En el mes de julio de 2018, Moha Quach, chef de la provincia de Tarragona, entra por primera vez al local de El Terrat, el espacio elegido para liberar sus conocimientos en el que inicia una etapa de madurez sin límites, guiado sólo por sus inquietudes, retos y valores. Con el «kilómetro cero» por bandera y la conciencia sobre el entorno, la tierra y el mar, como pilar inamovible.

El Terrat: by Quach es sinónimo de cocina de temporada y producto de casa. Aquí, pescadores del Serrallo, agricultores del Camp de Tarragona y ganaderos y bodegueros de la provincia son tratados como héroes. Porque sin su trabajo, la cocina del restaurante quedaría vacía. La naturaleza marca los tiempos de creación y platos y carta se adaptan a los tempos de la huerta. Por eso Quach se ha propuesto preservar la sostenibilidad y reducir el uso de productos químicos.
El restaurante es arte en platos y paredes. Pintoras y pintores del territorio acompañan a los comensales con sus obras, que dan luz y color a los muros del Terrat. La exposición continúa con la llegada de los platos a la mesa. Auténticas obras de arte de barro y cerámica, hechas a mano, complementan las propuestas gastronómicas de Quach. Artesanos del territorio para una cocina gestada en el Camp de Tarragona: ésta es la propuesta del chef.


Optamos por el Menú Degustación «Mar y Tierra». El chef destaca, con más profundidad, la selección elegida para este menú degustación. Con toda una serie de aperitivos, entrantes, pescado, carne y postres divididos en dos fases -el prepostre, por un lado, y el postre por el otro-, promete deleitarnos con obras de lo más elaboradas. Por poner un caso, resalta la «oliva mimética», de la sección de aperitivos, que lleva anchoa, también. “La aceituna es un producto que representa la esencia del mediterráneo”.
Siguen el listado de aperitivos un Sándwich de foie, sardina ahumada, mango caramelizado, crujiente de sésamo negro y gel de Pedro Jiménez; un Cóctel de Té Moruno, ron espuma de menta y limón; una Tartaleta de remolacha con Zaluc y mayonesa de harisa; un Chicharrón de pollo de pastura con gamba blanca, mayonesa de lima y caviar; la versión del chef de chapadillo de anguila; Tatin crujiente de Gran Pep y trufa y un Consomé de carne a la brasa.
La tartaleta es una de las creaciones del menú degustación que exhibe unos colores muy vivos y un emplatado cuidadoso, donde todo está colocado en su lugar. El juego de texturas está pensado al milímetro y ningún plato pierde su espectacularidad respecto al otro; todos tienen su propia personalidad.
Continuamos con los entrantes, compuestos de Sopa de almendras eco con ostra rizada del Delta y espuma de piparra; Homenaje a Tarraco: Crema de gamba roja, avellana ‘negreta’ de Riudoms, pan de cebolla y gamba roja atemperada y Crema de cebolla asada, foie y cococha de merluza glaseada con harira.



En cuanto a la sección de pescado, lo hay de lonja, con verduritas recogidas al día por sus productores.

Llegados al apartado de la carne, el menú degustación nos propone Ciervo marinado con toques marroquís.
En el rincón del postre, hay una propuesta inicial de Falso tomate raf de mango, menta y apio con sorbete de lima y chartreuse (pre postre).


La presentación del postre, Flor de primavera con infusión de violetas, es, sencillamente, espectacular.


No podía faltar una copa de cava para este magnífico fin de menú, que concluía con los habituales Petit Fours y un exquisito café.
En opinión de la Guía Michelin, El Terrat ofrece una estética actual-funcional y una cocina tradicional actualizada que denota detalles de autor, enriqueciendo la carta con un apartado de arroces y la opción de menús. Para el Restaurante, el comensal recibirá un trato elegante, servicial y próximo, pero alejado de la frialdad de las normas establecidas. Cada visitante es uno y una única premisa no sirve para todo el mundo. El equipo de sala se adapta a las particularidades, aconseja y guía para que todo el mundo disfrute como se merece. El objetivo final es simple: llegar a la excelencia a través del gusto, el olor, la vista, el tacto y el trato.
En la nuestra, un viaje a Tarragona bien merece una vista.





























