Monte de las Cenizas

La tradicional visita a Calnegre de todos los veranos ha sido sustituida este año por Calblanque. La idea era realizar la subida a la Batería de Cenizas, ubicada dentro del límite territorial del Parque Regional de Calblanque, Monte de las Cenizas y Peña del Águila, un rico y diverso espacio natural protegido en la franja costera de nuestra región que se extiende desde Cala Reona (en las inmediaciones de Cabo de Palos) hasta la Punta de la Cruz (o de La Chapa) al inicio de la Bahía de Portmán (el Portus Magnus romano), donde se ensancha hacia el interior, llegando hasta la Peña del Águila, con sus 389 metros de altitud.

Dos veces había realizado la subida, y ambas por la pista situada en las inmediaciones de la carretera que conduce de Portmán a Atamaría. La facilidad del itinerario, por una ancha y cómoda pista forestal, hizo que nos decantáramos por la búsqueda de un itinerario alternativo para atacar el Monte de las Cenizas. Y vaya que lo encontramos.

A pesar de ser un día de julio, no hacía el calor de otros días precedentes. Eso nos permitió comenzar la subida a una hora «razonable», tras pasar por Portmán y encargar en Casa Cegarra el merecido caldero que nos comeríamos tras nuestra ruta.

Tras dejar el coche en la zona de aparcamiento de la Playa de Lastre, tomamos un sendero hecho con traviesas de tren que nos condujo primero a un espectacular mirador desde el que se domina toda la bahía de Portmán y al Faro de Portmán después, en un promontorio a 50 metros de altura en la Punta de la Cruz (o de la Chapa) , que cierra por su lado izquierdo la Bahía de Portmán.

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Pasamos, a continuación, junto a la Batería de La Chapa, construida dentro del Plan Primo de Rivera de 1926 con el objetivo de defender las bases navales, en servicio hasta 1993. Cada vez que pasamos junto a una de estas joyas, y son muchas las que se disponen a lo largo de la costa cartagenera, pensamos en la oportunidad que se ha perdido de haberle dado un uso y aprovechar este rico legado que, tristemente, se ha dejado perder…

Tras dejar la batería de La Chapa por un sendero a la izquierda seguimos caminando prácticamente junto al borde del acantilado hasta llegar a un cruce con una pista que seguimos a la derecha, volviendo a bajar tras atravesar una rica zona de pinar y matorral típico de la zona.

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Un espejismo, no cabe duda, pues comienza ahora una parte del recorrido que no esperábamos tan dura. Sin llegar a ser un obstáculo insalvable, nos encontramos con un fuerte desnivel de subida tras una curva a la derecha, lugar en el que comienza un complicado tramo de ascensión en el que hay que salvar unos cien metros de desnivel en, tan solo, trescientos metros de recorrido lineal. Una buena pendiente, no cabe la menor duda, que se salva con alguna que otra parada para bajar el ritmo de pulsaciones.

La exigente subida nos lleva a la Batería de Cabo Negrete, con su edificio principal y el emplazamiento de las cuatro piezas antiaéreas Vickers de 105/45 que la componían.

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Seguimos ascendiendo, ya por una cómoda pista el objetivo de la ruta, la batería de Costa de Cenizas, junto a la cima del Monte del mismo nombre (307 metros), donde se ubican las piezas y sus respectivos puestos de mando.

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Las vistas desde este lugar son espectaculares. Por un lado, se puede observar toda la línea de costa hasta las playas de Calblanque, vigiladas silenciosamente por el Cabezo de la Fuente. Por otro, se puede divisar la entrada de la bahía del Gorguel y la dársena de Escombreras.

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La batería está compuesta por dos piezas Vickers 381/45, modelo 1926, de fabricación británica. Sus dimensiones son colosales , aunque a la vista se oculta casi un tercio de su longitud total, que queda en el interior de la coraza, así como el foso.

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Han sido las segundas mayores piezas de artillería de costa instaladas en el mundo, superadas tan solo por las de 406 mm. instaladas por Estados Unidos en la Costa Este y Pearl Harbour, y por Alemania en la Segunda Guerra Mundial.

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Del mismo calibre (381 mm) pero un poco mas cortas (42 calibres) fueron las instaladas por los británicos en el Canal de La Mancha y en su colonia de Singapur.

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Estuvimos en la batería el tiempo justo para contemplar el maravilloso paisaje, admirar las piezas y la admirable construcción y reponer algo de fuerzas con un tentempié y algo de líquido.

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Continuamos con la ruta, saliendo de la batería por el sorprendente pórtico de entrada, que parece inspirado en la cultura maya.

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Nada que ver la subida monte a través con el cómodo, y agradable, camino por la pista de acceso desde la carretera MU-314. Es una bajada de tan solo dos kilómetros que, a ritmo normal, se hacen en un abrir y cerrar de ojos.

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Más o menos a la mitad de la bajada observamos a la derecha el Sendero de gran recorrido Mediterráneo – GR-92, que recorre toda la costa mediterránea desde Portbou hasta Tarifa.

Al final de la pista vemos al otro lado de la carretera el aparcamiento donde se deja el coche si inicias la ruta en este punto, junto a zonas de terreno donde se está intentando recuperar un endemismo de estas latitudes, la sabina mora (Tetraclinis articulata), conocida también como Ciprés de Cartagena.

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Tras pasar por la cancela de salida de la pista recorremos un tramo de unos trescientos metros por el carril bici de la carretera, hasta llegar a la indicación que nos permite adentrarnos, a la izquierda, hacia la Calzada Romana.

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El recorrido por La Calzada Romana de Portmán (que unía Portus Magnus con el Mar Menor), es de 1.400 metros en suave descenso, a través del Barranco del Moro, que se sortea en varias ocasiones mediante puentes de madera.

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La longitud del tramo empedrado es de unos quinientos metros.

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El resurgimiento de la minería experimentado en el siglo XIX permite la vuelta a uso de esta calzada, de modo que los restos conservados corresponden predominantemente a esta época.

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Ello se refleja en la ausencia de características propias de las construcciones romanas como por ejemplo,  el trazado de las curvas. Este hecho no menoscaba la importancia de la calzada como privilegiada muestra del devenir histórico de la comarca.

Debido a la importancia histórica y a los valores naturales del lugar, se ha llevado a cabo la restauración respetando los materiales y el trazado, eliminando la vegetación que la ocultaba, y adecuando el firme y los muros para mejorar su accesibilidad.

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Desde el final del Barranco del Moro nos quedaba recorrer el tramo por carretera que nos separaba de la Playa de Lastre, donde habíamos dejado el coche en el punto de inicio del recorrido.

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Un total de 8,48 kilómetros, recorridos en algo más de dos horas y cuarto, contando las paradas para tomar algo de aire, en la subida, y para las fotografías de rigor.

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Nos habíamos ganado el baño. Cambiado el calzado de andar por las playeras, un remojón en las ferruginosas aguas de la Playa del Lastre, en la maravillosa Bahía de Portmán.

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Tras el baño y el sol, tocaba comer. Ya que habíamos quedado unas cuantas calorías esa mañana no era el momento de recuperarlas todas de golpe. Así que nos conformamos con una estupenda ensalada.

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Eso sí, hasta que llegó el sabroso, y abundante, caldero, la especialidad de Casa Cegarra. De hecho, no  hemos comido otra cosa en nuestras muchas visitas al lugar.

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Ahora sí que estaban recuperadas todas las fuerzas. Quedaba toda la tarde por delante, y decidimos visitar otro de los lugares que frecuentábamos en nuestros años mozos (el amigo Evaristo, Trips, «Villa Cutre«; muchos recuerdos…). No es otro lugar que La Manga. La comodidad de aparcar junto a la playa hizo que nos decantáramos por terminar el día en la Cala del Pino, con «el agua al cuello«.

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Una bonita ruta, cómoda y fácil de hacer por la pista de tierra desde la carretera hasta la cima, y un poco más exigente por la costa y monte a través, pero más espectacular, sin duda alguna.

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Y el entorno, para qué contar. Sin duda, muy recomendable. Agradecemos, por último, a Senderista Proactivo la detallada descripción del itinerario y los datos técnicos de las piezas de artillería, además de las espectaculares fotografías de la época que muestran el proceso de construcción de la batería y detalles dignos de guardar en el recuerdo.

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