Habíamos proyectado visitar Medellín, deprisa y corriendo, el día de vuelta a casa. Pero dado que la inmensa mayoría del conjunto arqueológico de Mérida había sido visitado en los días previos nos acercamos a verla como se merece el día antes de nuestro regreso.
Aunque después comprobamos que se podía aparcar con facilidad en las inmediaciones del teatro, optamos por dejar el coche en las afueras de la localidad. Eso nos permitió contemplar la Plaza de Hernán Cortés. A partir de la segunda década del siglo XIX, las casas que componían la manzana que ocupaba la actual Plaza de Hernán Cortés se encontraban en una situación ruinosa como consecuencia de la estancia del ejército francés en la Villa entre el 28 de Marzo al 12 de mayo de 1809. El origen del acantonamiento de tropas francesas en la villa de Medellín fue consecuencia directa de la Batalla de Medellín, derrota sufrida en el marco de la Guerra de la Independencia Española, (1808-1814). Las pérdidas económicas, sociales y patrimoniales originadas por la Batalla y la posterior estancia del ejército galo en Medellín hicieron que el urbanismo de la villa, en general, y de esta céntrica manzana, en particular, se continuase arrimando progresivamente a lo largo del siglo XIX. Entre las casas que ocupaban esa manzana -delimitada por la calle de la Feria, la Plaza Vieja, la calle de Jariegos y del Reloj-, se encontraba la casa natal de Hernán Cortés.
En 1883, el recién elegido alcalde de la Villa, que ya lo había sido en otras ocasiones, D. Juan Damián de Tena y Moreno, acomete una reforma urbanística de envergadura en Medellín. En primer lugar decide expropiar las 23 casas que componían la citada manzana (algunas de ellas reducidas prácticamente a solares) para crear una plaza que posteriormente acogiera el monumento a Hernán Cortés. En 1990, se haría realidad el anhelado monumento a Hernán Cortés, que sería inaugurado el 2 de diciembre de 1890, aniversario de la muerte del ilustre metelinense en Castilleja de la Cuesta (Sevilla).
Comenzamos nuestra visita por el castillo, enclavado en lo alto del cerro que porta su nombre y a la falda del cual se extiende Medellín. Es el monumento más representativo de la localidad. Es una construcción de finales del siglo XIV. Se trata de una robusta fortaleza de planta poligonal alargada, que se levanta sobre los cimientos de una alcazaba musulmana. Dividido en dos patios de armas separados por un lienzo transversal de mayor altura que une las dos torres principales del recinto.

El interior de las mismas es fuertemente evocador: escaleras de caracol, recias chimeneas, estrechas troneras y asientos de piedra nos trasportan a una época en que la vida nobiliar cedía comodidades a los quehaceres guerreros.
El Castillo alberga los restos de la que fuera la primera iglesia cristiana de la villa, Santa María del Castillo, la cual a modo de cripta cobija un aljibe de época musulmana, una alberca y un aljibe de dos cuerpos separados por arcos túmidos todos ellos también de origen musulmán.
Por otro lado, la fortaleza exhibe sendas salas ocupadas respectivamente por un museo de láminas, elementos propios de las Conquista de América y paneles explicativos de los colonizadores y el Nuevo Mundo.
A Medellín se accede cruzando el Puente Siglo XVII, el tercero que Medellín habría de conocer. De estilo barroco, su construcción finalizó en el 1630, como atestigua un magnifico templete hacía la mitad de su trayecto. Posee veinte ojos, y cuatrocientos metros de longitud. El primero de aquéllos, de época romana, fue destruido por causas naturales en torno al 1525. Un segundo, de traza renacentista fue erigido en 1575, pero fue devastado por una fuerte crecida del Guadiana en 1603.
Antes de visitar el teatro pasamos por el Centro de Interpretación del Parque Arqueológico de Medellín, sito en la Iglesia de Santiago que fue erigida sobre las ruinas de un templo romano a finales del siglo XIII. Combina trazas tardorrománicas con elementos protogóticos. Sus partes responden a una sola nave, ábside semicircular, dos sacristías, un coro y torre-campanario. Sufrió diversas reformas en los siglos posteriores hasta quedar abandonada a finales del siglo XIX, época en la que concluyó su papel de parroquia.
Cabe destacar que la iglesia parroquial de Santiago llegó a ser iglesia archipresbiterial, cabeza de uno de los partidos en que se dividió la diócesis de Plasencia. En 2003 fue restaurada y posteriormente puesta en valor a partir del 2007 coincidiendo con las excavaciones llevadas a cabo dentro del Teatro Romano, acogiendo en estos últimos años el Centro Museográfico de la localidad.
La visita guiada al Teatro Romano de Medellín, que ya habíamos contemplado desde el castillo, estaba programada para las 12:00 horas.
A partir de 2007 se llevaron a cabo unas campañas de excavaciones sobre los restos romanos visibles que se encontraban en la ladera meridional del cerro, entre el Castillo y la Iglesia de Santiago, dejando a la vista uno de los hallazgos más importantes del siglo XXI, el Teatro Romano, convirtiéndolo así en el edificio visible más importante del Metellinum Romano.
Destaca por su gran monumentalidad, tanto por su situación aprovechando el desnivel de la ladera del cerro como por el excelente estado de conservación de las estructuras murarias de opusincertum y opus quadratum que lo configuran.
También por el elevado número de sillares originales (casi 800) que se conservan, excelentes esculturas y diverso material decorativo de importancia. Tras finalizar los procesos de consolidación y acondicionamiento, el 24 de julio de 2013 pudo abrirse definitivamente a la visita pública, año también en el que se le otorgó el Premio Internacional de Patrimonio Cultural Europa Nostra.
La construcción de la Iglesia de San Martín Obispo se inició en el segundo tercio del siglo XIII, sobre ruinas de origen romano. El edificio actual obedece a dos momentos constructivos diferentes: estilo protogótico inicial y una sustancial transformación barroca, muy semejante al proceso de la arciprestal de Santiago.
En la iglesia se conserva la Pila Bautismal en la que por “tradición oral constante” hasta principios del siglo XX (según Rodríguez Gordillo), “debió recibir las regeneradoras aguas del bautismo el ínclito hijo de esta Villa Hernán Cortés.” La pila fue recogida de la puerta norte, donde se hallaba abandonada e introducida y custodiada dentro del templo, por el mismo párroco citado.
Bajamos del área arqueológica, recorriendo la localidad en busca del Restaurante La Cabaña (Plaza Quinto Cecilio, 2), donde comimos antes de emprender el regreso a Mérida, donde nos esperaba el café y el cava.
La última tarde en Mérida estaba reservada para realizar algunas compras de productos típicos extremeños y pasear una vez más por sus bulliciosas calles, entreteniéndonos en contemplar el inmenso tesoro arqueológico que contiene por doquier la ciudad.
Finalmente nos decidimos por pasear por la vía peatonal del Puente Lusitania al atardecer. Inaugurado el 10 de diciembre de 1991, es obra del ingeniero y arquitecto Santiago Calatrava. Su estructura está compuesta por unas plataformas de hormigón que se suspenden, con tensones de acero, de un gran arco.
Se trata del primer puente que se levanta no para unir la ciudad con el exterior, sino para fusionar elementos de la propia ciudad: la Mérida tradicional, donde se asienta el casco histórico, con la nueva ciudad que se desarrolla en la margen opuesta del río.
Nuestra estancia en Mérida tocaba a su fin. Había que empezar a preparar el equipaje para el regreso a casa. A la mañana siguiente, tras el desayuno, y con una intensa niebla, emprendíamos el viaje de vuelta. De una tirada llegamos a La Roda para comer, repostar y llegar sin novedad a Alcantarilla.













































