando en 1541 los turcos ocuparon la ciudad, y, finalmente, en 1686, después de casi un siglo y medio, llegó la destrucción total bajo los golpes de las tropas cristianas europeas que expulsaron a los invasores.

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El palacio reconstruido sobre estas ruinas sirvió para el confort de los soberanos de la casa Habsburgo durante los siglos XVIII y XIX. La pompa real desapareció definitivamente durante la segunda guerra mundial, pues la cúpula del palacio se vino abajo tras la caída de una bomba (al igual que la mayoría de monumentos de la ciudad), sus salones fueron devorados por las llamas y sus muebles también desaparecieron con destino desconocido.

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El conjunto que admirábamos hoy es una reconstrucción, y acoge las colecciones de arte de la Galería Nacional, de la biblioteca más grande del país y del Museo Histórico de Budapest. Entramos y salimos del área del Palacio por dos majestuosas puertas, una de ellas decorada con el turul (el águila tótem de los antepasados húngaros) y la otra con el cuervo, el animal del escudo del rey Matías.

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Delante de la facha del palacio que da para el Danubio pudimos ver la escultura del príncipe Eugenio de Savoya, quien jugó un papel muy importante en las guerras iniciadas para expulsar a los turcos de Hungría.

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La Fuente Matías (Mátyás-kút) representa una idílica escena de cacería. La figura central es el legendario rey, Matías “el justo”. En la izquierda, con un halcón en su brazo, está sentado el ilustrado humanista Galeotto Marzio, autor de una colección de anécdotas de los sabios y humorísticos proverbios del rey que contribuyeron a la divulgación de las leyendas creadas alrededor de su figura.

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Tras atravesar la plaza de San Jorge (Szent GyÖrgy tér) nos dirigíamos ahora a la ciudad civil, a la que accedimos por la plaza de Armas (Disz tér), antes escenario de desfiles militares, en la que contemplamos una estatua conmemorativa de la guerra de independencia.

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Desde aquí, seguimos paseando hasta la plaza de la Santísima Trinidad, que recibió su nombre por el monumento barroco erigido en el siglo XVIII como protección contra la peste. Mirando alrededor de la plaza contemplamos la torre del reloj del antiguo Ayuntamiento, la escultura de Atenea Palas, en la esquina del mismo edificio, y el palacio neogótico del ex-Ministerio de Finanzas.

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Sin embargo, la plaza está dominada por la iglesia de Nuestra Señora de Buda, o, como simplemente se conoce, por la iglesia Matías (Mátyás templom), decorativamente reconstruida con ocasión del milenio de la Conquista de la Patria Nueva, en 1896. Fundada en el siglo XIII, primero fue la iglesia de los habitantes alemanes de Buda (la iglesia de los húngaros que poblaban el distrito norte de la ciudad civil, dedicada a María Magdalena, fue destruida, excepto su campanario, como más tarde tendríamos ocasión de comprobar).

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Fue Matías “el justo”, el rey legendario de Hungría del siglo XV, quien celebró aquí sus bodas con la princesa napolitana Beatriz de Aragonia. En 1867 fueron coronados aquí Francisco José y su esposa, Sissy, como reyes de Hungría. Desde entonces fue esta la iglesia principal de las coronaciones, si bien, por razones históricas, solo una vez más fue utilizada con este fin. Carlos IV, el último de los Habsburgo, y a la vez el último rey de Hungría, fue coronado aquí en 1916. Poco tiempo después, la primera guerra mundial puso fin a su soberanía y al reino húngaro.

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La iglesia, fundada en el siglo XIII, poco a poco fue ampliada con elementos góticos, pero toda esta belleza fue víctima de la historia. Los turcos, que en 1541 tomaron Buda, transformaron la iglesia en una mezquita. Más tarde, fuego y relámpagos contribuyeron a su destrucción.

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Después de una reconstrucción barroca, con ocasión del Milenio, fue reconstruida en estilo neogótico. El interior de la iglesia, con sus paredes de ornamentos multicolores, sus frescos, sus figuras talladas y sus vidrieras coloridas, ofrece una imagen inolvidable.

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Tras el sombrío interior medieval de la iglesia de Matías disfrutamos del refrescante contraste que supone pasear por el Bastión de los Pescadores, desde donde se nos abre el panorama de la ciudad con sus puentes, sus impresionantes palacios y las grandiosas cúpulas del Parlamento y de la Basílica de San Esteban.

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Este frágil mirador, compuesto de encajes de piedra, es bastión solo en su nombre, aunque en la Edad media existía aquí una verdadera fortaleza, defendida por el gremio de los pescadores.

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Su construcción finalizó en 1902, tras casi dos décadas de obras. Sus siete torres conmemoran a las siete tribus fundadoras Hungría. En la fortaleza se encuentra una estatua de Esteban I a caballo.

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Divisamos a lo lejos la Isla Margarita. La Isla de las Liebres en el pasado era la morada de órdenes religiosas. Actualmente lleva el nombre de una antigua princesa, Sta. Margarita de la Casa de Árpád, quien pasó aquí su corta vida dedicada a las penitencias, en el siglo XIII, para cumplir el voto de su padres, quien quería agradecer de este modo la providencia de que las hordas mongolas abandonasen el país.

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Tras salir del recinto dimos un paseo por las silenciosas calles del Castillo de Buda. Su aspecto medieval fue moldeado por sus habitantes húngaros, alemanes y judíos, pudiendo agradecer su esplendor renacentista a los maestros italianos invitados por el rey Matías, conviertiéndose toda esta belleza en ruinas más tarde.

Lo que hoy vemos es un barrio con casas reconstruidas en los siglos XVII y XVIII, en estilo barroco, una morada preferida por los espíritus intelectuales. Durante este paseo descubrimos detalles medievales y barrocos, deteniéndonos en el solitario campanario de la antigua iglesia María Magdalena.

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La torre barroca reconstruida que se ve ahora es casi lo único que queda de esta iglesia. Hubo una iglesia en este lugar desde mediados del siglo XIII. Se convirtió en mezquita durante la ocupación turca y sufrió daños durante la liberación de 1686 y en la II Guerra Mundial. En el jardín encontramos también una ventana gótica reconstruida.

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También admiramos el tejado de cerámicas coloridas del Archivo Nacional mientras descendíamos, a pie, de la colina, paseando por los jardines que flanquean el castillo, en dirección a la Plaza Clark Ádám Ter, para cruzar de nuevo el Puente de las Cadenas en nuestro discurrir hacia el Parlamento.

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Ya en Pest, frente a la Plaza Széchenyi, contemplamos el Palacio Gresham, un edificio de estilo art nouveau completado en 1906 como un edificio de oficinas y apartamentos y que, actualmente contiene el Four Seasons Hotel Budapest Gresham Palace.

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En la muelle de Pest, a orillas del Danubio, cerca del Parlamento, descubrimos un original monumento tanto por su forma como por su significado, ubicado aquí desde el 16 de abril de 2005.

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Esta escultura, diseñada por Can Togay y Gyula Pauer, presenta hasta sesenta pares de zapatos realizados en hierro colado y situados en el borde del muelle y representa a los zapatos de hombres, mujeres y niños; cientos de víctimas inocentes que asesinadas y, posteriormente, arrojadas a las aguas del Danubio.

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Nos encontrábamos, con tiempo más que suficiente, en el Parlamento. Además de habernos retrasado un cuarto de hora la visita guiada, la guía española parece que esta mañana no encontraba el camino hacia aquí.

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El palacio grandioso del Parlamento puede parecer medieval, pero realmente es un resumen de la historia de mil años de Hungría. Se comprende su importancia simbólica si tenemos en cuenta que los húngaros lo llaman la Casa de la Patria.

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Hasta sus dimensiones son impresionantes. Las dos alas simétricas con la cúpula de 96 metros de alto en el centro, son de 268 metros de largo. La estructura simétrica no es pura casualidad, pues había que garantizar un ambiente digno a las cámaras alta y baja del parlamento de aquellos tiempos.

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La decoración interior es de una riqueza sin par. Se utilizaron 40 kilos de pan de oro de 22-23 quilates. Sus frescos, esculturas y vidrieras coloridas son obras de los mejores artistas de aquellos tiempos.

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La visita al parlamento se compone de diversas estancias. Entre pasillo y pasillo, nos detuvimos en la imponente escalera principal, con columnas gigantescas de granito y una decoración minuciosa en las paredes y frescos monumentales. En el descansillo central se puede ver un relieve del arquitecto Imre Steindl, diseñador del edificio.

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De ahí pasamos a la sala de la Cúpula. En ella se puede apreciar el interior de la cúpula y se exponen diversas estatuas de los reyes de Hungría. Enfrente de la escalera principal se encuentra la de San Esteban, el primer rey de Hungría. Una vitrina acoge algunas de sus pertenencias, entre las que destaca, entre las joyas de la coronación de Hungría, su corona.

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En las salas de conversación que se abren desde aquí encontramos esculturas de simples artesanos.

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Por último, visitamos la antigua Cámara Alta, actualmente utilizada sólo con fines turísticos. En el ala sur se encuentra su gemela, la sala del Consejo de los Diputados, no visitable por motivos obvios.

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Al salir del Parlamento contemplamos dos palacios igualmente grandiosos. A la izquierda, la Curia Real (Tribunal Supremo), sede hoy en día del Museo Etnográfico. A la derecha, el Ministerio de Agricultura, que desde su inauguración siempre ha jugado este papel.

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Praga, Budapest 2015 (5)

30 de julio. Nos despertamos antes que de costumbre. Había que terminar de preparar todo para el traslado a Budapest. Amaneció un día estupendo, con un sol radiante, al contrario que los anteriores. Bajamos a desayunar y nos preparamos para nuestro traslado a la Estación Principal de Praga (Praha hlavní nádraží), a menos de 500 metros de la Ópera estatal.

El interés turístico de esta estación, construida en 1871 en honor al emperador Francisco José, es la decoración art nouveau de su interior, obra de Josef Fanta, realmente impresionante.

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Abandonábamos Praga. Si Joaquín Sabina vino a Praga a romper una canción por motivos que no nunca explicó, nosotros la dejábamos con la convicción de que era una de las ciudades más bonitas que habíamos visitado. Y como él, también aprendimos que si hay que pisar cristales, que sean de Bohemia.

Llegamos a la estación con tiempo más que suficiente. Incluso tuvimos que esperar que los monitores avisaran el andén por el que partiría nuestro tren hacia Budapest. Algo menos de 450 kilómetros que tardaríamos en recorrer algo menos de siete horas, con bastantes paradas entre las que destacaban las de las conocidas Brno y Bratislava.

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Compartíamos vagón con cuatro chicas, dos de nacionalidad japonesa y dos centroeuropeas. Un auténtico crisol de culturas… Nos tocó comer en el tren unos estupendos bocadillos preparados en el desayuno.

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A la hora fijada llegamos a la estación Budapest-Keleti, y nos dio tiempo a recorrerla de punta a punta antes de que nuestro traslado apareciera y nos condujera al hotel Marriot Budapest en nuestro primer contacto con la ciudad.

Tras el rápido “checking in” comprobamos que teníamos una estupenda habitación con unas espectaculares vistas sobre el Danubio, el Puente de las Cadenas y toda la parte de Buda. Más no se podía pedir.

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Rápidamente, como ya es costumbre, a la calle, a patear la ciudad. Problema: “habíamos perdido los papeles”. El instinto nos llevó a la Plaza Vörösmarty, y allí se encontraba la famosa pastelería Gerbaud, la más famosa de Hungría. Fue fundada en 1858 por Henrik Kugler y desde entonces sus pasteles y tartas han ido haciéndose cada vez más conocidos. Su cafetería tiene más de 300 sillas, y la terraza exterior tiene un tamaño similar. Cómodamente sentados en su interior nos tomamos un Capuccino Frappé y una Gerbeaud Lemonade que nos supieron a gloria.

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Esa noche embarcábamos para disfrutar de un crucero por el Danubio con cena incluida. El punto de encuentro se encontraba en el Palacio Danubio y decidimos pasear por el centro de la ciudad para llegar a él y evitar algún contratiempo.

Cruzamos un gran parque ubicado en Deák Ferenc tér, con una enorme noria a la que, a pesar de que las intenciones eran otras, finalmente no subimos. Cruzamos József Attila utca y en breves minutos nos encontrábamos en Zrínyi utca, y allí estaba el Palacio Danubio.

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Quedaba tiempo de sobra antes de volver al hotel y prepararnos para el crucero… y el Danubio estaba a muy pocos pasos. A él nos dirigimos, cruzando, por primera vez, el fastuoso Puente de las Cadenas, uno de los ocho que conectan las orillas del Danubio. Estos puentes no son sólo una vía de comunicación, sino que son parte de la identidad de la ciudad.

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La construcción de este puente, el primero de Budapest, fue idea del conde István Széchenyi, que había formado, en 1832, la Asociación de los Puentes de Budapest para dar una solución definitiva al cruce del Danubio.

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En uno de sus viajes, Széchenyi tomó contacto con el ingeniero inglés William Thierney Clark, a quien encomendó el diseño. El puente se construyó en piedra, entre 1842 y 1849, bajo la dirección del ingeniero escocés Adam Clark. Hasta la inauguración de este puente, de 380 metros de largo, sólo se podía cruzar el Danubio en embarcación.

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En 1853 se emplazaron las cuatro estatuas de leones que custodian las entradas del puente, realizadas en piedra por el escultor Janos Marschalko. Cuenta una leyenda que estos leones son los guardianes de Hungría, y cobrarán vida el día que el país esté en peligro, y detendrán al invasor.

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En 1945, el puente original (al igual que los otros puentes de Budapest) fue dinamitado por las tropas alemanas, ya en retirada. Fue reconstruido idéntico al original, y re-inaugurado en 1949, para su centésimo aniversario.

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Nos encontrábamos ahora en la Plaza Clark Ádám Ter, justo en la estación inferior del funicular de Budapest (Budavari Sikló) con el que se puede llegar hasta el Castillo de Buda. Inaugurado en 1870, el funicular de Budapest fue el segundo que se construyó en Europa. Durante la Segunda Guerra Mundial el funicular quedó prácticamente destruido pero, posteriormente, se reconstruyó siguiendo fielmente el modelo original y la línea abrió de nuevo en 1986. Justo aquí está situado el Kilómetro 0 que se utiliza para medir las distancias en Hungría.

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En la muralla de ladrillos, junto al funicular, pudimos ver el escudo histórico de Hungría, con la Corona Sagrada en su cúspide, el símbolo más antiguo y hasta hoy el más importante del estado húngaro.

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Según la leyenda, fue el papa Silvestre II quien la envió en el año mil d.c. para la coronación del rey, San Esteban, reconociendo el derecho del estado húngaro de figurar entre los países cristianos de Europa.

Decidimos pasear por la orilla del Danubio opuesta al hotel hasta el Puente Erzsébet, en honor a la emperatriz Sisi, esposa de Francisco José, un personaje muy querido en Hungría y que apoyó activamente el acuerdo por el que el imperio pasó a ser una doble monarquía Austro-Húngara que daba a los húngaros amplia autonomía bajo el dominio Habsburgo.

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El puente se inauguró en 1903, cinco años después del asesinato de Elisabeth, y fueron los propios budapestinos quienes pidieron que fuera nombrado en honor a su amada reina. Pese a ese amor mutuo, el de Elisabeth es el único puente que no fue reconstruido según la forma original tras la Segunda Guerra Mundial.

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De vuelta a Pest, decidimos adentrarnos por vez primera en la famosa avenida Váci útca. Había que comprar una guía que subsanara la pérdida de papeles. Y ya de paso se aprovechó para realizar alguna que otra compra.

Volvimos al hotel. Prisas de última hora para maquearse y dirigirse al Palacio Danubio, al que llegamos a la hora fijada. Un rápido desplazamiento hasta el barco y listos para zarpar. La cena consistía en un buffet libre que se realiza en una sala acristalada del barco. Incluía un numeroso surtido de platos típicos de la gastronomía local demasiado extenso para enumerarlos todos aquí.

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Después de la cena pudimos disfrutar de unas maravillosas vistas de ambas orillas del Danubio desde la terraza exterior del barco.

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Ya en tierra, volvimos paseando al hotel, situado muy cerca del muelle. La noche incitaba a ello. El día tocaba a su fin y nuestro primer contacto con la ciudad había resultado excitante. Estábamos, sin duda, ávidos de que amaneciera un nuevo día que nos permitiera seguir disfrutando de la maravillosa Budapest.

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Praga, Budapest 2015 (4)

29 de julio. A las cinco y media de la mañana alguno ya estaba despierto. Nos olvidamos de lo temprano que amanece por estas latitudes. Eso sí, nublado, como el día anterior. Los pronósticos del tiempo fluctuaban desde lluvia a sol pasando por nubes. Difícil fiarse de ellos. Bajamos a desayunar y comprobamos, otra vez, la calidad del bufet del Hilton.

Después del acopio de energía para pasar la mañana salimos a la calle dispuestos a hacernos con un abono para utilizar de forma ilimitada el transporte público durante 24 horas, de nuevo en la estación de metro de Florenc.

Nuestro objetivo para esta mañana era visitar la colina de Petřin y el barrio judío de Praga. Había que tomar de nuevo la línea 22 del tranvía, pero esta vez nos desplazamos en metro desde Florenc hasta Karlovo náměstí. Volvíamos a estar en el parque inmenso que es la Plaza de Carlos.

Antes de tomar, justo en la plaza, el tranvía, tuvimos tiempo para entrar en la Iglesia de San Ignacio (Kostel svatého Ignáce). En los terrenos que ocupa construyó la Compañía de Jesús un segundo Colegio Jesuita, después del Klementinum. Cuando los jesuitas fueron expulsados en 1770 y la Orden disuelta, el convento se convirtió en hospital. La iglesia fue construida por Carlo Lurago entre entre 1665 y 1670.

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Cuando los jesuitas construyeron la iglesia, otras órdenes religiosas protestaron por el hecho de que se colocase en lo alto del frontón la estatua de San Ignacio en mandorla, es decir, en el limbo que rodea toda la figura, ya que esto se reservaba para las estatuas de Cristo y de la Virgen. Sin embargo, la estatua permaneció allí y allí continúa y ese limbo se ve brillar incluso a cierta distancia. En su interior, decorado en ese estilo barroco praguense tan característico, destaca la pintura en el altar mayor, la Gloria de Ignacio de Jan Jirí Heinsch.

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El tranvía nos condujo hasta la calle Újezd, en la base de la colina. Muy cerca del funicular que sube al parque de Petřin nos encontramos con el Monumento a las Víctimas del Comunismo. Este conjunto escultórico se diseñó en 2002 y consta de 7 figuras humanas que descienden por unas escaleras.

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Subimos a la colina tomando el funicular que sale desde el pasaje U Lanové Dráhy, al que se llega desde la calle Újezd. Tras pasear por las inmediaciones del Observatorio de Praga, disfrutamos de las mejores panorámicas de la ciudad desde el mirador de Petřin, una Torre Eiffel en miniatura. Tiene 63 metros de altura y se construyó en 1891, con motivo de la Exposición de ese mismo año. Sin embargo, no fue ubicada en el parque hasta 1932.

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A la parte más alta se accedía a través de una escalera de algo menos de 300 escalones o de un claustrofóbico elevador. La elección estaba clara…

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En el Parque encontramos también el Laberinto de los Espejos (cuya entrada se parece a la puerta de un castillo, construida también con motivo de la exposición de 1891) y la Iglesia de San Lorenzo, con su fachada con esgrafiados. Se encuentra delante del Laberinto, pegada al llamado Muro o Muralla del Hambre.

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Comenzamos el descenso de la colina a pie, como de costumbre, en busca de la “gruta mágica”, que nos condujo a la parada que el funicular realiza a la mitad del ascenso, Nebozízek, realizando la parte final del trayecto en este medio locomotor.

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Siguiendo la calle Karmelitská llegamos a la Iglesia de Nuestra Señora de la Victoria y del Niño Jesús de Praga. Esta iglesia barroca es la más antigua de Praga de este estilo arquitectónico. Es, además, una de las más visitadas, ya que se expone la imagen del famoso Niño Jesús de Praga. Hasta el siglo XVI fue una capilla protestante, pero a principios del siglo XVII, durante las guerras de religión, con la victoria católica, se convirtió en un templo de esta religión, que era la del poder real.

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La imagen del Niño Jesús llegó a Praga como regalo de boda de la noble española Isabel Manrique de Lara y Mendoza para su hija, casada con un noble checo. De generación en generación pasó a Polyxena de Lobkowicz, quien la donó a la orden carmelita en 1628.  Durante las sucesivas guerras entre católicos y protestantes, la iglesia y el convento carmelita cayeron en el abandono. Dice la leyenda que un sacerdote católico llegó al lugar y oyó una voz infantil: parece que era la del Niño Jesús, pidiendo al sacerdote que lo restaurara y que, a cambio, traería la paz. Así lo hizo el buen hombre y el milagro se produjo. Llegó la paz, por supuesto, a favor de los católicos, ya que el Niño Jesús protegió la ciudad de la invasión sueca.

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Existe la tradición de vestir al Niño Jesús con una multitud de trajes, 85 en total, algunos de ellos muy elaborados. Una parte de ellos se expone en un pequeño museo dentro de la iglesia.

Tras realizar algunas compras, nos dirigíamos ahora hacia el barrio judío. Era la última vez que cruzábamos el Puente de Carlos y la última vez que paseábamos por la Calle Karlova, no perdiendo en esta ocasión la oportunidad de contemplar la estatua de la legendaria princesa Libussa, rodeada de rosas, en el número 22/24 de esta maravillosa calle.

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Callejeando (con rumbo) por las calles de la ciudad llegamos al recinto del Antiguo Cementerio Judío, comenzando nuestra visita por la Sinagoga Pinkas, que es la segunda más antigua de Praga. El primer edificio databa del siglo XI y en 1535, en unos terrenos propiedad del Rabino Pinkas, la familia Horowitz construyó la sinagoga en un estilo gótico tardío. La sinagoga ha sido reconstruida varias veces a lo largo de los siglos.

Después de la Segunda Guerra Mundial, la sinagoga se convirtió en un Monumento a los judíos de Bohemia y Moravia asesinados. El centro del edificio es una sola de estilo gótico, con las paredes cubiertas con los nombres y la procedencia de los más de 80.000 judíos checos y moravos deportados al campo de Terezín. Aparte, resulta interesante contemplar su mikbá o baño ritual, así como la galería para las mujeres.

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 Entrar en el recinto del Antiguo Cementerio Judío de Praga es como retroceder en los siglos. Aunque no se sabe la fecha precisa, lo más probable es que fuera fundado durante el primer tercio del siglo XV, ya que la tumba más antigua, la del Rabino Avigdor Kara, data de 1439. Hay opiniones que datan la apertura del cementerio en 1478 y opinan que las lápidas más antiguas fueron traídas de otro cementerio anterior ya desaparecido.

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Durante más de 300 años fue el único lugar donde los judíos de Praga podían enterrar a sus muertos. La falta de espacio la suplieron enterrando los cuerpos unos encima de los otros. Actualmente se pueden contemplar unas 20.000 lápidas, que son las que se encuentran en la superficie. Pero se calcula que en niveles inferiores hay unas 100.000 personas, repartidas en unos 12 niveles. El último entierro que se llevó a cabo en este cementerio se celebró en 1787.

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Muchas de las lápidas están decoradas con símbolos que hacen referencia a la familia a la que pertenecía el difunto, a su oficio o condición. Por ejemplo, algunas están decoradas con racimos de uvas (las uvas significan “abundancia”, lo cual quiere decir que el muerto era una persona rica); otros unas tijeras, que quiere decir que el difunto era sastre. Las lápidas en donde hay grabadas un león significa que la persona que está enterrada pertenecía a la tribu de Judá.

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La tumba más famosa del cementerio es la del Rabino Löw, que murió en 1609. Fue un personaje muy famoso en su época, incluso era muy respetado por el emperador por su sabiduría. La leyenda dice que fue el creador del Golem, el monstruo hecho de barro que protegía a la comunidad judía de los continuos ataques cristianos. El Rabino Löw tenía fama de taumaturgo y de poder obrar milagros. También se dice que concede los deseos que se le piden. Su tumba está cerca de la entrada del cementerio, pegada al camino y en la pared que hay delante una placa indica de quién es la tumba.

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Además, no pasa desapercibida, no sólo por sus dimensiones, sino porque está llena de papelitos y piedras. Veréis que la gente deja sobre la tumba los papelitos con sus deseos escritos, esperando que el santo rabino se los conceda. Después, se colocan algunas piedrecitas. Los judíos, en lugar de flores, ponen piedras en las tumbas, en recuerdo de los 40 años que el pueblo de Israel anduvo por el desierto hasta llegar a la Tierra Prometida. Las piedras servían para señalizar el lugar donde iban enterrando a los que murieron durante el éxodo por el desierto.

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Probablemente la tumba más bonita del cementerio sea la de Hendele Bassevi, la esposa del primer judío de Praga que consiguió un título de nobleza, y que data de 1628. Se encuentra entrando en el recinto, pasando por detrás de la Casa de Ceremonias, delante de una torre con la cúpula de color verde que pertenece al Museo de Artes Decorativas. La tumba de Hendele Bassevi se reconoce porque está coronada por la figura de un león, símbolo de la tribu de Judá. Está muy cerca de la tumba del Rabino Löw.

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Otra tumba importante es la de Mordechai Maisel, el alcalde de la Ciudad Judía y constructor de la Sinagoga Maisel, que murió en 1601. La tumba queda delante del muro que da al Museo de Artes Decorativas, a la izquierda de las tumbas de Hendele Bassevi y del Rabino Löw.

Junto al Antiguo Cementerio se encuentra la Casa de Ceremonias. Es un edificio de estilo neorománico construido entre 1911, en el mismo lugar donde se levantaba la Hebrá Kadishá, la Sala Ceremonial de la Sociedad Funeraria Judía de Praga, fundada en 1564. En ella se encuentran diferentes exposiciones.

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Saliendo del cementerio, a mano derecha, encontramos la Sinagoga Klaus, que fue construida a finales del siglo XVII, siendo renovada en 1884. Esta sinagoga lleva el nombre de Klausova (Klaus), porque antes de 1689, cuando tuvo lugar un incendio, este lugar estaba ocupado por pequeñas escuelas judías que recibían el nombre deklausen, y estaban dirigidas por el Rabino Löw. En la sinagoga se guarda una colección de manuscritos y grabados hebreos, así como una exposición sobre la historia de la comunidad judía de Praga desde la Edad Media, que pertenece a la colección del Museo Judío. Esta colección permite conocer cómo era la vida cotidiana en el antiguo ghetto. Por lo que respecta al edificio, fijaos en la bóveda de cañón y sus decoraciones de estuco, de estilo barroco.

La Sinagoga española está un poco apartada del resto de edificios del Barrio Judío. Durante 20 años estuvo cerrada al público y se utilizaba como depósito de objetos del Museo Judío. Después de un periodo de acondicionamiento, volvió a abrirse al público en 1999.

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Fue construida a principios del siglo XVI por judíos españoles expulsados de España en el año 1492 y en ella se reunían los judíos de origen sefardita. Ocupa la ubicación de una antigua sinagoga del siglo XII, llamada la Vieja Escuela. A lo largo de su historia, la sinagoga sufrió varios incendios, por lo que tuvo que ser restaurada, la última de ellas en 1836, cuando se convirtió en la sede de la Comunidad Judía Reformista. Por eso hay un órgano en su interior, ya que los judíos reformados usan este instrumento en su liturgia.

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Se construyó imitando el estilo morisco. Su planta es cuadrada con una preciosa cúpula central y tres galerías. El interior está decorado con arabescos en las paredes, puertas, galerías y estucos, y con unas vitrinas de colores magníficas. En la sinagoga se continúa la exposición sobre la vida de cotidiana de los judíos que tiene su primera parte en la Sinagoga Klaus.

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Después de la visita al barrio judío tocaba comer. El lugar elegido era Lokál (Diouhá 33). Además de las cervezas de rigor, tomamos tlačenka s cibulí a octovou zálivkou, vepřové ledvinky dušené na cibulce, dušená rýže y pečené hovězí žebro, špenát.

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No sabemos si para facilitar nuestro descanso, el camarero que nos atendió “traspapeló” nuestra comanda, y pasamos un buen rato en el local. Eso sí, las cervezas corrieron por su cuenta.

Tras la comida nos dirigimos a la Iglesia de San Jaime, también conocida como Iglesia de Santiago (Kostel Svatého Jakuba), en Malá Stupartská. Construida hacia finales del siglo XX, posee unas dimensiones gigantescas: una vez que nos encontremos en su interior, nos quedamos absortos por el largo de su nave central, así como por la vertiginosa altura de 30 metros.

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El incendio que destruyó una gran parte de la Ciudad Vieja en 1689 obligó la reconstrucción parcial del edificio. En la nueva fachada encontramos tres bajo-relieves de gran tamaño, cuyas escenas representan la apoteosis de San Francisco, Santiago el mayor rodeado de pelegrinos y la apoteosis de San Antonio de Padua.

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En el interior destacan sobre todo dos obras maestras del arte barroco: la pintura del altar que representa el Martirio de Santiago y la imponente monumento funerario esculpido del gran orador de a orden de Malta, Jan Václav de Mitrovice. La bóveda está decorada con frescos en trampantojo.

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Detrás de la Iglesia de Nuestra Señora de Týn queda el Ungelt o Patio de los Mercaderes, entre las calles Mašná y Malá Štuparská. Era un antiguo patio donde los mercaderes de Praga hacían sus transacciones comerciales hasta el siglo XVII. También allí era donde los comerciantes tenían que pagar el derecho de aduana de la Ciudad Vieja.

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Volvimos al hotel, evitando así otro remojón. Había que empezar a preparar el equipaje para nuestra marcha y, más tarde, visitar la típica U Fleků, en la calle Křemencova (si el tiempo acompañaba). Eso sí, un reconfortante café en el Café Bistro del hotel no era una mala idea …

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Cerca de las siete de la tarde cesó de llover. Era el momento de salir. El metro nos dejó en la estación de Národní třída, saliendo a un centro comercial en las inmediaciones de la calle Spálená. Al salir de él tropezamos con una estatua que no para de moverse, inaugurada el pasado 31 de octubre de 2014. Es la cabeza del escritor Franz Kafka.

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La obra tiene 42 bloques/segmentos metálicos (once metros de altura), y en su construcción se han empleado veinticuatro toneladas de hojalata inoxidable. En total pesa 39 toneladas. Sin embargo, lo que más llama la atención es el movimiento constante de todos los bloques, que giran independientemente gracias a un motor que alimenta un kilómetro de cables.

Bajando por la calle Myslíkova nos encontramos otra peculiar escultura antes de llegar a U Fleků, uno de los lugares de visita obligada en Praga.

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Un ambiente pintoresco de grandes mesas de madera en donde un músico de acordeón amenizaba la velada mientras degustábamos la imprescindible cerveza negra de fabricación propia y comíamos algo.

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Peculiares hasta para anotar las comandas y hacer la cuenta…

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Al salir tocaba volver al hotel. Al día siguiente tomábamos el tren en dirección a Budapest y había que madrugar algo más de la cuenta.

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Praga, Budapest 2015 (3)

La comida no podía esperar más. El copioso desayuno del Hilton había pasado a mejor vida. Comimos en la pizzería Canzone, en la calle Josefská, una de las que desemboca en la bulliciosa calle Mostecká (Calle del Puente) que nos condujo, de nuevo, al Puente de Carlos.

El Puente de Carlos, de estilo gótico, se construyó en 1357, en el lugar que había ocupado un antiguo puente, llamado Puente Judit. Este puente románico quedo destrozado por una crecida del río Vltava en 1342, y Carlos IV, el soberano que reinaba en aquellos momentos, decidió que el próximo puente que cruzara el río tenía que resistir las fuerzas de la naturaleza. Y así fue, porque el Puente de Carlos es una verdadera joya de la ingeniería y que a pesar de su antigüedad ha resistido inundaciones y crecidas.

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El Puente de Carlos une la Ciudad Vieja con la Malá Strana y a ambos extremos se levantan torres. En el momento de su construcción no estaba adornado por las estatuas que, a lado y lado, flanquean a los visitantes que lo cruzan y que lo han hecho mundialmente famoso. La estatua más antigua, la que representa a San Juan Nepomuceno, es de 1683, y la más reciente, el grupo escultórico de los santos Cirilo y Metodio, evangelizadores de Bohemia, fue esculpido por Karel Dvorák entre 1928 y 1937. Las estatuas que se pueden conservar en la actualidad son réplicas, ya que las originales no se exponen por motivos de seguridad y conservación y se conservan en el llamado Lapidarium.

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De ellas podemos destacar (partiendo desde el lado de la Ciudad Vieja) el primer grupo escultórico, a la derecha -La Virgen y San Bernardo, obra de Matěj Václav Jäckel (1709)-; el primer grupo escultórico, a la izquierda -San Ivo, obra de Matyás Braun (1711)-; el segundo grupo escultórico, a la izquierda -La Virgen con los santos Domingo y Tomás, obra de Matej Václav Jäckel (1708)-; el tercer grupo escultórico a la izquierda -La Cruxifixión, obra anónima, empezada en 1681 y terminada en 1861.  La estatua de Cristo lleva escrito en hebreo “Santo, Santo, Santo es el Señor” y según la leyenda, fue un judío quien tuvo que costear su construcción para expiar una blasfemia-.

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El tercer grupo escultórico a la derecha -Piedad, obra de Emmanuel Max (1858)-; el séptimo grupo escultórico a la izquierda -San Francisco de Borja, obra de Ferdinand Maximilian Borkoff (1710)-; el séptimo grupo escultórico a la derecha -Santos Wenceslao, Norberto y Segismundo, obra de Josef Max (1853)-; el octavo grupo escultórico a la izquierda -Santa Ludmila, obra de Matyás Braun (1730)-; el octavo grupo escultórico a la derecha -San Juan Nepomuceno-; el noveno grupo escultórico a la derecha -San Antonio de Padua, obra de Jan Oldrich Mayer (1707)-; el noveno grupo escultórico a la izquierda -San Francisco Seráfico, obra de Emmanuel Max (1855)-; el décimo grupo escultórico a la derecha: San Judas Tadeo, obra de Jeroným Bedřich Kohl (1708)-; el décimo grupo escultórico a la izquierda -San Vicente Ferrer y San Procopio, obra de Ferdinand Brokoff (1712). Detrás de estas estatuas, casi escondido detrás de la barandilla, se encuentra la estatua, más pequeña que el resto, de un caballero con espada. Es el caballero Bruncvík, de quien dice la leyenda que se fue por el mundo a buscar un león vivo para colocar en su escudo. Durante uno de sus viajes, el caballero recibió una espada mágica, que cortaba ella sola la cabeza de los enemigos. Cuenta la leyenda que esta espada está emparedada en el Puente de Carlos para que pueda servir a San Wenceslao, el patrón de Bohemia, el día que Bruncvík regrese con los caballeros de la Orden de Blanik para defender a la nación checa. Otras leyendas dicen que la estatua representa a Roldán, también hablan de una espada emparedada en el Puente y afirman que el día que alguien la encuentre y la separe de su escondrijo de piedra, el Puente de Carlos se derrumbará y empezará el fin del mundo-.

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El decimosegundo grupo escultórico a la izquierda -Santa Luitgarda, obra de Matyás Braun (1710)-; el decimocuarto grupo escultórico a la izquierda -Santos Juan de Malta, Félix de Valois e Iván, obra de Ferdinand Brokoff (1714)-; el decimocuarto grupo escultórico a la derecha -San Vito, obra de Ferdinand Brokoff (1714)-; el decimoquinto grupo escultórico a la derecha -Santos Salvador, Cosme y Damián, obra de Jan Oldřich Mayer (1709)- y el decimoquinto grupo escultórico a la izquierda -San Wenceslao, obra de Josef Böhm (1858).

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Nos dirigíamos ahora a la Plaza de la Ciudad Vieja (Staroměstské náměstí) pero al acceder a ella por la calle Karlova nos encontramos antes la Plaza pequeña (Malé náměstí), ubicada justo por detrás del rincón que crea el edificio del Ayuntamiento con la casa U Minuty. Esta plaza, rodeada de edificios de fachadas de múltiples colores, destaca por su fuente central, con su hermosa reja renacentista de 1560, rematada por un león dorado.

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La mayoría de los edificios que rodean la plaza son barrocos, aunque ocupan el lugar de otros mucho más antiguos, del periodo medieval. Muchas de ellas conservan los emblemas que servían como elemento diferenciador antes de que en Praga se numeraran los edificios, ya en el siglo XVIII.

La casa que posiblemente destaca sobre el resto es la que ocupa el número 3, la Casa Rott. La casa lleva el nombre del propietario de la casa desde 1855, Vincenc Josef Rott, un próspero hombre de negocios praguense. El nombre del propietario (VJROTT) se ve escrito en mitad de la fachada. El exterior fue rediseñado a finales del siglo XIX por Mikulaš Aleš. Los frescos son obra de Ladislav Novák y de Arnost Hofbauer y representan distintas herramientas de metal, así como alegorías de trabajos manuales, detalles florales y escenas mitológicas.

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A la izquierda del Ayuntamiento, justo en el rincón donde éste termina, pudimos observar una casa que recibe el nombre de U Minuty, construida en estilo renacentista en el siglo XVI, con unos hermosos esgrafiados en blanco y negro.

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La Plaza de la Ciudad Vieja es la más antigua y la más importante del primer núcleo de población que existió en Praga. Esta plaza ha sido testigo de la mayoría de los acontecimientos de la historia de este país: comitivas reales, ejecuciones, manifestaciones populares, etc.

En el centro de la plaza encontramos un monumento altamente simbólico, el dedicado al reformador Jan Hus, iniciador del movimiento nacionalista protestante de los husitas. Hus se enfrentó con el poder establecido, el del rey y el de la Iglesia Católica, y fue quemado en la hoguera. El monumento, obra de Ladislav Saloun, se construyó en 1915, Bohemia todavía formaba parte del Imperio Austro-Húngaro, como símbolo de reafirmación nacional.

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El edificio del Ayuntamiento de la Ciudad Vieja se construyó en 1338 por decisión del rey Juan de Luxemburgo. A lo largo de los siglos se fue ampliando con los edificios adyacentes que podemos contemplar en la actualidad. En la torre de estilo gótico se halla el famoso reloj astronómico, construido en 1410.

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En el extremo opuesto de la Plaza de la Ciudad Vieja, se encuentra el edificio más cautivador de esta Plaza, símbolo de Praga por excelencia: la Iglesia de Nuestra Señora de Týn. Su fachada está separada del resto de la Plaza por el monumental frontispicio de la llamada Skola Týnská, con unas arcadas góticas hermosísimas. Para acceder a la iglesia hay que cruzar el pasaje que hay bajo estas arcadas.

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La iglesia fue construida durante los siglos XIV y XV en el lugar que había ocupado un templo anterior. Su interior es gótico y barroco y en él podemos encontrar la tumba del famoso astrónomo Tycho Brahe, que trabajó para Rodolfo II de Habsburgo en el siglo XVI.

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A destacar el tímpano sobre el portal de la iglesia. El que podemos contemplar actualmente es una copia del que realizó el constructor y arquitecto de la corte de Carlos IV, Petr Parlér, que era de finales del siglo XIV.

Volviendo a la Plaza de la Ciudad Vieja, a la izquierda de la Iglesia de Nuestra Señora de Týn encontramos el Palacio Goltz-Kinsky, con una suntuosa fachada rococó. En este edificio se encontraba el Liceo Alemán, al cual asistió Franz Kafka.

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A la derecha del Palacio Goltz-Kinsky se levanta una edificación que llama la atención, la Casa de la campana de piedra (Dum U Kamenného zvonu), una de las primeras edificaciones góticas de la ciudad que se construyeron como residencia particular y que data del siglo XIII.

Detrás del edificio del Ayuntamiento encontramos la Iglesia de San Nicolás de la Ciudad Vieja.  El templo, construido en 1735, es obra del arquitecto barroco por excelencia en Praga, Kilián Ignác Dienzenhofer, con decoración escultórica del no menos famoso Antonín Braun. La iglesia es de culto protestante, por lo que su interior es bastante austero.

En la Plaza de la Ciudad Vieja destacan también los dos conjuntos de edificios de su parte norte (detrás del Monumento a Jan Huss) y de su parte sur.

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La casa más antigua de la parte norte es la de la derecha, que se construyó en el siglo XVII en el lugar donde había existido un antiguo convento. El resto de edificios son de principios del siglo XX y se construyeron tomando una parte del antiguo Barrio Judío cuando se produjo el Saneamiento.  La siguiente a la izquierda, con la fachada pintada de amarillo y rosa (es un solo edificio) se construyó en 1900 y era la sede de la Compañía de Seguros de Praga. En la parte pintada de rosa se intentó respetar el estilo barroco de la casa original, mientras que la parte pintada de amarillo corresponde al estilo art nouveau, propio de finales del XIX y principios del XX.  El edificio que hace esquina con la calle Parizšká se construyó a principios de siglo, pero en estilo barroco, intentando reproducir también el edificio originario. Aquí pudimos ver también la Casa natal de Franz Kafka.

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En cuanto a los edificios de la parte sur, la primera casa por la izquierda, con la fachada en tono salmón, es la Casa del unicornio blanco, de principios del siglo XVIII, que fue conocida popularmente por ese nombre porque allí había una farmacia llamada Del Unicornio blanco. La siguiente casa hacia la derecha es posiblemente la que llama más la atención, la Casa Storch y fue construida a finales del siglo XIX. En su fachada destacan los frescos pintados por Mikulas Aleš.

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A la derecha de la Casa Storch encontramos la Casa del carnero de piedra. A menudo se dan confusiones entre esta casa y la que se encuentra al otro lado, la Casa del Unicornio blanco. Esto es debido a que la farmacia Del Unicornio blanco se trasladó con el tiempo a la Casa del carnero de piedra, por lo que las dos edificaciones, a veces, se conocen con el mismo nombre. Destaca el magnífico portal de estilo renacentista. Encima, a la derecha del balcón, podemos contemplar el emblema con un carnero. Hay una placa conmemorativa que recuerda la estancia de Albert Einstein en este edificio cuando ejerció de profesor en Praga en 1911.

El edificio de la derecha es la Casa de la mesa de piedra, con su fachada en tono anaranjado. La siguiente casa, con la fachada de color verde pálido, actualmente es un hotel. La siguiente casa, justo en la esquina con la calle Železná, es la Casa del caballito blanco, y en su interior conserva elementos románicos y góticos. La casa también se conoce como Escuela Smetana, ya que era la sede de la escuela de pianistas que fundó el famoso compositor checo.

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Eran las cinco de la tarde y teníamos que volver al hotel. La idea era tomar el metro en Náměsti Republiky y debíamos recorrer de nuevo, ahora a plena luz del día, la calle Celetná, en la que se pueden contemplar los diferentes estilos arquitectónicos que se reúnen en la ciudad de Praga, desde el románico hasta el vanguardista. Muchos de los edificios que ocupan la emblemática Celetná tienen planta subterránea, que marca el nivel románico de lo que fue la antigua ciudad. El nivel de las calles tuvo que elevarse en el siglo XII a causa de la crecida de las aguas del río que en primavera inundaba la ciudad. Se cubrieron con tierra las casas y edificios de la zona y encima se construyeron otros nuevos.

A la derecha, en el número 12, se halla el Palacio Hrzán, uno de los ejemplos más espectaculares del barroco checo de principios del siglo XVIII, con una suntuosa decoración escultórica en su fachada.

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En el número 11 encontramos la Casa del León checo, que actualmente alberga una taberna de vinos en su sótano.

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En el número 34, se levanta la Casa de la Virgen Negra, uno de los edificios de Praga más admirados por los amantes de la arquitectura moderna. Fue construida en estilo cubista por el arquitecto Josef Gočár, entre 1911 y 1912. El edificio toma su nombre por la imagen de una Virgen negra que hay en una de las esquinas de la fachada.

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Tras tener organizado completamente el viaje pensamos que no podíamos despedirnos de Praga sin asistir a alguna representación musical, y pudimos sacar por internet dos entradas para asistir a la representación de Don Giovanni en el Teatro de los estados. Y esta era la noche.

El teatro se construyó entre 1781 y 1783 por deseo del conde František Antonin de Nostitz-Rieneck y no se han realizado en él apenas cambios desde entonces. Durante un tiempo fue conocido como Teatro Nostitz. En este teatro, Wolfgang Amadeus Mozart estrenó su ópera Don Giovanni en 1787 con gran éxito, como recuerda una placa conmemorativa.

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El teatro ha cambiado varias veces de nombre: en 1798 fue comprado por los Estados Checos de Bohemia y por eso pasó a llamarse Teatro de los Estados. Durante el periodo comunista tomó el nombre de Teatro Tyl, en memoria de Josek Kajetan Tyl, un músico especialmente comprometido con la cultura checa e integrante del movimiento nacionalista del Renacimiento Nacional Checo. Tyl trabajó a favor de la recuperación del checo como lengua de cultura, ya que ésta había quedado minorizada a favor del alemán, la lengua de la dinastía reinante de los Habsburgo. En 1834 se estrenó en el teatro la comedia musical Fidlovačka, en la que se cantaba una pieza con letra de Josef Tyl y música de František Škroup titulada ¿Dónde está mi hogar? (Kde domov můj). La canción pronto se hizo muy popular y en 1920 se convirtió en el himno nacional checo.

Cabe reseñar que el director checo Miloš Forman utilizó el Teatro para rodar algunas escenas de la famosísima película Amadeus. El dinero que se obtuvo con la cesión del teatro sirvió para llevar a cabo una restauración que se completó en 1990. Es precisamente en esta fecha cuando recupera su denominación como Teatro de los Estados.

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Decididamente, resultó ser una gran idea, pues la representación rayó la perfección en todas sus facetas, musical y artística. Un Don Giovanni irreprochable desde lo actoral. Un gran Leporello. Una espléndida Doña Ana, afinada, segura, timbre claro, intensa y emotiva. Una excelente Doña Elvira, la mujer abandonada aunque en el fondo aun enamorada de Don Giovanni. Muy bien acompañados por unos notables Masseto, Zerlina y Don Octavio.

La orquesta impecable, con un preciso acompañamiento y una obertura perfecta. Unos espléndidos decorados, muy apropiados para lo que la ocasión requiere, con una eficaz dirección de escena. Señalar que la ópera dura cerca de tres horas y en ningún momento decae la atención por cambios escenográficos o por movimientos actorales de poca relevancia. Por el contrario, ese movimiento escénico cumple el doble rol de agilizar el texto y hacer más comprensiva la acción.

Y, por último, no podemos olvidar que es Mozart quien para las escenas finales escribe música terriblemente dramática y para las escenas intermedias, cuando la obra transita el espíritu de una comedia, música gloriosamente hermosa.

Extasiados por el espectáculo al que acabábamos de asistir volvíamos al hotel, de nuevo en metro. Apetecía una segunda copa de del típico vino espumoso checo que habíamos degustado en el ambigú del teatro. Y qué mejor lugar que el Cloud 9 Sky Bar & Lounge que teníamos en nuestro propio hotel. Un magnífico colofón a una fantástica velada, que ponía fin a nuestro segundo día en la bella ciudad de Praga.

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Praga, Budapest 2015 (2)

28 de julio. A las cinco y media de la mañana alguno ya estaba despierto. Nos olvidamos de lo temprano que amanece por estas latitudes. Eso sí, nublado, como el día anterior. Los pronósticos del tiempo fluctuaban desde lluvia a sol pasando por nubes. Difícil fiarse de ellos. Bajamos a desayunar y comprobamos cómo era el bufet del Hilton. En este caso, espectacular. En cuanto a servicio, cantidad y calidad.

Después del acopio de energía para pasar la mañana salimos a la calle dispuestos a hacernos con un abono para utilizar de forma ilimitada el transporte público durante 24 horas (no era cuestión de repetir la experiencia de la tarde anterior, bonita pero agotadora). A cien metros del hotel teníamos la estación de metro de Florenc, donde lo conseguimos por 110 Kč.

Nuestro objetivo para esta mañana era visitar el Castillo de Praga. Sabíamos que la línea 22 del tranvía subía hasta él. Tomamos la línea 3 desde Florenc hasta Lazarská, donde nos bajamos para hacer el transbordo. En Novoměstská radnice tomamos la línea 22, eso sí, en sentido opuesto al deseado (Nádraží Hostivař). Tras percatarnos de que nos alejábamos del centro de Praga cambiamos de tranvía para dirigirnos, ahora sí a Pohořelec (sentido Bílá Hora), ya en lo alto de la colina en la que se sitúa la zona del Castillo.

La fortaleza original que dio lugar al Castillo de Praga data del siglo IX. Tenía una función básicamente defensiva, pero con el paso de los siglos se convirtió en la residencia de los reyes de Bohemia, es decir, en la sede del poder real y se le fueron añadiendo edificios, como la catedral, símbolo del poder religioso, hasta convertirse en el amplio recinto que podemos contemplar en la actualidad. Desde la colina del Castillo pueden contemplarse espectaculares vistas del barrio de la Malá Strana, que está a sus pies, así como del Puente de Carlos y, a lo lejos, de la Ciudad Vieja.

La entrada principal al recinto del Castillo está constituida por el Primer Patio o Patio Ceremonial. Se entra por una gran reja de hierro forjado flanqueada por dos estatuas que forman La Batalla de titanes (son copias de las que realizó el año 1770 el famoso escultor Ignaz Platzer). Del primer patio al segundo se pasa a través de la Puerta Matías.

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En el segundo patio destaca, en el centro, la Fuente de Kohl (1686) y la Capilla de la Santa Cruz, donde durante siglos se guardaban las joyas del tesoro y ahora es un punto de información. En este mismo patio encontramos las antiguas Caballerizas Imperiales, que son una sala de exposiciones desde 1993, y la Galería de pinturas del Castillo. Desde este patio se puede acceder también a los Jardines Reales.

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Nuestro primer objetivo era la Catedral de San Vito. Como la mayoría de estos edificios, se ha ido construyendo a lo largo de los siglos. La construcción primitiva parece que data del siglo IX (una pequeña rotonda que hizo construir el príncipe Wenceslao más o menos en el lugar en donde hoy se encuentra la Capilla de San Wenceslao). Hacia el año 1085 ya existía allí una pequeña basílica. Pero la construcción de la catedral propiamente dicha se inició hacia 1344, cuando el futuro Carlos IV era todavía el heredero del trono. La construcción la inició el arquitecto francés Matías de Arrás. Pero murió 8 años después y fue sustituido por el alemán Petr Parléř, quien trabajó en ella hasta 1399. Las obras quedaron inacabadas y no se reanudó la construcción hasta 1871, cinco siglos después. La catedral se dio por terminada en el año 1929.

La fachada que se contempla al entrar en el Tercer Patio es neogótica, de la última época de construcción. Impresionante el rosetón, de más de 10 metros de diámetro, en el cual se representa la Creación del mundo. A ambos lados del rosetón hay los retratos de los constructores de la catedral. Las torres están decoradas con las estatuas de 14 santos. En el centro de la puerta de bronce se ha representado la historia del edificio.

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En el interior destacan las vidrieras, obras de artistas checos de finales del siglo XIX y principios del XX. Son especialmente interesantes los de la primera capilla a la derecha, obra de Max Swabinsky, y los de la tercera capilla a la izquierda, obra de Alfons Mucha, que posiblemente es el artista checo más conocido fuera de su país gracias a sus carteles art nouveau. La catedral tiene 21 capillas.

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Tras admirar la magnífica bóveda de crucería gótica, de una altura notable, iniciamos la visita. Delante del coro hay un bajo relieve que explica un episodio muy importante en la historia de Praga: en 1620, los checos nacionalistas y los protestantes contra los invasores alemanes y católicos. Los checos fueron derrotados en la batalla de la Montaña Blanca. Este relieve explica como Federico del Palatinado, que había sido elegido rey por los nobles de Bohemia, huyó, permitiendo la victoria de las tropas católicas lideradas por Fernando II de Habsburgo. El Puente de Carlos aparece representado tal y como era en la época, desprovisto de estatuas y sólo decorado con una cruz. También aparece representada la Iglesia de Nuestra Señora de Týn, que todavía tiene entre sus torres el cáliz de oro (símbolo de los husitas), que después de la victoria católica se fundió para hacer el manto de la Virgen que ahora ocupa su lugar.

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Continuando la vuelta a la catedral, llegamos al sepulcro de San Juan Nepomuceno, con unos recargadísimos ornamentos de plata. Este personaje fue utilizado por la dinastía Habsburgo como símbolo para recatolizar el país y eclipsar el recuerdo de Jan Hus.

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Siguiendo por la derecha, llegamos al Oratorio Real, que era donde los reyes y sus hijos oían misa. Es de estilo gótico tardío. Está conectado con el Palacio Real por un pasadizo elevado que se ve desde el exterior.

A continuación encontramos la Capilla de San Wenceslao, que es la verdadera joya de la Catedral. Fue construida en el siglo XIV por orden del emperador Carlos IV para alojar el cuerpo del príncipe y santo Wenceslao, que vivió en el siglo X. Pero el hermano de Wenceslao, Boleslav, envidiaba su poder y lo asesinó cerca de una iglesia al norte de Praga.

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La leyenda dice que Wenceslao pudo llegar moribundo a la iglesia y asió el picador de bronce que ahora se encuentra en la Capilla. Pronto el pueblo empezó a atribuir milagros al príncipe asesinado y finalmente, el hermano asesino se arrepintió de su crimen e hizo trasladar los restos de Wenceslao a la primitiva iglesia que se levantaba donde hoy está la catedral. Cuatro siglos más tarde, el emperador Carlos IV encargó a Petr Parléř la construcción de la Capilla. La puerta (dicen que cerrada bajo siete llaves) que hay al fondo alberga la Cámara de la Corona, donde se encuentran las joyas de la corona, que no se exponen al público.

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Salimos de la Catedral y dimos la vuelta a la izquierda, rodeando la antigua Sala Capitular. Encontramos la estatua de San Jorge, que es una copia de la original, que se encuentra en la Basílica de San Jorge, en el mismo Castillo. Desde ese punto teníamos una magnífica vista de la fachada sur de la catedral, de su sistema de contrafuertes y de la torre de casi 100 metros de altura, pudiendo contemplar las ventanas enrejadas, con una “R” mayúscula (de Rodolfo II) y los dos relojes, el primero que marca las horas y el de debajo, los cuartos. Ambos son de la época de Rodolfo II.

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En este patio encontramos el acceso al antiguo Palacio Real. En principio fue un sencillo castillo de madera que se construyó en el siglo IX. En el siglo XII ya se construyó el Palacio como residencia de los reyes de Bohemia. También ha sido sede de la Dieta o Parlamento. En el nivel inferior de construcción hay restos románicos. De hecho, los visitantes, lo primero que ven al entrar al Castillo es la llamada Habitación verde, que es de estilo románico, que fue una sala donde se reunían los tribunales y ahora alberga una biblioteca. Seguidamente llegamos a la magnífica Sala Vladislav, que fue construida durante el reinado del rey Vladislav (Ladislao) II Jagellón y es obra del arquitecto Benedikt Ried, que la diseñó en estilo gótico tardío. Su techo de nervaduras es realmente impresionante. Este salón se utilizó para fiestas, bailes, incluso torneos. Los caballeros accedían a este salón a través de la llamada Escalera de los Caballeros.

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Desde una esquina del Salón Vladislav se abre un ala, perpendicular a éste, que lleva el nombre de Ala Ludwig, en honor al hijo del rey Vladislav. Esta zona del Palacio tiene básicamente una importancia histórica, ya que allí se produjo la segunda de las famosas Defenestraciones de Praga, en 1618, cuando dos gobernadores católicos fueron arrojados por una de las ventanas. Al parecer, los dos nobles se salvaron porque justo debajo de esa ventana había un estercolero, pero los católicos quisieron darle una explicación “divina” al hecho, y afirmaron que fue la Virgen quien salvó a los dos defenestrados. En esta ala se encontraban también las dependencias de la Cancillería.

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Desde la Sala Vladislav, a la derecha, se accede a un balcón desde donde contemplar (y fotografiar) unas vistas magníficas de la Malá Strana.

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A la izquierda, accedimos a la Sala de la Dieta (que era como se llamaba el Parlamento), decorada con cuadros de los antiguos reyes de Bohemia. Y con una magnífica estufa de porcelana de color verde, preciosa, típicas en los castillos y palacios de Bohemia.

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Terminamos la visita al Palacio en la Sala de los Escudos de armas, saliendo del mismo por la Plaza de San Jorge, detrás de la Catedral (por el lado sur) está.

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Allí se encuentra la Basílica del mismo nombre, con su exterior vistoso, de fachada roja y torres blancas. Fue la segunda iglesia más antigua del recinto del Castillo (la primera fue la rotonda de San Vito, ubicada donde hoy se levanta la Capilla de San Wenceslao, dentro de la catedral). Fue fundada en el siglo X por el príncipe Vratislav. En esta basílica se encuentra enterrada Santa Ludmila, primera mártir de Bohemia (siglo IX), viuda del príncipe Bořivoj, y que fue estrangulada por su nuera Drahomira mientras estaba arrodillada rezando. También están enterrados otros miembros de la dinastía Přemyslita, la primera familia real de Bohemia.

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Su interior denota el origen románico de esta edificación, pero el gran incendio de 1142 destruyó la antigua iglesia, como ocurrió con otros muchos monumentos de la ciudad anteriores al siglo X. En el siglo XIII se añadió la Capilla de Santa Ludmila, donde reposan los restos de la mártir. La fachada que podemos contemplar en la actualidad se diseñó entre 1671 y 1691, en estilo barroco. La Capilla de San Juan Nepomuceno se encuentra incorporada a la fachada de la Basílica y es del siglo XVIII.

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Nos dirigimos al Callejón Dorado o de los alquimistas (Zlatá Uličká), callejuela que debe su nombre a los orfebres que habitaron allí durante el siglo XVII. Es uno de los lugares más curiosos de Praga, por sus casitas pintadas de colores, que casi parecen de juguete. Se construyeron en el siglo XVI para los guardias del Castillo, en la época de Rodolfo II.

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La leyenda dice que en esta calle vivían los alquimistas y magos que Rodolfo II había traído a su corte. Hacia el siglo XIX, las casitas fueron ocupadas por la población más pobre y marginal de Praga. A principios del siglo XX, los inquilinos intentaron rehabilitar sus casas e incluso se instalaron en ellas algunos intelectuales.

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Por ejemplo, la casa número 22 fue alquilada por Ottla Kafka, la hermana preferida del famoso escritor Franz Kafka, parece que para poder encontrarse a solas con un amor más o menos clandestino, y la acabó cediendo a su hermano, que iba allí a escribir entre 1916 y 1917.

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A su salida nos encontramos con la Torre Dalibor. Fue construida en el siglo XV por Benedikt Ried y tenía una función defensiva. Pronto pasó a convertirse en prisión, uso que tuvo hasta 1781. Su nombre se debe a su primer prisionero, el caballero Dalibor Kozojedi, que fue encarcelado en la torre hacia 1498.  Dice la leyenda que Dalibor aprendió a tocar el violín mientras esperaba la muerte en su prisión, la música le servía de distracción, pero también conseguía mejor trato por parte de sus carceleros. La fama de las bonitas melodías que tocaba el prisionero se extendió por la ciudad y la gente se reunía al pie de la torre y le hacía llegar comida. De ahí el refrán checo “La miseria enseñó a Dalibor a tocar el violín“. Dalibor fue finalmente ejecutado al pie de la torre. La triste historia del caballero preso en la torre inspiró al músico checo Smetana la ópera Dalibor (1868).

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En el interior de la torre se muestran las estancias donde los prisioneros eran torturados, lo cual, acompañado de la atmósfera un tanto tétrica que se crea al entrar en edificios de este tipo, hace que nos imaginemos lo que podía ser la vida miserable de los que allí estaban encarcelados.

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Abandonamos el recinto del Castillo por la Torre Negra, construida en 1135, como parte de sus fortificaciones. Su nombre se debe al incendio que se declaró en 1541 y que, a causa del humo, la tiznó de negro durante algún tiempo. Pero antes de esto, curiosamente, era conocida como la Torre Dorada, porque la parte superior estaba cubierta de brillantes placas de plomo pintadas.

Nos adentramos entonces en los Jardines del Sur, que se fueron creando poco a poco en las laderas debajo del Castillo. Paseando por ellos se recorre la extensión total del sur del Castillo, desde la entrada principal hasta el extremo opuesto, que conecta con las antiguas escalinatas de subida al castillo. Los Jardines del Sur son, en realidad, tres jardines: el Jardín del Paraíso, el Jardín de las Murallas y el Jardín de Hartig.

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Unas escalinatas nos permitieron regresar al tercer patio del Castillo para salir del recinto y dirigirnos al Loreto. Está compuesto por una iglesia, un claustro, la Santa Casa, algunos capillas y su famosísimo campanario. El Loreto de Praga fue construido en 1626 por encargo de Kateřina Lobkowicz, una aristócrata checa que deseaba promover la leyenda de la Santa Casa del Loreto en Bohemia. Según la leyenda, la casa donde el arcángel Gabriel se le apareció a la Virgen para anunciarle la concepción de Jesús era objeto de veneración entre los cristianos. Poco a poco, estos fueron llevándose trozos de la Santa Casa desde Nazaret y los depositaban en la ciudad italiana de Loreto. Otra leyenda más “atrevida” dice que los ángeles llevaron la casa completa por los aires desde Nazaret hasta Loreto a principios del siglo XIII. Otros dicen que una familia italiana, apellidada Angeli, se encargó de desmantelar la casa y depositarla en tierras italianas, de ahí la presunta intervención angélica en el traslado.

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La devoción por el Loreto en tierras de Bohemia se inicia a raíz de las guerras entre católicos y protestantes a principios del siglo XVII.  Durante la época de las sangrientas guerras de religión, los católicos construyeron más de 50 réplicas de la Santa Casa en Bohemia y Moravia, y la de Praga es la más grande y más importante. Ésta sería una estrategia clara de la dinastía Habsburgo y de la nobleza católica checa para “recatolizar” a los checos que profesaban ideas protestantes.

La fachada (en fase de rehabilitación en la actualidad) que da a la Plaza del Loreto fue construida entre 1721 y 1724 por Kilian Ignaz Dienzenhofer. El campanario es de 1634. Tiene un carrillón de 27 campanas que suenan cada hora. El carrillón de Loreto es protagonista de una de los centenares de leyendas que circulan sobre la ciudad de Praga. Se dice que durante la grave epidemia de peste que sufrió la ciudad a principios del siglo XVIII, una madre viuda veía como sus pequeños morían uno detrás de otro. Cada vez que moría uno de sus hijos, la madre pagaba para que las campanas del Loreto sonasen en recuerdo del niño muerto. Así sucedió hasta que murió el más pequeño y después de él, la pobre mujer. Nadie podía pagar para que las campanas tocasen en recuerdo de la desgraciada madre. Pero por intercesión de la Virgen, el carrillón sonó milagrosamente con una melodía tan hermosa que nadie nunca había oído nada igual.

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En el patio del Loreto, además de la Santa Casa, contemplamos las dos fuentes que allí se encuentran: la de la Ascensión y la de la Resurrección, ambas de 1740. En el interior de la Santa Casa se pueden contemplar diversos cuadros que describen episodios de la vida de la Virgen y una talla de madera del siglo XVII.

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Dedicamos unos minutos a dar un paseo por el claustro. La galería de la planta baja alberga varios altares y capillas. La más famosa es la de Santa Liberata. Es una mártir de origen español, que lleva un vestido hecho de reales y luce una barba auténtica. Se dice que el padre de Liberata la quería casar con un muchacho que no era cristiano. Ella pidió a Dios que hiciese algo que la liberase de aquel compromiso, así que Dios la escuchó e hizo que le creciera barba.

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Después pasamos a la Iglesia de la Natividad y de Jesucristo, construida entre 1734 y 1737 y posteriormente visitamos el Tesoro, que se conserva en el primer piso del claustro. Contiene más de 300 piezas que forman una respetable colección de orfebrería de los siglos XVII y XVIII.  Pero la joya entre las joyas es la custodia de diamantes llamada El Sol de Praga, que fue realizada en Viena entre 1696 y 1699. Tiene forma de sol del cual salen rayos formados por más de 6.000 diamantes.

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Bajamos a la Malá Strana en tranvía. Su plaza fue fundada en 1227 y la mayoría de las casas que la rodean son, en origen, del periodo medieval, aunque todas se fueron reconstruyendo a lo largo del tiempo en estilo renacentista y barroco. Está dividida en dos partes, una más baja y otra más alta, ya que se adapta al desnivel del terreno, que empieza a elevarse en lo que es la colina del Castillo. La Iglesia de San Nicolás, la joya del barroco praguense, es el edificio que divide la plaza. Y fue nuestro siguiente objetivo antes de comer.

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Fue construida durante la primera mitad del siglo XVIII por Kristof Dientzenhofer y por su hijo Killian Ignaz Dientzenhofer. Padre e hijo formaban una familia de arquitectos muy famosos de los siglos XVII y XVIII. La iglesia fue finalizada por su yerno, Anselmo Lurago. En el interior de la iglesia destaca la cúpula y las pinturas al fresco que la decoran. Esta cúpula, de más de 50 metros de altura, es el espacio interior más elevado de Praga, aunque dejamos su ascensión para otra visita a la ciudad.

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También el fresco de la nave principal, obra de J. L. Kracker, representando a San Nicolás; el púlpito barroco; las estatuas de los Padres de la Iglesia que rodean la nave central, obra de F. Platzer; el órgano (que llegó a tocar Wolfgang Amadeus Mozart), el altar mayor y las capillas laterales y las pinturas que las decoran, obra de Karel Škréta.

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Praga, Budapest 2015 (1)

En esta ocasión sólo había transcurrido un año desde nuestro último viaje al extranjero. Tras visitar consecutivamente París, Roma y Londres, las últimas escapadas “nacionales” a Burgos y Segovia ocuparon los veranos anteriores al de 2014, en el que visitamos Florencia, Pisa y Venecia.

La partida hacia Praga estaba prevista para el lunes, 27 de julio, desde el aeropuerto Adolfo Suárez Madrid-Barajas. Esta circunstancia nos obligó a desplazarnos a la capital el día anterior para hacer noche en el Hotel Avant Aeropuerto, en Torrejón de Ardoz, donde dejaríamos el coche durante nuestro viaje. No nos encontramos con excesivo tráfico para ser un domingo por la tarde y coincidir con los que volvían a Madrid tras pasar el fin de semana en las playas levantinas.

A las ocho de la mañana partíamos hacia el aeropuerto. Ya en la terminal, tocaba facturar. La espera de rigor y, a la hora prevista, volando rumbo a Praga, donde llegamos alrededor de la una y media de la tarde, junto a nuestras dos maletas, sanas y salvas, las primeras en salir por la cinta.

Rápidamente nos trasladamos al hotel, teniendo la oportunidad de disfrutar de las primeras vistas de la ciudad. Tras el “cheking in” en el Hilton Praga, dejamos el equipaje en la habitación y decidimos comer antes de dar la primera vuelta por la ciudad. A cincuenta metros del hotel, en la confluencia de las calles Ke Štvanici y Na Poříčí, encontramos un Mc Donald. Tendríamos ocasiones de sobra de degustar la gastronomía local, así que ni pintado.

Al salir, las primeras gotas de lluvia. Por cierto, habíamos dejado Madrid con temperaturas superiores a los 30 ºC. Ahora no llegaba a los 20 ºC. Un cambio notable, que se agradecía…

Vuelta al hotel. Se saca lo imprescindible de las maletas y comienza “la vuelta a Praga en una tarde”. Nuestros primeros contactos con las ciudades que visitamos suelen ser, más que intensos, devastadores. Llegamos ávidos de caminar, ver, disfrutar. Tomamos de nuevo Na Poříčí y desembocamos en Náměsti Republiky (Plaza de la República), dominada por el majestuoso edificio de la Casa Municipal.

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Desde este punto de Praga comenzaba el llamado Camino Real, que llegaba hasta el Hradčany, el distrito del Castillo. Éste era el recorrido que seguían los reyes de Bohemia en el día de su coronación. Más o menos donde ahora se encuentra la Obecní Dům, se encontró desde mediados del siglo XV hasta los últimos años del mismo siglo el Palacio Real. Después, la corte volvió a trasladarse al Castillo de Praga. Cuando los reyes de Bohemia eran coronados, seguían el Camino Real hasta el Castillo donde se les imponía la corona y resto de símbolos de la realeza que se custodiaban en la Catedral de San Vito.

También en esta plaza se encuentra la Torre de la Pólvora (Prašná brána). Fue construida en el año 1474 por el rey Vladislav II y ocupa el lugar de uno de los torreones de la antigua muralla del siglo XIII que rodeaba la Ciudad Vieja y que la separó un siglo más tarde de la Ciudad Nueva. La Torre era la entrada más importante a la Ciudad Vieja.

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Cuando la sede del poder real regresó al Castillo de Praga, la construcción de la Torre se interrumpió y fue utilizada durante muchísimos años como polvorín, de ahí su nombre. Fue restaurada en estilo neogótico por Josef Mocker entre 1875-1886. Sabiendo que se trata de uno de los mejores lugares para tomar fotografías panorámicas de la Ciudad Vieja decidimos subir a ella, para no perder la costumbre. Desde luego, las vistas no defraudaban…

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Conociendo el horario de cierre de varios de los monumentos que teníamos previsto visitar, esa primera tarde habíamos decidido desplazarnos a la Ciudad Nueva y contemplar la Plaza Wenceslao (Vaclavské náměstí) y sus alrededores. Partiendo de la Plaza de la República tomamos la calle Senovažná y justo en la intersección con la calle Jindřišská nos encontramos la Torre Jindřišská, torre gótica de 67,7 m de altura, la torre separada más alta de Praga.

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Se construyó entre 1472 y 1475 junto a la Iglesia de San Enrique y Cunegunda y a lo largo de los siglos ha sufrido avatares diversos, ya sea a causa de ataques militares (como el que tuvo que soportar en 1648 durante el ataque de las tropas suecas a la ciudad) o por fenómenos atmosféricos (en 1801, una terrible tormenta destrozó la parte superior gótica). El reloj de la torre es de estilo renacentista y se añadió en 1577.

Y entonces comenzó el diluvio. Tuvimos el tiempo justo de comprar un paraguas, a todas luces insuficiente para la cantidad de agua que caía en esos momentos. Nos refugiamos en una galería de arte en Senovážné náměstí, desde donde veíamos pasar los tranvías bajo la lluvia. Alguno pensó en regresar cuanto antes al hotel. Otra en esperar a que escampara. Como casi siempre, venció la opinión de esta última, afortunadamente.

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Unos minutos después comenzó a llover con menor intensidad. Ya se podía incluso pasear. Llegamos a Vrchlického sady, y allí nos encontramos con la estación de ferrocarril que tres días más tarde nos conduciría a nuestro siguiente destino. Continuando por este parque nos encontramos con la Ópera estatal, que ocupa el lugar donde se había construido el primer teatro de la Ciudad Nueva y que fue derruido en 1865.  Su nombre original fue Nuevo Teatro Alemán y se construyó para rivalizar con el Teatro Nacional Checo, que está en la Avenida Nacional. Su fachada es neoclásica y destaca el friso. Hoy en día es el principal teatro operístico de la ciudad de Praga.

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Y a su lado, uno de los elementos más emblemáticos de la Plaza Wenceslao, el edificio del Museo Nacional (Narodní Muzeum). Diseñado en estilo neorrenacentista por Josef Schulz, se acabó de construir en 1890, en el momento de máximo auge de la corriente nacionalista checa que reivindicaba el espíritu nacional del antiguo reino de Bohemia y la separación del Imperio Austro-Húngaro. Dado que en la actualidad se encuentra cerrado, nos tuvimos que conformar con contemplar las estatuas alegóricas que decoran su fachada, sobre todo las de la Historia y la Historia Natural, que flanquean la puerta de entrada.

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La estatua de San Wenceslao es el otro icono del renacimiento nacionalista checo. Está construida en bronce fundido y fue diseñada en 1912 por Josef Myslbek, uno de los más importantes escultores del país de finales del siglo XIX y principios del siglo XX.

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El lugar que hoy es la Plaza Wenceslao fue un enorme mercado de caballos durante la Edad Media. Con el paso de los siglos, ha sido el lugar favorito en el que los praguenses se han congregado con motivo de algún suceso o manifestación que afectaba a la ciudad o al conjunto del país. La recorrimos de un extremo a otro, llevando la mirada de un lado al otro, pero sin ver demasiado, dejándonos arrastrar por el bullicio y la animación que reina allí a todas horas.

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Nos encontrábamos, sin duda, en uno de los lugares en donde mejor se ha conservado en Praga la arquitectura de finales del siglo XIX, el estilo art nouveau. Los antiguos palacios barrocos que rodeaban este espacio fueron demolidos para construir edificios más altos y que seguían la moda arquitectónica que imperaba en Europa, desde Viena hasta Barcelona.

Uno de los primeros edificios que captó nuestro interés fue el Hotel Evropa, construido en 1906. Tanto por su fachada exterior como por la decoración interior es una muestra representativa del art nouveau praguense. A su lado se encuentra el Hotel Meran, otra muestra de la arquitectura y la decoración de finales del siglo XIX, principios del XX.

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Casi enfrente del Hotel Evropa podéis observar la Casa Wiehl, con una bonita y colorista fachada neorenacentista.

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Justo delante de la estación de metro de Můstek, en la intersección con la calle Vodičkova se encuentra el edificio de la compañía de seguros Assicurazioni Generali, donde Franz Kafka trabajó 10 meses hasta que tuvo que solicitar la baja definitiva a causa de la tuberculosis.

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La calle Vodičkova nos condujo a la Plaza de Carlos (Karlovo náměstí), que más que una plaza es un parque inmenso, rodeado de edificios, algunos de ellos facultades pertenecientes a la Universidad Karlova. La Plaza de Carlos fue construida en 1348 en el lugar donde, hasta ese momento, estaba instalado el mayor mercado de la ciudad, el Mercado de Ganado. Su forma actual, una especie de rectángulo, fue diseñada en el siglo XIX.

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En la parte derecha de la Plaza, en el extremo norte, pudimos contemplar el Ayuntamiento de la Ciudad Nueva (Novoměstská radnice). El Ayuntamiento, que se construyó entre 1377 hasta 1419, fue testigo de la primera defenestración de Praga en 1419, cuando varios representantes municipales católicos fueron lanzados por una de sus ventanas. Este hecho desencadenó las guerras husitas, entre protestantes y católicos. Estuvo en funcionamiento hasta 1784.

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Al final de la calle Resslova divisábamos ya otro emblema de Praga en los últimos años: Tančici Dům, la Casa que baila, obra del arquitecto Frank Gehry. En nuestro recorrido encontramos dos edificios históricos importantes. A nuestra derecha, la Iglesia de los Santos Cirilo y Metodio (Kostel Sv. Cyrila a Metodeje). Actualmente es una iglesia de rito ortodoxo, construida en estilo barroco en 1730 y dedicada a San Carlos Borromeo.

A nuestra izquierda, la Iglesia de San Wenceslao en Zderaza (Kostel svatého Vaclava Na Zderaze), en la esquina de la calle Resslova con la calle Dittrichova. Zderaz es el nombre que recibía esta zona de la Ciudad Nueva cercana al río. Los edificios que existían se demolieron en el Saneamiento del año 1900 y sólo se ha conservado esta iglesia. De estilo gótico, se construyó en 1380 sobre una antigua edificación románica y consta de una sola nave. En 1785 se convirtió en almacén militar. En 1927 el edificio fue adquirido por la Iglesia Checoslovaca, heredera de las ideas de Jan Huss, por tanto, protestante. En su interior destaca el altar con el crucifijo, realizado por el famoso escultor checo František Bílek en 1930.

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Tančici Dům, la Casa Danzante, también conocido también como Ginger y Fred (ya que por sus sinuosas líneas se asemeja a una pareja que esté bailando) se levanta desde 1996 en la orilla derecha del Vltava y rompió en su momento con el tipo de arquitectura de otros siglos a que nos tenía acostumbrados la ciudad de Praga. Se ha acabado integrando en el contexto urbanístico que le rodea y ya es un elemento más que distingue a la ciudad, aunque cuando se construyó levantó grandes críticas entre los más conservadores, que opinaban que rompía con la estética de la zona.

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Habíamos llegado al río Vltava, a la altura del Puente Jiráskův (Jiráskův Most). Caminando por el Muelle Masaryk hasta el Puente de las Legiones (Most Legii) contemplamos los edificios art nouveau que se suceden unos a los otros hasta encontrarnos frente al Teatro Nacional (Narodní Divadlo), cuya cúpula dorada es uno de los símbolos de la ciudad, visible desde muchos puntos de ésta.

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El teatro se construyó gracias a una subscripción popular y la primera piedra se colocó en 1868. Su arquitecto fue Josef Zitek y se inauguró en 1880 con la representación de la obra Libussa de Smetana. Pero sólo dos meses después fue destruido por un incendio y su reconstrucción fue dirigida por Josef Shultz. Finalmente, se reabrió en 1883.

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A su lado se levanta el inconfundible edificio del Teatro Nuevo, conocido en checo como Nová Scéna, con su exterior totalmente acristalado. En este teatro se llevan a cabo las representaciones de la Lanterna Magika, que consiste en espectáculos que combinan efectos en tres dimensiones, cine y danza contemporánea, tan típicamente checos como el teatro negro.

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Volviendo al río Vltava, seguimos avanzando por el Muelle Smetana (Smetanovo nabřaži) hasta llegar a las inmediaciones del Puente de Carlos. El Café Lávka, en un promontorio sobre el río, nos pareció un inmejorable lugar para hacer un alto en el camino (la lluvia había dado paso a una más que soleada tarde) y saborear nuestra más que merecida primera cerveza en Praga.

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Tras el reconfortante descanso llegamos a la Plaza de los Caballeros de la Cruz (Křižovnické náměstí), que debe su nombre a la orden religiosa y militar homónima que en el siglo XIII fundó la princesa checa Inés Premislita, que llegaría a convertirse en Santa Inés de Bohemia. En la plaza pudimos contemplar la Iglesia de San Francisco Serafín construida en el siglo XVII en estilo barroco por Jean Baptiste Mathey, sobre la Iglesia del Espíritu Santo, gótica, de la cual se conservan numerosos elementos.

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Al lado de la iglesia de San Francisco se encuentra la estatua de Carlos IV, rey de Bohemia y emperador del Sacro Imperio Romano-Germánico, fundador del Carolinum y durante el reinado del cual se construyó el famoso puente que lleva su nombre. Pero del Puente de Carlos ya hablaremos otro día…

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Eso sí, era la primera vez que cruzábamos este Puente, siempre lleno de visitantes que lo cruzan en uno u otro sentido. Además, de vendedores ambulantes, músicos, mimos, pintores, marionetistas, cantantes… Es toda una experiencia mezclarse con toda esa gente, que ya de por si son un espectáculo, dejarse llevar por el bullicio, distraerse, despistarse, tomar fotos, oír música…

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Detallaremos ahora el octavo grupo escultórico a la derecha: San Juan Nepomuceno, obra de Jan Brokoff (1683). Dice la leyenda que el santo era confesor del rey Wenceslao IV y que éste le exigió que le revelara una confesión que le había hecho su esposa la reina. Juan Nepomuceno, por supuesto, se negó a romper el secreto de confesión y el rey mandó arrojarlo al río desde el Puente en 1393.

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El lugar desde donde parece que fue lanzado a las aguas del Vltava está señalado por una cruz arzobispal de latón colocada en la barandilla y por lo visto, Juan Nepomuceno sobrevivió. Por eso la leyenda dice que si se toca la cruz de manera que cada uno de los dedos toque una estrella, da suerte. La estatua tiene un bajorelieve en el que se narra precisamente esta leyenda.

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A medida que avanzábamos por el Puente de Carlos en dirección a la Malá Strana, contemplábamos las bonitas vistas del Castillo de Praga y del barrio de Kampa, con sus pintorescas casas, sus jardines, canales y molinos. Hasta 1905, Kampa sólo era un islote fluvial, ya que el Čertovka, afluente del Vltava, lo separaba completamente de la orilla. Hoy en día es una isla artificial separada de la Malá Strana por el canal por donde discurre el Certovka.

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Pero habíamos decidido cenar antes de visitar la isla. Elegimos U Glaubiců, frente a la Iglesia de San Nicolás, en los alrededores de la Plaza de la Malá Strana. Desde su fundación, hace 700 años, ha jugado un importante papel en la vida pública y política en Praga. En 1665, Bartolomé Glaubicu de Bučiny, alcalde de Praga alcalde compró este edificio, sufriendo diversos avatares hasta su última apertura en 1998. Junto a (otras) dos cervezas degustamos un Hovězí guláš s houskovým knedlíkem (el típico goulash de ternera) y un Vepřová panenka plněná švestkami se slivovicovou omáčkou (solomillo de cerdo relleno de ciruelas con salsa).

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Tras la cena, bajando por la bulliciosa calle Mostecká en dirección al Puente de Carlos, tomamos a la derecha la calle Lazeňská, encontrándonos con la Iglesia de Nuestra Señora de la Cadena, la más antigua de la Malá Strana, construida en el siglo XII.

En sus inmediaciones se encuentra la Plaza Maltesa, que debe su nombre porque en esta zona de la Malá Strana se estableció el Priorato de los Caballeros de la Orden de Malta. La plaza está rodeada de edificios barrocos, la mayoría del siglo XVII y XVIII. Estos palacetes eran las residencias de la nobleza católica. En esta plaza se encuentra la Embajada de Holanda. En su centro podréis contemplar un grupo escultórico que representa a San Juan Bautista, obra de Ferdinand Brokoff. Se construyó para conmemorar el final de la epidemia de peste de 1713.

Siguiendo por la calle Lazeňská llegamos a la Plaza del Gran Priorato (Velkoprěvorské náměstí). Es una antigua plaza con muchos árboles, ideal para descansar o pasear tranquilamente. En ella encontramos el Muro de la Paz de John Lennon. Hasta mediados de la década de los 90 del siglo pasado, el muro estaba lleno de pintadas anticomunistas. Pero la Iglesia Católica, propietaria del muro y de los terrenos adyacentes, decidió cubrir la pared de piedra con una capa de cemento y pintarla para que los jóvenes plasmaran en ellas mensajes de paz y de amor. De manera que el muro se cubrió con flores, mariposas, imágenes de John Lennon y símbolos de “Haz el amor y no la guerra“, todo siguiendo el estilo y la iconografía hippy, lo cual resultaba extraño teniendo en cuenta que sus autores eran jóvenes que ni habían nacido en la época de apogeo de los hippies. Pero ha sido cuestión de tiempo que en el muro hayan vuelto a aparecer los graffitis y se haya recuperado el espíritu rebelde de sus inicios.

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Desde la Plaza del Gran Priorato accedimos a la Isla de Kampa. Al lado de la Plaza del Gran Priorato está la rueda del Molino del Gran Priorato. Por un puentecillo que cruza el Čertovka se accede a Kampa. Esta parte recibe el nombre de Venecia de Praga, incluso hay un pequeño barco que hace un recorrido turístico de la zona. El canal fue creado para hacer funcionar los molinos. Antes de que se construyera el sistema de represas en el río Vltava, las aguas del canal eran muy turbulentas, de ahí su nombre, Čertovka, que significa Canal del diablo. De los antiguos molinos, sólo quedan tres en la actualidad. El más grande es el Molino del Gran Priorato, que explotaban los Caballeros de la Orden de Malta. El molino, de ocho metros, sufrió una restauración completa.

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Una vez que llegamos a la calle principal, llamada Na Kampé, ascendimos por las las escaleras laterales del Puente de Carlos, que se encuentran detrás de la estatua de Santa Lutgarda, y volvimos a él, ya en plena noche, pero difícil de flanquear al igual que a plena luz del día.

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Desde el Puente de Carlos, la calle Karlova nos llevó a la Plaza de la Ciudad Vieja, siguiendo el antiguo trazado medieval. Esta calle, que lleva su nombre en homenaje a uno de los soberanos más importantes del Reino de Bohemia, el emperador Carlos IV, siempre está llena de gente que camina en ambas direcciones (o hacia el Puente o hacia la Plaza de la Ciudad Vieja), por lo que es fácil pasar por alto los edificios que la flanquean, de estilo renacentista y barroco en su mayoría. Muchos de ellos se han convertido en tiendas, especializadas la mayoría en cristal de Bohemia, hoteles o restaurantes.

Unos minutos antes de las diez de la noche llegamos al edificio del Ayuntamiento de la Ciudad Vieja, construido en 1338 por decisión del rey Juan de Luxemburgo. A lo largo de los siglos se fue ampliando con los edificios adyacentes que pudimos contemplar. En la torre de estilo gótico se halla el famoso reloj astronómico, construido en 1410.

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A las horas en punto (desde las ocho de la mañana hasta las 10 de la noche), aparecen en sus ventanas los doce apóstoles. A ambos lados de la torre hay también unos autómatas, figuras dotadas de movimiento que simbolizan la Vanidad, la Avaricia, la Muerte y el Turco. La figura de la Vanidad se mira en un espejo; el hombre que representa a la Avaricia, agita una bolsa llena de dinero; la Muerte blande su guadaña y el Turco, el enemigo real que estaba siempre amenazante esperando a entrar dentro de las fronteras de los reinos cristianos, hace gestos amenazantes.

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Abandonamos la Plaza de la Ciudad Vieja por la calle Celetná, donde pudimos contemplar los diferentes estilos arquitectónicos que se reúnen en la ciudad de Praga, desde el románico hasta el vanguardista, y llegamos a nuestro punto de partida inicial, la Torre de la Pólvora, en la plaza de la República. De ahí, caminando nuevamente por Na Poříčí, llegamos al Hilton Praga. Había sido una intensa tarde y tocaba descansar para proseguir la visita a esta bella ciudad el día siguiente.

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Pisa, Florencia, Venecia 2014 (y 12)

Amanecía nuestro último día en tierras italianas. Nos recogían a las once y media en el hotel y optamos por no aventurarnos y relajarnos. El objetivo estaba claro: llegar a casa sin contratiempos.

Terminamos de preparar el equipaje, repartiendo el peso (la «obsesión Ryanair«) entre las dos maletas. Bajamos a desayunar. No estábamos acostumbrados a estas multitudes en la terraza que hacía de comedor, pero tampoco habíamos desayunado tan tarde ningún día durante nuestra estancia en Florencia o Venecia.

El «check out» de rigor y a esperar, pacientemente, nuestro taxi acuático que, esta vez sí, fue puntual a su cita. Ya a bordo, nos dirigimos hacia la Piazzale Roma por el Gran Canal, primero, y por Rio Dei Tolentini, después.

Nos esperaba una furgoneta que nos trasladaría al Aeropuerto Sant’Angelo, en la cercana localidad de Treviso, con algo de misterio y a gran velocidad. Pequeño y algo caótico, con una inmensa cola esperándote en la misma puerta de entrada.

«Autofacturamos» una de las maletas y, tras la espera de rigor, embarcamos en el avión. Dos horas después llegábamos a Valencia y recogíamos el equipaje. Rápido traslado al parking, un pincho de tortilla y una cerveza para reponer fuerzas, y a casa.

Un viaje inolvidable.

Una gran organización por parte de Antonio de la Torre. Un acierto el diseño de los traslados, sobre todo en Venecia.

Una maravillosa compañera de viaje.

No se puede pedir más.

Bueno, sí. Repetirlo…

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Pisa, Florencia, Venecia 2014 (11)

Tras la comida nos dirigimos al Puente di Rialto a través del bullicioso barrio de San Marco.

Un laberinto de calles, callejuelas, plazas, canales y puentes nos llevó al puente más grande de Venecia, además de ser el primero que se construyó en piedra.

Al principio se llamaba Puente de la Moneda, porque surgía cerca de la antigua casa de la moneda y porque allí se concentraban las actividades financieras de los banqueros. La versión actual, resultado de su sexta reconstrucción, es obra del arquitecto Antonio da Ponte y remonta a 1590.

La estructura está subdividida en doce arcadas dobles dispuestas simétricamente, que en la actualidad acogen actividades comerciales dedicadas al turismo.

Cruzamos el puente y llegamos hasta el Mercado Rialto. En este lugar ya existía un mercado desde el año 1097. El nombre, «Rivoaltus«, significa terreno firme, libre de inundaciones. En 1514 un incendió asoló Rialto, por lo que la mayoría de sus edificios pertenecen al siglo XVI. Las callejuelas del mercado llevan los nombres de los gremios que las ocuparon años atrás.

Nuestra próxima parada era el Campo de los Santos Juan y Pablo. Canaletto pintó en 1726 La plaza ante San Giovanni Paolo en Venecia. El pintor estaba unido sentimentalmente con el lugar porque cerca de allí estaba su casa, en la parroquia de San Lio, en Corte Perina.

Llamado también «Campo de las Maravillas», es uno de los espacios más amplios de Venecia. En el centro, sobre un basamento de mármoles polícromos, está el monumento ecuestre, obra de Verrochio, dedicado a Bartolomeo Colleoni, célebre condotieron al servicio de la Serenísima. La imponente Basilica dei Santi Giovanni e Paolo hace esquina con la Escuela Grande de San Marcos, que se extiende a lo largo de la calle que flanquea el río adyacente.

Después de que los dominicos se instalaran en Venecia en 1246, el edificio actual fue iniciado a principios del siglo XIV y terminado a lo largo de casi un siglo. Gótica, de ladrillo visto tiene unos bellísimos ábsides y conserva notables monumentos funerarios de ilustres personajes de la Serenísima, obras de Pietro Lombardo, de Paolo dalle Masegne y de artistas góticos toscanos. Entre las obras maestras que se conservan en su interior destaca un políptico de Giovanni Bellini, una bóveda de capilla con frescos pintados por Piazzetta y un Cristo llevando la cruz de Alvise Vivarini.

Seguimos disfrutando de nuestro paseo por Venecia hasta llegar a la Iglesia de Santa Maria Formosa, ubicada en el campo del mismo nombre. Cuenta la leyenda que en el año 639 la Virgen, en forma de hermosa matrona (en italiano formosa) se apareció a San Magno, obispo de Oderzo. La Virgen le pidió al obispo que construyera un templo en el lugar donde apareció una nube blanca. Se encargó la construcción en 1492 a Mario Codussi, en el mismo lugar donde se encontraba la primitiva iglesia del siglo XI. Es muy probable que Codussi siguiera la misma estructura que el edificio original que, a su vez, presentaba ciertas similitudes con la parte central de San Marcos. Presenta planta de cruz con cúpula y tres ábsides.

La fachada fue financiada por la familia Cappello; en 1542 se colocó una estatua del general Vicenzo Cappello en la fachada que da al canal y se decoró la parte que da a la plaza con bustos de diferentes miembros de la familia. En el siglo XVII se añadió el campanario.

Volvimos al hotel. Había que prepararse para el paseo en góndola. Puntuales, como siempre, esperábamos el momento de embarcar en Dogana/Vallaresso. Un agradable paseo por el Gran Canal, Rio de Santa Maria Zobenigo, Rio de la Vesta (en los alrededores del Teatro la Fenice) y Rio de S. Moise antes de regresar, de nuevo por el Gran Canal, al punto de partida.

Una bonita experiencia… no podíamos regresar de Venecia sin pasear por algunos de sus ríos y canales, mucho más si alguna persona detallista se había subido a la góndola con una botella de Moët & Chandon y dos copas para disfrutar, aun más si cabe, de este maravilloso paseo.

De nuevo en tierra decidimos ir en busca del Sotoportego dei preti (dice la leyenda que las parejas que tocan la piedra rojiza con forma de corazón situada bajo el arco de este pasaje cubierto, vivirán enamoradas para siempre…), pero esta vez el navegador móvil nos llevó al Palazzo Grimani.

Tampoco estábamos dispuestos a dejar Venecia sin tomarnos un helado en alguno de los históricos cafés de la Plaza de San Marcos. El elegido fue el Quadri, situado bajo los arcos de las Procuradurías Viejas, abierto en 1775, por Giorgio Quadri.

Nuestro viaje llegaba a su fin y no podía tener mejor colofón que disfrutar de la noche veneciana, en plena Plaza de San Marcos, escuchando a la maravillosa orquesta tocando clásicos de siempre.

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Pisa, Florencia, Venecia 2014 (10)

Atravesamos de nuevo la Plaza de San Marcos de camino al Palacio Ducal, máxima expresión de la vida republicana y del poder político, residencia del dux, sede del gobierno también con funciones judiciales. Unas curiosas nubes cubrían la ciudad a esa temprana hora de la mañana.

Las logias con pequeñas columnas y arcos ojivales están sostenidas por el pórtico en la planta baja, cuyo aspecto actual, más bajo, obedece al realce de la pavimentación para combatir la elevación de las aguas.

Dañado por reiterados y dramáticos incendios, adolece de las irremediables pérdidas de ciclos pictóricas. A pesar de esto, la visita a este grandioso complejo nos hizo viajar a tiempos extraordinarios, nos hizo respirar el clima de la época. Cada detalle nos evocaba la sucesión de los dux, el esplendor de sus lugares, la serie infinita de artistas involucrados.

Los nombres nos transportaban al pasado. La Sala de los Scarlatti remite a las togas que llevaban los consejeros cuando esperaban con impaciencia al dux. Otros espacios definen a los sujetos representados o los objetos expuestos: la sala de los Mapas, de los Filósofos, de los Retratos

El Anticollegio expresa el glorioso rostro del ritual: los personajes ilustres que esperan ser admitidos para ver al dux. Otros espacios toman el nombre de las magistraturas más elevadas y de los organismos de poder más insignes: Sala del Consejo de los Diez, de la Quarantia, del Consejo Mayor.

En esta última se reunía el Parlamento de la Serenísima. Aquí están conservados 76 retratos de dux que resumen la historia de Venecia, incluido el de Marin Faliero, acusado de alta traición, cuyo retrato pudimos comprobar que estaba cubierto por una tela negra.

Reconstruido después del incendio de 1577 en el que murió de un ataque al corazón el dux Sebastiano Venier, el salón fue decorado por artistas como Veronés, Bassano, Palma el Joven y Tintoretto, autor de Paraíso, el cuadro al óleo más grande del mundo.

Desde la Sala de las Cuatro Puertas accedimos a la Sala del Senato, llamada también sala de Pregadi, porque el dux «rogaba» a los miembros que participaran a las reuniones. En este lugar se tomaban decisiones de política exterior, como el nombramiento de nuevos embajadores. Rica y solemne, con espléndidas taraceas y dorados, la sala acoge obras de Tintoretto y Palma el Joven.

En la armería pudimos observar armaduras y todo tipo de armas, desde las más clásicas hasta complejas armas de fuego.

Terminamos la visita termina con la prisión atravesando el famoso Puente de los Suspiros que, construido en estilo barroco en el siglo XVII, da acceso a los calabozos y los pozos húmedos (pozzi) del palacio.

Abandonamos el Palacio por la llamada Puerta de la Carta, que sirve de acceso principal al edificio, tras admirar la escalinata de los gigantes, el lugar donde se celebraba durante siglos la elección del dux.

Fue construida entre 1484 y 1501 por Antonio Rizzo y más tarde decorada con dos enormes estatuas de Marte y Neptuno, obra de Sansovino (1554). El dux salía a la cima, recibía el cuerno ducal, el típico gorro y pronunciaba el «Promissione«, con la que se comprometía a defender la República.

Al salir del Palacio Ducal ya se había iniciado el horario de visita de la basílica, algo que pudimos comprobar rápidamente por la cola que se había formado ante su puerta principal. Mientras esperábamos a entrar pudimos observar la Torre dell’Orologio. Mauro Codussi será el encargado de su construcción, entre los años 1496 y 1499. La parte inferior del edificio está constituida por un arco de triunfo sobre el que se encuentra el reloj que marca las horas, las fases solares y lunares y los signos del zodiaco. Sobre el reloj se abre una hornacina que guarda la estatua en bronce de la Virgen. El león de san Marcos ocupa la parte superior de la torre, ante una pared decorada con piedras azules y doradas que asemeja un cielo estrellado.

El edificio se remata con la campana de bronce que da las horas, golpeada por dos personajes llamados los «moros» aunque en realidad se trata de dos pastores oscurecidos por la pátina que se aplicó al bronce de que están hechos. La campana no suena a la hora exacta: cinco minutos antes de la hora exacta suena el moro viejo (el tiempo pasado), cinco minutos después de la hora justa suena el moro joven (el tiempo futuro).

Accedimos a la Basílica de San Marcos, sin duda el monumento más importante de la ciudad, templo de vida civil y de fe religiosa. Durante aproximadamente mil años ha tenido la función de Capilla Ducal dependiendo directamente del dux, hasta que en 1807 se convirtió en la sede del Patriarca de Venecia y catedral de la ciudad.

La grandeza de Venecia se ha reflejado siempre en el enriquecimiento de su Basílica: fue embellecida en el curso de los siglos con objetos valiosísimos y obras de arte procedentes de los sitios más remotos. En su cripta se colocaron en 1094 las reliquias de San Marcos. Con el paso del tiempo se perdieron varias veces hasta que se volvieron a encontrar milagrosamente en la cripta durante la restauración de 1811. Actualmente están en el relicario del Altar Mayor.

Nuestro primer destino fue el museo de la basílica, que nos permitió admirar de cerca los techos y mosaicos de la catedral, las obras del propio museo y ver las esculturas originales de los Caballos de San Marcos, cuatro maravillosos cuatro caballos de bronce bañados en oro que se encontraban en el hipódromo de Constantinopla y fueron obtenidos como botín en la cuarta cruzada.

Las réplicas de estos caballos se encuentran en la Logia dei Cavalli, el balcón abierto a la Plaza de San Marcos, que ofrece unas vistas de la plaza, del Palacio Ducal, de la Torre del Reloj y del Canal sencillamente espectaculares.

Dentro de la basílica, fundamentalmente bizantina en su concepción arquitectónica, lucen los mosaicos, que son su elemento decorativo natural. En éstos se representan historias basadas en la Biblia, figuras alegóricas, acontecimientos de la vida de Cristo, de la Virgen, de San Marcos y de otros santos. Los mosaicos, en los que predomina el oro, revisten por más de 8.000 metros cuadrados las paredes, las bóvedas y las cúpulas.

 Habíamos concluido nuestra visita a los dos edificios más notorios y emblemáticos de la Plaza de San Marcos, admirable encrucijada de poder político, funciones religiosas e identidad civil y cultural. Bella como pocas…

Encaminamos nuestros pasos hacia las Galerías de la Academia, conjunto monumental sede de la Escuela Grande de Santa María de la Caridad, una de las cofradías laicas más antiguas de Venecia. Forman parte de ella también la iglesia del mismo nombre, Santa María, y el monasterio de los canónicos Lateranenses, realizado por Andrea Palladio.

Pero antes aprovechamos para disfrutar de las maravillosas vistas del Gran Canal y de la ciudad desde el Ponte dell’Accademia.

El museo acoge la colección más importante de artistas venecianos y vénetos, desde Bellini, Giorgione (La tempestad), Veronés, Tintoretto, Tiziano o Tiepolo, a los pintores de vistas del siglo XVII.

Salimos de la galería con intención de llegar hasta la punta de la aduana, similar a la proa de una nave, que divide el Gran Canal y la Giudecca. Desde ella teníamos unas vistas impresionantes del conjunto arquitectónico de la plaza de San Marcos a un lado y de la Isla de San Giorgio Maggiore al otro.

Se encuentran en esta última la iglesia proyectada por Palladio, el convento de los benedictinos y la sede de la Fundación Ciri, que se ha ocupado de su restauración. La isla fue donada en 982 por el dux Tribuno Memmo al monje benedictivo Giovanni Morosini, que decidió sanear el área.

Desde aquí también pudimos contemplar, a lo lejos, el Redentor, en el lado norte de la isla de la Giudecca, nacida como consecuencia del cumplimiento de un voto por parte de los venecianos durante la terrible peste que entre 1575 y 1576 provocó la muerte de, aproximadamente, un tercio de los habitantes de la ciudad.

Nos encontrábamos ahora frente a la Iglesia de Santa María de la Salud. Venecia fue atacada varias veces, y con resultados desastrosos, por terribles pestes. Con ocasión de la epidemia de 1630 los venecianos prometieron a la Virgen que construirían en su honor una iglesia, a cambio de la salvación. En 1631, cesada la peste, se erigió esta iglesia, según el proyecto de Baldassarre Longhena.

Decidimos volver al centro. Quedaba un largo trecho, pues teníamos que desandar el camino que nos había traído desde la plaza de San Marcos. Pasamos junto al palazzo que acoge la Colección Peggy Guggenheim, legada por Marguerite Guggenheim con la condición de que las obras de arte se mantuviesen juntas y expuestas en Venecia.

Por casualidad, pasamos junto a un embarcadero donde un traghetto (góndolas que se utilizan para cruzar el Gran Canal por algunos lugares donde no existe ningún puente) nos transportó al Campiello Santa Maria Zobenigo en un abrir y cerrar de ojos.

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