Lucena, Cabra, Montilla 2024 (y 5)

Habíamos decidido completar nuestra estancia en Lucena con una visita a Montilla para visitar la Bodega Alvear. Y tras las sopaipas de rigor allá que nos encaminamos.

Corría el año 1846 cuando Edgar Allan Poe publicó “El barril de amontillado”, un relato de suspense con una bodega como lugar clave de la historia. En ella, el protagonista utiliza un tipo de vino para hacer hablar al sujeto contra el que clama venganza. Ese vino es el amontillado, un vino de alta graduación alcohólica, nacido en la zona de Montilla en el siglo XVIII.

Tras dejar el coche en las inmediaciones de la Bodega recorrimos la principal calle de la localidad en dirección a uno de los elementos principales de su historia, el edificio que corona la colina sobre la que está construida la localidad y que hace única a Montilla: el granero real o Castillo-Alhorí de Montilla.

Junto al castillo se halla la Iglesia de Santiago, del siglo XVI, construida por iniciativa del primer marqués de Priego. Se trata de la parroquia mayor y principal de la población, a la que pudimos acceder gracias a los trabajos que se estaban realizando en su interior. El edificio, de tres naves, responde a los planteamientos mudéjares del momento de su edificación, si bien, como resultado de una larga evolución, predominan en él los elementos barrocos. Fue declarada Bien de Interés Cultural en 2001.

Edificado en 1722 sobre el antiguo castillo (derribado en 1508 por orden de Fernando el Católico como castigo al primer Marqués de Priego), el imponente edificio tiene en cada una de sus esquinas unos pequeños torreones que sirven como memoria al antiguo castillo (del que quedan algunos restos en la parte baja de la colina). El hoy llamado «Castillo de Montilla» va a servir para el emplazamiento de un museo dedicado al oro fermentado que baña estas tierras.

Entre los personajes ilustres que nacieron o habitaron Montilla se encuentran, entre otros, el Gran Capitán, un importante militar y político del siglo XV; el escritor e historiador peruano el Inca Garcilaso de la Vega, cuya casa-museo es una de las principales atracciones de la localidad; y José Garnelo, pintor de la corte y subdirector del Museo del Prado, el cual tiene un museo dedicado a su obra y figura.

Con un pintor como Garnelo por Montilla es normal que la ciudad vibre en torno al arte. Para aquellos como nosotros que no conocíamos la obra de este autor, tuvimos la oportunidad de sorprendernos con las múltiples caras estilísticas de este artista, natural de Valencia, en su Museo.

No dejamos pasar la ocasión de pasar por la pastelería Manuel Aguilar, una de las decanas de Montilla. En 1886, la familia Aguilar creó esta pastelería sobre un antiguo convento. Con una producción que abarca hasta 300 tipos de dulces, las lenguas, el pastelón, los afajores y las tejas son algunos de sus productos más requeridos.

Se acercaba la hora concertada para la visita a la Bodega Alvear. Esta bodega, fundada en 1729, es la doceava más antigua del mundo, la segunda de España y la primera de Andalucía.

Pertenece a la familia Alvear y en su bodega La Monumental, diseñada por un discípulo de Eiffel, se encuentran 5.027 botas de vino. Entre sus productos, los tradicionales finos y amontillados creados a partir de uva Pedro Ximénez, se encuentran varios vinos galardonados a nivel nacional.

Sin duda alguna, La Monumental es uno de los espacios dedicados a la cultura del vino más espectaculares que se pueden contemplar.

En nuestra “visita privada” se nos dio toda clase de detalles relativos a su funcionamiento y a los caldos que en ella se elaboran. Tras contemplar la bodega, el lagar, la sala de fermentación, la bodega de crianza y la zona de embotellado pasamos a la sala de catas para disfrutar, en principio, de tres de los vinos icónicos de la bodega: Joven Festival (blanco seco sin crianza), Fino CB (blanco seco con envejecimiento y crianza biológica) y Pedro Ximénez 1927 (dulce envejecido en bota).

Y digo en principio, porque finalmente degustamos la práctica totalidad de todos los caldos que elabora esta bodega ancestral.

Decidimos regresar a Lucena, comer en el hotel y, tras el café, hacer lo que nos iba a costar bastante hacer en casa: ¡¡ver Gladiator II!!

A la salida cenamos y aprovechamos el tiempo disponible para empezar a preparar el equipaje. Y a la mañana siguiente, sopaipas y regreso a Alcantarilla tras la parada de rigor en Venta Quemada.

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