Transitando por la carretera panorámica que cruza el Parque Nacional de Dibbin llegamos a la ciudad de Ajlun, situada en un fértil valle de viñedos y bosques dominada por un majestuoso castillo.
Atravesar la principal arteria de la ciudad fue toda una odisea para un vehículo del tamaño de nuestro autobús, más a una hora cercana a la comida en la que parecía que toda la población se había echado a la calle.
Qalat Ajlun está considerado como uno de los máximos exponentes de la arquitectura militar árabe en Jordania. Se trata de una fortaleza muy bien conservada gracias a los continuos trabajos de restauración realizados.
Edificada entre 1184 y 1185 por el emir Izz ad-Din Usamah, nieto de Saladino, permitía controlar los movimientos de los awíes, tribu árabe aliada de los fatimíes, a la vez que vigilar el avance de los cruzados y, finalmente, controlar los cercanos yacimientos de hierro.
A la muerte de Usamah, el castillo se amplió (1214-1215), añadiéndose una quinta torre y la puerta principal. En 1260, los mongoles destruyeron la fortaleza, siendo reconstruida en época mameluca por el sultán Baíbars.
Abandonada a comienzos del siglo XVII, en 1812 Joahn Ludwig Burkhardt la redescubrió, aunque los trabajos de restauración no comenzaron hasta la década de los sesenta del pasado siglo.
Todo el castillo está rodeado por un profundo foso rodeado de puente levadizo, sustituido en la actualidad por una pasarela que conduce a la puerta principal y, a continuación, a un corredor provisto de troneras, desde que se accede a la segunda puerta, del siglo XIII.
Pasada la primera caserna, un elevado pozo de luz permite distinguir los distintos niveles de fortificaciones concebidos para la defensa de la fortaleza en el caso de que cedieran las primeras puertas.
Tras la tercera puerta, insertada en una torre, salen los tramos de escalera que conducen a lo alto de las torres.
Tocaba volver a cruzar Ajlun para regresar a Jerash, donde estaba previsto comer en la terraza del Restaurante Artemis, con vistas al área arqueológica.
Finalizada la comida regresamos a Amman, para realizar una vista panorámica de la ciudad nueva y antigua de Amman, visitar el teatro romano y la Ciudadela y efectuar un recorrido por el centro de la ciudad y sus mercados.
La celebración del Ramadan afectó a nuestras previsiones, debido a los cambios de horario que implicaba. El Ramadán se celebra durante el noveno mes lunar y empieza con la aparición de la luna en fase creciente el último día de Sha’ban (octavo mes en el calendario lunar islámico). En 2023, empezó el 23 de marzo y finalizó el 21 de abril, coincidiendo con nuestra estancia en Jordania.
Dicen que el mejor modo de conocer la ciudad de Amman es comenzar la visita en el lugar de su fundación, la Ciudadela, un lugar lleno de vestigios de las edades de Bronce y del Hierro, en el que se encuentra el templo de Hércules, edificado en honor al emperador Marco Aurelio. También una iglesia bizantina y un palacio de la época omeya.
No nos detendremos mucho en estas edificaciones, pues nos tuvimos que contentar con verlas desde la puerta del complejo. A cambio, desde lo alto del gebel al-Qalah (nombre de la Ciudadela en árabe) pudimos divisar toda la ciudad.
Más tarde continuamos hacia la ciudad baja, el casco antiguo de la “Philadelphia” romana. Destaca por su belleza el teatro, sede de dos museos. Cerca, en la misma plaza que antaño acogiera el foro, se encuentra el Odeón, utilizado para eventos musicales. A la derecha del teatro se halla el ninfeo, oculto por modernos edificios.
El teatro es muy parecido al del sur de Jerash que habíamos visitado esa mañana. Se terminó de construir entre los años 169 y 177. Posee una espléndida escenografía y cávea con tres órdenes de gradas construidas aprovechando el declive natural del terreno, con aforo para 7.000 espectadores.
Tuvimos la oportunidad de recorrer a pie parte de esta zona comercial donde palpita el corazón árabe de Amman, con comercios de todo género, entre puestos de verdura y los escaparates del zoco del oro.
De vuelta al hotel, un poco de tiempo para preparar el equipaje de cara a la salida del día siguiente antes de cenar.
Más tarde, algunas fotos del skyline del Amman moderno y una agradable tertulia en el Ghoroub, situado en la planta 13, con Toñi y Antonio, dos empedernidos viajeros con los que ya habíamos coincidido en el lejano Egipto.
Junto a ellos, Lola y Dona se hicieron inseparables a lo largo de las distintas etapas del viaje, compartiendo vivencias y haciendo mucho más agradable el devenir del tiempo por tierras jordanas.











































