Estábamos de nuevo ante la Estación Central. En sus inmediaciones, por si no nos habíamos dado cuenta todavía, pudimos comprobar que en pocos lugares del mundo encontraremos tantas bicicletas por metro cuadrado como en Ámsterdam. No cabe la menor duda de que se han convertido en parte del paisaje urbano y son hoy en día una verdadera marca de identidad de la ciudad.



Por suerte, nuestra city card incluía un crucero por los canales de Ámsterdam, porque es algo que no te debes perder en tu visita a la ciudad, que presenta un aspecto totalmente diferente vista desde el agua. ¿Y por qué esperar más? Era un buen momento y una gran ocasión para recorrer el «Grachtengordel«, el sistema de románticos canales que surca la ciudad. Un entramado de ciento sesenta canales atravesados por 1.281 puentes, ocho de ellos levadizos. Tranquilo, que no los surcamos todos…


Cuentan que cada tres días el agua de los canales es totalmente renovada, lo cual se realiza cerrando cada noche una decena de esclusas y bombeando miles y miles de metros cúbicos de agua desde la isla de Zeeburg.

Si bien la cantidad de canales es bastante importante, los canales principales son cuatro, dispuestos en forma semicircular concéntrica: Singel, Herengracht, Keizersgracht y Prinsengracht, aunque hay otros canales secundarios más pequeños que son también muy atractivos.


El Singelgracht es el gran canal que encierra el entramado de canales del Grachtengordel y marca el límite con la periferia.


Los tres canales que lo componen se denominan de afuera hacia adentro, y son: Prinsengracht, Keizersgracht y Herengracht. El canal que más llama la atención es el menor, Herengracht, ya que en sus orillas encontrarás algunas de las mansiones más hermosas de la ciudad.

Típica de Ámsterdam es la arquitectura de las llamadas «casas de canal», construidas por pequeños y medianos comerciantes, caracterizadas por sus estrechas y relativamente altas fachadas. En su mayoría consistían de un depósito de mercancías instalado en el altillo y la vivienda propiamente dicha. Las mercancías eran transportadas por los canales y subidas a los altillos por medio de unos montacargas que todavía pueden observarse en algunas viviendas. Los característicos hastiales (rectos, escalonados, en forma de cuello o campana) que rematan la parte superior de las fachadas fueron pensados en principio para ocultar los tejados, aunque respetando en la diversidad un cierto estilo típicamente holandés.

Los comerciantes más adinerados no construían sencillas y estrechas casas de canal, sino las llamadas «casas dobles», mansiones con fachadas más anchas, interiores deslumbrantes y bellos jardines. Algunas de ellas fueron convertidas en prestigiosos hoteles o en museos, permitiendo de esta forma descubrir cómo vivían los mercaderes más poderosos de aquellos tiempos.


Curiosas también las Casas Flotantes de Ámsterdam, una curiosa forma de alojamiento que surgió tras la Segunda Guerra Mundial, debido a la escasez de viviendas. A esto contribuyó el hecho de que en esos años la Flota Holandesa fue modernizada y muchos barcos cargueros quedaron disponibles para ser convertidos en viviendas.

En la actualidad los precios de estas casas son algo más bajos que una casa tradicional, pero requieren de más gasto de mantenimiento, los propietarios de estas casas flotantes deben llevar cada tres o cuatro años el barco al astillero para una revisión completa y esto suele durar hasta una semana, además, deben pagar un alquiler por el estacionamiento del barco, unos impuestos especiales y un seguro que suele ser más costos que el de una casa tradicional.

Una hora duró nuestro agradable paseo por los canales. Ya en tierra, decidimos disfrutar de unas bellas vistas de la ciudad desde el SkyLounge Ámsterdam, en la terraza DoubleTree by Hilton Amsterdam Centraal Station.




Y, ya puestos, desde la terraza de la Openbare Bibliotheek (OBA), el singular edificio singular que alberga la nueva Biblioteca Pública de Amsterdam, de diseño moderno y funcional. No es que sea un asiduo de las bibliotecas, pero si el objetivo del arquitecto era que la gente pasara más tiempo en la biblioteca, con la comodidad que lo caracteriza, su luminosidad, sus facilidades para el uso de ordenadores y los bonitos rincones que encierra, lo ha conseguido.



De nuevo en la puerta de la Estación Central. Animadísima. Llevábamos todo el día, desde el trayecto del aeropuerto a la estación, viendo cantidad de gente vestidos con la camiseta del Ajax. Y a esa hora de la tarde los aficionados llenaban la plaza. No sabíamos qué celebraban ni a dónde se dirigían, pero el espectáculo era digno de ver.
Decidimos dar un paseo por el Jordaan, una zona de Ámsterdam construida siguiendo los lineamientos de los antiguos diques y caminos en 1612, con una orientación de sus calles inusual con respecto a las demás. Como ya llevábamos un buen rato andando, ¿por qué no hacer uso de nuestra estupenda tarjeta turística?
Tomamos el tranvía en las inmediaciones de la estación y nos apeamos junto a la Casa de Ana Frank, que queda justo bordeando el Jordaan y que teníamos previsto visitar al día siguiente. Junto a ella, la Torre Westerkerk, que destaca por las vistas que ofrece de la ciudad y por su construcción estilo barroco. Y el Monumento a Ana Frank, una pequeña estatua junto a la casa.




Volvimos en tranvía a la plaza Dam y de ahí, caminando, al hotel. Aunque el tiempo nos estaba acompañando (ni una sola gota de agua…), la temperatura descendía y había que coger algo de abrigo antes de la cena.

Hay que reconocer que, en cuanto a ubicación y vistas, la elección del hotel había sido todo un acierto…


Decidimos visitar una de las muchas franquicias de Chipsy King en la ciudad. Cuentan que las patatas fritas son la especialidad y el punto débil de los holandeses; tanto así que ellos se adjudican su creación (algo que siempre ha generado rivalidad con los belgas, que también se jactan de ello).

Tras adquirirlas, y tras informarnos de que no podíamos consumir alcohol en el interior del local, decidimos hacer un picnic sentados junto a un canal y degustarlas y juzgar por nuestra propia cuenta si merecen llevarse el podio como pretenden los locales.

Tras la cena volvimos, ya de noche, al Barrio Rojo, bastante más animado que en nuestra anterior visita vespertina.


Nuestros pasos nos condujeron hasta Meet Berlage, el Meeting & Work Space Amsterdam Centrum, desde donde disfrutamos de unas estupendas vistas (de nuevo) de la Estación Central.


Descendimos por la calle Damrak hasta la Plaza Dam, disfrutando de la arquitectura de las viviendas de Ámsterdam.



Apetecía seguir paseando por la ciudad, y decidimos acercarnos al Puente de los 15 puentes, por el que habíamos transitado en nuestro crucero. Recibe este nombre debido a que es el único lugar en Ámsterdam donde se pueden ver hasta 15 de los puentes de la ciudad.
Aunque es un bonito lugar a cualquier hora del día, resulta particularmente impresionante por la noche, cuando están iluminados los puentes. También se considera uno de los lugares más románticos de Ámsterdam….

Reconozcamos que dimos alguna vuelta de más para localizar el famoso puente, pues seguíamos las indicaciones del móvil para llegar a él en transporte público y no caminado. Pero al final, llegamos.
De vuelta al hotel visitamos Rembrandtplein, una de las plazas más bonitas y agradables de Ámsterdam. La hermosa estatua del más famoso pintor holandés se puede admirar allí junto con el hermoso grupo de esculturas de personas que Rembrandt pintó una vez.




El Plein está rodeado de acogedores cafés y restaurantes y se ha convertido en una atracción tanto para los amantes de la ciudad como para los turistas. Una visita obligada, aunque fuera nocturna, que cerraba nuestro primer e intento primer día en Ámsterdam (para no perder la costumbre).















