Hoy hace un año…

Hoy, hace un año, comenzó una maravillosa aventura…

De todos los viajes se guarda un grato recuerdo, pero algunos son especiales. Tal vez, por impensables. Siempre habíamos planeado el viaje a New York, a Florencia, a Venecia. Y los que quedan por hacer: Moscú, Argentina, Egipto,…

Pero, posiblemente, Los Angeles, Las Vegas y San Francisco no entraban en el imaginario de sitios por visitar. La lejanía, las horas de avión, muchos y variados motivos los alejaban de nuestra mente.

La frase «¿Y por qué no?» ha pasado a la historia. Fue la que exclamé cuando May me contó que algunas de sus amigas iban a realizar el viaje. En el 99% de las ocasiones hubiera entendido que ese tren no era para nosotros. Pero ese día era el del 1% restante, la excepción que confirma la regla…

Con todo, tomada la decisión, hasta el último momento el equipaje estuvo sin preparar. Acontecimientos de calado llenaban de nubarrones nuestro panorama para esos días.

Pero al final llegó el día de la partida. La Costa Oeste nos esperaba…

Son escasísimos los viajes que hemos realizado en compañía de otros viajeros. Recuerdo el de Cantabria, con Charo y Juan Antonio; y el de Roma, con Iku y Valentín. En este, diez éramos los expedicionarios. Y cinco de ellos eran desconocidos para nosotros, si no contamos la videoconferencia que habíamos realizado con uno de ellos.

Dice el refrán, o la canción, que «los amigos de mis amigos son mis amigos«. Frase muy acertada en esta ocasión. Además de Carmen, Lali y Moisés, los anigos conocidos; Lucía, Ana, Jose, Arturo y Alberto resultaron ser unas excepcionales personas y unos inmejorables compañeros de viaje. La amistad trabada en aquellos días es buena muestra de ello.

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De todos los lugares que visitamos y todas las experiencias vividas me quedo con el Cañón del Colorado. Ninguna foto ni video es capaz de rememorar los momentos que pasamos en aquel maravilloso lugar. El atardecer en Hopi Point. El amanecer en Mather Point. Cualquiera de los lugares junto a la carretera camino a Hermist Rest. Y las últimas vistas en Desert View. Difícil elegir uno. Me quedo con todos.

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La llegada a Los Angeles también será recordada por lo que suponía llegar, instalarse en el hotel y recorrer Hollywood Boulevard. También las increíbles playas y el atardecer en Santa Monica. Y el reencuentro con los máximos responsables de que estuviéramos allí, Lali y Moisés, en el Grand Central Market. El Observatorio Griffith y Venice Beach también merecieron, y mucho la pena.

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Y no puedo dejar de mencionar mi carrera, a primeras horas de la mañana, por Hollywood Boulevard. Increíble experiencia para un aficionadillo al running como yo.

Las Vegas, Sin City… Menos mal que a alguien se le ocurrió visitar Las Vegas. Esa tarde en Las Vegas, sin resacón, fue única e inolvidable. Recorrer el Strip de Las Vegas es algo que no se puede dejar de hacer. O jugarse unos cuantos dólares a la ruleta junto a un recién conocido buen amigo…

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Finalizamos el viaje en San Francisco. Recuerdos de aquella carrera la primera mañana en la ciudad para coger el ferry a Alcatraz. Las vistas de la ciudad desde «la Roca». Los bisontes…

Pero sobre todo, el Golden Gate. Cruzarlo en aquel vehículo eléctrico en dirección a Muir Woods. Espectaculares las secuoyas y la comida en Sausalito al borde de la playa.

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Sería imposible recordar todos aquellos momentos. Ya fueron relatados en estas mismas páginas y tan solo se trata de rememorar, un año después, aquellos días.

Muchos besos y abrazos para todos los compañeros de viaje. Esperando que el destino vuelva a unirnos en alguna nueva aventura…

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Algo para terminar: Hoy hace un año…

 

 

Esta entrada fue publicada en 2017, Costa oeste, Viajes. Guarda el enlace permanente.

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