Girona 2025 (y 5)

Volvimos callejeando al aparcamiento aprovechando para hacer algunas compras para llegar a Girona casi anocheciendo.

Una copa de cava, de nuevo en el Café Royal, en la Plaza de la Independencia antes de comprar en Rocambolesc Bikineria un par de exquisitos bikinis que hicieron de cena aquella noche.

Había llegado el jueves, el día de la reserva en El Celler de Can Roca. Debíamos estar a las doce y media en el Restaurante y teníamos algo de tiempo antes de prepararnos para la ocasión. Decidimos bajar a la Plaza del Vino para desayunar en L’Antiga y dar después una vuelta por el Mercat del Lleó.

Teníamos tiempo de recorrer parte del paseo arqueológico. De la época medieval, también se conservan las murallas de los siglos IX y XIV, ahora convertidas en un recorrido público, que encierran el denominado Barrio Viejo, la parte de la ciudad que concentra la mayoría de los monumentos y el urbanismo primitivo de la ciudad.

De vuelta al hotel nos preparamos para la ocasión y nos dirigimos a El Celler de Can Roca para comer.

A la salida del Restaurante, y ya con el coche aparcado en el hotel, bajamos para recorrer de nuevo la parte más comercial del centro de la ciudad.

Nos acercamos a la Casa de Cultura, situada en el antiguo Hospicio de la ciudad. Frente a ella se encuentra el antiguo Hospital de Santa Caterina, activo desde finales del siglo XVII hasta principios del siglo XXI, el cual conserva la farmacia hospitalaria con una colección de utensilios farmacéuticos única.

En Casa Cacao, en la Plaça de Catalunya, compramos unos bombones para nuestro bombón y un par de botellas de cava Albet i Noya “Clàssic” El Celler de Can Roca para alguna ocasión especial. Una visita a Nasopia finalizó el recorrido por la parte más comercial de Girona.

El viernes era el día programado para la vuelta. Bajamos al centro para desayunar en una chocolatería que habíamos descubierto la tarde anterior y para realizar algunas compras de productos gastronómicos del país en el Mercat del Lleó.

Regresamos al hotel para hacer el check out y poner rumbo a Murcia, esperando no encontrar ningún obstáculo “meteorológico” por el camino. Paramos a comer en un asador en Alginet para evitar las áreas de servicio de la autopista y a media tarde llegábamos a casa sin novedad.

Habíamos podido cumplir con nuestro deseo de comer en El Celler de Can Roca, a pesar del tiempo y de nuestra delicada situación familiar, que no se cuenta, pero que nos acompaña a donde vayamos y nos tiene en un sinvivir continuo, impidiendo que estas escapadas se disfruten plenamente. Por desgracia, la situación no tiene visos de mejorar, y empañará los siguientes viajes que podamos ir realizando. La vida es así, cada uno tiene la que le ha tocado, y la nuestra es harto complicada, y tiene pocos respiros.

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