La idea era iniciar el año senderista con un apacible itinerario de unos siete kilómetros en Sangonera la Verde, una ruta fácil y apta para cualquier senderista (Isidoromf, en Wikiloc), más cuando comenzamos a andar al mediodía, una vez levantada la bruma mañanera. Dicen que «acompañados por la hermosa imagen de una mujer anónima» y «vigilados por el ojo que todo lo ve”.
Esa era la idea inicial, porque al final se convirtió en una buena jornada de senderismo de más de diez kilómetros más allá de la ruta marcada en nuestro teléfono…
Tras dejar el coche en las inmediaciones de la ermita de la Cruz, bajamos por una corta carretera que nos condujo hasta el inicio de la rambla de Sangonera.
Sabíamos que aproximadamente a kilómetro y medio del inicio de la caminata debíamos encontrar una singular escultura, el relieve del Minotauro. Te recomiendo que vayas atento, porque nos costó más de lo esperado encontrarlo. Más tiempo y más recorrido. Pero al final, este «Toro de Minos», se presentó ante nosotros, o nosotros ante él.
El amplio discurrir de la rambla se estrechaba por momentos, encajonándose en el valle. Es en ese momento cuando nos encontramos con la primera de las caras de la «bella y anónima mujer».
Y, a pocos metros, el ojo que te vigila…

Los que han hecho esta ruta con anterioridad cuentan que puedes encontrar siete veces la cara a lo largo de la rambla de Sangonera. Pero andar por ella, con las irregularidades del terreno, e ir fijándose en las paredes calizas, puede suponer un grave problema. Con todo, más de una sí que localizamos.
A la tranquilidad de andar por la rambla se une la espectacularidad de algunas de las paredes que la limita.
Y de los obstáculos, en forma de árboles caídos, que se suceden a lo largo de la misma.
En otros lugares, la morfología es la propia de una rambla, al igual que su vegetación.
A los tres kilómetros desde el inicio del recorrido nos encontramos un cartel de prohibido el paso en una cadena que señala el límite entre las dos preciosas ramblas que incluye el itinerario, la de Sangonera y la del Pocico.
A partir de ese momento, atento. Continuamos por la rambla del Pocico y, a unos 520 metros de la cadena, deberemos ver a la izquierda un hito de piedras que señala el inicio de una senda bien definida por la que continuar tras abandonar la rambla del Pocico y alcanzar la “Calzada Romana” que nos debía conducir hasta el inicio de esta ruta.
Pero el buen tiempo y la decisión de seguir a cuatro caminantes hizo que extendiéramos la ruta circular. Total, la comida nos esperaba hecha en casa. Así que continuamos ascendiendo hasta alcanzar el Camino de la Casa del Pino, alcanzando ya unas inigualables vistas de Carrascoy.

Con la sensación de que terminábamos en la venta de la Paloma, relativamente cerca del inicio de la Rambla del Cigarrón, y gracias a la buena batería del móvil y al bendito GPS que guiaba nuestros pasos, iniciamos el descenso hacia la Vereda Real que nos acercaba, de nuevo, a nuestro destino.
Destino que alcanzamos tras dos horas y media de agradable caminata tras esquivar la calzada romana, que algún día habrá que volver a recorrer. O no.




































