Terminábamos el relato de nuestro maravilloso viaje allá por el mes de enero con el deseo de propiciar un reencuentro de los viajeros o, por lo menos, de la mayor cantidad posible de ellos. Pensábamos que sería una excusa perfecta para rememorar todas las vivencias de nuestro paso por Marruecos.
…Y nos pusimos manos a la obra. No parecía tarea fácil. Eso sí, las cosas han cambiado mucho en estos más de treinta años, y el acceso a la información no es lo que era entonces.
Internet y las redes sociales dejaban claro que Juan Ángel era el Director de nuestro querido centro, el IES «Alyanub». Otra cosa sería contactar con él… Nada que no pudiera solventar una fugaz visita a Vera y alguna que otra llamada telefónica posterior.
Localizar al «autor intelectual» del viaje parecía, en principio, más difícil. Unas primeras búsquedas nos lo mostraban como un afamado creador literario, autor de varios trabajos publicados.
Por suerte, en las reseñas de prensa no solo se hablaba de su obra sino que también se hacía mención a sus periplos por el mundo. En una de ellas se mencionaba que «actualmente trabaja en la Escuela Europea de Luxemburgo 1». Esta escuela, previsora, incluía en su web la dirección de correo electrónico de su profesorado. Y a ella enviamos un mensaje con un saludo y la comunicación de nuestras intenciones.
Tras barajar varias fechas para el feliz reencuentro, finalmente este se produjo en el día de ayer, 21 de abril de 2025. Desgraciadamente, una de las intrépidas viajeras, Toñi, no pudo asistir, aunque no perdemos la esperanza de que haya una próxima vez y el encuentro sea completo.
El resto, May, Mamen, Juan Ángel, Quiño y el que escribe, quedaron en Mojácar playa, en el Restaurante Kontiki Beach, para rememorar vivencias de nuestro paso por el IES «Alyanub» y por Marruecos.
De los arroces de Kontiki elegimos El Black PremiuM (pota fresca de lonja, gamba roja, zamburiñas y tinta). Mala pinta no tenía…
Antes y después, los aperitivos y el postre acompañaban una agradable charla, pues había mucho que recordar.
Abandonamos el restaurante bien entrada la tarde, tras decidir que no podíamos terminar la jornada sin dar un paseo por Vera. Al llegar dejamos los coches en las inmediaciones del instituto.
Era la excusa perfecta para realizar una visita al centro y recordar nuestro paso por él. En algún caso, de un solo año. En otro, de cuatro. En otro, de más de media vida. En otro, de algunas visitas puntuales. Y, en otro, de toda la vida profesional, que se dice pronto. En todo caso, emocionante volver a pasar por esos pasillos y entrar a esas aulas y despachos…
Seguimos caminando en busca de la vivienda en la que habitó Quiño durante el curso 1989-1990, sin conseguirlo. En la plaza de la Iglesia tiempo para tomar algo y contar las últimas anécdotas antes de la despedida.
El reencuentro había merecido la pena. Y esperamos que no sea el último.

























