San José 2018 (y 3)

Dejamos Mónsul alrededor de la una, pues teníamos que volver a San José para prepararnos para la comida de ese día. No habíamos podido reservar en 4 Nudos para la noche anterior pero sí para comer. Con todo, había tiempo para refrescarse en la piscina del hotel antes de salir a comer.

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Y comimos muy bien, todo hay que decirlo. El pulpo a la parrilla con helado de aceite de oliva dio paso a un arroz meloso de pulpo, almejas y pimentón de la vera espectacular. Toda una delicia.

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Y el Parxet Brut Nature, todo un descubrimiento. Menos mal que el coche estaba a buen recaudo en el parking del hotel, porque esta moda de comer y cenar con cava se estaba prodigando y mucho…

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Los postres, también a la altura del restaurante. Un tiramisú y un coulant de chocolate con helado para una sobremesa digna de un final de verano.

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Tampoco podíamos irnos de San José sin pasar un rato en la mayor de las playas de su núcleo urbano, la que lleva su nombre. Allí permanecimos prácticamente hasta caer la tarde. Lo cierto es que no había prisa para cenar. De hecho, tampoco había mucha gana de cenar…

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Pero sí que apetecía unas cervecitas. Aprovechamos para hacer algunas compras antes de tomarla en Abacería Avesivá (Calle del Puerto, 3), un acogedor e informal bar de tapas, acompañadas de unos quesos y unos ibéricos.

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Un helado ponía punto final a este segundo día en San José…

La última mañana del viaje y de agosto no podíamos renunciar a la posibilidad de correr por el parque natural. La alarma nos despertó unos minutos antes de las siete y poco después iniciamos el recorrido desde la Playa de San José hasta un lugar intermedio entre las playas de los Genoveses y Mónsul.

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Acostumbrados a la planicie de la mota del río, este circuito se hizo realmente duro, pues las continuas subidas y bajadas se notaban, más después de unos meses de julio y agosto cargaditos de sesiones de entrenamiento. Pero la ocasión, y el entorno, lo merecía.

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Tardamos lo justo en desayunar y en hacer el ckeck out. Con todo dispuesto en el coche pusimos rumbo a Carboneras. La playa de los Muertos era otro de esos lugares que había quedado en el recuerdo en nuestros años mozos y había que volver a darse un baño en sus turquesas aguas.

Pero antes subimos a La Mesa Roldán, una experiencia que satisface distintas inquietudes, desde las más genéricas o territoriales, que valorarán especialmente los paisajes, a las más especializadas, ya sea en cuestiones geológicas como la interpretación de diversos rastros que explican la formación del relieve actual; sean de cariz histórico o cultural, porque no faltan en el camino elementos patrimoniales de interés; o desde luego, tampoco deben quedar defraudadas las miradas especialmente atraídas por la naturaleza viva en todas sus posibles manifestaciones, ya que es un territorio con una notable biodiversidad.

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¿Y las experiencias mitómanas? La Torre de Mesa Roldán se convirtió en una localización única de Juego de Tronos. En uno de sus capítulos, Daenerys le planta cara a los amos de Meereen, que están acosando sin piedad la ciudad gobernada por ella. Ante la mismísima torre almeriense y con el Cabo de Gata de fondo, la Khalessi y Tyrion Lannister se enfrentan a tres amos esclavistas, los antiguos dueños de la ciudad.

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Venimos a discutir vuestra rendición, no la mía”, a lo que añade la reina, “mi reinado solo ha empezado”, mientras ve cómo su grandioso dragón, Drogo, se posa sobre la torre, la recoge y se la lleva a acabar junto con sus otros hermanos la flota invasora. Con la tripulación incluida.

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La historia de la torre artillada se remonta a finales del siglo XV, cuando los piratas berberiscos hacían de las suyas, al llegar a las aguas que hoy en día quedan protegidas dentro del parque natural Cabo de Gata.

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Hay quien remonta su legado al siglo IX, cuando Abderramán II trataba de poner freno a los ataques vikingos. La torre actual se erigió en el siglo XVIII y durante un tiempo llegó a ser un rudimentario faro. Su planta tiene forma de pezuña, y está construida sobre otra torre anterior de origen árabe.

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Junto al torreón vemos una extensa zona excavada, que son restos de canteras que se explotaron en su día para la construcción del puerto de Carboneras.

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Con el faro de La Mesa Roldán, inaugurado en 1863, se quiso menguar la gran zona oscura que había entonces entre los faros de cabo de Gata y cabo Tiñoso (cerca del lugar de partida de esta escapada), situados a más de setenta millas. Se convirtió en el faro más alto de España, ya que a sus 11 metros de altura hay que añadir la altitud del punto donde se sitúa (222 metros).

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En sus inicios tuvo una linterna de dos mechas que consumía aceite de oliva y un juego de lentes giratorias. Hasta 1973 no se electrificó, después de otras muchas innovaciones. En 1986 se inicia su automatización y en 1992 se incorpora el que fue el último farero, que tras serlo cinco años, publicó en 2003 una detallada historia del faro y sus fareros.

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Con el coche en el parking habilitado junto a la subida a La Mesa Roldán nos dirigimos a la playa de Los Muertos, una enorme playa totalmente recta de más de un kilómetro de longitud y que tiene el agua más azul y cristalina de la zona. Esta hermosa playa aparece en casi todas las lista de las mejores playas de España.

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Entre sus virtudes destaca el agua, de azul intenso, la arena, muy agradable porque no te reboza pero tampoco tiene piedras grandes, y el aislamiento, ya está lejos de cualquier pueblo, y a mitad de camino entre Agua Amarga y Carboneras. Pero este aislamiento no evita que esté muy frecuentada por toda clase de visitantes, algunos atraídos por su enorme fama y no siempre en disposición de disfrutar al máximo de la cala.

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La arena está compuesta de piedrecitas que van haciéndose más finas a medida que nos acercamos al agua. La orilla tiene bastante desnivel y enseguida cubre, por lo que no es una playa recomendable para que los niños jugueteen en el agua porque a los pocos metros de la orilla ya no hacemos pie. Esta entrada al agua abrupta es consecuencia de que, con mar fuerte, las olas rompen en la playa y arrastran el fondo arenoso.

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Por este motivo, el baño en la playa era bastante peligroso en un día como este, con viento fuerte de levante, pues las olas rompían con fuerza y la playa se cortaba, dificultando la salida del agua.

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Recordábamos el poco fácil acceso a la playa. Aunque mejorado, es desaconsejable para niños, personas mayores o con movilidad reducida.

Algún que otro revolcón nos llevamos, incluso en la orilla de la playa…

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De camino a Garrucha pasamos por localidades muy conocidas por nosotros y totalmente cambiadas con el paso del tiempo. La propia Carboneras, Mojácar y su línea de costa, con la playa de Macenas y la Torre del Pirulico…

No encontramos tan cambiada Garrucha, el lugar elegido para comer (El Rincón del Puerto).

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Llevábamos tres días detrás de comernos un calamar, y tampoco podíamos dejar la oportunidad de probar su exquisita gamba roja. Qué demonios, un día es un día…

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El viaje de regreso fue corto, pese a nuestro temor por ser el último día de agosto. Es lo que tienen los desplazamientos a lugares cercanos, a diferencia de varios de los que hemos efectuado este mismo año que reunían elevadas distancias y espacios de tiempo muy limitados.

Finalizaba así un breve pero intenso recorrido por el parque natural de Cabo de Gata-Níjar. Es obvio que todos los viajes relatados en este blog no se han realizado solos, sino en compañía de May. También es cierto que en las últimas entradas hay pocas referencias a ella como acompañante, predominando un relato que puede parecer algo impersonal. Pero tampoco el objetivo es convertir este blog en un diario personal.

Con todo, la compañía es siempre muy importante, y para disfrutar de un buen viaje, es esencial. Con May he podido disfrutar de todas estas experiencias únicas, compartiendo con ella lugares y momentos.

La compañía en un viaje resulta muy gratificante, y más en nuestra situación personal, ya que nos permite salir de la cotidianidad y enfrentarnos a nuevas experiencias, fortaleciendo los vínculos establecidos entre nosotros.

No cabe la menor duda de que viajar en buena compañía, y la de May es la mejor, es de lo más gratificante que te ofrece la vida. Todo un remanso de paz y tranquilidad para afrontar el duro día a día que nos ha tocado vivir.

Gracias por ser la mejor compañera de viaje y de vida que se puede tener.

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